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Appendix 1: Table of Cases

Respuesta: d

Algunos estudiosos han conseguido resistir la presión que los fuerza a seguir callados sobre el tema. Afirman que los niños pre-púberes experimentan y gozan de los sentimientos sexuales, la estimulación y la exploración. Sin embargo, la “ética profesional” y las normas culturales excluyen la recogida sistemática de este tipo de información. Si se quiere verificar que así es, basta con escoger cual- quier texto profesional sobre desarrollo infantil y buscar el apartado en que se hable de los sentimientos y la conducta sexuales. Se verá que no existe tal apar- tado, salvo, quizá, bajo el epígrafe de abuso sexual. La pubertad se entiende invariablemente como el punto de arranque del desarrollo sexual. ¿Pero qué ocu- rre con los niños que sienten deseos y mantienen actividades sexuales antes de la pubertad? De este tema se ocupan el presente capítulo y el siguiente.

La aparición

Aunque los deseos y la atracción sexuales constituyen una parte importante de la sexualidad adolescente, poca atención se presta a su origen o predominio durante la infancia. A excepción, tal vez, de un reconocimiento de la sexualidad del niño varón, el supuesto implícito (pero equivocado) es que la excitación sexual aparece por primera vez en la pubertad. No obstante, algunos niños —y no todos ellos son varones— sienten deseos y tienen fantasías sexuales intensas y frecuentes. Se desconoce si unos y otras tienen implicaciones a largo plazo para la sexualidad del adulto. Este tipo de datos son difíciles, cuando no imposi- bles, de obtener, debido a los obstáculos políticos, económicos y logísticos que entorpecen el estudio evolutivo de la sexualidad del niñoi3.

En un intento por evitar los escollos de la predicción que analizábamos en el capítulo anterior, los investigadores postulan lo que creen que es un indicador más fiable de la homosexualidad: la aparición de atracciones distintivas por per- sonas del mismo sexo. Alfred KINSEYy sus colegas iniciarion el estudio de este tema. Descubrieron que la media de edad de la primera “excitación sexual” del total de su muestra eran los 8 años en el caso de los niños, y casi el doble en el de las niñas (a los 15 años)i4. Éstas eran más propensas que los niños a la exci-

tación erótica por la estimulación psicológica, más que por la física. Los pensa- mientos, las fantasías y la imaginación eran fundamentales en su erotismo. Esto no quiere decir que las niñas no mostraran también determinadas conductas sexuales, como la de acariciarse o masturbarse. Sin embargo, y a diferencia de sus hermanos, el juego sexual con otras niñas era sólo una fuente menor de la primera excitación sexual.

A partir de KINSEY, ha seguido vivo el interés por determinar el momento de la primera atracción homosexual y, en cierto modo, de la heterosexual entre quienes se identifican como gays, lesbianas o bisexualesi5. Este persistente interés nace,

en gran parte, del deseo de documentar el inicio de la primera fase del desarrollo

104 La nueva adolescencia homosexual

3nIbid.

4nKINSEY, POMEROYy MARTIN, 1948; KINSEYy cols., 1953. 5nSAVIN-WILLIAMS, e.p.

de la identidad sexual, a la que se denomina de diversas maneras: “confusión de identidad”, “conciencia de las atracciones”, “pre-destape”, “incoherencia” y “signi- ficación”.

En todos los modelos de identidad sexual se supone que la persona gay emergente de un modo u otro se siente mal, diferente, confusa, pero eróticamen- te vinculada a otras de su mismo sexo y, sin embargo, no se han investigado estos temas. ¿Cuál es exactamente el contenido del erotismo del joven homose- xual? ¿De qué modo la atracción por personas del mismo sexo altera la impor- tancia y el significado de los primeros recuerdos para el resto de la vida de la per- sona? En lugar de abordar estas preguntas, parece que los investigadores prefieren centrarse sólo en el momento de la aparición de los primeros signos de una incipiente sexualidad orientada al sexo propio.

Un primer recuerdo de sentirse atraído por personas del sexo propio no es tan fiable como cabría pensar como indicador de una sexualidad orientada también al sexo propio. Aunque el 80% de los varones jóvenes que se sienten atraídos sexualmente por otros, y el 60% de las mujeres jóvenes que entrevisté recorda- ban haber sentido atracción pre-púber por otras niñas, a menudo esa atracción no se distinguía de otros hitos evolutivos, como la primera experiencia sexual o el primer capricho amoroso. Para complicar aún más las cosas, algunos jóvenes heterosexuales sienten atracción por otros de su sexo, y algunos jóvenes atraí- dos por los de su sexo experimentan también una atracción heterosexual.

Los estudiosos saben más acerca de la existencia de estas atracciones por personas del sexo opuesto que sobre las atracciones de los heterosexuales por per- sonas de su mismo sexo. Normalmente se considera que las chicas lesbianas tie- nen mayor orientación hacia ambos sexos que los chicos. En un estudio, el 100% de los adolescentes gays y lesbianas reconocían sentirse atraídos por personas de su mismo sexo y tener fantasías sexuales sobre ellas, pero más del 80% de las chicas y el 60% de los chicos también reconocían atracciones, fantasías y/o excitación heterosexualesi6. Una joven a la que entrevisté decía: “En segundo

curso, en el instituto, estaba segura de que era heterosexual porque me fascina- ban los chicos”. Otra me decía: “Durante mis años de secundaria obligatoria, los chicos me volvían loca, algo que a mi mamá le encantaba, pero simplemente no quería salir con ninguno de ellos, de forma que nunca vi el lado sexual de tal situación. Sólo quería saber si les gustaba, y una vez que estaba segura de que así era, dejaban de gustarme”. Aunque los chicos y las chicas no difieren sustan- cialmente en lo que se refiere a la edad en que por primera vez se sienten atraí- dos por otros de su mismo sexo, no ocurría así en lo relativo a la atracción hete- rosexual. Los chicos hablaban de atracción heterosexual a la misma edad que la atracción por el sexo propio, uno o dos años antes que las chicas.

Es extraordinariamente difícil encontrar estudios comparables sobre niños o adolescentes heterosexuales que se ocupen de los inicios de su atracción por personas de su mismo sexo o del opuesto. Uno de los que existe decía que, entre las mujeres heterosexuales, la media de edad de la primera atracción amorosa o sexual por los varones eran los 11 añosi7. Era la misma edad a la que las lesbia-

105 La atracción por personas del mismo sexo

6nDʼAUGELLIy GROSSMAN, 2001; véase también ROSARIOy cols., 1996. 7nPATTATUCCIy HAMER, 1995.

nas recordaban que se habían sentido atraídas por otras niñas. Dos tercios de los heterosexuales y casi la mitad de las lesbianas hablaban de atracción amorosa o sexual opuesta a su orientación sexual pero a diferente edad: a los 18 años para los heterosexuales, y a los 13 para las lesbianas.

Los datos de ese mismo estudio sobre las mujeres bisexuales siembran aún mayor confusión. Casi todas recordaban sentirse atraídas por otras niñas, a la media de edad de 13 años; unas cuantas menos (el 85%) recordaban la atracción por el sexo opuesto, a una edad considerablemente inferior, los 10 años. Así pues, en lo que al inicio de su atracción por los hombres se refería, las mujeres bisexuales se parecían a las heterosexuales. Respecto al despertar de la atrac- ción por las mujeres, se asemejaban más a las lesbianasi8. Tal vez la atracción

sexual y amorosa coherente con la orientación sexual de la persona aparezca durante la pre-pubertad o en sus primeros momentos, y la atracción incoherente emerja una vez iniciada la pubertad. Merece la pena señalar que la información sobre la atracción que aporta ese estudio es incompatible con la idea tradicional de que la bisexualidad es una fase transitoria bien hacia el lesbianismo, bien hacia la heterosexualidad. Sin embargo, los datos son compatibles con la idea de que la bisexualidad es una orientación sexual legítima.

Un último apunte sobre ese estudio. Al comparar esos datos con estudios sobre varones, los autores concluían que son más las mujeres que los hombres las que sienten una atracción mixta. Esto podría reflejar perfectamente el mensa- je cultural que reciben las niñas de que la atracción erótica consiste en unos sen- timientos físicos o amorosos dirigidos hacia los niños, y que la atracción emocio- nal o íntima se dirige hacia las niñas.