Desde finales del siglo XIX, algunos de nuestros más célebres escritores insertan refranes en sus obras, como por ejemplo: Fernán Caballero o Benito Pérez Galdós. En el siglo XX, sobresalieron Camilo José Cela, Miguel Delibes o la poetisa Gloria Fuertes, pero son bastantes los autores que los insertan en sus textos, como Manuel Vázquez Montalbán, Enrique Jardiel Poncela, Antonio Gala, Lourdes Ortiz, Juan Antonio de Zunzunegui, Ramón J. Sender, Javier Pérez Reverte, Alonso Zamora Vicente, Marina Mayoral, Luis Landero, Care Santos o Almudena de Arteaga.
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Fernán Caballero
Además de su refranero titulado Refranes y máximas populares recogidos en los pueblos del campo, recogidos en 1877, en sus diversas obras, cita Fernán Caballero un buen número de refranes, sobre todo en: Lucas García (1852), Dicha y suerte (1852), y en Más honor que honores (1865). Pare ejemplificar, Sevilla y Cantera incluirán una treintena de los que han recapitulado en Lucas García, de los cuales yo mencionaré algunos: ‚A borrica arrodillada, le doblan la carga‛; ‚Antes que te cases, mira lo que haces‛; ‚Con razón o sin ella, ayúdenos Dios a los nuestros‛; ‚Dios consiente, pero no para siempre‛; ‚El que peca y se enmienda, a Dios se encomienda‛; ‚La manzana podrida pierde a su compañía‛; ‚No sabe el diablo por diablo, sino por viejo‛ o ‚Quien de los suyos se aleja, Dios le deja‛.
Benito Pérez Galdós
En los Episodios nacionales (1877-1912) de Benito Pérez Galdós, aparecen por lo menos, unos dos centenares de refranes, generalmente muy bien traídos a colación, de los cuales, algunos se repiten, como por ejemplo: ‚Cuando te den la vaquilla, acude con la soguilla‛, que aparece en Napoleón en Chamartín (1874) y en Bodas reales (1900). De la misma manera, también se reitera la paremia ‚A lo hecho, pecho‛ que se encuentra en El equipaje del rey José (1875), en Memorias de un cortesano de 1815 (1875) y en Las tormentas del 48 (1902).
También, en algunos casos, se presenta el refrán con alguna variante curiosa, como sucede con el refr{n ‚Riñen los pastores y se descubren os hurtos‛, que aparecen así en El Gran Oriente (1876); en cambio, en Los duendes de la camarilla (1903), ‚los diablos‛ sustituyen a ‚los pastores‛: ‚Riñen los diablos y se descubren los hurtos‛.
Otra técnica empleada por Galdós sería la enunciación de la primera parte del refrán, recurso estilístico llevado a cabo en muchas obras, como en La Celestina, que aparece con relativa frecuencia en los Episodios nacionales, lo que indica que en la época los refranes citados no resultaban extraños, sino todo lo contrario, eran elementos usuales de la lengua hablada. De tal forma que, tanto en Napoleón en Chamartín (1874) como en La segunda casaca (1874) encontramos ‚Cuando el río suena<‛, dando por hecho que sabremos concluirlo añadiendo ‚agua lleva‛. En Los cien mil hijos de San Luis (1877) y en Mendizábal (1898), leemos ‚En nombrando al ruin de Roma<‛ suponiendo que el lector
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lo concluir{ con ‚por la puerta asoma‛. De hecho, son muchos los casos en los que Pérez Galdós recurre a este procedimiento, así en Vergara (1899), se completa el refrán ‚Tanto va el c{ntaro<‛ añadiendo ‚a la fuente, que deja all{ el asa o la frente‛. Asimismo, en La Primera República (1911), el ‚etc.‛ de ‚No por mucho madrugar, etc.‛ equivale a ‚amanece m{s temprano‛.
Camilo José Cela
Este procedimiento que empleaban Galdós o Fernando de Rojas, está patente también en escritores contemporáneos como Camilo José Cela y Miguel Delibes, y ello significa, cuando el autor lo emplea constantemente, que el lector normal conoce lo suficientemente ese refrán como para no tener que citarlo completo.
Algunos refranes de los que Cela sólo incluye la primera parte serían: ‚Afortunado en el juego<‛ en La Colmena (1945), ‚¡Si la envidia fuera tiña<!‛ en Nuevas Andanzas y desventuras del lazarillo de Tormes (1944) y ‚Genio y figura<‛ en El gallego y su cuadrilla y otros apuntes carpetovetónicos (1949). Y pese a que no se incluya la segunda parte (respectivamente, ‚desgraciado en amores‛, ‚muchos tiñosos habría‛ ‚hasta la sepultura‛), cualquier lector que conozca medianamente nuestra lengua lo suple al hilo de la lectura.
Además, como ya hizo Cervantes, Cela también recurre a la presentación de los refranes yuxtapuestos y a fórmulas introductorias con el verbo ‚decir‛:
El pez muere por la boca, dicen, y dicen también que quien mucho habla mucho yerra, y que en boca cerrada no entran moscas< (La familia de Pascual Duarte, 1942).
Asimismo también es constante en el uso de los refranes en sus otros textos, como Del Miño al Bidasoa; El molino de viento y otras novelas cortas; Judíos, moros y cristianos. De hecho, en este último y en el Viaje a la Alcarria, aparece, por ejemplo, ‚A la fuerza ahorcan‛, también presente en El gallego y su cuadrilla y otros apuntes carpetovetónicos. La frase proverbial ‚La avaricia rompe el saco‛ se encuentra en El gallego y su cuadrilla y en Del Miño al Bidasoa; ‚A la vejez, viruelas‛ aparece también en El gallego y su cuadrilla y en Nuevas andanzas y desventuras del Lazarillo de Tormes y ‚Agua pasada no mueve molino‛ est{ presente en El molino de viento y otras novelas cortas y en Del Miño al Bidasoa.
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Aparte de los refranes moralistas, Cela recurre a los refranes geográficos; así, en Con Cifuentes hasta el Tajo, es escritor pone en boca de un buhonero el refr{n ‚Si vas a Aleas, pon la capa donde la veas, porque si vienen los de Fuencemill{n, te la quitar{n‛; en Primer viaje andaluz, algunos de las dos decenas de refranes insertados aluden a productos típicos andaluces: ‚Para buenas tortas de manteca-dice el refrán-, Osuna y Estepa; para el buen polvorón, Morón‛ (cp. 6); también pueden referirse a rasgos de sus habitantes.
Resulta de interés referir un fragmento de Vísperas, festividad y octava de San
Camilo 1936 (1969), en el que Cela, además de emplear el refrán para caracterizar a
un personaje, elogia a quien sabe emplear con acierto los refranes:
Como dice tu tío Jerónimo a Casares entre todos lo mataron y él solito se murió, su tío Jerónimo sabe la mar de refranes y los usa siempre con oportunidad.
En otro escrito, Nuevas escenas matritenses, insiste en la importancia de saber elegir el refrán adecuado para cada ocasión:
Lo cortés no quita lo valiente; aquí no pega mucho, ésa es la verdad, pero bien mirado es lo de menos. *<+ Repare, amigo mío, en que la culpa es suya y sólo suya; no se pueden pescar truchas a bragas enjutas, esto ya pega más.
Generalmente, Cela respeta la forma de los refranes y son contadas las ocasiones en que introduce cambios, que son tan livianos que no afectan a su significado, como se aprecia en este ejemplo extraído de La familia de Pascual Duarte: ‚El c{ntaro que mucho va a la fuente acaba por romperse‛; cuya forma cl{sica sería: ‚Tanto va el c{ntaro a la fuente que al final se rompe‛.
Miguel Delibes
Es notable la presencia de refranes en la narrativa de Miguel Delibes, de hecho, en Cinco horas con Mario (1966) exceden la veintena, y al igual que Cela, este autor cita la primera parte de algunos refranes. De tal manera, que deja inconclusos: ‚A buen entendedor‛, ‚Genio y figura‛, ‚De casta le viene al galgo<‛ o ‚Cría cuervos‛; y como se trata de refranes muy conocidos resulta fácil finalizarlos. Incluso algunos llegan a aparecer repetidos, como ‚Cría cuervos<‛ o ‚Una cosa es predicar y otra dar trigo‛.
También hay otros que sirven para recalcar la transmisión oral de este tipo de enunciados, ya que los que usaba la madre de la protagonista: “Mam{ decía, m{s
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vale prevenir que curar”; “Mario, cariño, que lo decía la pobre mam{, cada hora tiene su af{n”.
Del resto de sus obras, cabe destacar los existentes en Diario de un emigrante (1958), en los que se observa su pertenencia al registro coloquial: ‚Paciencia y barajar que diría el otro‛; ‚Oficio nuevo, dinero cuesta, ya se sabe‛.
Otro tanto sucede con los incluidos en Diario de un jubilado (1995): ‚y lo que yo le dije, quién te ha visto y quién te ve‛; ‚Le repliqué que a la vejez, viruelas‛, destacando en esta obra, la curiosa alteración sufrida por el célebre refr{n ‚M{s vale p{jaro en mano que ciento volando‛, al amoldarse a una situación determinada y quedar de esta forma: ‚m{s vale pela en mano que pavo volando‛.
Al igual que otros muchos autores, Delibes recurre al refrán para corroborar un hecho, como ocurre en su última novela, El hereje (1988), en la que don Segundo Centeno, tras comer copiosamente afirma lo siguiente:
*<+ En las casas de postín ya sabe vuestra merced: mucho lujo, mucho boato y poca tajada en el plato.
Asimismo, en los textos de Delibes, además de los refranes morales, brotan especialmente los refranes meteorológicos- agrícolas, como los pronunciados por el tío Rufo en Las ratas: ‚En llegando San Andrés, invierno es‛ o ‚Por San Clemente, alza la tierra y tapa la simiente‛. Y es que, el anciano tío Rulfo, apodado el Centenario, se
convierte en cierto modo en un nuevo Sancho, puesto que habla siempre con refranes, que conoce a la perfección y que transmite al protagonista de la novela, el Nini. Llegando incluso a ser la veracidad de los refranes dictados por el Centenario evidente en varias ocasiones:
*<+ El Centenario solía decir: “En Castilla ya se sabe, nueve meses de invierno y tres
de infierno”. Y raro era el año en que se equivocaba.
Por ende, los refranes juegan un importante papel en Las ratas, ya que contribuyen no sólo a acentuar el entorno rural de los personajes de esta obra sino también a aportar a la novela un tono de naturalidad y realismo.
En Cinco horas con Mario cumplen otra finalidad, ya que se ajustan a las necesidades expresivas de su protagonista, Carmen, durante el monólogo en el que examina detalladamente el tiempo pasado con su difunto esposo, Mario, especialmente, los malos momentos que este le hizo pasar. De tal manera que Carmen acude a los refranes
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y a las frases proverbiales con la idea de fundamentar lo acertada que ella estuvo y a hacer énfasis en lo errado que estuvo su esposo, tal como se observa en estos fragmentos:
*<+ como si no supiera que los que te frenaban eran los de la tertulia, pero mira don Nicolás, consejos vendo y para mí no tengo, un Milquinientos, que es lo que yo digo, una cosa es predicar y otra dar trigo.
Así es muy cómodo, que, mientras, vosotros, ¡hala! todo el monte es orégano, lo que os da la gana.
*<+ pero a los hombres nunca os falta un remiendo para un descosido, y como diría la pobre mamá, a falta de pan, buenas son tortas *<+.
*<+ que los requisitos se saltan a la torera cuando conviene, yo recuerdo a la pobre mam{ que en paz descanse, ‚el que no llora, no mama‛, date cuenta, pero me da rabia contigo, Mario, la verdad, que parece como que se fueran a hundir las esferas por pedir una recomendación, cuando en la vida todo son recomendaciones, unos por otros, de siempre, para eso estamos, que estoy harta de oírla a mam{, ‚el que tiene padrinos se bautiza‛, pero contigo no hay normas *<+.
Podemos apreciar en los fragmentos citados que los enunciados proverbiales están magistralmente engarzados o adaptados al discurso, como sucede con la frase ‚No todo el monte es orégano‛, incluida en forma positiva. Además, otro acierto de
Delibes estriba en hacer ver que, como en la vida real, estas manifestaciones lingüísticas constituyen un saber recibido por tradición oral, de una generación a otra.
Asimismo, los refranes pueden ocupar lugares distintos en el hilo discursivo, pero uno de los más usuales es al final de la enumeración, a modo de broche, como aparece en esta cita del Diario de un cazador:
Recuerdo que la tarde de Herrera no quiso seguir el rastro de la perdiz que cayó, a pesar de que la llevé donde estaba el plumón todavía caliente. Quedé en pasarme por su casa para ver lo que procede. Éramos pocos y parió la abuela.
Gloria Fuertes
Además de aparecer en textos en prosa, los refranes pueden desempeñar una función poético-expresiva, tal como lo muestra Gloria Fuertes, al dar cabida en su lenguaje poético a estos enunciados populares, bien sea para encabezar sus versos o para jugar con ellos en los textos.
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De tal manera que, el refr{n ‚A lo hecho, pecho‛ constituye el título de una poesía dedicada a una mujer embarazada y también utilizará la paremia para aclarar el tema de otro poema: ‚Crisis- pareja o Quien mucho abarca poco aprieta‛. En lo que respecta al interior de sus composiciones, Gloria Fuertes con frecuencia reproduce literalmente los refranes en ellos, como hace en Tipos de soledad, para referirse a los solitarios sin vocación que se consuelan ‚drog{ndose con refranes venenosos/tales como:/ M{s vale estar solo que mal acompañado‛; en donde la inclusión del vocablo ‚refranes‛ muestra que la poetisa utiliza de modo consciente este tipo de enunciados fijos.
Sin embargo, en otras ocasiones, la adaptación de la paremia al contexto, entraña algunas modificaciones que consisten: en la adicción de elementos extraños (‚Hay veces que a quien madruga/ ni siquiera Dios le ayuda‛), la sustitución del orden gramatical en las formas pronominales y deícticos (‚Y canto, y mi mal espanto/ canto y se encaja mi queja‛), la supresión de elementos léxicos (‚El gato escaldado, del agua huye‛), la conmutación léxica (‚Año nuevo viuda nueva‛; ‚En abril,/mentiras mil‛), la sustitución sintagm{tica (‚A Dios rogando/ y con la flor dando‛), la modificación total de la segunda parte del refr{n: ‚Mozo,/cuando las barbas de San Obdulio/veas rizar,/échate a temblar‛; en este último ejemplo, se aprecia adem{s, la existencia de cambios léxicos en la primera parte del conocido refr{n ‚Cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar‛. Incluso, esta autora llega a crear refranes bas{ndose en esquemas sint{cticos paremiológicos usuales: ‚Quien construye/ se destruye/ (ya lo dijo Gloria Fuertes)‛.
Estas breves incursiones por algunas obras de finales del siglo XIX y del siglo XX nos revelan que el refrán sigue vivo en las letras españolas, a diferencia de lo que sucede en otras lenguas, como el inglés o el francés. Aunque en ocasiones el refrán es tachado despectivamente de popular y de propio de viejas mujeres del pueblo ajenas a la cultura, lo cierto es que recibe una buena acogida por parte de autores de gran prestigio.