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4.3 Typologies of farmer-based organisations

4.3.3 Types of FBOs based on activity

Aunque los habitantes de la ciudad de Bogotá eran el público lector básico de El Tiempo, sus ejemplares llegaban a más lugares del país. La correspondencia privada de Alfonso Villegas Restrepo puede dar algunas pistas sobre ello. Durante los primeros dos años de funcionamiento del periódico, la correspondencia que recibía Villegas Restrepo, en su calidad de director de El Tiempo, se convirtió rápidamente en uno de los principales mecanismos de comunicación de los lectores con el periódico. En la medida en que todos los remitentes hacían mención a El Tiempo, la correspondencia privada de su primer director nos da un indicio de las ciudades a las cuales este llegaba. Por tanto, podemos inferir que las ediciones de El Tiempo llegaban a poblaciones de más de diez departamentos y, entre ellas, a varias ciudades de importancia regional y nacional. Estas eran: Abejorral, Ambalema, Anolaima, Cartago, Chinacota, Chocontá, Cúcuta, Girardot, Guatavita, Manizales, Medellín, Puerto Colombia, San Marroquín, Santa Marta, Socorro, Tuluá, Villavicencio y Zipaquirá165.

Durante los primeros años de circulación, la filiación política del periódico fue clave para que El Tiempo lograra llegar a poblaciones diferentes de Bogotá. En un país donde un periódico sin filiación política no encontraba lectores166, las redes de los partidos políticos eran una herramienta fundamental de la que se podían valer los periódicos para hacer que sus ejemplares llegaran cada vez a más manos. La red política del Partido Republicano y del primer director de El Tiempo, Alfonso Villegas Restrepo, fueron fundamentales para expandir el público del periódico y aumentar su circulación en sus primeros años de existencia. Para los lectores de El Tiempo era clave que este periódico lograra aumentar sus suscripciones, y su circulación en general, porque ello era la principal garantía de que las ideas republicanas lograran llegar cada vez a más colombianos. Por ejemplo, en carta enviada desde Ambalema el 14 de octubre de 1911, Alejandro Galindo le comunicaba al primer director del periódico que “El Tiempo cada día me merece más simpatías y cuanto esté a mi alcancé haré para ver de que circule profusamente en estos pueblos cuando sea

165 Comunicaciones recibidas por Alfonso Villegas Restrepo entre 1911 y 1912.

166

78 posible”167

. Desde Abejorral, de otra parte, Villegas recibió una carta el 10 de septiembre de 1911 en la que se le comunicaba que “El Tiempo cuenta aquí, según entiendo, cinco suscriptores y le diré que (…) este número es muy grande. A mí me envían tres suscripciones que tengo colocadas. Ojalá se pudiera colocar un buen número a fin de contrarrestar las otras corrientes”168

. Esta preocupación de los lectores de El Tiempo por la circulación del periódico se puede rastrear en toda la correspondencia privada de Alfonso Villegas Restrepo durante los primeros años del diario.

Una vez El Tiempo hace su ingreso a las filas del liberalismo, las redes políticas del Partido Liberal también le sirvieron a este diario bogotano para expandir su público lector. Sin embargo, era ya una situación diferente. Para la década de 1920 El Tiempo llevaba casi diez años de actividad periodística que le habían permitido hacerse con un público lector mucho más estable que el que tenía cuando apenas estaba empezando a circular. Ya para la década de 1920 El Tiempo comenzaba a tener un público que no dependía únicamente de su afinidad política con las posiciones del diario y ampliaba su oferta informativa con el objeto de conquistar nuevos públicos.

Los hombres de la política

La correspondencia privada de Villegas, de otra parte, nos da una idea del perfil sociodemográfico básico de los lectores de los periódicos a comienzos del siglo XX, a saber, los hombres interesados en la política. En efecto, los lectores de este diario bogotano eran principalmente hombres interesados en la política, el comercio o los negocios en diferentes poblaciones del país y con diversas filiaciones partidarias. El Tiempo tuvo que enfrentar enormes dificultades para expandir su público lector que, para su primera edición, se limitaba a las personas que pudieron leer los 150 ejemplares que fueron impresos169. Efectivamente, la prensa se encontraba limitada geográfica y socialmente, ya que estaba concentrada en ciertos espacios urbanos y se dirigía casi que exclusivamente a una reducida

167 Comunicaciones recibidas por Alfonso Villegas Restrepo en 1911 y 1912, folio 637.

168 Comunicaciones recibidas por Alfonso Villegas Restrepo en 1911 y 1912, folio 582.

169

79 minoría que se consideraba capacitada para comprender los debates culturales y políticos que se ventilaban en periódicos y revistas170.

Una primera dificultad con la que se encontraron los periódicos del país fue la alfabetización que, aunque en crecimiento, seguía siendo baja. Para 1912 solo el 17% de los colombianos mayores de 8 años sabía leer y escribir y para 1918 la población alfabeta llegaba al 32,5% de los habitantes mayores de 10 años. La tasa de escolaridad era también baja. Durante el primer tercio del siglo XX solo un 30% de los niños entre los 7 y los 14 años recibían algún tipo de enseñanza primaria y solo un 7% de ellos llegaba a la escuela secundaria171. La mayoría de ellos, de otra parte, se encontraba en las ciudades. Solo en la ciudad de Bogotá, por ejemplo, se concentraba el 19,5% de los estudiantes de secundaria172. No obstante, las bajas tasas de alfabetización y de escolaridad no son siempre barreras definitivas para la expansión de la cultura escrita en un país173. Un mecanismo básico para sortear esta dificultad en Colombia fue la lectura en voz alta de las ediciones de los periódicos. Este estancamiento, de otra parte, contrasta con la situación en otros países del mundo, ya que el siglo XIX fue testigo de una alfabetización masiva en la gran mayoría de países de Europa; expansión que se vio impulsada por la ampliación de la educación primaria174.

Una segunda dificultad que enfrentaba El Tiempo para expandir su público lector remitía a los medios de transporte de los ejemplares. Durante muchos años, el equipo directivo se valdría de distintos medios como el ferrocarril, y posteriormente el transporte aéreo, para lograr que los números del periódico estuvieran el mismo día de su impresión en todas las ciudades en las que El Tiempo contaba con lectores. Sin embargo, esto no era siempre posible. Dentro de Bogotá las dificultades tampoco eran pocas. Los personajes fundamentales para la distribución de los ejemplares del periódico en la ciudad eran los voceadores quienes, en muchas ocasiones, no solamente anunciaban los periódicos por las calles de Bogotá, sino que también debían ayudar a doblar las páginas recién impresas e

170

Arias, Los Leopardos, 92.

171 Helg, La educación en Colombia, 35-36.

172 Helg, La educación en Colombia, 70.

173 Goody, Cultura escrita en sociedades tradicionales, 29 y ss.

174

80 inclusive a mover las máquinas de impresión. De hecho, fue gracias a ellos que los periódicos bogotanos pudieron comenzar a enviar sus números fuera de la ciudad, antes de que el transporte por ferrocarril fuera una posibilidad, pues muchos voceadores llevaban en sus hombros las ediciones del periódico hasta poblaciones aledañas a Bogotá como Honda175.

La maquinaria de impresión y composición también aparecía como un problema para la expansión del público lector. Durante sus primeros meses de trabajo periodístico, El

Tiempo no contaba con una imprenta propia y debía utilizar la imprenta de la Gaceta Republicana para imprimir sus ejemplares. Y, si bien para el mes de junio de 1911 El Tiempo obtuvo su primera imprenta propia, esta se reducía a chibaletes y tipos de modelo

antiguo176. Fue solo hasta 1919 que El Tiempo adquirió maquinaría de impresión apropiada que le permitía aumentar el formato y la circulación del periódico. Al respecto, este diario bogotano planteaba que “con el número 2,818 llegó hoy EL TIEMPO a una mejora largamente preparada (…) Fundado el 30 de enero de 1911 por Alfonso Villegas Restrepo, se ha publicado desde entonces sin interrupción alguna, mejorando poco a poco su presentación y sus servicios, adquiriendo los elementos de imprenta que han sido necesarios, y así el pequeño periódico que apareció en 1911 editado en imprenta ajena, con escasos recursos y sin otra fuerza que la que le ha dado el claro talento e indomable energía de su fundador, es hoy un diario de gran formato, con talleres propios de linotipos, con prensa Dúplex y con las máquinas y elementos más modernos que puede tener un diario entre nosotros, y que iremos aumentando y mejorando a medida que lo indiquen las necesidades del diario y las conveniencias del público”177. Fue en ese momento que los elementos tecnológicos que son el signo distintivo de la prensa moderna, el uso del linotipo en la composición y de la prensa rotativa en la impresión, estuvieron al alcance de El

Tiempo178. 175 El Tiempo, enero 30 de 1961, 19. 176 El Tiempo, enero 30 de 1961, 13. 177 El Tiempo, julio 25 de 1919, p. 1. 178

81 El uso del linotipo en la composición fue un gran avance para El Tiempo. Antes de tener acceso a esta tecnología, este diario bogotano debía seguir el mismo procedimiento que los demás periódicos y que toda empresa involucrada en las artes gráficas en el país, la composición manual, cuyo único cambio significativo fue el reemplazo del componedor de madera por el de metal y el de la fornitura de madera por la metálica, con lo que se mejoraba la calidad de la impresión pero no se aceleraba el proceso de composición. El linotipo apareció en el mundo a finales del siglo XIX pero no llegaría a Colombia sino hasta el siglo XX. Con esta nueva tecnología se utilizaba una mezcla de plomo y antimonio derretido a 55 grados para formar los tipos de impresión, con lo cual se lograba acelerar el proceso de composición. En efecto, con la llegada del linotipo al país los diarios pronto duplicaron sus páginas. La máquina de composición de textos Ludlow, la más avanzada en la época, la trajo al país El Tiempo a finales de la década de 1920179.

En cuanto a la impresión, el retraso en el uso de nuevas tecnologías en el país fue también significativo. A pesar de que en Europa y Estados Unidos ya había tecnologías de impresión mucho más eficaces, los periódicos colombianos siguieron utilizando prensas planas hasta bien entrado el siglo XX, cuyo procedimiento de impresión era largo y dispendioso. Fue solo hasta 1915 que llegó la primera prensa rotativa al país, traída por Enrique Olaya Herrera para el Diario Nacional. El cambio fue notable. El uso de las prensas rotativas, llamadas de esta manera porque recibían el papel en bobinas y lo imprimían por medio de cilindros que llevaban adheridos, permitió a los periódicos aumentar significativamente su tiraje así como disminuir los tiempos de impresión. Aunque no todos los periódicos pudieron acceder a estas prensas rotativas, para la década de 1920 la mayoría de las prensa planas estaba fuera de funcionamiento y era reemplazada por la prensa rotativa o por la prensa dúplex, que era una impresora intermedia entre la plana y la rotativa180.

En los años siguientes, El Tiempo siguió constantemente mejorando sus maquinarias. Para 1924, este diario bogotano informaba a sus lectores que había hecho “un pedido de linotipos y una máquina rotativa, que puede imprimir hasta 32 páginas, con el moderno

179 Canal y Chalarca, Artes gráficas, 57 y ss.

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82 sistema de la estereotipia, usado por todos los grandes diarios181. No obstante, fue para 1926 que este diario bogotano llevó a cabo el mayor avance en el campo de la impresión. En enero de ese año, El Tiempo informaba a sus lectores: “hemos contratado con la National Paper and Type Company una gran rotativa Dúplex, con un taller anexo de estereotipia, que es el primero en su género que se introduce en Colombia. La prensa rotativa da treinta mil ejemplares de ocho, doce o diez y seis páginas por hora, en colores si se quiere, y es el último modelo de maquinarias de su clase. Ella nos facilitará dar ediciones de perfecta nitidez, y publicar los sucesos de última hora con todos sus detalles, para los suscriptores de la ciudad asegurará la entrega del diario a domicilio antes de las seis de la mañana, con noticias recibidas hasta las cinco a.m. (…) su gran volumen y lo delicado de su montaje imponen demoras que no impedirán el que en el primer semestre de este año esté imprimiéndose en ella EL TIEMPO (…) Hemos terminado de montar una maquinaria Ludlow, que es la última palabra en el arte tipográfico, y provee de tipo nuevo para todos los avisos todos los días, suprimiendo los antiguos tipos de imprenta, que servían años y se iban desgastando poco a poco, hasta hacerse inservibles. De esta manera los avisadores tienen la garantía de que sus avisos estarán siempre impresos en tipo perfectamente nítido y presentarán un hermoso aspecto que los hace más atrayentes. En el curso del año que termina, hemos montado también el más completo taller de fotograbado, a la altura de los mejores que aquí existen, y con el cual proponemos dar la mejor información gráfica, de manera que los lectores de EL TIEMPO puedan ver oportunamente la ilustración de los sucesos mundiales o locales que hayan ocurrido. Contaremos, pues, con dos máquinas, una rotativa Dúplex para ocho páginas, que da cinco mil ejemplares por hora; una máquina Ludlow, para avisos; talleres de linotipo y fotograbado suficientes para la edición rápida de un gran diario de diez y seis páginas; edificio propio de capacidad sobrada para una empresa de primera magnitud”182

.

No obstante las dificultades, el público lector en Colombia se fue expandiendo poco a poco y la cultura escrita fue logrando un lugar en el país. Como pasó en otros países del mundo, la expansión del público lector, tradicionalmente restringido a los hombres de la política,

181 El Tiempo, enero 1 de 1924, p. 2.

182

83 tomó tres direcciones: el público femenino, el público obrero y el público infantil. La creación de estos públicos fue un paso más de El Tiempo en dirección de la prensa moderna, ya que la masificación es una característica central de los diarios modernos en el mundo. En el caso de los dos primeros, su aparición en las páginas de este diario bogotano fue la respuesta de El Tiempo ante la irrupción en la década de 1920 de la clase obrera y de algunos grupos de mujeres como actores sociales con demandas y exigencias de distinto tipo, así como una estrategia para atraer a comunidades de lectores en ascenso. La creación del público infantil, por su parte, da cuenta del ascenso de una nueva idea de la infancia en el país, así como del lugar que los niños tenían ahora como comunidad de lectores en crecimiento.

El público femenino

Un primer esfuerzo de El Tiempo por superar los márgenes del público lector de la prensa decimonónica fue la construcción del público femenino. Este cambio se venía presentando en diferentes países del mundo, debido a que la tradicional discrepancia entre los índices de alfabetización masculina y femenina fue decreciendo desde finales del siglo XIX, lo que hizo que las mujeres se convirtieran en una parte sustancial y creciente del nuevo público lector183. La “sección femenina” fue la primera sección de El Tiempo dedicada a un público específico. El sábado 2 de mayo de 1914, día en que apareció la primera edición de 6 páginas del periódico, El Tiempo dedicó una página entera a la presentación de información y noticias que este diario bogotano consideraba específicamente femeninas, tales como: moda, elegancia, cuidado personal, belleza, entre otros. Lo mismo ocurre con los avisos publicitarios. Las figuras femeninas siempre aparecían cuando se consideraba que eran las mujeres las compradoras potenciales del producto ofrecido o cuando, de otra parte, se querían mostrar las características y valores socialmente asignados a las mujeres.

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84 Ilustración 14. Aviso publicitario presentado en la edición de El Tiempo del lunes 3 de marzo de 1920

Sin embargo, esta sección femenina fue una de las primeras de desaparecer producto de la crisis ocasionada por la I Guerra Mundial. No fue sino hasta 1924 que volvió a aparecer y se consolidó como la página femenina o “página para las damas” de El Tiempo. En esta sección, que posteriormente tendría una vida duradera en las páginas de El Tiempo, se mantenía la división temática ya esbozada a mediados de la década de 1910, ya que la política y los negocios seguían siendo considerados actividades exclusivamente masculinas. Mientras se esperaba que los hombres se interesaran por las noticias políticas, de negocios o de deporte, a las mujeres les correspondían las novelas y los hechos de sociedad conocidos con la expresión francesa de fait divers. El periódico se dividía, siguiendo un patrón de diferentes periódicos del mundo, en secciones temáticamente divididas de acuerdo con expectativas basadas en el género184.

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85 Ilustración 15. Novena página de la edición de El Tiempo del domingo 14 de septiembre de 1924

En las páginas de esta sección femenina de El Tiempo es posible identificar los valores, comportamientos y espacios que, desde el lente masculino de los periodistas de El Tiempo, eran considerados femeninos y configuraban un cierto tipo de mujer. En primer lugar, el espacio privado del hogar. Para El Tiempo, “la mujer hace un hogar. No es tarea difícil establecer el grado de cultura de una persona de cualquier condición con solo observar su vivienda y las comodidades de que gusta rodearse. La visita de una casa, en ese sentido permite siempre formular una opinión terminante, opinión que como es natural, alcanza en primer término a la dueña de la misma, y a la vez a todas las mujeres que corren con la conservación, el arreglo y el embellecimiento de un hogar, por lujoso o humildísimo que pueda ser este”185

.

En segundo lugar, la belleza era considerada un valor femenino fundamental. Por esta razón, El Tiempo presentaba en su página femenina numerosos consejos estéticos que buscaban orientar a las mujeres sobre las maneras de conservarse dentro de los criterios imperantes de belleza: “Manera de conservar una línea esbelta. El engrosar excesivamente constituye el terror de las mujeres elegantes y tienen ellas mucha razón, pero nada se adelanta con perder el tiempo en inútiles lamentaciones, recurriendo a drogas que la mayor parte de las veces perjudican la salud, o a métodos absurdos que no se pueden seguir. Lo primero que debe hacer la mujer con tendencia a engrosar es vigilarse severamente durante

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86 las comidas. He oído decir a muchas señoras: -Yo no sé por qué aumento de peso. Como muy poco, bebo menos, he suprimido el pan por completo. Lo que resulta es que me debilito, sin disminuir la gordura, que me tiene desesperada. Pero la habéis visto engullir masas y dulces en la confitería, tener a la mano el saquito de los bombones y atiborrarse