2.3 Passive flow control
2.3.3 Optimisation studies
En este informe se presentan previsiones (Figura 1) del posible alcance del hambre en el mundo en 2030 si continuaran las tendencias del último decenio observadas hasta fines del año pasado (véase el Recuadro 2 y los anexos 1B y 2). En el momento de imprimir este documento (junio de 2020), la pandemia de la COVID-19 se propagaba por todo el mundo suponiendo claramente una grave amenaza para la seguridad alimentaria. No cabe duda de que la pandemia expondrá a más personas a la inseguridad alimentaria y acelerará el aumento previsto del número de personas que padecen hambre, a menos que se adopten medidas inmediatas. Dado que no se sabe en qué medida persistirá la pandemia de la COVID-19, tanto en lo que respecta a su alcance como a su gravedad, las previsiones proporcionadas en el presente informe deben considerarse preliminares.
La pandemia puede afectar a los sistemas alimentarios y la seguridad alimentaria de muchas maneras14,15,16. No cabe duda de que la pandemia de la COVID‑19 ya está causando perturbaciones tanto del lado de la oferta como del lado de la demanda de los sistemas alimentarios
en todo el mundo. Del lado de la oferta, la COVID‑19 en sí tal vez no genere escasez de alimentos, dado que se prevé que la producción de los principales cultivos (trigo, arroz, maíz y soja) permanecerá por encima del promedio en 202017. Pero la pandemia ya ha creado trastornos a lo largo de la cadena de suministro de alimentos. Las medidas de contención de la COVID‑19 ya están limitando la movilidad laboral en zonas que dependen de mano de obra estacional o migrante, lo que dificulta el acceso a los mercados y el transporte tanto dentro de los países como entre ellos. Otros trastornos en la logística podrían perturbar las nuevas temporadas de siembra.
Del lado de la demanda, se prevé que los
confinamientos masivos en todo el mundo afectarán a la capacidad de las personas para acceder a alimentos y crearán graves recesiones económicas. Esto dificultará que los alimentos resulten asequibles, en particular para los grupos de personas pobres y vulnerables. Los países de ingresos bajos y medianos probablemente serán los más afectados, ya que no cuentan con mecanismos para contingencias ni fondos para estimular sus economías
DE QUÉ MANERA LA PANDEMIA DE LA COVID‑19 PUEDE AFECTAR AL HAMBRE EN EL MUNDO: TRES
ESCENARIOS
NOTA: La zona sombreada representa las previsiones para el período más largo comprendido entre 2019 y el año 2030 fijado como objetivo. FUENTE: FAO. Número de personas subalimentadas (segundo escenario) Número de personas subalimentadas (primer escenario) 2010 2011 2012 2013 2014 2015 2016 2017 2018 2019* 2020** 2021** … 2030** Número de personas subalimentadas (tercer escenario) Número de personas subalimentadas (escenario previo a la COVID) AÑOS
NÚMERO DE PERSONAS SUBALIMENTADAS (MILLONES)
778,3 721,7 860,3 798,4 739,5 827,9 765,5 909,0 687,8 400 500 600 700 800 900 1 000 879,0 841,4 695,7 704,3
RECUADRO 3
(CONTINUACIÓN)
y proteger a los más vulnerables. Como consecuencia de ello, es probable que una crisis económica mundial provocada por la pandemia genere nuevos focos de inseguridad alimentaria, incluso en países que antes no requerían intervenciones.
Resulta sumamente incierto estimar los efectos de la COVID‑19 en la seguridad alimentaria debido a la falta de datos y de claridad sobre cómo será el futuro de la economía mundial. Los posibles escenarios pueden adoptar diferentes formas dependiendo del tipo de políticas que se pongan en práctica y el tiempo que lleve comenzar a ver sus frutos. En el momento de la redacción de este informe una recuperación “en U” parecía perfilarse como la más probable, lo que podría implicar una recesión en 2020, seguida de una recuperación, que comenzaría en 2021, pero cuya duración se desconoce. Esa recuperación depende de que las segundas olas de infecciones no se concreten o no se contengan fácilmente.
Aunque aún es demasiado pronto para cuantificar los efectos totales de la pandemia, en el siguiente recuadro se presentan los resultados de un análisis cuantitativo de las posibles consecuencias en lo que respecta a la prevalencia de la subalimentación, según lo determinan las perspectivas económicas mundiales. El análisis tiene por objeto mostrar cómo podrían cambiar los escenarios en la Figura 1 cuando se tienen en cuenta algunos de los posibles efectos de la COVID‑19.
Dado que la COVID‑19 está desencadenando perturbaciones en la economía mundial tanto del lado de la oferta como del de la demanda, la manera más sencilla de medir sus posibles efectos en la prevalencia de la subalimentación es mediante sus repercusiones en el crecimiento económico mundial. Esto se logra combinando datos del informe Perspectivas de la Economía Mundial del Fondo Monetario Internacional (FMI), publicado en abril de 2020 y actualizado en junio del mismo año18, con un análisis estadístico de la relación entre el crecimiento económico y la disponibilidad de alimentos. A continuación figura la metodología y las muestras de los países obtenidas para un ejercicio anterior realizado por la FAO con datos disponibles previamente19,20.
Sobre la base de las series temporales del suministro total de alimentos y el crecimiento del PIB entre 1995 y 2017 para la mayoría de los países del mundo, el análisis estadístico muestra que la reducción del crecimiento del PIB afecta considerablemente a la oferta neta de alimentos en los países importadores netos de alimentos y especialmente en los países de bajos ingresos y con déficit de alimentos (PBIDA). En promedio, se estima que la reducción del crecimiento del PIB en un punto porcentual reduce la oferta de alimentos en los países importadores netos de alimentos: en un 0,06% en los países importadores netos de alimentos que no tienen ingresos bajos y en un 0,306% en los PBIDA.
En las Perspectivas de la Economía Mundial del FMI se prevé una contracción del 4,9% en el PIB mundial en 2020, seguida de una recuperación del 5,4% en 2021. También se proporcionan estimaciones específicas para cada país del cambio en el PIB en 2020 y 2021. Las elasticidades mencionadas estimadas por la FAO se aplicaron utilizando las previsiones de crecimiento del PIB correspondientes a 2020 y 2021 para todos los países importadores netos de alimentos (haciendo una distinción entre los PBIDA y los países que no pertenecen a esa categoría) a fin de estimar el cambio probable en las series de suministros de energía alimentaria total. Esto se utiliza para calcular la prevalencia de la subalimentación en el marco de tres escenarios, ilustrados por tres líneas diferentes en la figura que se presenta a continuación. Los tres escenarios simulados contrastan con las proyecciones presentadas en la Figura 1 sobre un mundo sin la COVID‑19.
El primer escenario se basa en las Perspectivas de la Economía Mundial, que prevén un crecimiento económico mundial de -4,9% en 2020 y de +5,4% en 2021, lo que se aproxima mucho a una previsión anterior realizada por el IFPRI21, representada en la figura por la línea anaranjada. Ese rendimiento económico negativo en 2020 implicaría un aumento de aproximadamente 83 millones de personas subalimentadas en 2020 (de 695,7 a 778,3) atribuible a la pandemia de la COVID-19.
En el segundo escenario, menos optimista, (línea roja) se prevé un crecimiento del PIB de 2,1 puntos porcentuales menos tanto en 2020 como en 2021, en comparación con el escenario 1 (es decir, el crecimiento económico mundial se situaría en promedio en un -7% y en un +3,3% en 2020 y 2021, respectivamente). En ese caso, el número de personas subalimentadas aumentaría en 103 millones en 2020.
El tercer escenario (línea rojo oscuro), aún más pesimista, implica una reducción de las tasas de crecimiento del PIB de 5,1 puntos porcentuales en comparación con el primer escenario, previendo así un crecimiento económico mundial de -10% y de +0,3% en 2020 y en 2021, respectivamente. En este escenario el número de personas subalimentadas aumentaría a casi 828 millones en 2020, de los cuales más de 132 millones podrían atribuirse a la pandemia de la COVID‑19. La recuperación prevista en 2021 reduciría el número de personas subalimentadas a 766 millones, es decir, 62 millones más que lo establecido en la previsión ya inquietante de un caso hipotético sin pandemia (indicado por la línea amarilla).
En todos los casos, la economía mundial no se recuperaría plenamente en 2021.
El análisis se limita a los posibles efectos de la pandemia únicamente en el suministro neto de alimentos,
Asia todavía albergaría a casi 330 millones de personas que padecen hambre, su porcentaje en relación con el hambre a nivel mundial se reduciría considerablemente gracias a los progresos realizados en países muy poblados de Asia oriental y meridional. África superaría a Asia para convertirse en la región con el número más elevado de personas subalimentadas, representando el 51,5% del total. De modo parecido, pero en menor grado, América Latina y el Caribe albergarían en 2030 un porcentaje ligeramente más elevado de personas que padecen hambre que hoy en día.
Las previsiones del Banco Mundial sobre la pobreza extrema presentan una tendencia similar, según la cual en 2030 África subsahariana, y en particular las economías frágiles de la región afectadas por conflictos, se convertiría en el hogar de gran parte de las personas más pobres del mundo10.
Las previsiones en materia de subalimentación pueden verse alteradas considerablemente por repercusiones de la pandemia de la COVID-19 que afectan de manera diferente a las regiones. El alcance total de los efectos de la epidemia aún se está evaluando. En el Recuadro 3 se presentan más detalles, incluido un análisis de escenario preliminar.
Indicador 2.1.2 de los ODS
La prevalencia de la inseguridad alimentaria moderada o grave entre la población según la FIES
Desde su presentación por la FAO en 2014, la escala de experiencia de inseguridad alimentaria (FIES) se convirtió rápidamente en una referencia mundial para medir la inseguridad alimentaria sobre la base de datos individuales o de los hogares. Muchas instituciones responsables de las evaluaciones de la seguridad alimentaria, entre ellas las oficinas estadísticas y otros organismos gubernamentales, la han adoptado como
herramienta normalizada para la recopilación de datos sobre seguridad alimentaria en las encuestas de población. Como consecuencia de ello, comienza a disponerse de muchos más conjuntos de datos para complementar los datos de la FAO recopilados por medio de la encuesta mundial de Gallup© para generar estimaciones
sobre la prevalencia de la inseguridad alimentaria moderada o grave (Indicador 2.1.2 de los ODS). Al realizar la evaluación mundial, se da
preferencia a los datos apropiados y fiables de la FIES que se obtienen mediante grandes encuestas nacionales, mientras que los datos de la FAO recopilados por medio de la encuesta mundial de Gallup se utilizan para compilar las estimaciones relativas a los países sobre los que no se dispone de otros datos o para llenar vacíos en términos de series cronológicas. Este año se utilizaron datos de la FIES o de escalas de experiencia
dado que las previsiones anteriores a la COVID-19 para el tamaño y las composiciones de la población y para la desigualdad en el consumo de alimentos no se han visto alteradas. Por ende, en el análisis no se registran las repercusiones totales de la recesión económica, ya que no se tienen en cuenta las posibles consecuencias respecto de la desigualdad en el acceso a alimentos dentro de los países. Por consiguiente, el análisis podría subestimar los posibles efectos totales de la COVID-19 en la inseguridad alimentaria si se concretaran los escenarios simulados de crecimiento económico. Asimismo, cabe destacar que, de acuerdo con lo presentado en las Perspectivas
de la Economía Mundial del FMI, el análisis supone que la recuperación tendrá lugar en dos años. Teniendo en cuenta el alto grado de incertidumbre respecto de lo que durará la recuperación, ello representa una importante limitación de esta valoración.
Si bien no puede considerarse preciso ni detallado, el análisis demuestra que, si no se toman medidas para prevenir perturbaciones previsibles en los sistemas alimentarios mundiales, especialmente en los países con déficit de alimentos, la COVID-19 complicará aún más el desafío ya enorme de alcanzar la meta de los ODS de poner fin al hambre.
RECUADRO 3
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de inseguridad alimentaria equivalentes recopilados por instituciones nacionales para 30 países, que abarcan aproximadamente un 20% de la población mundial (véase el Anexo 1B). Dado que, a menudo, los datos nacionales solo están disponibles con respecto a uno o dos años durante el período de referencia, los datos de la FAO se utilizan como fuente complementaria de información para inferir tendencias y completar las series de estimaciones anuales. En todos los casos, los resultados se pueden comparar entre todos los países y las regiones independientemente de cuál sea la fuente principal, datos de la FAO o datos oficiales de
los países, calibrando las escalas estimadas de los países con la escala mundial de referencia de la FIES22.
Comparado con el indicador 2.1.1 de los ODS, este indicador se centra específicamente en la inseguridad alimentaria moderada (Figura 6). Como se indicó en la edición de 2019 del presente informe, las personas que padecen inseguridad alimentaria moderada no tienen acceso regular a alimentos nutritivos y suficientes, aunque no padezcan hambre necesariamente. Ese nivel de inseguridad alimentaria puede tener efectos negativos en la calidad de la dieta (véase la