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CHAPTER 4 THE EFFECTIVENESS OF STUDY SUPPORT

4.3 Why Study Support is Effective

La riqueza del ser humano no puede reducirse a un racionalismo o intelectualismo unilateral, su capacidad de conocimiento es solo parte integrante de la autorrealización humana completa. Dentro del conjunto del ser humano está la función del querer y la acción; la vida del hombre está en un continuo proceso de cambio, de desarrollo, en el que él mismo es el protagonista, participa activamente en el proceso de desarrollo de su propio ser. El conocimiento le brinda la orientación al sujeto para que éste desde la libertad, pueda abrirse caminos de autorrealización, desde el juicio de lo que le aporta o no a su desarrollo.

El conocimiento nos muestra las posibilidades de decidirnos y desarrollarnos de acuerdo con nuestro propio ser o de renegar de esa empresa. El conocimiento nos brinda la orientación en medio de nuestro mundo y en el conjunto del ser. Nos señala valores y desvalores, las posibilidades auténticas e inadecuadas, verdaderas y falsas de nuestro ser personal. Somos nosotros quienes hemos de elegir y decidirnos. En nuestra autorrealización somos libres. Y precisamente porque lo somos, necesitamos del conocimiento como orientación; y desde luego un conocimiento espiritual e intelectual que, en el horizonte infinito del ser, permite alcanzar la verdad y distinguir lo verdadero de lo falso.159

De esta manera comprendemos que el “querer” aparece como el asentimiento de fines y posibilidades objetivos de autorrealización. Y más en concreto de “mis” fines y posibilidades. “De ahí que la libertad no signifique sólo la capacidad de elegir objetivamente entre esto y aquello, sino una decisión sobre mí mismo y las posibilidades de mi propia existencia, la

disposición y definición de mí mismo”.160 La libertad de acción se da en el proceso que a menudo se le llama libertad de especificación, que se refiere a la facultad de elegir una u otra posibilidad; y en el proceso de libertad de ejecución, que se trata de la facultad de poner en acto determinado desde la posibilidad escogida; no se trata de dos procesos distintos sino de dos funciones de la libertad. En la dinámica de especificación y ejecución se establece la capacidad que le permite responder a su vocación y realizar su destino, esto disipa la concepción que sugiere que libertad es hacer lo que se desee.

159 Coreth, “¿Qué es el hombre? Esquema de una antropología filosófica”, 136. 160 Ibid.

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En este sentido, la voluntad libre o el poder de elección entre valores opuestos, no es un fin en sí mismo, es sólo un medio. Su finalidad es la adquisición de la libertad perfecta, que consiste en que la voluntad coincida más y más con las tendencias naturales que se dirigen necesariamente al Bien Absoluto; esto se logra cada vez que se utiliza la voluntad libre en el sentido correcto, eligiendo libremente lo que es moralmente bueno y rechazando lo moralmente malo.161

Cada ser humano trae consigo unas determinadas aptitudes corporales y espirituales como herencia, el entorno en que se crece coloca su sello, la educación, el ambiente espiritual, ético, religioso, ideológico en el que se desenvuelve el sujeto, la época concreta con su consolidación de sociedad, todo ello influye en el proceso de toma de decisiones, hay una configuración desde dentro y desde fuera, pero ello finalmente no determina la elección particular que se haga; el libre albedrio se impone; sin embargo, esto no supone una actuación irreflexiva, existen unos contenidos objetivos que ponen fronteras a la libertad de nuestra decisión, estas fronteras no coartan la libertad sino que la llevan a su máxima expresión en relación con la esencia ontológica del ser que aspira a los valores superiores. El fundamento y norma de lo moral, a lo que acá se alude, es el ser como totalidad, que se entiende:

No cuando el hombre se deja arrastrar por los instintos particulares que rompen el ordenamiento del conjunto y que buscan su propia satisfacción aisladamente y por lo mismo sin frenos, sino cuando domina todo esto, y se inserta sin presiones ni violencias en la unidad adecuada de la totalidad humana concreta.162

Podemos comprender así, que la inclinación dominante no es determinante. Aunque sea fuerte el influjo presente sobre las acciones de la persona, no puede determinar su elección; la inclinación al haber sido querida y construida libremente, puede, en cualquier momento, ser resistida y destruida libremente. No podemos hablar de un determinismo estrictamente hablando sobre el ser humano, porque ello eliminaría la libertad; sin embargo, hay que

161 Cf. Donceel, “Antropología filosófica”, 402.

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afirmar que la voluntad está determinada al bien total, pero a su vez, el acto voluntario como ya anotamos esta mediado por un juicio práctico (de utilidad para mí), y aquí puede suceder que éste sea erróneo; Guillermo Blanco comprende en este punto que dicha estimación errónea puede ser influenciada por factores externos socioculturales (medios de comunicación, sociedad misma, propaganda, agrupaciones, etc.); o por la valoración que el mismo sujeto tiene de la realidad o de sí mismo: autoestima basada en el juicio de los demás, una mala aplicación de los principios morales básicos, factores afectivos, disposiciones innatas o adquiridas.163

Este tipo de factores no pueden ser entendidos como condicionamientos que determinan la estimación y el consiguiente obrar del hombre, son factores que influyen, que inclinan o atraen muchas veces de manera fuerte; pero no es posible que haya una determinación absoluta a estimar y obrar erróneamente; esto porque el mal no puede ser objeto de apetito de la voluntad sino bajo la razón de bien. Es la libertad del hombre la que influye en la

decisión de hacer o no el mal: “ninguna otra cosa hace a la mente cómplice de las pasiones sino la propia voluntad y libre albedrío”.164

Ahora nos preguntamos por la manera como se llega a la decisión libre, partiendo del hecho

del apetito sensitivo que se nos presenta como un “bien”; aunque difícilmente se toma

conciencia de los pasos, se puede establecer un camino. Donceel desarrolla una propuesta de dicho camino; lo primero consiste en la atracción ejercida por cierto bien en la voluntad y que se hace inevitable, su grado de apetibilidad presentado es tal que es visto como un verdadero bien. En este punto no hay un ejercicio de la libertad ni tampoco puede establecerse responsabilidad, dado que es connatural al sujeto el sentirse atraído por algo. El segundo paso es el examen del bien atractivo, detrás de un aspecto deseable se muestran otros aspectos que no son tan deseables.

Somos atraídos porque el objeto tienes aspectos buenos. Pero como el mismo objeto tiene otros aspectos malos no estamos forzados a aceptarlo sino que permanecemos libres. Cuando

163 Cf. Blanco, “Curso de Antropología Filosófica”, 476-477. 164 De Hipona, Del Libre Albedrio en “Obras de San Agustín”, 227.

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nos concentramos en los aspectos buenos, nos sentimos más y más atraídos, cuando nos fijamos en los aspectos malos nos sentimos más y más libres para resistir a la atracción. Si nuestra mente estuviera tan captada por los aspectos libres que no pudiera considerar los malos, no seriamos libres. […] Solamente por la comparación con otros bienes y, en última instancia, con nuestro patrón de medida de la bondad, pueden aparecer las diferencias del objeto.165

El tercer momento consiste en la deliberación, en la cual el intelecto examina las razones a favor o en contra de una determinada acción; se trata de revisar los pros y los contras. El autor considera que somos capaces de influir sobre el peso que tienen los motivos en nuestra mente; podemos reforzar ciertos motivos concentrando nuestra atención en ellos y debilitar otros apartando nuestra atención de ellos. Las circunstancias, el medio ambiente, nuestro estado corporal y mental influyen sobre la presentación de motivos; pero podemos finalmente intervenir y reforzar unos en contra de los otros.166

El último momento consiste en la decisión; que no es el resultado de un proceso puramente intelectual, ni del estado objetivo de la realidad, ni de la presión social, ni de nuestro pasado educacional; esto influye la decisión pero no la determina, como ya hemos afirmado. La decisión es el resultado de nuestra intervención personal, de un factor que surge de las profundidades de nuestra personalidad; es entonces como se configura la decisión libre.