LOS HOGARES MÁS RICOS
Más pobres Más ricos 0% 10% 20% 30% 40% 50% 60%
PORCENTAJE DE NIÑOS MENORES DE CINCO AÑOS
CON RETRASO DEL CRECIMIENTO
2,4x Más alto 2,4x Más alto 2,4x Más alto 1,8x Más alto 2,2x Más alto 3,1x Más alto 2,1x Más alto 1,9x Más alto 2,9x Más alto 1,4x Más alto 3,3x Más alto 3,4x Más alto 2,9x Más alto 2,3x Más alto 2,7x Más alto ASIA Asia meridional Asia sudoriental* Asia occidental Asia
central ÁFRICA África
occidental África central África oriental AMÉRICA LATINA Y
EL CARIBE**
Caribe América central
Polinesia África meridional África septentrional 51,2% 47,2% 46,5% 40,7% 36,3% 29,2% 22,2% 24,1% 24,3% 46,5% 19,5% 21,7% 14,7% 10,4% 8,3% 41,9% 40,2% 24,6% 19,3% 15,1% 21,9% 21,9% 21,0% 21,9% 6,6% 7,1% 8,3% 6,3% 2,8% 15,2%
la madre y el feto compiten por los nutrientes, lo que puede provocar el cese del crecimiento lineal de la futura madre y aumentar el riesgo de que padezca retraso del crecimiento, y también puede llevar a limitaciones en el crecimiento del feto y bajo peso al nacer46. Sin embargo,
muchas adolescentes y mujeres no pueden acceder a las dietas saludables que necesitan para satisfacer las exigencias del embarazo, especialmente en países de ingresos bajos y medianos donde coexisten múltiples carencias de micronutrientes. Es importante intervenir con suplementos equilibrados de energía y proteínas para prevenir resultados perinatales negativos en mujeres subalimentadas. Esto aumenta en 41 g el peso al nacer y reduce en un 40% el riesgo de muertes neonatales y en un 21% el nacimiento de niños muy pequeños para la edad gestacional59. Así pues, se recomienda
aumentar la ingesta diaria de energía y proteínas de las mujeres embarazadas en poblaciones subalimentadas a fin de reducir el riesgo de nacimiento de neonatos con bajo peso al nacer, especialmente en zonas que padecen gran inseguridad alimentaria o en poblaciones con poco acceso a alimentos variados. Los programas de protección social también incrementan la seguridad alimentaria y reducen el riesgo de que las mujeres estén subalimentadas debido a períodos de embarazo y lactancia60.
2. Prácticas óptimas de lactancia materna: el inicio
temprano y la exclusividad de la lactancia materna durante los primeros seis meses brindan protección contra infecciones gastrointestinales, que pueden conducir a un agotamiento grave de nutrientes y, por tanto, a retrasos del crecimiento61.
La leche materna también es una fuente clave de nutrientes durante una infección. Estudios realizados en entornos carentes de recursos han asociado la lactancia materna no exclusiva con resultados de crecimiento más deficientes, porque la leche materna se remplaza por alimentos menos nutritivos o agua, que a menudo también exponen a los lactantes a infecciones diarreicas. Asimismo, continuar la lactancia materna durante el segundo año contribuye
considerablemente a la ingesta de nutrientes fundamentales que no están presentes en las dietas complementarias de baja calidad en entornos carentes de recursos.
3. Diversificación dietética infantil: una de las
intervenciones más eficaces para prevenir el retraso del crecimiento durante el período de alimentación complementaria es mejorar la calidad de las dietas de los niños. Por ejemplo, el consumo de alimentos de origen animal se ha relacionado con la mejora del crecimiento lineal62,63. Las vitaminas y minerales en la dieta
también son fundamentales, ya que estimulan la inmunidad y el desarrollo saludable64.
Las evaluaciones de las intervenciones agrícolas que tienen en cuenta la nutrición determinan que las actividades de diversificación
dietética y generación de ingresos por medio de la agricultura familiar podrían ser vías mediante las cuales la agricultura y los sistemas alimentarios podrían mejorar la nutrición y reducir el retraso del crecimiento. Análisis recientes dan a entender que los hogares que pueden permitirse acceder a dietas diversificadas, que incluyen alimentos complementarios enriquecidos, tienen una mejor ingesta de nutrientes y reducen el retraso del crecimiento46. Sin embargo, sigue siendo
paradójico que el precio de esos alimentos nutritivos necesarios para el desarrollo
saludable a menudo sea mucho más alto que el de los alimentos menos nutritivos y haya menos facilidades para acceder a ellos. Esas tendencias de los precios son factores del cambio de los hábitos alimentarios observado en la “transición nutricional”65. Por tanto, mejorar la
disponibilidad y la asequibilidad de alimentos nutritivos que contribuyan a dietas saludables puede garantizar una alimentación y hábitos alimenticios sanos y reducir el riesgo del retraso del crecimiento infantil.
4. Agua, saneamiento e higiene: las enfermedades
infecciosas causadas por la falta de condiciones higiénicas y de agua limpia son determinantes considerables del retraso del crecimiento infantil. Favorecer el agua potable limpia y suficiente, instalaciones de saneamiento adecuadas, desagües para las aguas residuales y el manejo adecuado de los residuos sólidos son intervenciones clave en zonas desfavorecidas.
5. Programas en favor de la protección social y las transferencias
de efectivo: los planes de protección social pueden
mejorar el acceso a productos alimentarios ricos en proteínas, vitaminas y minerales que, de otra manera, no serían accesibles para los hogares pobres. Esos programas dirigidos a los hogares
de ingresos bajos son más eficaces cuando se acompañan de intervenciones o disposiciones adicionales como la asistencia a servicios de salud y nutrición y las buenas prácticas de saneamiento.
6. Seguimiento de las desigualdades en materia de salud:
es necesario hacer un seguimiento del retraso del crecimiento a nivel nacional y subnacional para determinar las áreas geográficas y las subpoblaciones en las que hay mayor prevalencia. Se ha de dar prioridad de intervención a las zonas y los grupos de población más afectados. Los grupos más desfavorecidos y vulnerables suelen ser los adolescentes, las mujeres y los niños que viven en los hogares más pobres en zonas rurales, pero también en zonas urbanas. Abordar esas desigualdades podría contribuir a prevenir el retraso del crecimiento.
Reconociendo que tanto los factores como las soluciones de las múltiples facetas de la malnutrición están estrechamente relacionados, se han determinado 10 “medidas de doble efecto” que permiten abordar simultáneamente los problemas de la desnutrición (incluido el retraso del crecimiento) y la obesidad66,67.
Esas medidas comprenden intervenciones, programas y políticas que han de ponerse en práctica en todos los niveles de la población (país, ciudad, comunidad, hogares y personas). Varias de las recomendaciones mencionadas también se consideran medidas de doble efecto para abordar todas las formas de malnutrición. Otras medidas de doble efecto incluyen políticas y programas de alimentación escolar para promover entornos alimentarios capaces de proporcionar dietas saludables67.
En síntesis, si bien los países están realizando algunos progresos68 se les alienta en el marco del
Decenio de las Naciones Unidas de Acción sobre la Nutrición a ampliar y fortalecer muchas de las medidas mencionadas para prevenir el retraso del crecimiento69. Muchas de las intervenciones
citadas tienen por objeto prevenir el retraso del crecimiento poniendo en práctica estrategias diseñadas para alcanzar la meta 2.2 de los ODS de erradicar todas las formas de malnutrición. La sección siguiente se centrará en cómo pueden contribuir las dietas saludables al logro de esta y otras metas de la agenda de los ODS. n
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