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THE ARMY ROLE
En 1933, el ministro de Educación, Julio Carrizosa Valenzuela, quien era ingeniero, planteó ante el Congreso las deficiencias de la administración pública en el ramo de la educación, basándose, no sólo en su propia perspectiva profesional, sino también en el uso que se venía haciendo en la inspección escolar de Ginebra, de los principios de la administración científica:
"Al ramo instruccionista, como a todos nuestros problemas administrativos, hay que aplicar los principios de la organización científica del trabajo, los cuales se aplican hoy a toda empresa que, como ésta de la instrucción pública, se proponga un determinado fin empleando el orden jerárquico. (…) Una de las cosas que sorprende al estudiar dichos principios de organización es su extremada sencillez. Así, por ejemplo, para una correcta organización se requiere establecer principalmente: la división del trabajo; la unidad de autoridad y de dirección; la disciplina, la subordinación del interés particular al interés general; la remuneración adecuada del personal; la estabilidad del mismo personal. A pesar de la sencillez de cada uno de esos principios os podría citar ejemplos de infracciones, no sólo ocasionales sino sistemáticas, a todos y cada uno de estos principios. Parece, en algunos casos, que nos hubiéramos propuesto infringirlos todos.‖118
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CVMHE, Memorias de 1933, p. 9. En 1936, el ministro Darío Echandía volvía a emplear la comparación con la empresa privada para mostrar la organización y administración inadecuada de los “negocios” educativos en el ámbito público: "Es más que probable que para un novicio en estas materias, para un liberal que hubiese hecho su aprendizaje de administrador y de hombre de mando en empresas particulares, el espectáculo de la
84 En cuanto a la división del trabajo, uno de los logros del primer gobierno liberal, fue haber creado una división técnica ―que pudiera dedicarse por entero al estudio del problema educativo desde el punto de vista técnico, y que mantuviera la tradición al respecto, al través de los cambios inevitables en la persona del Ministro".119 Poco se
había logrado delegando asuntos que requerían de conocimiento especializado en manos de personas sin conocimientos pedagógicos, que por ende, no estaban en capacidad de dar una respuesta eficaz.
En cuanto a la subordinación del interés particular al interés general y la unidad de autoridad y dirección, el caos respecto al manejo de los presupuestos y las tortuosas, nulas o distorsionadas ejecutorias regionales y locales respecto a las políticas emitidas por el gobierno central, se abre uno de los campos que ofrece mayor resistencia a la racionalización por las arraigadas costumbres personalistas y consideraciones de toda índole ajenas a los criterios de eficiencia, de economía, de orden y especialmente desconocedoras de mínimos conocimientos técnicos administrativos:
―Una especie de actividad enfermiza, cuchicheante y recelosa daba a esas oficinas [las oficinas del Ministerio de Educación] apariencia de laboriosidad y preocupación; pero a poco que indagase uno los motivos de semejante ajetreo, hallaba que él [sic] no tenía por objeto el servicio público, ni la puesta en marcha de determinada política, ni el afán que el cumplimiento del deber trae consigo, sino simplemente la defensa y afianzamiento de una posición que se sabía inestable y que al parecer dependía, no ya del jefe del ejecutivo, ni de sus ministros, sino de ciertos personajes que, al socaire de su posición, lograban establecer una suerte de interna monarquía. (...) Muy posiblemente en la defensa de estos reductos se llegó a confundir lo que era atribución del Estado y deber del despacho
organización burocrática que sobrevivía a la época hegemónica, resultara no menos curioso que edificante...”, CVMHE, Memorias del Ministro de Educación, 1936, p. 16
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ejecutivo con lo que no pasaba de ser interés personal, pues existen indicios sobrados para estimar que la adjudicación de becas, la refrendación de títulos, las mismas negociaciones de proveeduría se realizaron muchas veces a hurto de las disposiciones legales, en veces [sic] a espaldas del propio ministro y sólo en defensa de las posiciones logradas. Como es lógico, las nerviosas peripecias a que sin duda daba lugar el mantenimiento de esta organización entre cortesana y curialesca, habían impedido a los supuestos servidores del Estado darse cuenta de que la división y organización del trabajo, lo que hoy llamamos su racionalización, y hasta sus mismos instrumentos materiales se habían modificado en algo más que cambiar la pluma de ganso por la máquina de escribir y los cuadernillos de papel de oficio por el kárdex. De tal manera que al echar por los suelos aquellos tabiques que garantizaran antes la comodidad de los empleados subalternos y el sostenimiento de la monarquía burocrática, nos encontramos con que buena parte de los servidores públicos ignoraba el manejo de los más simples instrumentos de trabajo y se veían prácticamente atropellados por el ritmo nuevo que se daba a la tramitación de los negocios‖.120
Estas formas de ejercicio de la influencia personal y sus efectos desorganizadores, encuentra varias ilustraciones en la documentación revisada: ni Agustín Nieto Caballero, ni Tomás Cadavid Restrepo, ni Julio Carrizosa Valenzuela y posiblemente, ningún funcionario del ramo educativo, en escuelas, colegios o divisiones administrativas habían sido ajenos a situaciones donde se interponían influencias ajenas en todo sentido a cualquier consideración profesional o técnica.121 La
legitimación de una autoridad central en materia educativa, se oponía a las tendencias federalistas o que enfatizaban la autonomía de las regiones, así como a
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CVMHE, Memorias del Ministro de Educación, 1936, p. 16
121 Agustín Nieto Caballero, había dejado constancia desde finales de los años veinte de su repudio por estas
prácticas: “Todos los que hemos tenido algo que ver con el manejo de una escuela conocemos el caso. La recomendación más común entre nosotros reza así: “Reciba usted en su colegio, sin vacilar, a este joven inteligentísimo que ha prestado a la causa grandes servicios”. ¡La causa! No la del niño, no, la única causa aquí es la del partido político, y los grandes servicios son algunas veces los de haber votado ocho o más veces, con nombres supuestos en las elecciones”, Carta al doctor R. Escobar Roa, inspector escolar provincial, Julio 20 de 1923, en respuesta a las críticas que le hace éste en el Periódico el Nuevo Tiempo. Agustín Nieto Caballero, Sobre el problema de la educación nacional, editorial Minerva, Selección Samper Ortega de Literatura Colombiana, Sección 5a. Ciencias y Educación, Bogotá, 1937 [primera edición en 1924], p. 63 - 64
86 las de los intereses privados en la educación, individuales o institucionales. Es interesante observar, meridianamente por lo respecta a la documentación, las formas en que política regional e intereses privados se entretejen. Aline Helg hace notar que estas dinámicas, - secundadas por una debilidad administrativa que las permite o que se inhibe para impedirlas, - este federalismo educativo, contaba con ―numerosos defensores, tanto entre los conservadores como entre los liberales."122
"Departamentos hay que, no sé si por regodeo autonómico, someten al ministerio de educación a la ingrata tarea de espectador de un afanoso hacer y deshacer cosas, para rebajar o ensalzar hombres. ¡Como si en modo alguno la calidad del magisterio, la preparación y moralidad de los inspectores escolares, o la idoneidad del profesorado de segunda enseñanza, pudieran verse jamás condicionadas por su filiación política o el valimento [sic] de sus familiares! ... De tal manera que las necesidades o intereses políticos de gobernadores y diputados vienen a condicionar la marcha de la educación pública, a alterar sus cuadros de servicio, a distraer sus recursos fiscales y dar a toda su armazón burocrática y administrativa una inestabilidad perniciosa por desmoralizadora".123
Pero, justamente en esta época en que la tensión entre las costumbres políticas y la lenta introducción de elementos de técnica y de cultura pedagógica, en busca del logro progresivo de autonomía de las cuestiones educativas respecto a criterios políticos, los intentos de neutralidad y racionalización no dejaban de ser puestos, como logros de gobierno o como señalamientos injuriosos de los opositores, bajo el
122 Aline Helg, La Educación en Colombia: 1918 - 1957, Serie Educación y Cultura, Universidad Pedagógica
Nacional, Plaza & Janés Editores Colombia S.A , Bogotá, 2001
123 CVMHE, Memorias de 1936, p. 8. La alianza entre política e intereses privados en las regiones ya la habían
expresado Agustín Nieto Caballero y Julio Carrizosa Valenzuela, después de su recorrido por varias regiones del país en el que habían observado varias irregularidades: "Las asambleas departamentales votaban prioritariamente subsidios para la enseñanza secundaria de las élites en detrimento de la educación primaria de la mayoría y de los salarios de los maestros; los municipios inflaban su presupuesto destinado a la instrucción primaria para desviarlo en favor del colegio privado local, de becas para los hijos del gamonal o de la organización de fiestas de propaganda política... el material ya insuficiente, pagado por el Estado no llegaba nunca a su destino....", Aline Helg, La Educación en Colombia: 1918 - 1957, Serie Educación y Cultura, Universidad Pedagógica Nacional, Plaza & Janés Editores Colombia S.A , Bogotá, 2001, p. 139 - 140.
87 signo de un partido. Esta distinción se hizo particularmente fuerte, en 1936, cuando en uno de los empujes modernizadores más importantes de la República Liberal, que le correspondió al primer gobierno de López Pumarejo, los conservadores se retiraron del Congreso y emplearon desde fuera del gobierno la tesis de que existía una exclusión o un despojo político. El presidente López, trató de aclarar la situación diciendo que con dicha acción los conservadores habían hecho una "huelga de sus derechos y funciones cívicas", y aclara que fue por eso, "y no por voluntad de los hombres del régimen [que] éste aparece servido exclusivamente por representantes del liberalismo y todos los atributos del poder se hallan en manos del partido liberal.‖124
En este punto se hace comprensible que el control sobre la formación de los maestros y la definición de los conocimientos imprescindibles para la ocupación de ciertos cargos fue una estrategia muy importante para introducir nuevos hábitos y criterios de organización.