3.3 Characterisation
6.1.1 AIST and GST structures
En el apartado anterior, se buscó perfilar el camino de oración que va recorriendo Latinoamérica. Donde, se puede apreciar la existencia de realidades contradictorias y de muerte, las cuales no han silenciado la oración, porque, la plegaria sigue emergiendo desde la profundidad del hombre. Con la oración, el pueblo va manifestando su inconformidad 106 Cabarrús, La Pedagogía, 26. 107 Sobrino, Espiritualidad, 454. 108 Segundo, Espiritualidad, 25.
frente al contexto que impera, por eso rechaza los distintos caminos que se erigen como vía de solución, los cuales pretenden lograr la liberación del hombre mediante la violencia. Hay una gran utopía que brota con vigor en el corazón de América Latina, se anhela alcanzar la libertad de los hijos de Dios; por eso se rechaza todo tipo de violencia. Se reconoce que solo desde la fuerza del amor evangélico que se origina en la plegaria silenciosa y sencilla, se puede conseguir la verdadera realización del hombre. El siguiente poema, brinda luces para descubrir el sentido de esperanza que emerge en el continente:
Yo no quiero ser el hombre que se ahoga en su llanto, de rodillas hechas llagas que se postra al tirano. Yo quiero ser como el viento que recorre el continente, y arrasar tantos males y estrellarlos entre rocas. Yo no quiero ser el verdugo que de sangre mancha el mundo, ni arrancar corazones que buscaron la justicia.
Yo quiero ser el hermano que da la mano al caído y abrazados fuertemente, vencer mundos que oprimen. Por qué vivir de engaños hermano, de palabras que segregan veneno, acciones que martirizan al hombre tan solo por tus caprichos riqueza, hay, solo por tus caprichos riqueza109.
El poema sale a la luz en medio de una situación dramática para el pueblo de Ayacucho – Perú. Alrededor del año 1985, se dieron continuas desapariciones forzosas, secuestros masivos y muertes violentas. Ayacucho se encontraba en medio de dos frentes, por una parte el ejército miraba con sospecha cualquier movimiento de los campesinos, por otra parte los terroristas al ver la indiferencia de los campesinos ante sus propuestas de liberación subversiva, comenzaron a considerarlos traidores de la revolución armada y enemigos del pueblo. En ese contexto atravesado por el sinsentido de la muerte, se gesta el poema.
109 Poema, compuesto por Víctor Tenorio García, no publicado, forma parte de las letras de la canción
Claramente se puede apreciar cómo el autor pone en paralelo dos situaciones, la tiranía con toda su maquinaria de violencia y la libertad que nace desde la fraternidad. Las dos realidades reclaman una opción. El autor toma una clara postura, porque afirma su opción por la vida, rechazando a la vez cualquier tipo de sumisión y resignación, porque, no se deja amedrentar frente a las fuerzas destructoras que pretenden acallarlo y sumirlo en la desesperanza. Considera que su vida puede adquirir otro sentido, en especial cuando es capaz de dar la mano al caído, y hacer realidad el proyecto de hermandad, como signo del reinado de Dios.
Su mirada aguda, lo lleva a identificar el poder destructivo de la violencia, expresada en la figura del verdugo, quien en su egoísmo y afán de dominar, va cerrando paso a la justicia. Pero, no se queda solo en la periferia, penetra hasta la raíz del problema, y pone en evidencia las causas de la violencia, por eso subraya: “tan solo por tus caprichos riqueza”. Las ansias de poder y dominación, no se convierten en modelo de vida para el pueblo, por lo menos para aquella porción que se abre a la esperanza en Yahvé. En respuesta a la maquinaria de violencia y opresión que azota al continente, surge una propuesta alterna, que encuentra clara conexión con el Evangelio,
Un valor importante que subraya el poema, es la alteridad, porque no desconoce al otro, tampoco lo ve con sospecha o como un potencial enemigo, sino es capaz de ver en el otro a un hermano que comparte la misma suerte, porque, ambos son avasallados por el dominador. Nacen así, puentes de unión, no para incrementar el resentimiento y el odio, sino, para que juntos puedan alcanzar la libertad, por eso con plena confianza y con un hondo sentido de esperanza dice: “y abrazados fuertemente, vencer mundos enemigos”. Por lo tanto, la plegaria toma un tinte de fe y esperanza que a la vez se orienta a la concreción del amor. Solo la fuerza del amor fraterno desde esta perspectiva, tiene la capacidad para romper las cadenas de odio que producen las fuerzas del poder. Solo al dejar atrás las cadenas del odio, se pueden abrir “caminos de vida verdadera y plena para todos,
caminos de vida eterna”110. Todo adquiere dinamismo gracias a la fuerza del amor
misericordioso, “todo, absolutamente todo, pende del ejercicio de la misericordia. De ella depende la salvación trascendente, pero también el vivir ya en la historia como seres humanos salvados”111.
Por eso, con gran humildad se afirma que, “vivimos hoy en América Latina un tiempo de solidaridad. A lo largo y ancho del subcontinente crece un movimiento solidario en defensa de los derechos humanos, en particular de los pobres”112. Estos son signos concretos que
van renovando la confianza y alimentan la esperanza, porque, pese a las contrariedades y persecuciones, la solidaridad y la fraternidad, se presentan como indicadores de una opción clara por el Evangelio y el reino de Dios.
De modo que, nos encontramos en América Latina con una oración cargada de un fuerte sentido de fe, esperanza y amor. No es una esperanza concebida como una simple efervescencia optimista, es una esperanza eminentemente pascual, que se nutre de éste evento. A partir de la pascua de Jesucristo, para el cristiano todo vuelve a ser posible, porque Cristo como la Nueva Primavera vence el manto de oscuridad que cernía sobre la humanidad.
Con la resurrección, el Hijo de Dios otorga un nuevo sentido a la humanidad; el hombre ya no vaga aplastado por el pecado, ni se encuentra sumido en la angustia o la desesperación, tampoco se rinde con facilidad ante las obras de la carne, ahora tiene el valor y la fuerza del Espíritu que clama en su interior y lo lleva a obrar siempre, según la voluntad salvífica de Dios, aún en medio del “conflicto y movimientos contradictorios”113.
Por eso, puede proclamar en la oración que todo vuelve a ser posible, plegaria que no forma parte de una metáfora ilusa, que busca infundir buen ánimo, “es un grito de esperanza. 110 Aparecida, Nº 13. 111 Sobrino, Espiritualidad, 455. 112 Gutiérrez, Beber, 32. 113 Cabarrús, La Pedagogía, 13.
Queremos con él afirmar nuestra fe en la vida, que siempre es más fuerte que la muerte. Queremos ser testigos de esta experiencia de Nueva Humanidad en la que todos los creyentes estamos llamados a vivir”114. Gracias al resucitado, la vida adquiere nuevas
posibilidades, porque la resurrección pone de manifiesto el poder del Padre y su señorío frente a las fuerzas de la oscuridad115.
La resurrección de Cristo permite que la comunidad pueda anhelar y esperar con gozo la llegada plena del reino. Desde el silencio y la oración, se contempla la fidelidad de Dios ante sus promesas, con esa confianza se testifica: “quien resucitó a Jesús de entre los muertos fue Yahvé, el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, el Dios de la promesa”116. De esa
manera se fortalece la fe y la esperanza, la cual se hace cada vez más fuerte gracias al evento Cristo, porque, es Él quien va fundando la vida teologal. Es necesario dejar en claro que el vehículo que conduce al hombre a reconocer las semillas de esperanza en medio de las más tenebrosas oscuridades, es la oración. Gracias a ella, el corazón del cristiano se enciende en amor gratuito y camina “sin otra luz y guía sino la que en el corazón ardía”117.
La esperanza en el Padre que da vida, permite que el pueblo pueda abrir nuevos surcos en el camino de la salvación, se espera porque se confía que la plenitud del reino de Dios se hará manifiesta. No se puede entrar en errores, pensando que el reino no esta presente, ya esta en medio del mundo, fue inaugurado y proclamado por Jesús y se ha confirmado con la resurrección de Cristo, pero aún no ha llegado a su plenitud. El día que se venza definitivamente al pecado, cuando la muerte no tenga más dominio, se hablará de la plenitud del reino, porque no habrá más llanto ni tristeza ni dolor, sino vida eterna. Pero mientras llega el ansiado día, se seguirá caminando por el desierto gritando: ¡ven Señor! Y ¡venga a nosotros tu reino!
114 Un grupo de creyentes, “Todo Vuelve a ser Posible”. Orar 139 (201), 4. 115 Cfr. Moltnan,
Teología de la Esperanza, 186. 116. Moltnan,
Teología de la Esperanza, 184. 117 San Juan de la Cruz,
En medio de este contexto desgarrador, donde la vida lucha contra la muerte, la plegaria del Padre Nuestro se erige como un canto de esperanza, en especial cuando se proclama: “venga a nosotros tu reino”. Esta petición es todo un himno de fe que sintoniza con el deseo más ardiente de Jesús, porque, “el anuncio del reinado de Dios, constituye el quicio de su mensaje y el móvil de su actuar”118 .
Jesús vive para manifestar a los hombres la llegada del reino, no solo con palabras sino también con signos concretos, tal como lo expresan los evangelistas: “El Espíritu del Señor esta sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación de los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor” (Lc 4, 18 – 19). “Y le trajeron todos los que se encontraban mal con enfermedades y sufrimientos diversos, endemoniados, lunáticos, y paralíticos, y los curó” (Mc 4, 2).
Por consiguiente, el reino de Dios, no es algo extraño, ni ajeno a la realidad del hombre, es respuesta a sus necesidades más apremiantes, frente a las cuales se siente impotente y limitado para responder. Por eso, pide al Creador que ejerza su soberanía en el universo, y en el corazón del hombre, para que sustituya el corazón de piedra por un corazón de carne, capaz de sentir y padecer el dolor de los pobres y desposeídos.
La misericordia que brota del corazón del hombre nuevo, lo saca de sí, y lo lleva a tender la mano al hermano caído, no solo para llorar junto a él, sino para que juntos puedan abrir la existencia por rutas de fe, esperanza y caridad evangélica. Desde esa vivencia, la comunidad se hace signo vivo del amor que orienta la historia hacia la liberación aunque, “esos signos son solo signos, pues no cambian la estructura de la realidad, pero apuntan a la dirección del reino y suscitan la esperanza de que el reino es posible”119.
118 Boff,
El Padre Nuestro, 73. 119 Sobrino,
El pedir y suplicar a Dios la llegada del reino, es un acto de fe profunda, porque significa que el mundo está reconociendo; en primer lugar la supremacía de Dios, y en segundo lugar manifiesta que el corazón humano se encuentra ansioso por acoger el reino. En este sentido, de forma sencilla y sabia, dice Santa Teresa de Jesús:
Ahora, pues, el gran bien que me parece a mí hay en el reino del cielo, con otros muchos, es ya no tener cuenta con cosa de la tierra, sino un sosiego y gloria en sí mismos, un alegrarse de que se alegren todos, una paz perpetua, una satisfacción grande en sí mismos, que les viene de ver que todos santifican y alaban al Señor y bendicen su nombre y no le ofende nadie120.
La esperanza que acompaña la plegaria del pueblo Latinoamericano, se ha convertido en el motor de sus existencias, hay un anhelo profundo que subyace en el corazón, por ser testigos de la implantación definitiva del reino. Razón por la cual, la comunidad invita a la oración, busca caminos para que todos alaben y glorifiquen a Dios, tal como lo expresa Santa Teresa, pero también, se lucha por arrancar al mundo, “de las limitaciones infraestructurales, tales como la enfermedad, la pobreza, la muerte”121.
Solo cuando se deja atrás el egoísmo que ensombrece el corazón del hombre, se puede hablar de un camino de esperanza y liberación, porque, siempre estará latente la tentación de vivir encerrados en el yo personal, sin ningún referente comunitario. Esta es una gran prueba que acompaña a la humanidad. Cuando el hombre se cierra sobre sí, pierde su sentido trascendente, porque es incapaz de salir de sí, para ir al encuentro del otro, por eso Santa Teresa de Jesús agradece a Dios, por haberla rescatado de ella, dice: “Sea el Señor alabado que me libró de mí”122, es decir, de vivir centrada únicamente en su historia.
Dentro del proceso de implantación del reino de Dios, se descubre que el egoísmo se encuentra en la raíz del pecado, junto con la ambición. Ambas realidades son fruto de la
120 Santa Teresa de Jesús,
Camino de Perfección, 30, Nº 5. 121 Boff,
El Padre Nuestro, 78. 122 Santa Teresa de Jesús,
opción antievangélica, que hace la humanidad cuando decide vivir según la carne, “las escrituras entienden como sinónimos andar según la carne y vivir en el pecado. Carne es la debilidad moral, la infidelidad en la obediencia a Dios”123. Tal opción va anidando en el
corazón, a tal punto que lleva a encapsular al hombre. Es por eso, que La doctora mística Teresa de Jesús, dirige su oración de gratitud al Señor, por haberla liberado de un gran obstáculo, que era vivir en un círculo vicioso donde el centro era únicamente ella.
Romper el círculo de egoísmos, ya es signo de esperanza porque, se vislumbra la llegada de un nuevo amanecer. Es una certeza que habita en el corazón del nuevo pueblo, que confía en la mano poderosa de Dios, que vendrá a rescatarlo. Ese mismo anhelo experimentó la primera comunidad en Palestina, “para el judío de entonces el reino de Dios era la personificación de la esperanza en orden a la realización del ideal de un soberano justo jamás cumplido sobre la tierra”124.
Es una anhelo que se hace radical a medida que se va profundizando en la oración, aunque nuestros ojos no lleguen a ver, hay una seguridad que, “este mundo tal como lo vivimos y sufrimos, tiene un fin: vendrá un nuevo cielo y una nueva tierra donde habitará finalmente, la justicia, la paz, la concordia de todos los hijos en la gran casa del Padre”125. Todas estas
realidades que se dan, son indicadores de la presencia divina, por eso, “la llega del reino de Dios tiene, pues, que entenderse en el horizonte de la pregunta de la humanidad por la paz, la libertad, la justicia y la vida”126.
En definitiva, orar pidiendo la pronta llegada del reino es señal de una fe firme, pero también, implica una gran responsabilidad de parte del que clama al Padre con esas palabras, “lo decía muy bien Orígenes: „el reino esta en medio de nosotros. Es evidente que quien suplica venga a nosotros tu reino lo hace para que en él el reino de Dios aumente,
123 Boff, Vivir en el Espíritu, 41. 124 Kasper, Jesús, el Cristo, 87. 125 Boff, El Padre Nuestro, 79. 126 Kasper, Jesús, el Cristo, 88.
fructifique y llegue a término‟”127. Por lo tanto, no se trata solo de pedir algo
mecánicamente, esperando que su llega acontezca de forma mágica, sino, requiere apertura y respuesta personal, en especial exige compromiso con los pobres mediante un hacer amoroso, para dejar que el reino cobre vida y se haga carne en cada hombre.