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Sunday, February 2.

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Esta segunda ilustración gestada a partir de los románticos, posteriormente con Hegel, circunscribe una perspectiva evolutiva del tiempo, la linealidad de la historia y una configuración definitiva a partir del hombre moderno. Desde esta nueva noción ilustrada moderna todo hace parte del continuum evolutivo.

47 Habermas, analizando el planteamiento que hace Weber acerca de la evolución de las sociedades modernas, dice que: “los procesos de modernización se refieren a un manojo de procesos acumulativos y que se refuerzan mutuamente a la formación de capital y a la movilización de recursos, al desarrollo de las fuerzas productivas y al incremento de la productividad del trabajo, a la implantación de poderes políticos centralizados y al desarrollo de identidades nacionales, a la difusión de los derechos de participación política, de las formas de vida urbana y de la educación formal a la secularización de valores y

normas, etc”. Habermas, El discurso filosófico, 12.

48 Habermas, El discurso filosófico,16.

44 “La evolución de la máquina se ha convertido ya en la evolución de la maquinaria del dominio, de tal modo que la tendencia técnica y la social, desde siempre entrelazadas, convergen en la dominación total del hombre”.50

Ahora, con la modernización social se busca el dominio absoluto, dominio en el que poder y progreso se hacen uno, sociedad que requerirá nuevos esclavos dispuestos a marchar al mismo ritmo, esclavos enajenados por la fbrica moderna, el cine y el transporte masivo, todos situados en una teleología del progreso evolutivo. Una sociedad en la que, el pensamiento ha perdido el momento de reflexión sobre sí mismo y la razón se establece como razón absoluta.

“Con la renuncia al pensamiento, que se venga, en su forma reificada como las matemáticas, máquina y organización, en los hombres olvidados de él, la ilustración ha renunciado a su propia realización. Al disciplinar a los individuos ha dejado a la totalidad indefinida la libertad de volverse, en cuanto dominio sobre las cosas, en contra del ser y de la conciencia de los hombres. La ilustración que persigue la superioridad del hombre, se transforma, al servicio del presente, en el engaño total de las masas51.

La primera generación de la escuela de Frankfurt no escatima un riguroso examen de este fenómeno crucial que pone su absoluta confianza en la capacidad de la naturaleza humana y sus posibilidades de progreso, en la ilustración y posteriores procesos de modernización procedente de ella. El análisis y la crítica de estos pensadores al racionalismo moderno, han sido interpretadas como una mezcla peculiar de pesimismo cultural y de progresismo político, pero más allá de tal señalamiento, lo que encontramos en ellos es el desvelamiento de una razón que perdió su sentido inicial, pensar, para convertirse en el instrumental mitologizante de la sociedad moderna.

50 Horkheimer y Adorno, Dialéctica de la Ilustración, 88. 51 Horkheimer y Adorno, Dialéctica de la Ilustración,, 94.

45 No es extraña en esta crítica una fuerte preocupación por el real cumplimiento de las esperanzas que Occidente formuló por vez primera a través de los ilustrados y posteriormente con el devenir racionalista moderno. No se escapa de esta crítica el gran interrogante a las estructuras democráticas y la respuesta que ésta deben dar ante el desvanecimiento de la idea de hombre52. Disuelta y fragmentada la tradición por el compendio de las especificidades de la ciencia, recluida la ilustración en el subjetivismo, colocada la historia en el espectro catalizador de la racionalidad y puesto el mundo en manos de la razón instrumentalizadora, el anhelado fin de la confrontación bélica, en cuyo nombre se instituyeron los principios ilustrados orientadores de la humanidad y desde los que se han hecho los sacrificios de la guerra, la idea de hombre ilustrado, autónomo y libre se desvanece lentamente. Los avances en el ámbito de los medios técnicos fueron y han sido acompañados por un proceso de deshumanización, donde el progreso amenaza con destruir el objetivo que estaba llamado a realizar, es decir, pensar como expresión de una racionalidad en ascenso. Sin embargo el veneno de esta razón dominadora tiende a destruir precisamente esa misma sustancia de la razón en cuyo nombre se toma posición a favor del progreso.

La querella de quienes han desvelado el lado oscuro de la ilustración y de los procesos de modernización, evidencian un ser reducido a la nada y guiado por otros, establecido y fijado en el sistema, un individuo que vuelve a ser preso de la nueva industria comercial, que le organiza la diversión, el horario, que ahoga el tiempo libre, la alegría auténtica, la genialidad y la libertad. De un ser ilustrado esperado y suspirado, como hominización suprema de una nueva época, se ha materializado un momento regresivo en el que el individuo firma su propia condena y manifiesta, desde su particularidad y aislamiento, la permanente decadencia de la sociedad a la que pertenece, denominada moderna.

46 Atrincherado en sus propias murallas, el hombre moderno se asemeja al hombre medio, porque, “su respuesta es superflua, y dirá que las cosas racionales son, evidentemente, cosas útiles y que toda persona racional debe ser capaz de decidir qué es lo que le resulta útil”53. Razón ésta que según Horkheimer no trasciende el plano de lo subjetivo, pues, tiene que ver esencialmente con medios y fines.

Esta definición a la que se ha reducido la razón, que ha convertido al hombre en objeto, no es ingenua y mucho menos superficial, sino más bien, es manifestación de un síntoma importante de una transformación de vasto alcance en modos de pensar y concebir la realidad. Con la tradición no fue así, ya que más allá de un dualismo de la razón, se confirma la existencia de una razón como fuerza no sólo en la conciencia individual, sino también en el mundo objetivo, que regulaba las relaciones entre los hombres y entre las clases e instituciones sociales, en la naturaleza y en sus manifestaciones.54

En el objetivo de la tradición, que no está referida a la tradición religiosa únicamente sino que además comprende los grandes sistemas filosóficos, como los de Platón y Aristóteles, la Escolástica y en cierto sentido, al idealismo alemán, sistemas éstos que tenían como fundamento una teoría objetiva de la razón, se desarrolló un sistema englobante o de una jerarquía de la totalidad de los entes, incluidos el ser humano y sus fines. Desde estos sistemas de pensamiento, el grado de racionalidad de la vida de una persona puede ser determinado a tenor de su armonía con la totalidad.

“Este concepto de razón jamás excluyó la razón subjetiva, sino que la consideró como expresión parcial y limitada de una racionalidad englobante, de la que eran derivados los criterios para todas las cosas y seres vivos. El énfasis era puesto más en los fines que en los medios.”55

53 Horkheimer, Crítica a la razón, 45. 54 Horkheimer, Crítica a la razón, 45. 55 Horkheimer, Crítica a la razón, 46.

47 La racionalidad moderna que se debate entre dos opuestos, lo objetivo y subjetivo, tiende por vicio más hacía el subjetivismo y menos a la sana tensión de los dos. En sistemas englobantes de época anteriores, que no conciben esto como una relación de opuestos, históricamente había operado un sentido genuino  ratio referidos siempre al sujeto, a su capacidad de pensar, los términos designados fueron alguna vez expresiones subjetivas.

El término griego  se deriva así de , “decir”, y designa la capacidad lingüística subjetiva. Sin embargo, la interpretación de  como lógica y la posterior separación que se hace esta lógica entre sujeto – objeto, a partir de la ilustración, implanta una dualidad manifestada en categorías de racional e irracional, correcto e incorrecto, bueno y malo, el ser ilustrado y el ser mítico, el yo emancipado y yo sometido, lo nuevo y lo pasado, la actualidad y la inactualidad; correspondiéndose lo primero con la aplicación de la razón, mientras que lo segundo, con la falencia de la misma o con los errores propios en los que incurre el hombre al estar bajo la tutela de la tradición.

La modernidad ha venido a ser el campo donde la interpretación de lo nuevo, lo actual, lo ilustrado, se impone como lo mejor, al entender que lo mejor tiene su procedencia directa de lo racional. Luego, las esperanzas de superación del pasado y venida de lo nuevo, nacidas con la ilustración, haya con la modernidad la posibilidad de establecer proyectos científicos, tecnológicos, políticos y económicos que desembocan en una mejora y progreso racional para la toda humanidad. Un progreso económico denominado como lo bueno y correcto para la humanidad.

La razón, ha sido puesta al servicio de cualquier empeño particular, sea bueno o malo, como lo intenta demostrar la teoría crítica, se constituye en instrumento para todas las empresas de la sociedad, así, se esperaba una razón que asumiese un papel rector, incluso preeminente, en la conducta humana, y se ha llegado a una asignación de la

48 razón de posición subordinada.56 Emerge, entonces, el debate a esta razón que se reduce al plano de las cosas racionales en cuanto equiparable a las cosas útiles, una razón capaz de responder qué es lo útil, en la que leyes, costumbre y tradiciones son concebidas en un marco de razón subjetiva que tiene que ver con medios y fines muy distinto del marco Platónico, Aristotélico, Escolástico e idealista alemán que recoge el sentido de la conciencia individual y el mundo objetivo entre las relaciones de los hombres.

Así, se puede afirmar en términos conclusivos y a esta altura que, el costo de un olvido de su rechazo y abandono por parte de la ilustración entreteje también, un olvido de la razón al pasar de una razón de fines y subyugarla a una razón de medios, problema éste de profunda connotación epistemológica relacionado con la posibilidad del pensar, aspecto al que me referiré a continuación.

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