Otra de las funciones cognitivas más afectadas en la esquizofrenia es la memoria. En este sentido, los pacientes con esquizofrenia difieren del grupo control en tareas de recuerdo inmediato, recuerdo demorado, y en definitiva, en la retención y recuperación (Kim, Namgoong y Young, 2008; Reichenberg y Harvey, 2008).
Todos los estudios sugieren además una cierta estabilidad de estos trastornos (Leger, Stip, Lussier y Loo, 2000). La memoria es la capacidad del sistema nervioso central de fijar, organizar, actualizar (evocar), y/o reconocer eventos de nuestro pasado psíquico. Esta evocación permite ubicar a la mayoría de nuestros recuerdos en su contexto espacio‐temporal, en tanto otros son evocados en función de sus vinculaciones semánticas o cognitivas (Dalmás, 1985). Es posible distinguir varios tipos de memoria: memoria a corto plazo, memoria procedural, memoria autobiográfica, memoria para hechos públicos, memoria episódica, memoria prospectiva, memoria semántica. Las personas con esquizofrenia pueden manifestar alteraciones de diversa magnitud en los diferentes tipos de memoria. De hecho, estudios de neuroimagen
cognitiva centrados en el análisis de la función ejecutiva, memoria episódica y memoria de trabajo manifiestan anomalías en lóbulos temporal medial y frontal que pudieran explicar este bajo rendimiento (Reichenberg y Harvey, 2008).
Por ejemplo, las personas con esquizofrenia ofrecen una peor ejecución que en pruebas visuales verbales y no verbales, pues parece existir una menor lateralidad en la activación fisiológica cerebral durante la ejecución de estas tareas. De hecho, varios estudios evidencian retrasos en memoria visual (Cohen, Bernardo, Masana, Arrufat, Navarro, Valls‐Sole, Voguet, Barrantes, Catarineu, Font y Lomena, 1999).
En este sentido, se postula que la menor capacidad de almacenamiento “on‐ line” verbal y espacial limita el rendimiento en otras funciones cognitivas. La función ejecutiva depende del circuito fonético. Por su parte, funciones visuales como la memoria para objetos y para caras dependen del sistema de almacenamiento “on‐ line” espacial, mientras que otras funciones como la orientación espacial dependen de ambas (Silver, Feldman, Bilker y Gur, 2003).
Pero no sólo los pacientes muestran estas limitaciones sino que también los familiares de personas con esquizofrenia presentan un funcionamiento limitado en memoria verbal, visual y auditiva. Ello sugiere que el déficit neuropsicológico puede reflejar la susceptibilidad genética en la esquizofrenia (Kremen, Faraone, Seidman, Pepple y Tsuang, 1998). Por otro lado, se han encontrado factores externos asociados al rendimiento en tareas de memoria en estos pacientes. Así, en una investigación se
examinó el rendimiento cognitivo de individuos con esquizofrenia y sin ella mediante el Minimental. Los resultados indicaron que las personas con esquizofrenia presentaban un inferior rendimiento. Dicho rendimiento estaba también asociado a un inferior nivel educativo, vivir un cambio estructural, estar soltero y presentar síntomas negativos más severos (Moore, Palmer y Jeste, 2004).
Otros estudios encuentran que esta población presenta déficits más severos en recuerdo libre verbal, que en reconocimiento. Además, las alteraciones en pruebas de memoria visoespacial sugieren la existencia de una activación prefrontal (Andreasen, Rezai, Alliger et al. 1992; Maldonado, Trampal y Ortega, 1998; Seidman, Yurgelun‐ Todd, Kremen, Woods, et al., 1994).
Como indicáramos previamente, las personas con ideas delirantes tienen tendencia a atribuir el reconocimiento de los ítems hacia fuentes externas (Schneider, 1950). Esta fuente de desatribución se ha encontrado asociada con un bajo rendimiento ejecutivo y de planificación. Ambos aspectos se encuentran a su vez relacionados con la memoria verbal, sustancialmente deteriorada en personas con esquizofrenia (Anselmetti, Cavallaro, Bechi, Angelote, Ermoli, Cocchi y Smeraldi, 2007; Runb, Sundet, Asbjornsen, Egeland, Landro, Lund, Roness, Stordal y Hugdahl, 2006).
Los problemas de razonamiento se han investigado mediante técnicas verbales y no verbales con test de fluidez verbal o de pensamiento divergente. Así, se ha demostrado que las personas con esquizofrenia presentan déficits a la hora de
producir ideas, mostrar flexibilidad en el pensamiento, originalidad o novedad en los puntos de vista (Remoto, Mizuno y Kashima, 2005). En la misma línea, el empleo de pruebas motoras, sensoriales, perceptivas y de funcionamiento en pacientes con esquizofrenia pone de manifiesto un claro deterioro en la memoria verbal y no verbal y este patrón de disfunción generalizada se obtiene con independencia del método utilizado para evaluarlo (Blanchard y Neale, 1994). No obstante, respecto a la memoria verbal, si bien es uno de los déficits sobre los que más se informa, es necesario identificar con mayor precisión los síntomas clínicos relacionados con este déficit (Cosway, Byrne, Clafferty, Hodges, Grant, Abukmeil, Lawrie, Miller y Johnstone, 2000). Por ejemplo, algunas evidencias muestran la presencia de desorganización conceptual, bajo cociente intelectual y deficiente fluidez verbal (Muller, Sartory y Bender, 2004).
Continuando con la memoria verbal, muchos estudios han concluido que la memoria semántica en pacientes con esquizofrenia se encuentra más desorganizada (Prescott, Newton, Mir, Wooddruff y Parks, 2006). Por otro lado, aunque por lo general los estudios no apoyan las hipótesis de diferencias en déficits neurocognitivos entre pacientes en función del género, algunos trabajos han encontrado que los pacientes masculinos rinden ligeramente peor en algunas pruebas de memoria verbal, comparados con las pacientes de sexo femenino (Goldstein, Seidman, Goodman, Koren, Lee, Weintraub y Tsuang, 1998).
Respecto a la memoria espacial, algunos autores plantean incluso que las limitaciones en esta capacidad podrían representar uno de los fenotipos característicos de la predisposición genética a la esquizofrenia (Jablensky, 2010; O’Connor, Harris, McIntosh, Owens, Lawrie y Johnstone, 2009).
Por lo que se refiere a la memoria de trabajo, se relaciona con el almacenamiento temporal de la información y con la manipulación de ésta. Es el principal proceso mnémico implicado en el desarrollo de actividades y se encuentra severamente afectado en personas con esquizofrenia. También se ha observado la existencia de un progresivo deterioro en este tipo de memoria en sujetos en riesgo de desarrollar psicosis así como en aquéllos que se encuentran en el primer episodio de la enfermedad. Esto lleva a varios autores a concluir que mientras algunas funciones, como la inteligencia general, pueden mejorar ligeramente si se logra estabilizar al paciente en episodios iniciales, la memoria de trabajo es de las que se van deteriorando poco a poco durante el transcurso de la enfermedad (Jahshan, Heaton, Glosan y Cadenhead, 2010). Los déficit en este tipo de memoria se ha encontrado a su vez relacionados con los déficits en la recuperación de la memoria episódica (Boeker, Kleiser, Lehman, Jaenke, Bogerts y Northoff, 2006) y con la presencia de síntomas negativos y trastornos del pensamiento positivo.
Además este deterioro se encuentra en la esquizofrenia tanto en la fase de manía aguda como en la fase subaguda (McGrath, Chapple y Wright, 2001). También en adolescentes con esquizofrenia la disfunción cognitiva más evidente se produce en
este tipo de memoria (Kenny, Friedman, Findling, Swales, Strauss y Jesberger, 1997; Bertisch, Mesen‐Fainardi, Martin, Pérez‐Vargas, et al., 2009). Otros estudios ponen de manifiesto la existencia de afectación en la memoria de trabajo de tipo espacial (Gooding y Tallent, 2002), que a su vez se relaciona con la discinesia tardía facial y con los síntomas negativos de la enfermedad (Pantelis, Stuart, Nelson, Robbins y Barnes, 2001).
Por otro lado, respecto a la memoria espacial, existen diferencias en rendimiento frente a sujetos control. De ello se deduce que no sólo es típico de este tipo de trastorno sino que además podría constituir uno de los fenotipos de la predisposición genética a la esquizofrenia (O’Connor, Harris, McIntosh, Owens, Lawrie y Johnstone, 2009).
La memoria prospectiva también se encuentra dañada en personas con esquizofrenia como lo demuestran estudios sobre tareas que requieren este tipo de memoria (Kumar, Nizamie y Vahan, 2008). Como es bien sabido, dicha memoria se refiere al recuerdo de hacer algo en un momento concreto del futuro y a la ejecución del plan previamente formulado. En lo que respecta a la velocidad de planificación podría considerarse fenotípico de la predisposición genética a padecer esta enfermedad (O’Connor, Harris, McIntosh, Owens, Lawrie y Johnstone, 2009) y que a su vez, al igual que sucede con la velocidad de procesamiento, se deteriora progresivamente a lo largo de la enfermedad (Jahshan, Heaton, Glosan y Cadenhead, 2010).
Igualmente queda de manifiesto en algunos estudios que los déficits cognitivos más graves en la esquizofrenia difusa se producen en el aprendizaje y la memoria de competencias ejecutivas, especialmente en la esquizofrenia paranoide (Boeker, Kleiser, Lehman, Jaenke, Bogerts y Northoff, 2006). En tareas de recuerdo libre, reconocimiento, codificación semántica y estimación de frecuencias se observan déficits que sugirieren también afectaciones en el funcionamiento de la memoria (Gold, Randolph, Carpenter, Goldberg y Weinberger, 1992).
Por otro lado, varios estudios indican que pese a que en condiciones naturales existe una disminución significativa en memoria cotidiana y funcionamiento general, no sucede así en las pruebas de memoria realizadas en laboratorio. De ello se desprende que tanto la memoria cotidiana como la verbal son buenos predictores del funcionamiento general en pacientes con esquizofrenia (Fennig, Mottes, Ricter‐Levin, Treves y Levkovitz, 2002).