3.3 Characterisation
5.1.2 Geometries
El Espíritu de Cristo, conduce al pueblo latinoamericano por caminos de conversión, porque va transformando paulatinamente al hombre preparando en él una nueva encarnación. Es preciso reconocer sin falsos triunfalismos que esta no es una realidad plena en el continente, existen muchos sectores de la sociedad donde la muerte y la injusticia, están presentes y amenazan con fracturar la fraternidad.
Pese a esas realidades de muerte, en el continente es posible reconocer algunos signos de conversión y anhelos por vivir en unión con Cristo. Uno de esos signos palpables, es la capacidad del hombre para identificar sus debilidades y pecados. Después de identificar esas realidades, el cristiano a la luz de la gracia también descubre la necesidad de vivir en continua conversión porque, junto a la luz que se proyecta sobre sus debilidades, reconoce sus grandezas, sobre todo la capacidad de trascender y alcanzar la unión con el Creador. En este proceso de conversión y afirmación cristiana, la oración juega un papel muy importante, porque permite que se sigan abriendo brechas cada vez más íntimas entre el hombre y Dios, donde, “el camino o el espacio, o la puerta. - como diría Santa Teresa -, para llegar al encuentro con Dios, a interiorizar, a descubrir el centro del alma, es la oración”80. Oración que se caracteriza por ser eminentemente cristológica como se presentó
en el apartado anterior.
Definir la oración o presentar una fenomenología detallada de su acontecer interno, es una tarea casi imposible, porque no se puede encuadrar dentro de un conjunto de conceptos rígidos una experiencia que acaece en la intimidad, la cual escapa de las distintas categorías que manejamos. Pero, no por ello se puede renunciar a cualquier intento de comprensión, existen múltiples referencias que permiten atisbar el camino. Al ser una experiencia movida y suscitada por el Espíritu, se hace necesario escuchar el testimonio de los místicos, quienes tienen una palabra autorizada al respecto.
80 Cuartas y Sancho,
Los grandes místicos describen la oración como una experiencia de amistad, dice Santa Teresa de Jesús: “que no es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces a solas con quien sabemos nos ama”81. Por otra parte, comparte San
Juan de la Cruz: “Es ciencia de amor, la cual (...) es noticia infusa de Dios amorosa, que juntamente va ilustrando y enamorando el alma hasta subirla de grado en grado hasta Dios, su Criador, porque sólo el amor es el que une y junta el alma con Dios”82. Este es el
testimonio de dos grandes místicos del siglo de oro español, mediante sus obras han adquirido, “tal autoridad que los convierten hasta nuestros días en los maestros oficiales de la ciencia mística”83.
Por otra parte, dos jóvenes francesas a inicios del siglo XX, lograron penetrar en los misterios insondables de la oración, ellas mediante sus escritos nos comunican su experiencia. Sor Isabel de la Trinidad dice: “cuando digo oración, no hablo tanto de imponerse una gran cantidad de oraciones vocales que rezar cada día. De lo que hablo es de esa elevación del alma hacia Dios, en medio de todas las cosas, que nos pone en una especie de comunión continua con la Santísima Trinidad”84. Dice Santa Teresa de Lisieux:
“para mí, la oración es el impulso del corazón, una simple mirada dirigida al cielo, un grito de agradecimiento y de amor tanto en medio de la tribulación como en medio de la alegría”85.
La oración vista desde ésta perspectiva, se presenta como una experiencia donde prima el coloquio de amor. No es un precepto o una actividad externa, ni un monólogo que se realiza, sino es una realidad vital que permite al hombre elevar la mirada a Dios para agradecer el don gratuito de la revelación. La plegaria se caracteriza por ser un trato de amistad que se teje con el Padre, quien va hablando a través de la historia, porque no permanece mudo e inerte ante el dolor de sus hijos e hijas como los falsos ídolos que,
81 Santa Teresa de Jesús,
Libro de la Vida, 8, Nº 5. 82 San Juan de la Cruz,
Noche II, 18, 5. 83 Ancilli,
Diccionario de EspiritualidadII, 25. 84 Cuartas y Sancho,
100 Fichas Sobre Sor Isabel de la Trinidad, 216. 85 Santa Teresa de Lisieux,
“tienen boca y no hablan, tienen ojos y no ven, tienen oídos y no oyen, tienen nariz y no huelen” (Sal 15, 6 -7).
Por consiguiente, en la vida de los místicos no hay escisiones, toda ella se comprende como una sola realidad, el camino diario, los problemas, los dolores, las angustias, las luces y sombras, se presentan como inspiración que encienden en el corazón la necesidad de dirigir una plegaria de gratitud, de perdón, de alabanza. Por lo tanto, “la oración es una experiencia de gratuidad, ese acto „ocioso‟, ese tiempo „desperdiciado‟ nos recuerda que el Señor está más allá de las categorías de lo útil y lo inútil”86.
Dentro del proceso de fe del pueblo latinoamericano, se constatan grandes contradicciones, por un lado se percibe una fuerte religiosidad popular, pero también, “hay venas abiertas por todas partes; la sangre corre, sin precio y gratuitamente”87. Lo cual desdice del camino
de salvación que el continente viene recorriendo. Dando una mirada serena sin pesimismo ni triunfalismo, se percibe que el contexto dominante no cuenta con la fuerza demoledora para acallar y silenciar la oración del hombre latinoamericano.
Por consiguiente, la oración, ese acto ocioso vivido desde el contexto latinoamericano, ha llevado al cristiano a liberarse de las alienaciones religiosas, las cuales han conducido al hombre durante muchos siglos a vivir en una profunda resignación. Incluso aceptando modelos eclesiales verticales, caducos, sin vida, que solo conducen a la muerte temprana. Junto al verticalismo eclesial, se gestó una mirada sin horizontes de esperanza ante el futuro, porque todo era visto como voluntad de Dios, incluso las más crueles y descaradas injusticias.
Pero esta realidad ha cambiado, dado que van germinando semillas de liberación, la Palabra de Dios al calor de la oración va fecundando y va calando el corazón del hombre, por eso se interroga, porque existen realidades que no corresponden al orden presentado por Jesucristo
86 Gutiérrez,
Teología de la liberación, 270. 87 Boff,
a través del Evangelio. José María Arguedas, escritor peruano, en su obra Todas las sangres, recoge estas preguntas que inquietan al hombre aquejado y subyugado por un modelo eclesial que camina con los poderosos de turno y deja de lado al pueblo sufriente y empobrecido. En un diálogo entre el padre del pueblo y un indígena, narra el poco horizonte cristiano que tiene el sacerdote, frente a la mirada sencilla y humilde del indígena quien es presentado como un místico.
Padrecito, tú no entiendes el alma de los indios. La Gertrudis, aunque no conociendo a Dios, de Dios es. ¿Quién, si no, le dio esa voz que limpia el pecado? Consuela al triste, hace pensar al alegre; quita de la sangre cualquier suciedad. El Dios, pues, padrecito. Ella ha sufrido entre los Señores. Dios de los señores no es igual. Hace sufrir sin consuelo.
Dios es esperanza. Dios alegría. Dios ánimo (…) Dios está en todas partes, en todas partes88.
Este relato, refuerza la afirmación cristiana que contempla como el Creador se hace presente y se revela en los olvidados y maltratados. Para reconocerlo, es necesario tener un corazón sencillo, que descubra al Padre en aquello que el mundo desecha. Es por eso, que el sacerdote es incapaz de reconocer la presencia de Dios en una mujer campesina, indígena, deforme, sin ninguna formación religiosa. Su corto horizonte cristiano, junto a sus intereses personales, no le permiten descubrir al Todopoderoso en otros escenarios.
El campesino, desde su pobre conocimiento doctrinal, pero con una mirada mística, logra reconocer la presencia del Creador en aquella mujer, expectorada y abandonada por sus patrones y por su pastor. El indígena cuestiona, porque reconoce que el Padre celestial es vida, no muerte, así lo experimenta en su existencia, pero al ver la realidad que lo circunda descubre que el Dios que le han presentado en los Evangelios, difiere del dios de los patrones, porque es un dios que permanece mudo ante las injusticias e incluso aprueba esos delitos.
88 Arguedas,
Teniendo como base lo planteado, podemos inferir que la oración permite tender puentes para llegar a un conocimiento del propio ser y del ser que habita en el otro (india Gertrudis). Realidad que al calor de la oración se ha hace fecunda, porque, el hombre puede captar quien es el Creador y como va actuando en su historia. Por lo tanto, el conocimiento que produce la oración, lleva a la humanidad a descubrir paulatinamente quien es el Padre y quien es el hombre en su esencia. Tal conocimiento, lo arranca de un ensimismamiento, y lo abre a una nueva experiencia, su referente no es él, sino Jesucristo, vivo y resucitado, actuando en la historia.
A la luz de la experiencia espiritual, el cristiano va tomando conciencia de su verdadera naturaleza, porque, “el ser humano es el eikon (semejanza) de Dios y una imagen exige una
configuración con su modelo para encontrarse plenamente en sí mismo”89. Descubre que no
es una criatura más dentro del cosmos, sino, se ve a sí mismo como la obra máxima de la creación. Por eso, ante la fascinación que surge al contemplar el misterio emerge la oración del cristiano y une su voz a la del salmista para decir: “Al ver el cielo, hechura de tus dedos, la luna y las estrellas, que has fijado tú, ¿qué es el hombre para que de él te acuerdes, el hijo de Adán para que de él cuides?” (Sal 8, 4 – 5).
El estribillo del Salmo, recoge el asombro que se produce en el hombre al descubrir al Padre presente en el universo, por ello, “celebra la majestad de Dios que resplandece en la creación, a esta majestad se contrapone la pequeñez del hombre y se celebra luego su exaltación sobre todo lo creado, exaltación de la que es protagonista Dios”90. Esta es una
expresión que brota espontáneamente del silencio, porque, “es la respuesta inmediata que nos sale de dentro del corazón cuando nos ponemos ante la verdad del ser”91.
Cuando el hombre penetra en los misterios insondables de Dios a través de la oración, puede captar paulatinamente el verdadero rostro del Todopoderoso, deja atrás esas imágenes idólatras que lo han alienado durante muchos años, imágenes que lo han llevado a
89 Mifsud,
Una Fe Comprometida con la Vida, 55. 90 Pongutá,
El Clamor de un Pueblo, 94. 91 Martini,
vivir en una pasividad angustiante sin mayores horizontes de libertad ante el poder del tirano. Al igual que Israel en el cautiverio, el hombre logra renovar la confianza y desmitificar las falsas concepciones que tenía del Creador. Es así como Latinoamérica redescubre la imagen de un Padre amoroso, que sale al encuentro de sus hijos para otorgarles libertad.
Dentro de la multiplicidad de características y atributos de Dios, el pueblo latinoamericano descubre que:
El Dios del pueblo es un Dios de bondad: revela un amor que promueve y libera. El Dios del pueblo es un Dios fuerte: libera con un poder creador que todo lo tiene en sus manos. El Dios del pueblo es un Dios fiel: su presencia amiga nunca faltó y nunca faltará. El Dios del pueblo es un Dios santo: pide justicia, exige compromiso y envía a la misión92.
El conocimiento que la humanidad gana frente a Dios gracias a la oración, lo lleva a seguir intensificando la plegaria, pero también le permite que pueda contrastar la realidad divina con la vivencia actual. Al dar una mirada objetiva frente a los acontecimientos históricos, logra captar y aceptar la verdad. “Captar y aceptar la verdad es dejar que la realidad sea en primer lugar, lo que es, sin violentarla según gustos e intereses”93. Solo así, al ver de forma
clara y sincera lo que acontece en el mundo, el cristiano puede denunciar aquello que se oculta y corroe el corazón del hombre porque el pecado, “busca esconderse, hacerse pasar por lo que no es”94.
La oración, desde la perspectiva del diálogo filial, lleva al hombre y a la comunidad a penetrar en las diferentes capas del misterio de amor, incluso en medio de las realidades contradictorias de muerte temprana. Por otra parte, también conduce a la humanidad a procurar actualizar la obra de Dios, comprometiendo la vida con la causa del Padre,
92 Mesters,
La Misión del Pueblo que Sufre, 56. 93 Sobrino,
Espiritualidad, 453. 94 Sobrino,
mediante la lucha por los pobres, buscando penetrar en su mundo, para encarnarse en sus luchas, compartiendo sus fatigas y esperanzas, es decir, “a nivel histórico las confirmaciones tienen que ver con el compromiso cada vez más creciente con los pobres; más bien con la lucha que ellos libran”95.
En consecuencia, cuando los cristianos se comprometen con los pobres, no lo hacen de manera externa, como si fuese una simple lucha social y humanitaria. Se comprometen porque, se reconocen hijos de un solo Padre y por consiguiente, hermanos en la fe. Solo, “la filiación y la fraternidad divinas nos exigen conformar un orden económico, político, social y cultural sin excluidos y donde todos puedan realizar y satisfacer todas sus capacidades y necesidades”96.
Dentro del proceso de verdad y honradez frente a lo real e histórico, se da un movimiento a nivel interno, el cual lleva al hombre a ser conciente de su realidad humana. Dice Santa Teresa de Jesús en las primeras moradas, que el camino de oración adquiere dinamismo cuando el hombre comprende y acepta la llamada que le hace el Señor, entiende la semejanza que tiene con él y libremente busca a su Dios97.
La búsqueda que hace el hombre no lo realiza fuera de sí, sino dentro, en la profundidad del corazón. Tras la respuesta al llamado, el cristiano abre su existencia al amor que plenifica, luego de forma paulatina se dan movimientos internos; donde las potencias del alma encuentran cada una su lugar, memoria, entendimiento y voluntad. Cada potencia en armonía con Dios desea estar. Por eso, el hombre se pone de cara ante su realidad, sin dobleces ni engaños, reconoce sus miserias, pero también sus grandezas. No es un camino que se recorre en el abandono o la soledad, Dios va suscitando hombres y mujeres que acompañen el proceso. Hay una determinación tal en el orante que nada se presenta como obstáculo, todo se encuentra orientado y lo lleva a profundizar en el amor divino.
95 Cabarrús,
La Pedagogía, 35. 96 Novoa,
Una perspectiva, 26, 27. 97 Cfr. Santa Teresa de Jesús,
Así pues, esta viene a ser la ruta interna que recorre el hombre en la oración, reconoce quien es él, pero también a quien tiene delante, a un Dios, hermano, amigo y compañero, siempre deseoso de darse del todo, siempre y cuando su hijo se dé sin medida. Por tanto, todo conduce a la oración, se reza con fervor y alegría aún en medio del dolor y del sufrimiento. Por eso, se afirma que el tiempo que vive América Latina, “es también tiempo de oración”98, acto que se percibe a cada paso, con el testimonio de tantos que viven en el
amor, “cualquiera que tenga contacto con las comunidades eclesiales de base es testigo de que hoy se ora mucho, con intensidad y esperanza en América Latina”99.