3.3 Characterisation
6.1.2 Vanadium Oxide thin films
Otro rasgo característico de la oración latinoamericana viene a ser el talante profético que encierra, a lo largo del continente muchos hombres y mujeres, hacen realidad esta dimensión. Antes de presentar los matices propios de ésta plegaria, consideramos necesario trazar a grandes rasgos el perfil del profeta, de tal manera que podamos ampliar nuestro panorama de comprensión.
Dentro del imaginario popular, se suele identificar al profeta con un agorero que predice el futuro, pero, analizando la raíz de la palabra, descubrimos que es un término usado por el pueblo de Israel para designar al hombre que vive movido por el espíritu de Dios, el cual es capaz de proclamar: “Ardo en celo por Yahvé” (1 Re. 19, 9). El término nabí, que se
traduce como profeta, es el predominante en la Biblia Hebrea, y hace clara referencia al hombre que ha sido llamado, “indicaría por tanto, a uno que recibió de parte de la divinidad una vocación (…) el nabí viene a ser una figura carismática sin un derecho hereditario o
derivado de poderes políticos, pero autorizado por esa vocación a hablar u obrar a nombre de Yahvé”128.
Hablar de la profecía al calor de la oración, tiene como finalidad resaltar la relación que se teje, entre el carisma y la conciencia de saberse llamado para tal misión. En la afirmación de la identidad cristiana y profética, la oración conduce al hombre a un conocimiento paulatino de su ser y misión dentro del plan de salvación. Logra descubrir con objetividad que su paso por la historia no es casual, se reconoce portador de la palabra divina, porque,
127 Boff,
El Padre Nuestro, 80. 128 Pongutá,
“Dios se apodera de los profetas, irrumpe en sus actividades, los toma a su servicio o los escoge y los prepara”129.
La luz que irradia el Espíritu en la vida del profeta, lo lleva a mirar de forma serena lo que acontece en el mundo, se pregunta una y otra vez si la sociedad vive de acuerdo a la voluntad de Dios, y cuáles son los signos que presenta de esta vivencia. Al descubrir que el mundo camina de espaldas a la voluntad de Dios, su celo profético lo impulsa a elevar su voz de protesta en medio de la comunidad, porque, reconoce que el verdadero culto no consiste en inmolar toros y carneros cebados, sino radica en hacer visible la justicia y el derecho.
La profecía al calor de la oración, se erige como la conciencia que recuerda una y otra vez al pueblo, el llamado a la fraternidad, lo invita a tender la mano a los más necesitados. Pide y exige a los cristianos que se haga visible la justicia, también lucha para que, se cumpla el derecho anunciado desde antiguo por los profetas. Solo el cristiano será fiel al llamado de Dios, cuando viva y haga realidad la justicia y el derecho, de lo contrario, vivirá un culto vacío, sin vida.
Fray Bartolomé de Las Casas, Obispo de Chiapas México en 1534, fiel a su misión profética y apostólica, junto a otros discípulos de Cristo, abanderaron la defensa de los desposeídos. No vivió el silencio cómplice, de los cobardes que frente al poder del tirano se dejan amedrentar y callan. Incluso se adelantó a su época, cuando afirmo ver en los indios de América Latina la presencia de Jesucristo, “esa fue la certera intuición de Bartolomé de Las Casas al afirmar que había dejado en estas tierras, las indias, „a Jesucristo, nuestro Dios, azotándolo y afligiéndolo y abofeteándolo y crucificándolo, no una, sino millares de veces‟ ”130.
129 Schökel y Sicre,
Nueva Biblia Española, 20. 130 Gutiérrez,
Por lo expuesto, podemos decir que el profeta, como hombre de Dios, es capaz de descubrir nuevos horizontes de salvación, logra contemplar la luz, donde los demás vislumbran oscuridad y muerte. No se deja amilanar por las fuerzas del mal, aunque es conciente que su vida corre peligro, pero eso no lo detiene, la fuerza del Espíritu lo mueve a lanzar voces de liberación, “hay de mi si no evangelizo” (1 Cor 9, 16).
Tampoco, se deja seducir por el poder, sino se mantiene fiel a la misión que el Señor le ha encomendado. No es una labor que emprende solo, llama al pueblo a despertar del letargo en el cual está envuelto, para que juntos puedan promover caminos de liberación. Su vida, está consagrada a la misión de guiar a la comunidad para que, pueda vivenciar plenamente la voluntad divina, de la cual él se siente depositario y portador.
Por otra parte, cuando el profeta se dirige al pueblo avasallado y sufriente, lo hace con un claro objetivo, tender puentes para renovar la esperanza en Dios Padre, el cual está cerca de sus hijos y se mantiene atento a sus súplicas. Es decir, el hombre invadido por el Espíritu de Yahvé manifiesta su opción por los pobres, por los excluidos del mundo, por aquellos que no cuentan en la sociedad, “esta preferencia debe ser por lo tanto una norma de vida para el cristiano”131. El lenguaje con el cual se dirige al pueblo no es abstracto, sino real y
existencial, fogueado en la oración. Es capaz de infundir luz en el camino, porque reconoce la supremacía de la vida ante los sufrimientos de sus hermanos.
El profeta es testigo de la crudeza del sufrimiento humano, y nunca calla, por eso, dice sin temores: “ „¡Yo vi el hambre! Vi a todo el pueblo gimiendo de hambre, buscando pan‟ (Lam 1, 11)”132. “ „¡Yo vi la miseria! Vi al pueblo pagando a precio de oro el agua que
bebía, y gastando mucho dinero por leña que usaba‟ (Lam 5, 4)”133. “„¡Yo vi el terror! Vi
mujeres violadas en la ciudad de Jerusalén, y muchachas deshonradas en todo el país‟ (Lam 5, 11)”134. “ „¡Yo vi la tristeza de la muerte! La ciudad perdió su belleza‟ (Lam 1, 6),
131Gutiérrez,
En Busca de los pobres de Jesucristo, 93. 132 Mesters,
La Misión del Pueblo que sufre, 21. 133 Mesters,
La Misión del Pueblo que sufre, 22. 134 Mesters,
„Jerusalén, Hija de Sión, quedó desnuda; ella gime y esconde el rostro de vergüenza‟ (Lam 1, 8)135”. “ „¡Yo veo la esclavitud! Nuestra juventud fue llevada al cautiverio‟ (Lam 1, 18) „los muchachos tiene que arrastrar la piedra de molino y las muchachas andan caídas bajo las cargas de leña‟ (Lam 5, 13)”136.
El clamor ante el dolor descrito en el libro de las Lamentaciones aún no ha cesado. Hoy en el pueblo Latinoamericano sigue resonado esta voz, porque hombres y mujeres son víctimas del sistema que rige desde hace mucho. Existen pueblos enteros que son arrasados por la violencia, donde los jóvenes a temprana edad son reclutados y obligados a llevar bajo sus hombros la pesada carga de un fusil, otros tantos, se ven privados de su libertad y son obligados a vivir ocultos en la selva. El dolor de muchas madres sigue llegando a Dios, ellas lloran desconsoladas ante la muerte temprana e injustificada de sus hijos y claman por justicia. Los líderes son acallados, desterrados y asesinados por hablar en favor de los pobres.
El profeta que ora al calor de la oración, puede contemplar la crudeza del dolor como ya lo hemos presentado, pero tras ese panorama de muerte, también logra vislumbrar e identificar los retoños de salvación que se van gestando, porque, el mal no puede reinar en el universo, existe un ser Supremo que gobierna las naciones y el cosmos. El profeta lo conoce, sabe quien es aquel cuya fuerza es capaz de vencer el mal, lo sabe no por las múltiples reflexiones que ha hecho, sino, porque ha tejido con el Padre una historia de amor, por eso anhela conducir al pueblo al encuentro con el Señor.
Al contemplar el panorama desolador de América Latina donde reina la muerte, resulta paradójico hablar de semillas de esperanza, por eso en muchos ámbitos surge la pregunta: ¿Cual es el signo palpable que el profeta descubre en el pueblo, para hablar de la esperanza? Antes de dar respuestas apresuradas, es necesario dar una mirada al camino de fe del pueblo de Israel, nuestros padres nos pueden ayudar a identificar la raíz de la
135 Mesters,
La Misión del Pueblo que sufre, 24. 136 Mesters,
esperanza aquello que les devolvió la confianza, “si bien es cierto que leemos la Biblia también es verdad que ella nos lee, nos interpela”137.
En el cautiverio, el pueblo elegido por Dios, pudo madurar su camino de fe y salvación, “Dios los había llevado al cautiverio con el fin de abrirles a un nuevo futuro y una nueva esperanza” (Jer 29, 11)”138. Israel logró dar el paso, dejar de lado el dolor paralizante, para
abrirse a la esperanza viva y activa. Ellos, fueron capaces de descubrir en su historia y en la situación concreta que vivían, la voz del Creador, el cual no los dejó en el abandono.
Fiel a sus promesas, el Padre los seguía llamando, incluso desde antes de su nacimiento: “Desde las entrañas maternas, Él ya pronunciaba mi nombre. Todavía estaba en el seno de mi madre y el Señor ya me llamaba” (Is 49, 1). Descubrir el paso misericordioso de Dios, en sus vidas les renovó la confianza, pero no fue el único signo que encontraron en su camino. Reconocer las infidelidades constantes del pueblo y la necesidad de renovar la alianza, con un corazón nuevo, fue una gran intuición del profeta.
Otro signo que desplegó luz de esperanza en la comunidad, fue la fidelidad al plan de Dios, vivido por el pequeño resto de Israel; resto que se resiste a vivir según los paradigmas del momento, “por un lado, estaba Nabucodonosor que pisoteó los derechos de los pueblos, despedazó la justicia y creó un sistema que mantenía el mundo en esclavitud. Por otro lado estaba el pueblo por él esclavizado que, a pesar de estar oprimido, no oprimía; a pesar de sufrir las injusticias, no respondía con injusticias”139.
Por lo tanto, la resistencia a vivir en el paradigma del odio fue uno de los aspectos medulares que impulsó al profeta a pregonar con viva fe que el Dios siempre justo, no abandona a sus hijos y que, volverá a repetir sus prodigios, incluso de una manera que
137 Gutiérrez,
Hablar de Dios, 26. 138 Mesters,
La Misión del Pueblo que sufre, 41. 139 Mesters,
rebasa las expectativas. Se dice que el profeta, “Jeremías fundamenta toda la confianza en la espera de un nuevo hecho salvífico con el que Yahvé sobrepasará el pacto del Sinaí”140.
Esa misma realidad se constata hoy en Latinoamérica, porque a pesar de haber sufrido humillación, desolación y destrucción, el resto pobre y maltratado no ha reaccionando de la misma forma, la violencia no se ha vuelto una máxima de vida. Por ello, Es preciso que la sociedad sea reconstruida por ese pequeño resto, el cual se niega a vivir de acuerdo a los paradigmas de violencia, “ellos son los que en esta tierra extraña y de muerte que es América Latina levantan lo que García Márquez llamaba, en su hermoso discurso al recibir el premio Nobel, la utopía de la vida: „frente a la presión, el saqueo y el abandono, nuestra respuesta es la vida‟141 ”142.
En Jesús, pobre y maltratado que va camino a la cruz, el resto de Latinoamérica contempla su destino, tal como lo presentan los evangelistas, “el Salvador que sufre es para Lucas el hombre de Dios que, atacado por los poderes malignos, se convierte en modelo del sufrimiento inocente debido a su entereza y al perdón que otorga”143. Éste es el destino del
justo, del profeta, el camino al martirio, aunque guarda la certeza que su vida no será destruida, camina con plena confianza y espera en el amor de Dios, por lo tanto: “La cruz, en fin, se convierte en un intemporal sacramento del martirio, que perfecciona al mártir y lo une con el Cristo celestial”144.
El martirio de Monseñor Oscar Romero, es un signo visible del compromiso con el reino, en medio de las situaciones tortuosas y de muerte porque, “a la puerta esta el pecado asechando como fiera” (Gen 4, 7), en espera agazapada para atacar a las ovejas. Él como pastor y profeta infundió esperanza en el pueblo salvadoreño, el cual se encontraba crucificado. “Si denuncio y condeno la injusticia es porque es mi obligación como pastor de
140 Von Rad,
Teología del Antiguo Testamento, 336. 141 García,
La soledad, 51. 142 Gutiérrez,
Beber, 41. 143 Dibelius,
La Historia de Las Formas Evangélicas, 196. 144 Moltnann,
un pueblo oprimido y humillado. El Evangelio me impulsa a hacerlo y en su nombre estoy dispuesto a ir a los tribunales, a la cárcel y a la muerte. Y si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño”145.
Por último, es preciso afirmar que, la confianza que infunde el profeta, anima la existencia del pueblo que se compromete con su historia, juntos caminan no de forma ilusa, sino con la confianza puesta en el Señor, cuya bondad, misericordia y fidelidad nunca fallan. Es preciso reconocer que la profecía no se puede considerar como un simple impulso emocional. Es una realidad que bebe de la oración, ella la sostiene y la nutre. Es ahí en el silencio donde el cristiano se cuestiona y dice: “¿Qué he hecho por Cristo? ¿Qué estoy haciendo por Cristo? ¿Qué debo hacer por Cristo?”146, por eso, nunca está tranquilo, el Espíritu de Dios lo empuja a pregonar la justicia y el amor.
2. 6 Conclusión
El recorrido que hemos realizado desde la propuesta espiritual de América Latina, nos permite reconocer que, la oración se presenta como un canal que hace posible la comunicación íntima entre Dios y el hombre, la tradición de la Iglesia así lo ha vivenciado en estos veinte siglos de peregrinación. Un cristiano verdadero no se puede llamar así, si no vive esta dimensión, dado que, la oración permite ir adquiriendo mayor identidad con la misión. Por lo tanto, la plegaria tiene la capacidad de conducir la existencia por rutas desconocidas e inimaginables, porque brinda confianza, plenitud; a la vez foguea el corazón y brinda claridad en la mirada, desde esa lucidez que adquiere el hombre puede descubrir e ir discerniendo la voluntad de Dios.
Este caminar, lleva al hombre y a la comunidad a sumergirse en los insondables caminos del misterio, se pasa de una oración sencilla a una plegaria cada vez más profunda, donde el discípulo sin mediar palabras va entrando en un diálogo real y existencial con el amado. El
145 Homilía de Monseñor Oscar Romero, www.wikipedia.org, (consultado 5 de mayo de 2010). 146 Mifsud,
camino de fe que realiza el cristiano, permite que pueda gestar una nueva espiritualidad. Nueva, por la originalidad de la Palabra, además, porque responde a un contexto concreto, marcado por la violencia y el desamor, pero también, por las semillas de esperanza que a su paso anuncian la llegada de la liberación de todas aquellas cadenas que no le permiten correr a los brazos del Padre.
El Espíritu del Maestro guía el proceso de liberación en América Latina, su vida se erige como modelo de oración para todos los cristianos. El pueblo tiene los ojos puestos en Él, con humildad los cristianos se acercan a suplicar por sus necesidades, o simplemente a contemplar su rostro sufriente. A través de la plegaria, se va identificando la voz del Creador quien llama al pueblo para hacerle partícipe de la misión, en el anuncio del reino, tanto en hechos como en palabras. Reino que acontece en el interior de la persona, porque, al abrir las puertas del corazón, le permite al Creador ejercer toda su soberanía.
El orante, va descubriendo que el camino de fe no lo recorre solo, ni abandonado a su suerte en medio de las tinieblas, al penetrar en las profundidades de su ser, descubre la presencia de Dios, actuando en él, se reconoce hijo amado del Padre, depositario de una gracia especial que lo capacita para vivir una nueva vida, marcada por el amor oblativo que lo conduce a la libertad. El amor que emerge del profeta no es un impulso emocional, es un imperativo y una opción fundamental, desde la cual su vida adquiere una nueva orientación, no solo lucha por vivir y moverse en Dios, descubre que su existencia tiene que iluminar y liberar la vida de sus hermanos que aún son esclavos del pecado estructural y social.
Por lo tanto, el orante en América Latina se encuentra movido por el amor de Dios que florece en su interior, no vive mudo e indiferente ante el dolor del pueblo, levanta su voz de protesta, porque comprende que el orden deseado por el Padre, busca hacer al hombre más humano. Contempla sin miedos y cobardías que la sociedad necesita ser renovada desde el Evangelio. Quizás uno de los grandes aportes de la oración en la vida de todo cristiano, radica en la capacidad que adquiere para vencer los muros del pecado, que lo llevan a vivir ególatramente, encerrado en el egoísmo sin ninguna referencia comunitaria.
Sólo cuando la humanidad es capaz de romper con el egoísmo, se abre a una nueva dinámica, donde los otros cuentan, el dolor de los que sufren se hace patente, y nace la empatía con los sufrimientos y luchas de quienes claman ser escuchados y atendidos. No se vive una simple utopía, en la espera pasiva de que en algún momento llegue la liberación. Impulsados por la fuerza que brinda el Espíritu Santo, el nuevo pueblo de Dios se lanza a participar activamente en la implantación del reino.
En consecuencia, el orante no se queda en la periferia de los problemas, va a la raíz del pecado, aunque eso le implique vivir en medio de las dificultades, incluso con el peligro de perder la vida, pero eso no lo desalienta. América Latina en estos últimos años ha vivido tiempos fuertes de oración, y de entrega gozosa de la existencia. Esa confianza se enraíza en la pascua, porque, se espera en la bondad y en el poder del Padre que resucitó a Cristo. De la certeza pascual, surge una renovada esperanza y la necesidad de gestar una nueva humanidad que viva el amor histórico y concreto. La antigua tradición cristiana dice que la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos, en nuestro siglo, el continente se ha revitalizado en la fe y en el compromiso con la causa del reino, porque muchos hombres y mujeres, pastores y catequistas, han ofrendado su vida por el anuncio del Evangelio. Este es un signo de la gran liberación, en diferentes puntos se levantan los profetas de esperanza que anuncian al pueblo la libertad en medio de estas realidades.
Por último, se identifica que las fuerzas del mal no han quedado sumidas en la pasividad, ni están relegadas al olvido, han desplegado toda su furia contra los constructores de paz, han pretendido acallarlos y relegarlos al olvido, pero la voz del amor que nace desde la profundidad del ser se erige con vigor para anunciar la liberación. Por lo tanto, la plegaria