Aunque el origen de la fórmula de la rosa musgosa es desconocido, algunas leyendas perpe- tuadas oralmente en el ambiente espiritual hablan de un origen alquímico de la fragancia. Sea cual sea su origen, la primera fragancia de la rosa musgosa contenía: benjuí de Sumatra, incienso de Sudán, polvo de iris, mirra, flor y capullos de rosa. Sin embargo, las versiones que se comercializan actualmente supuestamente contienen: incienso, sándalo, mirra, bálsamo, más las flores, los capullos y el aceite de rosa musgosa de la India. (AM 8)
Tal vez la historia más conocida sobre el origen de la rosa musgosa cuenta que a la sombra de la cruz del Cristo crecía un tupido musgo y, al precipitarse sobre él unas gotas de la sangre crística, éstas se convirtieron en unas rosas muy olorosas. Las crónicas bíblicas dicen que junto a la cruz estaba un solo discípulo (Juan) pero muchas mujeres, “aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirle” (Mateo 27:55), entre ellas María y María Magda- lena. Y en la leyenda de la rosa musgosa, estas mujeres se convierten en las espectadoras del milagro.
Para recordar al Cristo, las damas recogieron las rosas y las repartieron entre los fieles segui- dores del Maestro, para que su aroma exquisito recordara siempre a los hombres el sacrificio del Gólgota. Por esta razón, la fragancia de la rosa musgosa se vincula con la Pasión, con la
cuarta iniciación del salvador, el momento histórico preciso donde la rosa estuvo reunida con la cruz.
Otro relato cuenta que en el camino al Monte Calvario, en la dolorosa “vía crucis”, se derra- maron 33 gotas de la sangre crística y éstas se convirtieron milagrosamente en 33 fragantes rosas que marcaban el camino hacia la cruz, en concordancia con la exhortación del Cristo a sus discípulos: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Mateo 16:24), lo cual también se evidencia en el conocido axioma rosacruz: “Ad ro- sam per crucem ad crucem per rosam” (“A la rosa por la cruz, a la cruz por la rosa”). (AM 8)
SATÁN
En la tradición judeocristiana este dragón-antagonista es más conocido en Occidente como Satán, que no es un señor caricaturesco con cuernitos, cola y tridente sino un “adversario” poderoso, una fuerza primaria presente en nuestro interior que nos pone a prueba día a día. Todos los impulsos internos que nos incitan a abandonar el sendero de la luz e identificarnos con lo externo, postergando lo verdaderamente importante y sumiéndonos en un profundo sueño, se pueden aglutinar simbólicamente en una sola figura: Satanás, el Diablo, el dragón venenoso.
El cabalista Yehuda Berg ha estudiado las tácticas de este adversario, afirmando que “Satán limita nuestra visión y concentra nuestra atención en situaciones que alimentan nuestros egos, y dejamos entonces de apreciar y de recibir la riqueza que la vida nos ofrece”.
Podemos ver en el Diablo al pintoresco personaje del imaginario popular, o –por el contra- rio– adoptarlo como nuestro “personal trainer”, la personificación de todas las pruebas y desafíos de ese gimnasio psicológico que llamamos “vida”.
Siendo así, nuestro contendiente simbólico (Satán, el dragón) debe ser entendido como un exigente profesor de la Escuela de la Vida, que hace que los triunfos que vamos alcanzando sean más satisfactorios. En este panorama, los obstáculos se convierten en OPORTUNIDA- DES, ya que nos brindan la oportunidad de crecer, y tal como dijo Florence Scovel: “Hacién- donos amigo de los obstáculos, ellos se transforman en un trampolín”. (AM 15)
SERVICIO
Muchos “servicios sociales” y “obras filantrópicas” de la modernidad se encuentran en las antípodas de la Recta Acción porque carecen de un elemento fundamental: la conciencia. Si el servicio es por obligación, por interés, por “hacerse ver”, por publicidad, por clientelismo político o simplemente para “sentirse un poco mejor”, no podemos hablar de auténtico ser- vicio ni de Recta Acción sino de mero activismo.
El verdadero servicio es “servicio consciente”, y éste se vincula a la acción inegoísta, y no a tapar a medias los agujeros de un sistema inhumano e inconsciente.
Dar de comer a un hambriento es una tarea digna, ayudar a un necesitado también, pero colaborar día a día a arrancar de cuajo las raíces del egoísmo, la injusticia y la desigualdad es aún mejor.
Por esto, debemos estar siempre listos para servir al prójimo pero siempre con la mirada fija en el propósito final: la restauración de la sociedad primordial, a fin de traer Paz Profunda a un mundo en permanente conflicto”. (AM 9)
SHAMBALLA
¿Dónde está situada esta Tierra Pura de Shamballa? Aunque muchos investigadores han intentado ubicar esta ciudad en algún lugar geográfico de los Himalayas o en el desierto de Gobi, tal vez quienes más se han acercado a la verdadera acepción del mítico paraje sean los ascetas tibetanos que –según Julius Evola– aseguraban que esta ciudad “reside en el corazón” de cada uno de nosotros. Esta afirmación ha sido corroborada por el decimocuarto Dalai Lama quien sostuvo que Shamballa “no es un lugar físico que podamos encontrar en la rea- lidad. Sólo puedo decir que es una tierra pura, una tierra pura dentro del ámbito humano. Y a menos que uno tenga el mérito y la asociación kármica real, uno no puede realmente llegar allí”.
Otro tibetano, Chögyam Trungpa, dice en su interesante obra “Shambhala” que: “Muchos maestros del budismo tibetano existe una larga tradición que considera el reino de Sham- bhala no como un lugar físico, sino como el fundamento o raíz de la cordura y el estado vigílico que existen en forma potencial en todo ser humano. Desde ese punto de vista no tiene entonces importancia que se sepa con exactitud si el reino de Shambhala es realidad o ficción. Lo que importa es que reconozcamos y emulemos el ideal que representa: el de una sociedad iluminada”.
Siendo así, el nacimiento del Kalki Avatara no es un acontecimiento externo ni es ajeno a nosotros, y en este sentido no hay medias tintas: o alineamos nuestra vida a Kali y a todo lo que representa (oscuridad, sueño, inconsciencia, materialismo, ignorancia), o bien conspira- mos para que nazca en la Shamballa de nuestro corazón el divino restaurador que traerá luz, vigilia, conciencia, espiritualidad y sabiduría a un mundo que necesita una Paz Profunda. (AM 20)