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Sector Industrial

Actividad de infraestructura energética

Ramas exportadoras( azúcar, níquel, pesca, etc.) Ramas productoras de bienes de consumo alimenticio Ramas productoras de bienes de consumo no alimenticio Ramas productoras de bienes intermedios

Ramas productoras de bienes de capital

100 % (1989) 72,5 % 63,2 % 47,2 % 18,2 % 35,1 % 24,5 %

de las ramas, con el propósito de facilitar su participa- ción en el proceso de apertura externa.6 Estos aspectos

se convirtieron en los soportes mínimos para el diseño ulterior de políticas más específicas --organizativas, tec- nológicas, de empleo, financiación, salarial, inversionis- ta y de desarrollo- que, de una forma u otra, fueron instrumentadas con posterioridad en los diferentes mi- nisterios industriales.

Una resultante del proceso anterior fue comenzar a trabajar en la búsqueda de un nuevo patrón de desa- rrollo industrial, en el cual se conjugaran la máxima utilización de los progresos alcanzados en el proceso de industrialización,7 y el aprovechamiento, tanto de las

potencialidades de exportación y sustitución de impor- taciones, como de las reservas de ahorro y eficiencia de las diferentes ramas.

En la práctica, la articulación de estos aspectos cons- tituyó un proceso complejo, no sólo porque se produjo en un contexto de ajuste económico, sino, también, por lo siguientes aspectos:

1) la diversificación del tejido productivo e industrial lograda con la industrialización no estuvo orientada, en términos reales, a ampliar la oferta exportable nacional (Marquetti, 1998).

2) el desarrollo industrial alcanzado se dirigió a crear la infraestructura material y productiva necesaria que respondiera a la lejanía en que se ubicaban los principa- les socios económicos del país, lo que provocó que es- tuvieran presentes, con relativa fuerza, aspectos de una típica industrialización hacia adentro.8

A estos aspectos, se adicionaba que, en las nuevas con- diciones, resultaría difícil preservar el liderazgo de las ra- mas industriales tradicionales en el nuevo patrón, debido, entre otras razones, a la transformación de la estructura de los precios internacionales y porque las referidas ramas se caracterizan por concentrarse en la explotación de econo- mías de escala, lo que en un contexto de predominio de restricciones financieras materiales y de bajas tasas de acu- mulación, presentarían serias dificultades, como destaca García (1996).9 A pesar de las limitaciones objetivas que

enfrentó el desarrollo de las ramas tradicionales, se co- menzó a trabajar, donde era posible, en la variación de su cadena de valor y en la creación de condiciones que faci- litaran el fomento de complejos productivos maduros (Ramos, 1998).

Estas razones, unidas a las debilidades que carac- terizan los encadenamientos productivos de las ramas vinculadas al desarrollo del progreso científico técnico

--industria farmacéutica, biotecnológica y electrónica- con otras ramas industriales, explican por qué estas ramas no estaban en condiciones de liderar el proceso de reestructuración del sector industrial y, mucho me- nos, constituir el núcleo del nuevo patrón.10

De esta forma, mientras el patrón de desarrollo in- dustrial, asumido a partir de 1976, se sustentaba en la preeminencia de políticas y factores vinculados con la industria, en las nuevas condiciones creadas con poste- rioridad a 1990, aunque se conservó el carácter estra- tégico de este sector, su dinámica de transformación y crecimiento estará relacionada con los efectos colate- rales o inducidos por el desarrollo de otros sectores, como, por ejemplo, el turismo.

La transición de un patrón a otro estuvo determina- da también por la necesidad de impulsar el desarrollo de actividades que permitieran la recuperación más rá- pida de las inversiones realizadas, al tiempo que la ca- pacidad de aporte en divisas permitiera sortear los ni- veles alcanzados por el déficit de la balanza de pagos.

1.1 Rasgos generales del nuevo patrón de cre- cimiento industrial

Los efectos recesivos asociados a las medidas de ajuste fiscal, fueron virtualmente anulados por la res- puesta de la industria al crecimiento de un nuevo seg- mento de demanda efectiva que está relacionado con la evolución de la apertura a la inversión extranjera, la flexibilización de los mecanismos de gestión comercial externa, el crecimiento sostenido del turismo y del mer- cado en divisas. Asimismo, la evolución de esta deman- da contribuyó, inercialmente, a preservar la dinámica global de reanimación de la economía e, incluso, a fo- mentar fuentes de acumulación en los diferentes secto- res al margen del presupuesto (Marquetti y García, 1999b).

El papel de este potencial de demanda tuvo un im- pacto mayor, en tanto constituyó el soporte mínimo del nuevo patrón de crecimiento de la industria. En ri- gor, la acción del conjunto de estos factores propició la estructuración de una dinámica de crecimiento de la eco- nomía menos dependiente de la evolución exclusiva del sector exportador tradicional.

La particularidad principal de los aspectos que sir- ven de soporte a este nuevo patrón de crecimiento es que conjugan la capacidad de demandar y ofertar re- cursos. Igualmente, están relacionados con un mayor fomento del sector de los servicios, especialmente de aquellos que poseían un insuficiente desarrollo en el pe-

74 RECONVERSIÓN INDUSTRIAL Y AGRÍCOLA EN EL MARCO DEL DESARROLLO HUMANO LOCAL

ríodo previo a la crisis, entre los que cabe señalar los servicios informáticos, los de apoyo a la gestión empre- sarial, los bancarios y financieros, etcétera.11 En el Grá-

fico 1, se puede observar los aspectos que conforman este nuevo patrón.

Lo más significativo en la configuración de este nue- vo patrón de crecimiento de la industria ha sido la con- solidación de la tendencia a que el sector de los servi- cios adquiriera el peso determinante en la estructura glo- bal de la economía. Paralelamente, se aprecia que los factores que favorecieron el relativo dinamismo de la industria manufacturera en el período que se analiza, presentan un comportamiento variable.

Por otra parte y a los efectos de este análisis, se ha considerado también el impacto de los siguientes as- pectos: el efecto de arrastre ra-

mal, la incidencia en las relacio- nes intersectoriales y en los nive- les macro, meso y microeconó- mico, el grado de transformación tecnológica y las tendencias pro- bables de cambio estructural de la economía.

La lógica transformativa relacio- nada con la configuración de este denominado nuevo patrón, presen- tó, como elemento novedoso, un mejor aprovechamiento de las re- servas a escala empresarial, y la mejoría del mecanismo de asigna- ción y control de los recursos.

En general, la modificación de los factores determinantes de la

dinámica de reestructuración y dinamismo de la industria manufacturera presenta, como saldo positivo, el haber con- tribuido a la sostenibilidad del desempeño favorable de la economía desde 1994. Al res- pecto, cabe apuntar que la incidencia de la industria en este resultado es aún más re- levante si consideramos que la caída de la producción in- dustrial fue superior a la del producto interno bruto (PIB) entre 1989-1993.12 Sin em-

bargo, con posterioridad a esa fecha, el crecimiento promedio anual de la industria fue superior al del PIB, al lograrse, hasta el año 2001, una tasa superior a 5%, mientras que la del PIB se man- tuvo en torno a 4%. Esta dinámica se vuelve a revertir después de 2001, como consecuencia del comporta- miento inestable de la industria azucarera y el impacto acumulativo del retraimiento de la inversión en el sector productivo.

Los progresos alcanzados por la industria manufac- turera debido a la incidencia de los aspectos que inte- gran el nuevo potencial de demanda efectiva –mercado internacional, turismo y mercado en divisas- se aprecia en los siguientes resultados:

1) la producción exportable de la industria creció en más de 25% entre 1994-2004, a pesar de los factores Gráfico 1

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