• No results found

5 M ANAGING THE PS H UB

In document SuperStack II PS Hub User Guide (Page 63-77)

Al presentar el utillaje recuperado se indicaba el abrumador dominio de las cerámicas y la presencia casi testimonial del resto de materiales. De los conocidos, el conjunto lítico de El Parpantique es el más completo y aún así las piezas inventariadas superan escasamente la veintena de ejemplares (Anexo 2).

De estas piezas, más de la mitad, una docena, corresponden a los típicos denticulados (Núms. 170 a 179 y 181 y 182). Están ejecutadas sobre láminas de sección trapezoidal y proporciones muy regulares, oscilando en dos rangos: entre 5 y 6 cm, y entre 2 y 3 cm de longitud. Se realizan sobre silex blanco, y también traslúcido y negro, todos de muy buena calidad. Técnicamente se trata de láminas secundarias. Sólo dos de los denticulados muestras restos de córtex y siempre de forma marginal. El retoque denticulado, tanto directo como inverso y mayoritariamente bifacial es siempre lateral, mostrando el lado contrario un borde abatido por retoque abrupto o fractura. Del mismo modo, el lado distal muestra restos de retoque abrupto, en este caso marginal, con lo que se consigue, junto con el lado proximal fracturado en la preparación, que tres de los lados carezcan de filo y, bien al contrario, muestren un plano más o menos continuo que facilitaría su enmangue.

Aún cuando la presencia del retoque denticulado es lo que caracteriza a estas piezas, también se diferencian otras que muestran un filo natural (Núm. 182), no dudando en ningún caso de su utilización para la misma función.

La cantidad, dimensiones y la existencia de los dos tamaños tan claros es lo que hace suponer que los dientes, que muestran una clara pátina amarillenta y muy pulida, correspondan a más de una pieza, más de una hoz. Esta suposición es fácilmente contrastable. Al colocar seguidos todos estos elementos conseguiríamos un filo cortante que oscilaría entre los 48 y 60 cm, lo que unido al necesario intervalo entre los dientes para su correcto engarce y el enmangue para asir el utensilio, proyectaríamos una única pieza superior a los 80 cm, lo que la haría poco práctica para la corta del cereal. La acción debía conseguirse por frotación más que por golpeo, por lo que resultaría más ventajoso un útil de filo corto y compacto.

También se reconocen otras piezas líticas menos características. Destaca un buril (num. 180) realizado sobre lasca y lo que debió ser un raspador o afilador (Num. 184), en este caso conseguido con un retoque abrupto e invasor, a modo de muesca, sobre el lado distal también de una lasca con restos de córtex. Además se cuenta con un elemento apuntado (Num. 183), realmente una lasca de sílex blanquecino con restos de semidescortezado que, pese a su tamaño y forma, nos atreveríamos a clasificar como resto de talla, al igual que otros fragmentos líticos, tanto de sílex melado como quemado e incluso la presencia de dos pequeños núcleos agotados con huellas de desgajes y restos de cortes. Estas evidencias y el que las láminas muestren también elementos de descortezado lleva a pensar que la materia prima utilizada era la de pequeños nódulos, muy habituales en las proximidades (Carnicero, 1985: 185-188; Fig. 49-50).

Respecto a la materia prima empleada para la elaboración de útiles hay que hacer mención a la presencia abundante de cantos o guijarros cuarcíticos que muestran signos evidentes de haber sido golpeados para la extracción de lascas e incluso alguna lámina de tosca factura pero de buenas proporciones. No se reconocen retoques intencionados, si bien sí pueden diferenciarse algunos golpes aislados, nunca continuos ni regulares. Tampoco muestran huellas de uso ni patina si no que los filos naturales se muestran vivos. Más que un aprovechamiento para la fabricación de útiles elaborados, estas extracciones pudieron haber servido, de forma ocasional, como elementos de hoz, para ajustar alguno de los precisos dientes realizados

que descartar la posibilidad de que el aprovechamiento de estos cantos de cuarcita corresponda a la necesidad de obtener partículas y pequeños granos para su mezcla con la arcilla en el proceso de elaboración de la cerámica.

En lo relativo a su distribución dentro del área excavada, las piezas líticas están representadas en todos los cortes, en menor porcentaje en los dos intermedios y con mayor presencia en el primero y en el quinto donde se constatan en el nivel superficial y en los cuadros 65AJ’ y 67AM’ (Figura 68).

Precisamente de este mismo corte, del cuadro 67AG’, procede una ultima pieza lítica. Se trata de un colgante de forma rectangular y esquinas redondeadas mediante pulimento y realizado en pizarra (núm. 185). Muestra en uno de los extremos un orificio fragmentado pero realizado a un único bisel que, sin duda, debió servir para pasar un cordón de piel o vegetal del que colgaría. Hay que recordar que en este cuadro se inscribe el pozo 2 cuya morfología recuerda a la del pozo 3, y que, además, su construcción se realizó cortando otro anterior, P2b, menos profundo y de cronología prehistórica. Por ello, la adscripción del colgante puede ofrecer dudas que no se resuelven por la clasificación tipológica al tratarse de un modelo muy sencillo.

Sin duda, la distribución de estos objetos adquiere mayor interés (Figura 68) al compararla con la de los molinos de tipo barquiforme. Por su peso pueden localizarse, más fácilmente, en el lugar de abandono, siendo altamente probable que coincida, además, con el de utilización. Entre el material recogido se contabilizan 12 muelas. Cinco aparecieron entre los materiales superficiales removidos, una en el Corte 3 y otras cuatro en el Corte 4 y deben sumarse a otras muchas recogidas por los vecinos y alguna más, cuya existencia se atisba entre los escombros que cubren la ladera del cerro. Aún con su tipología más sencilla estos útiles tienen una larga vida por lo que su adscripción a la etapa prehistórica no es franca.

En el conjunto hay siete que se recogieron en los niveles más antiguos y a excepción de la recuperada en el Corte 3, el resto se asocia a estancias de habitación, concretamente a las cabañas dibujadas en los Cortes 2 y 4. En este último ya se había mencionado este hallazgo al describir la estancia mayor, en la que aparecían abundantes granos de cereal, por lo que, obviamente, es posible asociar ambos elementos con la actividad de molienda. El hallazgo de otros cuatro molinos en el Corte 2 confirma esta actividad en otro espacio de habitación, aun cuando en este caso se hallaron en las dos estancias.

Figura 68 Distribución de distintos materiales líticos.

Puede constituir una mera coincidencia, pero la presencia de un grupo de, al menos, cuatro elementos de hoz en el Corte 4, coincidiendo con el espacio en el que se localizaron las dos piezas de molino y el grano, pudiera ser razón suficiente para sospechar que en la estancia se depositó una hoz junto a otros útiles relacionados con el tratamiento del cereal.

Del mismo modo, hay que indicar que en el Corte 1, donde aparecieron las encellas o coladores, no hay ningún elemento de molienda y aunque sí se localiza un diente de hoz destacan un grupo de objetos líticos cuarcíticos que pudieron haberse utilizado para transferir calor al proceso del cuajado.

Estos argumentos son suficientes para sospechar la posibilidad de diferenciar actividades en las distintas estancias, o bien que dichas actividades eran realizadas por quienes se vinculaban a cada habitación.

In document SuperStack II PS Hub User Guide (Page 63-77)