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La correlación de perfiles presentada en las figuras 56 y 57 se basan en las características litofaciales reconocidas, las relaciones laterales y verticales entre facies; y a su vez comparadas con las edades U-Pb en cristales de circon obtenidas para esta tesis y también las presentadas por Luppo et al. (2017). Por otra parte, la posición vertical de los perfiles está basada en la forma de los depósitos siguiendo los conceptos de McPhie et al. (1993). Estos autores sostienen que los depósitos de flujos piroclásticos serán más espesos en las zonas topográficamente deprimidas; por el contrario, los depósitos de caida serán de espesor mayormente homogéneos, pudiendo ocasionalmente reconocerse un aumento en las zonas deprimidas.

La correlación O-E (Fig. 56) está basada en la facies mT de los Perfiles H. Álvarez, Meliñanco y Paranao, en los tres perfiles esta facies se interpreta como depositada por lluvia de cenizas. En los tres casos la facies mT se cubre por facies mLT(e, l) y mLT(e) en el Perfil

H. Álvarez, por facies dbLT(e, n-ip, nl) y mLT(e) en el Perfil Meliñanco y por facies dbLT(e, l) y mLT(e, l) en el Puesto Parano. Todas estas facies reconocidas inmediatamente por encima de la facies mT tienen la particularidad de desarrollar texturas de soldamiento avanzado con texturas eutaxíticas a parataxíticas, fuerte desvitrificación y fractura perlítica en la matriz. A su vez, en los perfiles Parano y Meliñanco la facies mT se superpone a facies mLT(cr, lenslBr) y mLT(cr), respectivamente. En el Puesto H. Álvarez la facies mT se superpone con certeza a facies mLT(e, cr) en discordancia angular de 10°, interpretándose como el límite occidental de los depósitos correspondientes a la Cuenca de Los Menucos. Por otra parte, esta correlación presentada se sustenta con las edades obtenidas para esta tesis, y la presentada por Luppo et al. (2017) de 248.3±2 Ma (Fig. 56).

La correlación S-N (Fig. 57) está basada también en la ocurrencia de facies depositada por lluvia de cenizas y sus relaciones de base y techo. En los perfiles Tscherig Sur, Este y Oeste esta facies no fue reconocida, aunque si fue distinguida en el Perfil Navarro como //bT(n). A su vez, el arreglo facial de los perfiles de Tscherig es comparable con el perfil Meliñanco, donde las facies de brecha dan inicio al perfil y la facies mT se cubren por facies dbLT(e, n- ip, nl) y mLT(e), semejante a lo observado en el Perfil Navarro. Esto lleva a suponer que el Perfil Navarro es equivalente a las facies superiores del Perfil Tscherig Este. En el Perfil Vera también se identificó una facies como depositada por lluvia de cenizas, //bT(n), la que se deposita por sobre facies sedimentarias. Esta facies //bT(n) a su vez esta cubierta por facies bLT(l), mLT(e) y mLT(e, cr). El arreglo mLT(e) y mLT(e, cr) es comparable con el reconocido en el Perfil Paranao, donde la facies cuspidal fue data en 248.3±2 Ma (Luppo et al., 2017). En relación a estas observaciones, la facies bLT(l) en el Perfil Vera podría corresponderse con depresiones topográficas locales, vinculable con los depósitos sedimentarios inmediatamente por debajo.

Además, como en la correlación O-E, por sobre las facies interpretadas como depósitos de lluvia de cenizas se registran facies ignimbríticas de alto grado. Todas estas observaciones en la correlacion S-N son congruentes con las edades obtenidas en los perfiles Tscherig Este y Oeste, en el Perfil Parano (Luppo et al., 2017) y el Perfil Vera (Fig. 57).

De estas correlaciónes (Figs. 56 y 57) surge entonces que los depósitos del Grupo Los Menucos se apoyan en discordancia sobre rocas de edad Pérmica Tardía asignables al Complejo La Esperanza, siendo esta unidad la única que presenta edades comparables en la zona de estudio. El espesor preservado, dado por el mayor apilamiento, se estima en 250 m, contrariamente a lo expuesto por Miranda (1966) Cucchi et al. (1999), Lema et al. (2008) y Luppo et al. (2017) quienes suponen una espesura superior a los 1000 m. Al oeste de la discordancia angular observada en el Perfil H. Álvarez, Luppo et al. (2017) obtiene una edad de 252±2 Ma en rocas que fueran interpretadas por Lema et al. (2008) como facies lávicas a subvolcánicas mesosilícicas. Esta edad sería coincidente con las etapas iniciales del volcanismo de la Cuenca de Los Menucos, y posiblemente vinculada a la facies mpD (Perfil H. Álvarez). En este sentido estas rocas lávicas a subvolcánicas de edad 252 Ma se interpretan como cuerpos emplazados en niveles inferiores durante las etapas iniciales de la cuenca (Fig. 58).

Por otra parte, la edad 211.0±2 (Noriano) obtenida en el área reconocida por Ducart (2007) como un complejo de caldera, no coincidiría en el esquema de perfiles presentado en las figuras 56 y 57,siendo que existe un hiato de casi 40 Ma. Por el contrario, sería congruente con la edad de 206.9±1.2 Ma obtenida por Lema et al. (2008) en el Puesto Cuya para un cuerpo subvolcánico a epizonal emplazado con directa relación al lineamiento SO-NE de la Falla Lagunitas – Cerro Bandera. Esto lleva a suponer que el edificio reconocido por Ducart (2007) estaría más bien relacionado a un evento magmático posterior a los depóstios de la

Cuenca de Los Menucos, posiblemente asociado a la Falla Lagunitas – Cerro Bandera. Un análisis mas detallado en la estratigrafía volcánica de esta porción permitirá aclarar, no solo las relaciones entre litofacies, si no también si existe relación entre estos cuerpos y las rocas del Triásico Temprano pertenecientes a la Cuenca de Los Menucos.

Por último, el relleno sedimentario del Graben del Cerro Piche representa un episodio aun posterior al relacionado a la Falla Lagunitas – Cerro Bandera. Si bien las relaciones entre litofacies no son del todo claras, el valor de 185.5 Ma considerado como edad de sedimentación deja en claro que no se trataría de los depósitos de rifing basales de la Cuenca de Los Menucos (Labudia et al., 1992; Labudia y Bjerg, 2001, 2005), sino que corresponden a depósitos posteriores al Grupo Los Menucos, concordantemente con lo expuesto por Corbella (1973), Bodnar y Falco (2017) y Falco et al. (2017).

En resumen, estas observaciones permiten reconocer al menos cuatro etapas en la evolución geológica para el área en estudio. La primera etapa estaría relacionada con un episodio de volcanismo explosivo asignable con dudas al Complejo La Esperanza. Está representado en mayor medida por rocas piroclásticas que se apoyan sobre el basamento metamórfico cámbrico de la Formación Colo Niyeu (Labudia et al, 1994; Martinez Dopico et al., 2017), con edades que van desde los 257±2 Ma (Luppo et al., 2017) hasta los 256.2±1 Ma. Una segunda etapa representada por los depósitos pertenecientes a la Cuenca de Los Menucos, los que comienzan en el límite Permo-Triásico (252 Ma) y se extiende con seguridad hasta el Olenekiano (248 Ma). La tercera etapa esta representada por los afloramientos al S y SE del Cerro La Laja, pertenecientes a un evento magmático del Noriano (211.0±2 Ma). La cuarta etapa esta representada por el fallamiento gravitacional en bloque del graben del Co. Piche y posterior relleno, con edad de sedimentación jurásica inferior (Fig. 58).

Figura 58. Mapa geológico simplificado mostrando la distribución de los afloramientos del área de la Fig. 2. Las edades en recuadro blanco son las presentadas para esta tesis y de Luppo et al. (2017). El mapa geológico detallado del área estudiada se muestra en la Fig. 72. a. Perfil Tscherig Oeste; b. Perfil Tscherig Sur; c. Perfil Tscherig Este; d. Perfil Meliñanco; e. Perfil H. Álvarez; f. Perfil Paranao; g. Perfil Vera. En líneas de trazos amarillas se indican las líneas de correlación de perfiles de las figuras 56 y 57.