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Chapter 8 Behavior-Diagnosis Cooperation for Performance Analysis

8.5 Temporal Inference

documentos que resultan del consenso entre naciones. Internamente le toca llevar a cabo estas políticas acordadas a nivel internacional. Las Metas del Milenio, a título de ejemplo, son uno de los ejes de la política para la Planificación del Recurso Hídrico de la nación, puesto que representan compromiso para la Rca. Argentina frente a sus pares.

I.2.1.1 Inserción de la vision Latinoamericana en el contexto

internacional

Ruiz-Dana, et al. (2007) establecen que la explosión demográfica, con sus consiguientes exigencias, así como el desarrollo industrial, han provocado un incremento en el consumo del agua y una diversificación de sus usos. Esto ha hecho que la tarea de administrar el recurso se vuelva más compleja, no sólo por los conflictos que se dan entre los distintos usuarios y las eventuales externalidades ambientales que ciertas prácticas generan, sino por la creciente escasez del agua.

Para atender la problemática del agua en todas sus manifestaciones, organismos como World Wildlife Fund (WWF), FAO, CEPAL y el Banco Mundial recomiendan que se realice una gestión integrada de cuencas hidrográficas (GICH). Según la Asociación Mundial del Agua (AMA o, en inglés, Global Water Partnership), la GICH implica coordinar el manejo y el desarrollo del agua, la tierra y los demás recursos ubicados en la zona de la cuenca, de modo que se potencien sus beneficios económicos y sociales, junto a la conservación y restauración (donde se requiera) de los ecosistemas.

La aparición de organismos internacionales encargados de realizar acciones que mejoren la gestión del agua y la aceptación de la cuenca hidrográfica como una unidad de gestión han llevado a acordar la gestión

integrada de recursos hídricos como modelo de gestión adecuado (Agua Bolivia, 2000).

La actual problemática del agua ha alcanzado dimensiones globales. Abundan las gestiones fragmentadas e ineficientes. Esto se debe a una visión parcial que impide relacionar, simultáneamente, el agua con el bienestar económico, social y ambiental. El marco legal y administrativo atiende cada uno de estos aspectos por separado. En dicho contexto se suelen fomentar soluciones a medias y prácticas que generan problemas. Estudios recientes relacionan estos problemas con la falta de gobernabilidad.(Bruma, y Samad, 2004).

El cambio climático tendrá, sin ninguna duda, un impacto directo en el suministro de agua dulce en muchas regiones y la crisis se puede ver acentuada por el mismo.

El calentamiento global afectaría el patrón de precipitaciones y el nivel del agua en lagos, ríos, mares y otros cuerpos de agua. Las implicancias serían particularmente serias para la agricultura. “El riego -que representa cerca del 80% del uso global del agua- es más sensible al clima, y el patrón cambiante de cultivos regados, en respuesta a los cambios climáticos, es probable que conlleve efectos importantes en la distribución espacial y temporal de la demanda del agua, así como en la necesidad de un mayor almacenamiento de agua.” (Grey, y

Sadoff, 2006).

En México, la instauración y coordinación de 25 Consejos de Cuenca, con sus organismos auxiliares, a lo largo de un extenso territorio ha sido todo un hito. Además, se introdujeron incentivos económicos para mejorar la gestión del agua.

En Colombia, a pesar de la violencia política, la acción interinstitucional dio lugar a una mejor gestión ambiental y participativa en la cuenca de La Miel. En el Valle del Cauca (Cali), la gestión se abordó desde un punto de vista tecnócrata antes que político y goza de una acción proactiva por parte del gobierno central y local.

En Canadá, Québec cuenta con uno de los sistemas de gestión ambiental más modernos. La cuenca hidrográfica es el soporte principal de esa gestión. (Betancourth, 2005).

El agua es un recurso natural clave para el desarrollo de la vida en el planeta, además de ser un elemento determinante en el progreso de la sociedad en su conjunto. Según las Naciones Unidas, para el año 2050 la crisis del agua afectará a tres cuartas partes de la población mundial, siendo insuficiente para la producción de alimentos y el sustento de los ecosistemas del planeta, ya que se deberá incrementar en un 60% la producción de alimentos en la Tierra para el año 2030 (FAO, 2003), afectando a todos los sectores sociales y económicos y colocando en peligro la sostenibilidad de los recursos naturales (FAO, 2007).

En el planeta Tierra existe suficiente agua dulce para satisfacer las necesidades de la población mundial; sin embargo, los recursos hídricos no están equitativamente distribuídos y a menudo son gestionados de manera inadecuada. En algunas zonas, la disponibilidad de agua dulce de buena calidad se ha reducido significativamente debido a la contaminación producida por los desechos generados por las actividades humanas como la industria y la agricultura. Desde 1900, la mitad de los humedales del mundo, es decir, nuestra principal fuente de agua dulce renovable, se han perdido.

Para el año 2025 alrededor de 1.800 millones de personas vivirán en países o regiones con una dramática escasez de agua y según datos referenciales el limitado acceso al agua potable de la población mundial en la actualidad llega a 1.100 millones, y carecen de infraestructura de saneamiento dos de cada cinco personas en el planeta. La actividad que consume alrededor del 70% del agua dulce es la agricultura, (20% industria y 10% agua para consumo doméstico), que hoy en día produce cerca del 40% de los alimentos del mundo. (UNESCO-FAO 2009).

En este sentido el agua para América Latina se ha convertido en un factor clave en términos de desarrollo humano y competitividad económica, lo que ha duplicado su consumo en los últimos 50 años, tendencia que se mantiene según

las proyecciones realizadas a corto, mediano y largo plazo, aumentando la presión sobre el recurso hídrico. El aprovechamiento sustentable del agua trasciende a los aspectos de orden técnico, y constituye un desafío político, social, económico y cultural que compromete a la sociedad en su conjunto a definir y aplicar estrategias adecuadas de gestión que permitan satisfacer las demandas crecientes frente a la evidencia de un recurso limitado y a la necesidad de lograr un mayor desarrollo tecnológico para afrontar los problemas, así como de la toma de conciencia de la población sobre el valor económico, social y ambiental del agua.