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Resumen

La divulgación científica requiere de un procesamiento especial de la información que se comparte para volverla más accesible a una audiencia que en su mayoría no tiene conocimiento especializado. En este proceso confluyen diferentes acciones tales como la simplificación, el giro hacia un vocabulario comprensible, el uso de recursos audiovisuales y la presentación de ejemplos que permitan captar la atención. En el caso de ciencias como la Química, cuya percepción social es en muchos aspectos negativa, resulta ineludible no sólo divulgar el conocimiento sino abrir canales de diálogo que permitan vencer las resistencias del público. Para lograrlo es necesario mediar entre las partes y acercarlas. La hipótesis de este trabajo propone involucrar al divulgador en un sentido más personal, apoyándose en elementos autobiográficos como estrategia para motivar y despertar el interés a través de la identificación con el público. La propia historia del divulgador (la gestación de la vocación científica, sus intereses e interrogantes, su desempeño profesional) puede aportar recursos originales e incluso puede utilizarse como hilo conductor para elaborar una presentación intencionada. Como ejemplo de aplicación se analiza la charla de divulgación “Química al Rescate del Medio Ambiente”, presentada en la Semana Nacional de la Ciencia y la Tecnología (ediciones 2011-2012; Mar del Plata, Argentina).

Abstract.

Science popularization requires a particular processing of the information in order to make it accessible to an audience that has no specialized knowledge. Different actions must converge in this complex process: simplification, use of a simple and comprehensible vocabulary, use of high-impact audiovisual resources and appropriate examples that capture the attention of the general public. In the case of sciences such as chemistry (with a mainly negative social perception) it is crucial not only to share the knowledge, but to open up channels of dialogue to overcome existing resistances and reconcile the science with the society. To do so, we need to mediate between the parties and bring them closer. The hypothesis of this work proposes a “first-person” popular science which involves the discloser in a more personal sense. The approach aims to build original strategies using autobiographical elements as useful tools to

motivate and get the public interested by means of identification with the researcher. The discloser‖s own story (e.g. development of the scientific vocation, the experience of studying at the university, the decision to engage in scientific research) could provide a variety of resources and could also be used as a guideline to plot parts of the performance. As an example, a presentation of the National Week of Science and Technology was analyzed (“Chemistry to the Rescue of the Environment”, presented on 2011-2012 editions).

El valor de aquello que tenemos a nuestra mano

En muchas ocasiones la tarea del divulgador científico tiene un cierto carácter heroico. Si bien los divulgadores no somos héroes, la magnitud y la complejidad de este tipo de intervención nos demanda un grado de compromiso y arrojo particulares. Más allá de las diferencias (y de las creencias), se puede

establecer un paralelo con la tarea a la que fue llamado Moisés, en el relato patriarcal. Cuando este hombre es llamado a su gesta, hay una pregunta clave que resuena: “¿Qué es eso que tienes en tu mano?”. Moisés, quien fuera otrora príncipe de Egipto y había devenido en pastor de ovejas, estaba siendo desafiado a utilizar aquello que tenía a su alcance, lo que manejaba con soltura y cotidianeidad. ¿Qué es lo que tenía Moisés a su mano? Su vara de pastor; un elemento

simple que sería resignificado en un símbolo de esta nueva y especial comisión a la que iba a enfrentarse. El reto era apoyarse en esa misma vara que usaba para pastorear, con un fin completamente diferente. Ahora Moisés debía regresar a su Egipto natal con una intención definida: exponerse para derribar los prejuicios, instruir y libertar. Sobre esta misma idea se construye la hipótesis del presente trabajo. Tal como ocurriera con Moisés, nuestra propia historia de vida (aquello que tenemos a la mano) puede constituirse en un apoyo estratégico a la hora de divulgar la ciencia. De este modo el propio divulgador se ve implicado en una forma más personal, y por eso divulga en “primera persona”. Esto incluye hacer uso de elementos autobiográficos que pueden aportar recursos valiosos en términos de motivación y permitir, a través de la identificación entre el divulgador y el público, derribar ciertas resistencias con respecto a la ciencia. Esta estrategia puede resultar particularmente provechosa en los casos en que la percepción social de la disciplina científica es negativa, como ocurre

Moisés en la zarza ardiente. Réplica en grabado de la obra de Rafael Sanzio

con la Química, y también cuando es el propio investigador quien toma el rol de divulgador.

La vinculación directa de los científicos en la divulgación es importante por diversos motivos. En parte, porque como lo señala Josep Trigo (2012), existe una obligación moral de que la inversión pública en ciencia revierta en la sociedad. También, porque la brecha entre el conocimiento adquirido por el público en sus años de formación y el conocimiento en desarrollo es marcada y demanda de los divulgadores un compromiso en términos de actualización y preparación, que obliga a los investigadores a tomar parte. El progreso científico avanza a una velocidad que sitúa a los expertos en mejores condiciones para acercar este progreso al gran público a través de mecanismos más directos y rápidos, sin soslayar la debida rigurosidad.

Bases para una buena divulgación científica Una vez rescatados de Egipto, los esclavos hebreos necesitaron de una base legal sobre la que ordenarse y en definitiva, constituirse como nación. El núcleo de esta ley fueron los diez mandamientos, de los que Moisés se estableció como portavoz. Entre los divulgadores se ha establecido también un “decálogo” que, como refiere Heloisa Dallanhol (1999), sin ser un código de ética

oficial ni un tratado deontológico, nos aporta una excelente guía a aquellos que contribuimos a la popularización de la ciencia y nos preocupamos con sus implicancias morales.

La Tabla 1 presenta una versión resumida de estos principios que publicara el periodista científico Manuel Calvo Hernando (1999).

Imagen del film de C.B. DeMille “Los Diez Mandamientos” (Paramount Pictures;1956)

protagonizado por Charlton Heston como “Moisés”.

I Tener conciencia de la relevancia de la misión: poner al alcance de la mayoría el patrimonio científico de la minoría.

II Poner esmero en difundir los descubrimientos y hallazgos, dimensionándolos en su valor y contextualizando su gestación

III Destacar lo noble y lo digno, aquello profundo que subyace en el conocimiento: la necesidad del hombre de saber y orientarse.

IV Combatir la desconfianza de la gente hacia la ciencia

V Crear conciencia pública de la importancia de la investigación científica

VI Insistir en el carácter colectivo de la ciencia como construcción cultural

VII Desmitificar la investigación como algo misterioso o terrorífico, sino recuperar su dimensión como obra de sabiduría, paciencia y entusiasmo

VIII Denunciar la divulgación de conocimientos falsos y prácticas que se basan en el engaño y el fraude

IX Tratar a la ciencia con respeto pero con familiaridad, destacando los aspectos humanos del científico.

X Exponer todo esto en un modo sugestivo y motivador, utilizando recursos múltiples para alcanzar la mayor cantidad de público Tabla 1. Sumario del “Decálogo del divulgador científico” (Calvo Hernando, 1999)

Si bien poseen un cierto carácter idealista, estos “mandamientos” no están formulados como utópicos o imposibles de ejecutar (Dallanhol, op cit). Lo que esencialmente ponen de manifiesto son tres premisas fuertemente relacionadas entre sí, que debieran regir nuestras acciones de divulgación: dar a conocer, crear conciencia y desmitificar. Esto requiere de una intervención definida que permita avanzar sobre los tres frentes en forma armoniosa. Puesto que los objetivos generales y específicos en la divulgación han de ser variados, el desafío consiste en abarcar esta variedad de una forma efectiva y contundente. Quizás la paradoja de esta contundencia radique en que debemos ser lo suficientemente claros como para dejar un panorama abierto en la audiencia. El éxito, más que en despejar dudas, consiste en despertar inquietudes, nuevas preguntas y movilizar. Como lo indica el Dr. Perez Iglesias (2006), además de “ejercer una indudable influencia cultural, la divulgación científica cumple un cometido fundamental, volver nuestra sociedad más abierta, más democrática y más libre”.

En sus inicios, la divulgación era concebida a través de una visión de ciencia dominante. El denominado “modelo del déficit” (Gross, 1994, en Dellamea, 1998), asocia la idea de “divulgación” en términos de “transmitir al vulgo” en un sentido lineal, unidireccional y asimétrico que enfrenta la suficiencia de los expertos en contraposición a la deficiencia del público. Con el tiempo han surgido otros modelos comunicacionales más participativos, como el “modelo de diálogo” (Dickson, 2001 en Vara, 2007), que incorpora un grado de reciprocidad de manera que los científicos deban atender y dar respuesta a las demandas de la sociedad. Otro modelo posible es el de “dar poder” (Dickson, 2001 en Vara, 2007), que apunta a un alto compromiso de los ciudadanos a la hora de tomar decisiones sobre la ciencia. Su implementación generalizada es compleja dado que requiere de un manejo de información y un grado de conciencia altos acerca del modo en que se produce y se aplica el conocimiento científico para tomar o apoyar las correspondientes decisiones, que son personales, pero eminentemente políticas.

Más allá de los modelos comunicacionales es importante que, como lo sugiere Sergio Quiroga (2001), la divulgación de la ciencia contribuya a presentar alternativas sobre las cuales la ciudadanía pueda informarse y pronunciarse, tener en cuenta las opiniones de la sociedad, dialogar efectivamente con ella y luchar contra el entronizamiento de tecnocracias amparadas en conocimientos científicos y tecnológicos, reales o supuestos. Las actividades de popularización de la ciencia y la tecnología deberían perseguir transformarse en una componente central de la cultura, la conciencia social y la inteligencia colectiva.

En las palabras de Ilya Prigogine “hoy se corre el peligro de que la ciencia sea considerada apenas una herramienta técnica o económica (...) Debemos preservar la base humanística de la ciencia. Debemos verla como parte de la cultura”. (Schnitman: 410)

Algunos problemas para resolver

Una mirada entrelíneas al Decálogo de Calvo Hernando nos permite vislumbrar algunos de los problemas más importantes que enfrentamos como divulgadores científicos. Marcela Navarrete (2004) ha establecidos algunas categorías para hacer una clasificación general de las principales problemáticas:

- La formación de divulgadores. Aún prevalece la necesidad de formar divulgadores que comprendan la ciencia y que a su vez posean capacidades como comunicadores para poner en relación la lógica científica con la lógica cotidiana y para promover procesos de producción de sentido, contextualizando los problemas científico- tecnológicos sobre una base histórica y social.

- Ausencia de políticas claras que favorezcan tanto la divulgación como el periodismo científico y hagan más accesibles las fuentes de información

- Problemas teóricos/metodológicos. El núcleo de estos problemas se asocia a las tensiones teóricas entre distintas perspectivas. Entre ellas quizás las más frecuentes sean las de carácter instrumentalista y las de tipo denuncistas/ideologistas. Del lado del enfoque instrumentalista se destaca la perspectiva desarrollista-difusionista fuertemente dirigida a la transmisión de información sobre modernización e innovación (especialmente tecnológica) con el propósito de persuadir a los receptores o usuarios de los beneficios de esos avances. El enfoque de tipo ideologista surge a partir de los estudios de la Escuela Latinoamericana de Comunicación que promovió una comunicación alternativa al modelo hegemónico, en la cual se ponderaron las expresiones propias de la cultura popular, reconfigurando el término divulgación en el de popularización. Desde esta perspectiva, la popularización de la ciencia debería promover la apropiación de las claves de la ciencia y la tecnología con un sentido liberador, enriquecedor y crítico, que pueda vincularse con los problemas de la vida cotidiana.

- Problema del lenguaje. El problema del lenguaje puede entenderse de diferente modo según los enfoques anteriores. Desde el difusionismo, el lenguaje es un mero instrumento que debe utilizarse eficazmente para lograr determinados efectos de sentido; en tanto que para la perspectiva de la popularización de la ciencia el lenguaje es el lugar de encuentro y de construcción de nuevos significados a partir de las configuraciones que dan sentido a la vida.

Al reflexionar sobre los problemas que afectan a la divulgación de la ciencia en Iberoamérica, Calvo Hernando (2005) ha indicado que éstos en su mayoría se derivan de la ausencia de un ambiente popular hacia la investigación científica. El periodista se refiere a un círculo vicioso: divulgar la ciencia se torna dificultoso debido a un ambiente poco receptivo a estos temas, y a su vez, la falta de divulgación impide vencer las resistencias de la sociedad frente al conocimiento científico. Esto saca a la luz otras cuestiones tales como la falta de innovación y creatividad en las técnicas de

difusión, la visión dogmática y romántica de la ciencia y de la tecnología y también una cierta falta de cooperación por parte de la comunidad científica o de sus organismos representativos y escasa preocupación de los organismos investigadores, en términos generales, por la diseminación del conocimiento.

Sin embargo, es oportuno mencionar que la divulgación científica no es una ciencia en sí misma, sino que se parece más a una técnica o mejor quizás, a una producción artesanal. La divulgación no busca producir conocimiento, sino comunicarlo. Ello implica, como lo menciona Martín Bonfil Olivera (2007), que los “problemas” de la divulgación no son, en todo caso, problemas científicos, sino técnicos. Desde este enfoque resultaría ingenuo considerar que el problema obvio para la divulgación es averiguar cómo hacer más eficaz y confiable el proceso de “transmisión” del conocimiento científico al público. En realidad la divulgación más que un mero proceso de transmisión es un proceso complejo de construcción. Esta complejidad necesariamente nos aleja de las “soluciones” recetadas y de las homogeneizaciones.

Divulgar en primera persona

Si la divulgación implica un proceso de construcción deberemos atender no solamente a que la calidad de la materia prima que divulgamos (esto es, el conocimiento científico) sea la adecuada, sino también deberemos realizar una cuidadosa selección de las herramientas y las estrategias necesarias para construir (reformular y recontextualizar) este conocimiento. Dentro de esa selección, los elementos históricos, epistemológicos y biográficos deberían tener una parte significativa puesto que aportan dimensiones (culturales, temporales, políticas, motivacionales, entre otras) que resultan valiosas a la hora de divulgar. En general, como dice Navarrete (2004), la incorporación de la historia y la

filosofía apunta a promover la comprensión de la construcción histórica de los procesos, para poder entender la realidad teniendo en cuenta las contradicciones y conflictos que han sido constitutivos.

En el aula este tipo de recursos han probado ser altamente beneficiosos. El elemento biográfico o histórico, especialmente cuando alude a las personalidades destacadas

“Moisés”, escultura en mármol de Miguel Ángel Buonarroti. Basílica de San Pedro, Vaticano.

de la ciencia o a hallazgos y postulados de impacto, siempre tiene buena acogida. Sin embargo, aun cuando seamos personas “anónimas”, existen elementos de nuestro propio recorrido de vida que podemos utilizar en el proceso de construcción para divulgar. Estos elementos autobiográficos no solamente enriquecen y dan contexto a la divulgación, sino que aportan motivación, estímulo y también permiten la identificación con el público; desnudan una realidad que trasciende la mera información que se comparte, humanizan el relato y esto lo hace accesible, porque recupera el terreno en el que científicos y público (y también divulgadores) quedan igualados: la humanidad de sus luchas, anhelos, frustraciones, rutinas. Esto nos permite incorporar una cierta carga emocional a la divulgación y una coherencia narrativa que mejora la recepción por parte de la audiencia. La estrategia sería entonces la de llevar las acciones de divulgación a un territorio que tenga que ver con nosotros, en el que podamos movernos con fluidez y naturalidad. Nuestra propia historia, nuestro propio acercamiento a la ciencia y a los temas que en particular nos proponemos divulgar es una fuente de recursos para establecer puentes de coincidencias con el público.

Para aquellos que somos investigadores científicos, hay dos cuestiones que probablemente nos generen incertidumbre. La mayoría de nosotros no somos científicos de premio Nobel ni somos grandes oradores. Esto nuevamente nos pone ante una situación similar a la de Moisés. Este hombre no se atrevía a involucrarse en su misión porque consideraba que la tarea era para otros y que él no estaba capacitado para enfrentarla. Más allá de nuestras habilidades y logros personales, podemos utilizar nuestras experiencias, nuestros intereses, en definitiva, nuestra propia motivación para motivar a otros. Al igual que Moisés, podemos usar como herramienta aquello que tenemos a la mano, que es en realidad aquello que nos ubica en un terreno familiar, pero a su vez horizontal con la sociedad y que por lo tanto resulta más apropiado para establecer contacto con ella. Además, exponer nuestro trabajo en su cotidianeidad, con los interrogantes, los efectos inesperados y la búsqueda permanente contribuye a que la divulgación sea la expresión de una ciencia inacabada, dinámica e incluso caprichosa, ciertamente más cercana a la ciencia real.

Sin dudas, la lista de recursos autobiográficos que podemos utilizar puede ser tan extensa como nuestra creatividad y la riqueza de nuestra historia lo permitan. Entre otros podemos mencionar el surgimiento de la vocación científica; la elección de una profesión o carrera universitaria; las motivaciones, los desafíos y las dificultades que

tenemos en nuestras investigaciones; las anécdotas; las personas que nos han influenciado; las inquietudes y los valores que nos movilizan; las interrelaciones que establecemos con otras disciplinas; los intereses y preferencias por otros temas y campos con los que trazar comparaciones y de los que tomar ejemplos.

Utilizar estos elementos deja al divulgador implicado como partícipe y no como simple expositor. Esta empatía y cercanía (incluso con guiños de complicidad), viabiliza la comunicación y el tan pretendido diálogo entre las partes. El proceso requiere de un esfuerzo mayor y también de una mayor vulnerabilidad, por cuanto no solamente tomamos parte con nuestro criterio en el proceso de reconfiguración del conocimiento para su divulgación, sino que también tomamos parte en lo que se relata. Cuando quienes divulgamos conformamos el grupo de investigadores que generan conocimiento, debemos asumir en forma explícita esta participación.

Divulgar en primera persona entonces no implica poner en el foco nuestra propia persona (el foco siempre está puesto en el conocimiento que se divulga), pero sí involucrarnos en la divulgación comprendiendo que ésta tendrá el matiz de nuestra perspectiva propia. Es recomendable que esto se explicite y no quede como un criterio tácito subyacente. Porque, en definitiva, el proceso de visibilizar la investigación científica requiere que los propios investigadores nos visibilicemos. Puesto que no somos meros canales de transmisión sino que tomamos parte activa en el mensaje que transmitimos, debemos estar dispuestos a exponernos, no solamente a exponer. Dejar de manifiesto aquello que priorizamos, nuestro criterio y nuestras preferencias, es importante para ceñirse a la rigurosidad y la honestidad que la divulgación también demanda. El proceso requiere de cuidado y sobriedad.

Qué riesgos debemos evitar

Para simplificar bastaría mencionar que debemos evitar los excesos. Una frase atribuida a Albert Einstein dice que “Todo debería hacerse tan simple como sea posible, pero no más que eso”. La divulgación implica necesariamente un proceso de