El retraso del crecimiento, o la deficiencia de talla para la edad, se define como una estatura o longitud para la edad inferior a dos desviaciones típicas por debajo de la mediana de los patrones de crecimiento infantil de la OMS43. Este indicador
es un marcador de riesgo claramente establecido relacionado con el desarrollo insuficiente del niño. Antes de los dos años de edad augura resultados cognitivos y escolares deficientes en la infancia tardía y la adolescencia44 y una mayor propensión
a padecer ENT en la edad adulta45. El retraso del
crecimiento también está asociado a trastornos educativos y de desarrollo económico en los planos individual, familiar y comunitario46. Según las
estimaciones del Banco Mundial, una pérdida del
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1% en la estatura de un adulto debida a un retraso del crecimiento en la infancia se asocia a una pérdida del 1,4% en la productividad económica47.
Se ha estimado que los niños que padecen retraso en el crecimiento ganan un 20% menos en la edad adulta en comparación con los que no sufrieron ese retraso48. Los niños que padecen retraso del
crecimiento y emaciación también tienen un riesgo de mortalidad más alto, que se incrementa aún más cuando las dos condiciones coexisten49.
El retraso del crecimiento está causado por dietas deficientes e infecciones frecuentes. En algunos entornos, un alto porcentaje del retraso del crecimiento se origina en el útero debido, por ejemplo, a la nutrición materna deficiente. Estos factores determinantes, a su vez, se apoyan en otros factores socioeconómicos y demográficos50,51,52,c. Cuando se trata de
embarazos adolescentes, la demanda del
crecimiento materno en curso limita los nutrientes disponibles para el feto, lo que puede dar lugar a retrasos del crecimiento en la niñez46. El retraso
del crecimiento a menudo continúa después del nacimiento como reflejo de prácticas de lactancia materna deficientes y alimentación complementaria y control de infecciones inadecuados53. El período de alimentación
complementaria, que en general corresponde a las edades comprendidas entre los 6 y los 24 meses, representa un período importante de sensibilidad al retraso del crecimiento que puede acarrear consecuencias permanentes y posiblemente irreversibles54. Por consiguiente, es fundamental
concentrarse en la ventana crítica de los 1 000 días que van desde la concepción hasta los dos años de edad.
El retraso del crecimiento y otras formas de desnutrición en edades tempranas pueden predisponer a los niños al sobrepeso y a ENT más adelante en la vida. En algunos entornos, el retraso del crecimiento en etapas tempranas podría predisponer a una persona a una
distribución más central de la adiposidad a edades más avanzadas, lo que podría traducirse en
situaciones de sobrepeso y obesidad. La manera en la cual la obesidad materna afecta negativamente
c La situación socioeconómica se refiere al acceso de una persona a los recursos sociales y económicos. Normalmente se mide según el nivel educativo, los ingresos y la ocupación.
al crecimiento y el desarrollo tempranos de la descendencia podría verse exacerbada si la madre estuvo subalimentada en edades tempranas, lo que refuerza el ciclo intergeneracional de las diferentes formas de malnutrición55.
En 2019, 144 millones de niños menores de cinco años en todo el mundo se vieron afectados por retrasos del crecimiento, lo que representa una reducción relativa del 12% con respecto a 2012, año de referencia para las metas mundiales de nutrición (164 millones). Los progresos actuales no son suficientes para que el mundo alcance la meta de reducir en un 40% el número de niños que padecen retrasos del crecimiento para 2025 (98,6 millones), así como la meta de un 50% de reducción para 2030 (82,2 millones). En las subregiones, los progresos para reducir el retraso del crecimiento entre el año de referencia (2012) y los últimos años (2019) muestran disparidades en cuanto a la aceleración necesaria para lograr las metas de 2025 y 2030 (Figura 12).
El mayor desafío sigue planteándose en la
subregión de África subsahariana, donde el rápido crecimiento demográfico previsto para los menores de cinco años contrarrestaría los progresos
previstos en cuanto a la prevalencia, lo que
obstaculizaría los esfuerzos para reducir el número de niños afectados por esa condición. En cambio, la disminución prevista de la población en Asia y América Latina y el Caribe, junto con la reducción prevista de la prevalencia, han contribuido a avanzar hacia la consecución de la meta. La prevalencia del retraso del crecimiento se distribuye de manera desigual en todo el mundo, e incluso entre regiones y subregiones, con diferentes niveles de gravedad (Figura 13).
A escala mundial, las estimaciones del retraso del crecimiento varían en función de la riqueza, el lugar de residencia, la edad y el sexo (Figura 14)56.
De los grupos disponibles, la mayor disparidad en la prevalencia del retraso del crecimiento se observa entre los quintiles más pobres y los más ricos. Los niños del quintil más pobre registraron una prevalencia del retraso del crecimiento del 43%, que duplicaba con creces la de los niños del quintil más rico. La prevalencia del retraso del crecimiento entre los niños que residen en las zonas rurales era del 34%, esto es 1,7 veces más
PARTE 1 LA SEGURIDAD ALIMENTARIA Y LA NUTRICIÓN EN EL MUNDO EN 2020
NOTAS: *Asia oriental no incluye el Japón. No se dispone de datos para América del Sur y Europa.
FUENTE: UNICEF, OMS y Banco Mundial. 2020. UNICEF-WHO-World Bank: Joint child malnutrition estimates - levels and trends in child malnutrition: key findings of the 2020 edition. [En línea]. data.unicef.org/resources/jme; www.who.int/nutgrowthdb/estimates; data.worldbank.org/child‑malnutrition.