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Las áreas de mayor incidencia del acoso escolar son el aula y la hora del recreo afirman Prodocimo Elián, Raquel citando a Fante (Fante,2005;Cerezo y Ato ,2010 y Mateo, Ferrer y Mesas ,2009) cuando en su texto aseveran que: las causas de que estos sucesos se den en recreo es que en esas horas hay menor vigilancia por parte de un adulto, es aquí donde se agrupan los alumnos de diferente edad e intereses distintos y se da la disputa de espacios (Prodocimo, Goncalves, & Raquel., 2014, págs. 2-4).

El recreo, en el patio de la escuela, los baños, el bar, son lugares frecuentes donde se hace presente la violencia escolar, generalmente es aquí donde se desarrollan los juegos en los que predominan los de carácter deportivo, estos viene cargado siempre de un ambiente competitivo y son practicados por los alumnos más diestros o hábiles en este tipo de actividades, dejando a un lado a los menos hábiles para practicar dichos deportes, esta situación también es un tipo de discriminación o violencia.

El mismo hecho de ser juegos donde se genera contacto físico hace que los jóvenes o niños descarguen sus frustraciones o energías negativas llegando muchas veces a agresiones físicas y verbales, sobre todo porque no están vigilados por un profesor o autoridad que ponga un límite a esta situación. Lo más preocupante hoy en día como manifiesta Prodocimo Elaine, el recreo no es considerado hoy en día como un espacio pedagógico y, por lo general, hay poca oferta de actividades y poca intervención adecuada en este sentido, dando cabida a la violencia. (Prodocimo, Goncalves, & Raquel., 2014)

El recreo es el lugar donde los alumnos desfogan sus energías y donde se dan todo tipo de roces y pleitos. Sin duda es el lugar donde se ven libres de toda actividad académica dirigida y buscan definir sus espacios y captar la atención de sus semejantes dentro del grupo de alumnos. Se manifiestan entonces contiendas por marcar su territorio y esto genera violencia física que es la más común en este tipo de competencia; dejando la violencia

48 verbal para las aulas. José Jordán con respecto a la hora del recreo afirma que: la cercanía a los educadores y aún más su participación en los juegos de los alumnos es básica, sin embargo muy pocos profesores participan activamente en esta hora”. En esta hora es donde se llevan a cabo la mayor parte de actos violentos. (Jordan, 2009, pág. 74)

La participación del docente en estas horas para dotar y gestionar zonas de juegos ayudará para que no se den actos violentos y propiciará una relación positiva entre profesor- alumno, que será beneficioso para el proceso de adaptación y sociabilización.

En algunos centros educativos se pueden evidenciar dos comportamientos por parte de las autoridades y docentes. El primero, un control cuasi militarizado del recreo, en el que el docente no solo supervisa sino que regula, limita y coordina las actividades del recreo. Y otro, quizá el más común, que los docentes se desentienden de sus estudiantes en este tiempo y van también por su refrigerio dejándolos sin compañía alguna. Los dos comportamientos son extremos y favorecen la aparición de actos violentos. Para evitar extremos es posible generar coordinar grupos de docentes de acompañamiento y/o dependiendo de la cercanía y las condiciones del establecimiento programar juegos en los que los docentes participen y compartan con sus estudiantes durante estos momentos. Otra práctica saludable suele ser generar horarios diferenciados de recreo, sobre todo en las unidades educativas en las que cuentan con todos los niveles de escolarización, pre-básica o inicial, básica y bachillerato. Esta acción permite manejar de mejor forma a los estudiantes y reducir las situaciones de conflicto en el recreo.

Los alumnos agredidos no se sienten identificados con los vínculos de pertenencia a la institución educativa, lo que provoca muchas veces la deserción escolar. Las agresiones verbales pueden ser sutilmente imperceptibles, muchas veces van camufladas de todo tipo de bromas utilizando apodos o sobrenombres, que se refieren a aspectos físicos de los

49 compañeros y que a su vez se los ve como actitudes normales dentro del aula, sin tener en cuenta las consecuencias psicológicas.

El clima o ambiente del aula son factores que influyen en el aparecimiento de la violencia. La mayoría de veces los alumnos permanecen en actitud pasiva en el aula recibiendo clases sin la posibilidad de ser escuchados; el ambiente del aula suele ser pesado y, cuando hay poca ventilación y la población de alumnos en el aula es densa, el calor y el ruido son factores negativos y que propician un ambiente tenso. Esta situación hace que se genere incomodidad e insatisfacción propiciando un ambiente violento que puede ser descargado tanto en los alumnos como en los profesores; si los alumnos perciben o viven una cultura de violencia lo más probable es que aprendan a reproducirla. (Prodocimo, Goncalves, & Raquel., 2014, pág. 10).

Muchos de nosotros hemos sido formados en centros educativos fiscales, lugares en donde una o varias de estas características se presentan. Aulas con 50 estudiantes, aulas poco ventiladas e iluminadas, población estudiantil de 1000 o 1500 personas, infraestructura insuficiente y en malas condiciones, han hecho a estas instituciones fuente de actos violentos.

Es entonces donde la sociedad toma su rol protagónico como manifiesta Mariana Jiménez al referirse a que “las formas de resolver los conflictos o problemas están influenciadas por la cultura que dota a los individuos y a los grupos de normas, valores, tradiciones, prácticas e instituciones que conforman la subjetividad de estos. Si la cultura no es capaz de brindar los recursos necesarios para resolver los conflictos de manera constructiva con seguridad se recurrirá a la violencia” (Jimenez & Diego, 2014, pág. 38).

En el caso de la escuela, este entorno tiene las facilidades de inclusión a la mano, las relaciones profesor alumno son fundamentales en la prevención, lucha y erradicación de este problema, la inclusión familiar en el proceso educativo y formativo es indispensable. Mientras que si no se toma cartas en el asunto este tipo de conductas serán vistas como algo normal entre semejantes, lo cual nos privara de formas de convivencia social dignas e incluyentes. Es necesario entonces concientizar a los agentes violentos

50 mostrándoles las consecuencias que sus actos producen y acompañarlos en su rehabilitación.