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CHAPTER 3 FINDINGS ON THE IMPACT OF STUDY SUPPORT

3.4 The Impact of Study Support on Academic Attainment

3.4.5 The study support effect

A mediados del año 57, en la que se llama la segunda carta a los Corintios, Pablo reflexiona sobre la experiencia vivida por él, de la reconciliación e invita a la comunidad a sumergirse en este ambiente de donación y de perdón. Se sabe bien que no es una reflexión teológica organizada sino una carta sencilla a sus hermanos; pero se encuentra en ella algunos elementos teológicos que son fundamentales y van a servir de base para la reflexión teológica posterior53.

La primera predicación apostólica se sintetizaba en dos afirmaciones básicas sobre Jesús: él nos amó y se entregó por nosotros hasta la muerte. Una realidad simple, pero profunda y definitiva que, cuando cada uno la asume y se la aplica a sí mismo, se vuelve experiencia de vida y compromiso de acción. ―Él me amó y se entregó por mí‖, dirá el mismo Pablo (Gal. 2,20). Y su respuesta no fue otra que sumergirse en el amor maravilloso de Jesús, inmenso e inmerecido, para gastarse luego al servicio de las comunidades (2 Cor. 12,15).

Por eso, el Apóstol se siente ―apremiado por el amor‖, urgido a darse y a morir, como Jesús, y unido a Jesús, a favor del Evangelio54. El cristiano que comprende

53 Cfr. Juan Pablo II. Catequesis sobre la resurrección de Cristo. Vaticano. 1989. 54 Biblia Jerusalén. Bilbao: editorial Desclée de Brouwer, 1986. 2 Corintios 5, 14.

59 esta riqueza y esta realidad ya no pertenece a sí mismo, se siente nuevo y diferente porque está en Jesús y vive de Jesús.

“El amor de Cristo nos apremia al pensar que, si uno murió por todos, todos por tanto murieron. Y murió por todos, para que ya no vivan para sí los que viven, sino para Aquel que murió y resucitó por ellos” (2 Cor. 5,14-15).

Pablo mismo echa una mirada a su vida y sabe que, desde que conoció a Jesús y le entregó su vida, todo cambió en él. Cuando oyó hablar de Jesús por primera vez, sólo podía actuar al modo humano, dejándose llevar por sus sentimientos de fariseo aferrado a la Ley y por sus conocimientos en la escuela de Gamaliel. Jesús no era más que un maldito, un condenado a muerte que no merecía sino la burla y el desprecio. Pero, en la medida en que se fue dejando tocar por el testimonio de los creyentes, que conocían y amaban a Jesús como el Mesías, llegó el momento en que se abrió al amor, se derrumbó ante su realidad nueva y dejó que Jesús pasara a ser el centro y el corazón de su vida. Todo cambió, desde entonces, todo se iluminó y comenzó a entender la realidad plena: el Hijo de Dios se rebajó, se humanizó y murió por todos, para que fueran elevados y hacerlos a todos participe de su divinidad, transformando la historia y la vida del hombre55.

Por eso, entiende mejor, que no sólo Cristo sino todos los creyentes son distintos. Al cambiar la visión de Jesucristo, cambia también la visión de todos los que creen en él.

“En adelante, ya no conocemos a nadie con criterios humanos (según la carne), y si conocimos a Cristo según la carne, ya no le conocemos así.

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Por tanto, el que está en Cristo es una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo” (2 Cor. 5,16-17).

Pablo siente dentro de sí una fuerza nueva y creadora, una energía vital que lo hace vivir y amar con intensidad. Si Jesús es el Hombre nuevo que ha vencido a la muerte y al pecado, y ha resucitado; Pablo mismo es ahora un hombre nuevo, una creación nueva. No puede seguir atado al pecado de la Ley (lo viejo), ahora ha de entregarse de lleno a la Vida nueva en Cristo Jesús (lo nuevo). Y el autor de todo esto no es sino Dios, quien realiza en todos la reconciliación, el cambio definitivo de la realidad, que viene a ser ―otra‖ en Cristo Jesús.

Por eso, apoyándose en la historia del cambio que tuvo Corinto, Pablo reflexiona ahora sobre el verdadero cambio que Dios realiza en nosotros, mediante la reconciliación. Y no sólo eso, insiste en que todos son los mensajeros y servidores de la reconciliación entre los hermanos.

“Todo proviene de Dios, que nos reconcilió consigo por Cristo, y nos confió el ministerio de la reconciliación. Porque en Cristo estaba Dios reconciliando el mundo consigo mismo, no tomando en cuenta las trasgresiones de los hombres, sino poniendo en nosotros la palabra de la reconciliación.

Somos, pues, embajadores de Cristo, como si Dios exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo les suplicamos: ¡Déjense reconciliar con Dios! A quien no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que viniésemos a ser justicia de Dios en él” (2 Cor. 5,18-21).

61 Cinco veces se toca el tema de la reconciliación en un solo párrafo da a conocer la insistencia de Pablo en una misma realidad, consciente como es de los problemas que afronta la comunidad de Corinto.

Por consiguiente algunos elementos que están a la base de una teología de la reconciliación son:

1. La reconciliación es un don de Dios (ek tou Theou); por lo mismo, la fuente de la reconciliación está en Dios. Él es quien reconcilia y hace la obra de transformación en todos. Si él fue el autor de la primera creación (Gen. 1,1–2,3), será también el autor de la nueva creación. Por eso, desde los profetas se piensa con frecuencia en él como el nuevo Alfarero que asume el barro y recrea la vida del hombre (cfr. Jer. 18,1-6; Is. 64,7). No es Dios el que se reconcilia con nosotros; es el hombre el que se reconcilia con su Dios, porque ha pecado y le ha ofendido. Pero él viene en ayuda de sus hijos y ofrece como regalo la reconciliación56. 2. La reconciliación de todos la realiza el Padre por medio de Cristo (dia

Christou, en Christo)57, mediante el misterio de la Pascua. Por la muerte

y resurrección de Cristo, el Padre Dios nos reconcilia con Él y nos hace sus hijos. Un poco más abajo dirá Pablo que Dios Padre a Cristo “lo hizo pecado por nosotros” para reconciliarnos con él por la muerte en cruz, a fin de que lleguemos a ser justicia de Dios en él (v. 21). Fuimos creados, nos dice el Génesis (2,18-25; 3,8) para vivir en amistad con Dios, pero por nuestra rebeldía y desobediencia llegamos a ser enemigos de Dios.

56 T.W. MANSON. Cristo en la teología de Pablo y Juan. EDICIONES CRISTIANDAD. Madrid 1975.

62 La obra de Cristo está en cancelar la enemistad y restaurar la relación amistosa con Dios.

3. La reconciliación que Dios ofrece es total: Si se lee bien la carta de Pablo, se podrá deducir cómo la reconciliación tiene varias dimensiones: + De los hombres con Dios: nos reconcilió consigo por Cristo;

+ Del hombre consigo mismo: el que está en Cristo es ahora una nueva creación; lo viejo pasó, ahora todo es nuevo;

+ Del mundo con Dios: en Cristo Dios reconcilia al mundo (kosmon)

consigo.

4. Los efectos de la reconciliación son claros, según Pablo:

+ Dios cancela la deuda de los delitos humanos. La Biblia de Jerusalén dice: ―No toma en cuenta las trasgresiones de los hombres‖58. El verbo griego logizomai significa ―tener en cuenta algo‖59, y al asumir el Padre la obra redentora de Cristo, no toma en cuenta nuestros pecados y quedamos en paz con él para siempre60.

La reconciliación es, pues, una Buena Noticia, que no sólo debe ser anunciada, sino hecha realidad en la comunidad, servirla, entregarla como don, que a su vez se ha recibido de Dios y que libera.

Por demás, ―la renovación de la actitud y del sacramento de la conversión y de la reconciliación está en conexión con la revitalización del mensaje sobre Dios que es rico en misericordia (Ef. 2, 4), especialmente con el mensaje de la reconciliación que Dios ha otorgado, una vez por todas, por la muerte y resurrección de Jesucristo y hace permanentemente presente en la Iglesia por el

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BIBLIA DE JERUSALÉN. Editorial española Desclée de Brouwer. Bilbao, 1986. Pág. 1701. 59

Greek-English Dictionary. United Bible Societies Greek New Testament&Lexicon. London, 1995. p.108.

63 Espíritu Santo. La renovación de la conversión y de la reconciliación es, por ello, posible solamente, si se consigue despertar más, de nuevo, el sentido de Dios y profundizar en la Iglesia el espíritu de seguimiento de Jesús y las actitudes de fe, esperanza y amor. La renovación del sacramento de la penitencia es posible solamente dentro y en la totalidad del organismo de todos los sacramentos y todas las formas de la penitencia‖61.