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6.7 Applying Expectancy-Value theory to understanding the findings

6.7.2 Subjective task values

a) La Constitución económica

La Constitución Federal brasileña de 1934 no preveía una intervención más profunda en el ámbito económico.100 Sin embargo, refleja un cambio institucional en relación al papel del Estado en la economía, convenido en la Constitución de 1891. Aquella primera Constitución de la República de Brasil fue influenciada por la doctrina liberal predominante en aquel momento, en relación con el gobierno y las actividades económicas. En el capítulo "Declaración de Derechos" se establecía que "la Constitución garantiza a los brasileños y a los extranjeros residentes en el país la

inviolabilidad de los derechos relacionados con la libertad, la seguridad personal y la propiedad" (Art. 72). Y aseguraba, además, que "el derecho de propiedad se mantiene en toda su plenitud, excepto la expropiación por causa de necesidad o utilidad públicas, mediante previa indemnización {...}. Las minas pertenecen a los propietarios de la tierra, salvo las limitaciones que se establezcan por la ley en interés de la explotación de esta rama de la industria" (Art. 72, § 17) (Cursivas añadidas).

100 Las primeras Cartas Políticas a poseer una Constitución Económica articulada fueron la mexicana, de 1917, y la alemana de Weimar, de 1919, a raíz de los vientos de los Estados Sociales, con sus políticas económicas neoliberales de regulación. La primera Constitución brasileña a marcharse en esa línea fue la de 1934, a través del capítulo del Orden Económica y Social, y continuó con las demás Cartas Políticas, de 1937, 1946, 1967, incluyendo la 1988, con el capítulo del Orden Económico y Financiero (arts. 170 a 192 de CF) (Clark, 2008, p. 214).

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Ya, en la Carta Magna de 1934, el capítulo "Del Orden Económico y Social",101 que aparece por primera vez en el texto constitucional brasileño, asegura que "el orden económico debe organizarse de acuerdo con los principios de la justicia y las necesidades de la vida nacional, de manera que permita a todos una existencia digna. Dentro de estos límites, se garantiza la libertad económica” (Art. 115). Señala que sólo "por razones de interés público y autorizada por ley especial, la Unión puede monopolizar una industria o actividad económica, garantizada la debida compensación {...}" (Art. 116). Más adelante, determina que "el uso industrial de las minas y yacimientos de minerales, así como el agua y la energía hidroeléctrica, aunque de propiedad privada, están sujeta a autorización o concesión federal, de acuerdo con la ley" (Art. 119). Y comunica que "la ley regulará la nacionalización progresiva de minas, yacimientos minerales y cascadas u otras fuentes de energía hidroeléctrica, consideradas básicas o esenciales para la defensa económica o militar del país" (Art. 119, § 4).

En suma, la intervención del Estado en la actividad económica se ha institucionalizado formalmente en el Capítulo "Del Orden Económico," de la Constitución Federal de 1937. Después de garantizar que "la iniciativa individual en el poder de la creación, de la organización y de la invención individual, ejercida en los límites del bien público, se funda la riqueza y la prosperidad nacional", la Carta Constitucional advierte que "la intervención del Estado en el ámbito económico es sólo legítimo para suplir las debilidades de la iniciativa individual y coordinar los factores de producción, con el fin de evitar o resolver sus conflictos e introducir en el juego de las competiciones individuales, el pensamiento de los intereses de la Nación, representados por el Estado". Por último, aclara que "la intervención en el dominio económico puede ser mediata e inmediata, revistiendo la forma del control, del estímulo o de la gestión directa." (Art. 135).

101 Fue el nacimiento formal de la consagrada Constitución Económica, que fija el deber-ser para la vida económica, es decir, el establecimiento de los parámetros constitucionales para las políticas económicas del Estado y de los particulares (Clark, 2008, p. 213). La Constitución de 1934 fue la primera Constitución brasileña a constar la Constitución Económica, a través del título del Orden Económico y Social, que continuó con las demás Cartas Políticas, incluyendo la 1988, con el capítulo del Orden Económico y Financiero (arts. 170 a 192 de la Constitución) (Clark, 2008, p. 214). Durante el liberalismo, prevaleció la visión de que existe un orden económico natural, fuera de las esferas jurídicas y políticas, que, en teoría, no necesitaría estar garantizada por la Constitución. Sin embargo, todas las constituciones liberales tenían disposiciones económicas en sus textos. La Constitución Económica liberal existía para sancionar a lo existente, asegurando las bases del sistema económico liberal, proporcionando dispositivos que conservaban la libertad de comercio, libertad de la industria, la libertad de contratación y, sobre todo, el derecho a la propiedad. (Bercovici, 2005, p.32, citado por Clark, 2008, pp. 213-214).

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En la práctica, la primera acción intervencionista con el fin de proteger el sector industrial, con un poco de coordinación, ocurrió en el gobierno de Getulio Vargas, en el proceso de sustitución de importaciones que comenzó en la década de 1930 (bienes de consumo no duraderos). Posteriormente, la estrategia para promover el sector industrial se materializó, en líneas generales, en el gobierno de Juscelino Kubitschek, con el propósito del gobierno de hacer que Brasil se “desarrollar 50 años en 5,” 102 eligiendo el sector industrial, con énfasis en la industria de bienes de consumo duradero (y bienes de capital), como el motor del desarrollo del país. La tercera acción más enérgica se llevó a cabo en el gobierno militar de Ernesto Geisel, con el Segundo Plan Nacional de Desarrollo (II PND) (Coronel, et al. (2014, p.104). En esa etapa, se da énfasis a la industria de bienes intermedios y de capital.

b) El concepto de planificación.

De acuerdo con Lafer (1984), la planificación como instrumento de política económica es relativamente reciente en términos históricos, incluso en los países socialistas. Por ejemplo, la antigua Unión Soviética adoptó el primer plan económico de cinco años en 1929, y fue, antes de la Segunda Guerra, el único país que utilizó la planificación de una manera sistemática (p. 9). El autor plantea que en los países capitalistas, la idea de la planificación se presentó ante la imperiosa necesidad de lograr ciertos objetivos económicos y sociales. Se hizo evidente que el simple juego de las fuerzas del mercado, con poca intervención del Estado, no pudo alcanzar los resultados deseados por la sociedad.103 El autor señala que en los países capitalistas, la planificación se puede realizar en diferentes niveles de elaboración, cubriendo sólo una parte o la totalidad de la economía. La planificación global procura dar una visión amplia del desarrollo de la economía, estableciendo las metas a alcanzar y buscando dar coherencia entre la oferta y demanda de productos en todos los sectores (pp. 12; 16).

De acuerdo con Simonsen (2010), la planificación económica es una técnica y no una forma de gobierno. No excluye las empresas privadas. Por el contrario, crea un entorno seguro de modo que facilita un mejor y más eficiente uso de la empresa

102 50 años de progreso en 5 años de gobierno.

103 En una economía capitalista competitiva, tanto en los precios de los bienes finales como los precios de los factores de producción se forman en el mercado y reflejan la relativa escasez de recursos, es decir, tornan la demanda igual a la oferta. Como los empresarios buscan maximizar ganancias y competir, el precio del producto resulta ser igual al costo de la producción y la asignación de recursos será racional: se consigue la producción de bienes finales con el menor uso posible de los recursos (Lafer, 1984, p. 10).

95 privada, que está estrechamente vinculada al concepto de propiedad (cursivas añadidas).104 El autor sostiene que se impone, por lo tanto, la planificación de la economía brasileña de una manera capaz de proporcionar los medios adecuados para satisfacer a las necesidades básicas del pueblo. También de dotar al país de una estructura económica y social, fuerte y estable, proveyendo los recursos necesarios a la nación para su seguridad y su posición en lugar respetable en la esfera internacional. La técnica de la ciencia moderna ofrece elementos seguros para el diseño de esa planificación. Para el autor, la planificación de empoderamiento económico nacional debe abarcar por igual el trato de los problemas industriales, la agricultura y el comercio, como el social y económico, de carácter general (pp. 16; 44-45).

Así, se puede concluir que el autor ve la planificación económica, como una gran arma contra la inestabilidad económica, contribuye a asegurar la supervivencia de las instituciones políticas, de las medianas y pequeñas empresas, ofrece mayores facilidades para el control y la lucha contra los trusts y ofrece el mejor uso de la propiedad privada en beneficio de la comunidad (Simonsen, 2010, p. 135). Es decir, el planeamiento anularía al máximo la imprevisibilidad en la toma de decisión por parte de los agentes económicos.

Para Bielschowsky (1991), la centralización del poder bajo Getulio Vargas en los años treinta dio nacimiento a un conjunto de organismos de planificación (como el Departamento Administrativo de Servicio Público-DASP, el Consejo Federal del Comercio Exterior-CFCEX, el Consejo Nacional del Petróleo-CNP, etc.), en los cuales se formaron los primeros equipos de técnicos civiles y militares preocupados por el problema del desarrollo industrial brasileño (pp. 164-165).

Más tarde, en la época en que Kubitschek asumió el poder (1956-1960), el país ya estaba razonablemente preparado para poner en práctica una política económica relativamente planificada. Según Ianni (1996), en ese momento el gobierno había incorporado los elementos esenciales de la técnica de la planificación, conforme ya podría ser aplicada en Brasil. La acumulación de la experiencia pasada y la sedimentación del debate técnico sobre la política y el desarrollo, la industrialización, la economía nacional, la planificación, la emancipación económica etc., habían preparado a los grupos económicos y políticos a aceptar y llevar a cabo la política económica del gobierno. En particular, plantea el autor, la idea y la práctica de la planificación se han

104 Roberto Simonsen, manifestación en la Comisión de Planificación Económica, junio de 1945 (citado por Velloso, IPEA, 2010, Presentación, p. 16).

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incorporados de manera suficiente por la opinión pública en los principales centros urbanos. El autor concluye que poco a poco, la planificación y el desarrollo económico pasaron a ser conceptos asociados, tanto para el gobierno, economistas, técnicos y de gran parte del público (pp. 155-156).

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