5.3 Expected backgrounds
5.3.4 Zero-charge events
afectación física, mental y social de su salud.
II.2. La violación y la salud pública
Además del marco internacional de derechos humanos, la problemática de la viola- ción, su relación con el embarazo no deseado y el acceso a la ILE, deben comprenderse desde la perspectiva de la política en salud pública. Más allá de los impactos en la vida individual de las mujeres que han atravesado por situaciones de violación, ésta afecta la dimensión colectiva de la salud y por tanto es un problema de salud pública. En esta sección se brindan elementos para una mejor comprensión de la magnitud del problema, de la afectación a ciertos grupos de mujeres y de los efectos que la violación tiene sobre la salud de las mujeres. Se explica además por qué, desde una perspectiva de salud pública, es importante entender las formas en que la violación constituye una carga oculta.
El reconocimiento de la violencia contra las mujeres como un problema de salud pública se debe «al impacto negativo que tiene la misma en el bienestar y la salud integral de las mujeres» y «a que dicho impacto tiene lugar en una significativa proporción de mujeres en todo el mundo» (OPS, 2002: 20). La violación afecta dife- rentes facetas de las vidas de las mujeres que permiten hablar de una crisis múltiple:
«La violación afecta a la mujer en su integridad personal, social, sexual y existencial. Altera su historia y sus proyectos de vida y, cuando la víctima aún se encuentra en una etapa crítica, la confirmación del embarazo resultado de la misma se convierte en otro choque emocional intenso; en una crisis múltiple (...)» (Londoño, 2000). Es fundamental comprender hasta qué punto la violación representa una afectación de la salud y un problema de salud pública, y consecuentemente también el embarazo impuesto por la violación (Jöchle, 1973 citado en Londoño, 2000), así como com- prender que los embarazos producto de la violación son percibidos por las mujeres, como un segundo acto de violencia (Londoño, 2000). Es importante considerar, asimismo, que los embarazos derivados de violación también afectan al producto. Se ha estimado que «Los hijos producto de un embarazo por violación sufren las características de los hijos no deseados, presentando alto riesgo de desnutrición, maltrato infantil, abandono e incluso infanticidio» (WHO, 2002).
«La violencia contra las mujeres es un tipo común de violencia. Se estima que hasta seis de cada diez mujeres del mundo sufren violencia física o sexual a lo largo de su vida» (UNIFEM, 2009 citado por Contreras et al., 2010: 11). Pese a que la evidencia
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sobre la violencia sexual en LAC es limitada, hay claras indicaciones de que se trata de un problema tanto de salud pública como de violación de los derechos humanos. Según recientes evidencias, la prevalencia de relaciones sexuales forzadas por la pareja íntima varían entre el 5% y el 47% de acuerdo con los datos obtenidos en las encuestas de población (Contreras et al., 2010). Según la OMS (2003), casi una de cada cuatro mujeres refiere haber estado sometida a una violación por parte de su pareja, y hasta una tercera parte de las adolescentes han atravesado una iniciación sexual forzada. En relación con el impacto de la violencia en la salud, la violación y la violencia doméstica aparecen como causas significativas de discapacidad y muerte entre mujeres en edad reproductiva. Además de heridas, hematomas, frac- turas, pérdida de capacidad auditiva, desprendimiento de la retina, enfermedades de transmisión sexual, abortos e incluso feminicidios (...)» (Sagot, Carcedo y Guido, 2000: 21). Asimismo se estima que las cifras tienen importantes tasas de subregistro. Como es común que estas cifras provengan del sistema judicial o administrativo, no contemplan los casos de las mujeres que decidieron no denunciar (Lara et al., 2003). Esto indica que la incidencia de la violación puede ser aún más grande.Desde una perspectiva de salud pública, las intervenciones deben priorizar los grupos que están expuestos a mayores riesgos; en este caso, aquellos susceptibles de requerir acceso a la CV, de tal modo que sea posible preservar, promover y mejorar su salud. Hay condiciones que pueden generar que algunas mujeres tengan más riesgo de atravesar situaciones de violación. En primer lugar, las condiciones socioeconómicas son un factor determinante. Asimismo, se debe considerar especialmente la situación de las mujeres con discapacidad, analfabetas o con bajo grado de escolaridad, las niñas y adolescentes, las mujeres indígenas, las mujeres migrantes, las mujeres en zonas de conflicto armado y desplazadas, las mujeres en situación de prisión, y las mujeres en situación de crisis humanitaria (Russo y Denious, 1998).
También es importante tener en cuenta que un número considerable de mujeres que experimentan abuso sexual o violación a edades tempranas pueden tornarse –en cifras significativas– en mujeres que se involucran en relaciones de revictimización o tener comportamientos de riesgo, embarazos no deseados y abortos. Asimismo, una elevada proporción de mujeres que han experimentado la experiencia del aborto, han experimentado violencia sexual en sus relaciones (Russo y Denios, 1998). Por otro lado, múltiples evidencias revelan la mayor probabilidad de que se produzca un embarazo en casos de violación que en la actividad sexual-coital corriente dado el impacto de las emociones, el estrés, el miedo, la presión y la ansiedad en el proceso reproductivo (Londoño, 2000). En un estudio realizado en México entre mujeres víc- timas de violencia se diagnosticó embarazo en el 10% de las adolescentes atendidas por violación durante 1995. Igual porcentaje informó el CTA en mujeres en edad