El tratamiento del material cerámico ha sido, en ambos yacimientos, muy similar, por no decir idéntico. Se recogieron de forma individualizada todos los fragmentos aparecidos. En las alzadas del terreno superficial, removido por las labores agrícolas o por la
alteración mecánica, el control se efectuó sobre los límites de cada corte o área de excavación. Al alcanzar los niveles inferiores, el control se realizó con referencia a la cuadrícula métrica. Posteriormente, una vez signados e identificados los fragmentos, se procedió a la reconstrucción de los vasos, contrastando la posibilidad de unión entre todas y cada una de las piezas; primando, lógicamente, los del mismo cuadro, los de los adyacentes y más próximos, los más alejados del mismo corte y, para concluir, entre los distintos sectores excavados, que en algún caso dio resultados positivos, aunque sólo entre los materiales más superficiales, los de la capa removida. La explicación es fácil, recordamos que, junto a las labores agrícolas tradicionales que posibilitan el arrastre de algunos objetos, las tareas de desmonte en el caso de El Parpantique alcanzaron en algunos lugares los cuarenta centímetros de profundidad e incluso más. Por ello anotamos las distintas referencias sobre relaciones entre cuadros, así como el número de fragmentos que conseguimos pegar en cada pieza, tomando como referencia para el inventario definitivo del estudio el número de inventario más bajo de entre los consignados para los distintos fragmentos de los adjudicados a una misma pieza.
Concluida esta labor, se realizó el dibujo de todos y cada uno de los perfiles de las piezas, así como los elementos de soporte y los motivos decorados. El dibujo a escala posibilitó la reconstrucción de las medidas y proporciones, características que, junto a la forma del perfil, definen la adscripción a una forma o tipo determinado. Paralelamente al dibujo de los materiales, se analizaron las distintas características formales, tecnológicas, acabados, morfológicas, etc., rellenándose una ficha para cada registro, que posteriormente fue trasladada a una aplicación informática, desarrollada por D. V. Fernández Martínez y D. G. Fernández López sobre diseño nuestro16. Los resultados de este tratamiento analítico descriptivo se pueden comprobar en el inventario de materiales que se reproduce al final del trabajo (Anexo 2).
Por todo ello, es lógico deducir que el número de fragmentos incluido en dicho anexo y el inventariado
16 Queremos agradecer a ambos que desarrollaran una aplicación DBase en lenguaje Cliper y que denominaron TORONJO, que facilitó el tratamiento informático seriado de los distintos rangos y caracteres de los conjuntos cerámicos de las excavaciones de El Parpantique y Los
Torojones. Aunque en la actualidad se considera una aplicación
trasnochada, hay que recordar que en aquellos años el lenguaje informático no estaba tan generalizado, ni disponíamos de aplicaciones tan sencillas como la actual hoja de calculo Excel a la que convertimos los datos de TORONJO y que nos ha servido para
durante las labores de campo no coincidirán. Creemos que es más correcto presentar los resultados sobre el primero de los citados al existir menor probabilidad de repetir entradas en el inventario de fragmentos de una misma pieza. Del mismo modo, las referencias a los porcentajes de representación de unos tipos y otros deberán establecerse sobre el número total de bordes individualizados, ya que, sólo excepcionalmente, es posible asegurar la pertenencia de un fragmento de pared o fondo a una misma o distinta pieza. Estas apreciaciones no son novedosas y estos mismos criterios ya han sido establecidos en otros trabajos similares, por lo que no insistiremos más en ellos, si bien cuando se refieran porcentajes se indicará, en cada caso, la muestra sobre la que se realizan.
En El Parpantique el número de piezas cerámicas recogidas ronda los tres millares, concretamente 2.923 fragmentos. La muestra es alta en relación a la superficie excavada, pero además es proporcionalmente muy elevada en comparación con el resto de materiales recogidos. En el conjunto de objetos recuperados, la cerámica supone el 95,6% del total, le siguen en número los fragmentos de barro con un 2,7%, mientras que los restos pétreos y óseos son ciertamente escasos, incluso estos últimos no alcanzan ni el 1% (Figura 52).
También se ha señalado la existencia de niveles modernos vinculados a construcciones de carácter defensivo, a los que se atribuye la presencia de cerámica torneada, si bien el bajo número de estas piezas, 39, no deja de constituir una colección simbólica comparándola con la muestra manufacturada que queda constituida por 2.884 objetos (Figura 53).
La tarea de reconstrucción posibilitó unir un buen número de fragmentos. En El Parpantique fueron 1.041, un 36 % sobre del total del conjunto cerámico (Figura 54). Este alto porcentaje se explica por el proceso de remoción de la capa superficial y el movimiento de la máquina retroexcavadora, ya referido, que provocaron una fragmentación reciente. El proceso de reconstrucción afectó a 219 piezas distintas, por lo que si dividiéramos el número de fragmentos asimilados al número de piezas (índice de fragmentación) se obtendría un valor, índice, de 4,7.
2923 7
43 84
cerámica oseo petreo adobe
Figura 52 Materiales recuperados en la excavación de El
Parpantique.
39
2884
torno maniufacturados
Figura 53 Técnicas de fabricación de la cerámica de El Parpantique.
1648 219
1041
Formas diferenciadas Piezas pegadas Fragmentos pegados
Figura 54 Reconstrucción y clasificación de los fragmentos.
0 200 400 600 800 1000 1200 Serie1 982 606 60 193 203 borde pared carena fondo s uspension
Figura 55 Tipología de los fragmentos cerámicos diferenciados en El
Parpantique.
Finalmente cabe señalar que el número total de piezas diferenciadas fue de 1.648, un 57,1% del conjunto de fragmentos cerámicos, considerando el cálculo sobre los fragmentos de borde, pared o carena diferenciados entre las piezas inventariadas. Se puede argumentar que, pese a no contabilizar en esta muestra
ni los fragmentos de fondo ni las suspensiones, sería factible que pudiera haberse atribuido fragmentos de una misma vasija a piezas diferentes en el inventario. Ahora bien aunque este riesgo no puede descartarse, a tenor de los datos disponibles, dicha posibilidad no parece muy probable al haberse contabilizado únicamente los fragmentos de borde, para minimizar el posible porcentaje de error, los resultados serían similares y aún más elevados en lo que respecta a las piezas diferenciadas, un 59,6%.
Atendiendo a los distintos grupos de fragmentos (Figura 55) es claro el dominio de los bordes, seguidos de los fragmentos de pared y los fondos. Las suspensiones no siempre son significativas por cuanto la presencia de elementos plásticos puede interpretarse como correspondiente a elementos decorativos o sustentantes y no siempre es posible su atribución a uno u otro grupo. En el mismo caso se encuentran los fragmentos de pared que resultan en el cómputo global mucho más numerosos que los bordes y los fondos, lo cual es absolutamente lógico por la superficie que ocupan unos y otros en cada vaso. Ahora bien, la morfología común de muchos de los fragmentos de pared no posibilitan su adscripción a una vasija concreta por lo que la mayoría, aunque incluidos en el inventario de objetos recuperados en cada campaña de excavación, no han tenido cabida en el inventario cerámico que se presenta.
3.2.1.5.1 Formas y Tipos.
Las cerámicas han sido clasificadas en una amplia tabla tipológica, que es la suma de los distintos arquetipos que ha sido posible diferenciar. En su definición se han considerado criterios contrastados en otros ejemplos bien conocidos y su estructuración responde a la síntesis de aspectos estrictamente formales, con las dimensiones y proporcionalidad que, sin duda, están condicionadas por la funcionalidad o fin con la que fueron hechas. Ambas cuestiones son las que definen el modelo o estereotipo que hemos intentado tabular y diferenciar. En este planteamiento se recoge la experiencia del tratamiento de conjuntos similares y próximos (Jimeno, 1984; Jimeno y Fernández Moreno, 1994), y se articula en la propuesta de clasificación de materiales cerámicos (Picazo, 1993: 14 y ss.), desestimando, por la fragmentación del conjunto y el claro expolio que había sufrido el yacimiento, la aplicación de parámetros matemáticos que facilitan la asignación de patrones en los agrupamientos. Por el contrario se incidirá en aspectos
sobre la funcionalidad (Samaniego et alii, 2002: 54 y ss.), más que en el simbolismo o representatividad, tal como se ha propuesto en otros casos (Prieto, 1999).
En primer lugar las cerámicas se han agrupado, por el perfil general de la pieza, en cinco formas, enumeradas con letras mayúsculas, de la A a la E. La última corresponde a un ejemplar característico y único, los coladores o encellas, que más que un modelo formal es un útil determinado para una función. Dentro de cada forma se ha seguido una clasificación por tipos, que son relacionados con numeración arábiga correlativa. Finalmente, dentro de cada tipo puede haber variantes, tanto desde el punto de vista formal como de tamaño, que son diferenciadas por otra letra, ahora minúscula. De tal forma, la secuencia correlativa de letras, mayúsculas y minúsculas, intercaladas por el número, permite situar cada pieza en la forma, tipo y variante a la que se adscribe (Figura 56).
Para determinar la tipología de formas se ha seguido el criterio convencional que las agrupa por el dibujo del perfil: continuo abierto, continuo cerrado, angulado o quebrado y el discontinuo o de perfil sinuoso. Dentro de cada una de estas clases se han diferenciado tipos atendiendo a distintos atributos coincidentes en las vasijas, caso del remate del labio, de las proporciones, así como por sus caracteres morfotécnicos.
La definición de distintos atributos y características, determinados por sucesivas variantes, facilitan distintas combinaciones y la posibilidad de agrupaciones menores que son las que corresponderían a las variedades de cada tipo17.
Forma A.- Se han incluido todos los vasos que
muestran un perfil abierto. Una de sus características, por tanto, es la de coincidir su borde con el máximo diámetro de la pieza; genéricamente son los denominados cuencos o platos. Dentro de esta forma hemos diferenciado hasta cuatro tipos distintos que presentan más o menos variantes18:
17 La diversidad de propuestas tipológicas para estudiar conjuntos
cerámicos prehistóricos es casi tanta como la de monografías publicadas; partiendo de la mera enumeración de formas a la aplicación de los más complejos modelos matemáticos que posibilitan la definición de patrones, conglomerados o asignaciones estadísticas. En este sentido el presente trabajo bebe en los estudios ya citados de Picazo, si bien se articula sobre la estructura básica de las formas descritas, al estar convencidos de que constituye el mínimo denominador común que posibilitará la comparación.
18 Los dibujos finales de las cerámicas se deben a Javier del Campo y
se presentan en el Anexo 3. Para una mejor identificación de las piezas incluidas en el estudio, se han numerado los de cada enclave
Tipo A1. Son los cuencos, elemento bien conocido y representado en casi todos los contextos arqueológicos. Los tres primeros tipos son excesivamente comunes para necesitar mayor explicación: se trata de los abiertos o planos (A1a) (Núms.1 a 6)19, los hemisféricos o casquete (A1b) (Núms. 7 a 15) y los hondos (A1c) (Núms. 16 a 23), o basándose en la funcionalidad que se les supone serían los platos, escudillas y tazones.
Junto a este último tipo hay que señalar la presencia de otro cuenco hondo con pequeño estrangulamiento bajo el labio que no esta excesivamente marcado, pese a que el modelo propuesto en la tabla lo destaque por la presencia de una orejeta que presionó la zona al ser unida a la pieza (A1d); esta variante (Núms. 24 y 25) presenta además su labio biselado al interior, al contrario que la A1c que mostraba este elemento completamente recto, lo que permite suponer su utilización para contener, o mejor transvasar, líquidos.
Al respecto debemos resaltar la probable versatilidad funcional de estas piezas que se han interpretado como servicio de mesa. Recordemos que las vasijas encontradas in situ son cuencos hemisféricos (A1b), uno pequeño, 10 cm de diámetro, en una esquina- repisa de la cabaña del Corte 1, y otro, algo mayor de 14 cm de diámetro, en el interior de la cerámica contendor embutida en el suelo, junto al hogar de la cabaña del Corte 4.
Finalmente queda describir una última variante en la que reflejan aspectos formales de las demás de este tipo y que se caracteriza por formas idénticas pero reproducidas a un mínimo tamaño (A1e), en lo que se ha venido a llamar vasitos o cubiletes, y que en buena medida se han interpretado como piezas de entretenimiento o juguetes (Núms. 26 a 31).
A excepción de estas últimas cerámicas, cuya funcionalidad o, mejor dicho, la carencia de ella, parece haber determinado su aspecto menos elaborado, el resto de las vasijas descritas señalan unas características ciertamente semejantes. Todas carecen de decoración y, en general, no presentan aplicaciones plásticas. Las superficies están bruñidas y alisadas siendo posible diferenciar tratamientos pulidos. Los
en la tabla del anexo correspondiente. En ellas, se presentan los atributos y descripción de cada pieza incluyendo una entrada para el número de la figura, cuando se ha seleccionado entre las dibujadas.
19 La referencia a las figuras se hará por su número correlativo con el
que se han numerado todas las piezas dibujadas. Las pertenecientes al yacimiento de El Parpantique son las reproducidas en el Anexo 3, como se ha señalado. Cuando la referencia se realice, como en este caso, para cada yacimiento, únicamente se incluirá el número de
desgrasantes son de tamaño fino y medio, sólo excepcionalmente en la variante A1d se advierten algunos tamaños mayores, siempre de granos de cuarcita y algunos restos calizos. La coloración, como toda la colección, muestra tonalidades alternantes oxidantes y reductoras en una misma pieza, por lo que no ha de extrañar la gran variedad de matices existentes con tendencia a los tonos oxidantes (Llanos y Vegas, 1974: de 1F2, 1B4, 2D4 a 2F4)20.
La diferenciación de los tipos se establece, además de por la forma, por el índice de proporcionalidad que ofrece la relación de ancho y alto de cada pieza, según la formula Ip = d máx. / al máx. Esta forma por ser abierta ofrece los índices más altos, como luego podremos comparar, con valores medios de 4 a 2, aun cuando hay claras diferencias entre los distintos tipos. La variante A1a de los cuencos planos o platos alcanza los índices de proporcionalidad (Ip) más elevados, superando, en todos los casos, los 3,5 y alcanzan hasta los 5,4. Los hemisféricos (A1b) también ofrecen valores elevados siendo la media de Ip entre 2,5 y 3, aún cuando los valores extremos alcancen los 2,1 y los 3,5. Por su parte los hondos, pese a su denominación, muestran también valores Ip próximos a 2, siendo la menor proporción 1,7, muy similar a los que ofrece la variante A1d, con un Ip entre 1,6 y 2.
Tipo A2. Se trata de un único modelo que destaca sobre los cuencos hondos o tazones descritos (A1c y A1d) porque el perfil de su tercio superior es recto, al igual que el labio. La profundidad del vaso viene determinada por el cono de tronco que se superpone al casquete esférico que delimita la parte inferior (Núms. 32 a 35). En el ejemplar que se presenta en la tabla destaca el arranque de un asa de sección ovalada, por lo que su aspecto es muy similar a nuestros modernos tazones. La semejanza con las variantes anteriores ya comentadas se confirma con el Ip de estas piezas que ofrece resultados muy regulares y uniformes, entre 1,6 y 1,8.
Tipo A3. Cuenco o vaso de perfil recto y profundo que muestra un claro parecido con el modelo A1d, si bien destaca el estrangulamiento bajo el borde que es saliente, y el perfil interior más recto, lo que posiblemente determine en este caso una mayor profundidad –un Ip de 1,8– y con mucha probabilidad su
20 Las características morfológicas señaladas quedan reflejadas en el
Anexo 2. Las distintas claves abreviadas utilizadas se explican en el mismo anexo, y para las referencias a la coloración de la pieza se sigue utilizando la tabla de Llanos y Vegas con los criterios habituales para otros conjuntos similares (p. e., Jimeno y Fernández Moreno, 1991a),
unión a un fondo plano en contra del anterior, cuya curvatura anunciaría un remate inferior de tipo esférico (Núms. 36 a 38).
Sus características morfológicas no desentonan con las descritas para los vasos abiertos. Se trata de piezas lisas que muestran como novedad impresiones digito- unguladas sobre el borde. Su aspecto es cuidado con superficies alisadas y bruñidas, y pastas que contienen desengrasantes finos y medios, mayoritariamente de cuarzo. Las tonalidades son reductoras (1B5).
Tipo A4. Este último modelo se caracteriza, como en los casos anteriores, por su perfil recto y exvasado, coincidiendo su mayor diámetro con el del borde. Por su tamaño se trata de piezas bien distintas a las anteriores. Sus proporciones hacen sospechar que estamos ante grandes contenedores o barreños. Las dos variantes diferenciadas (A4a y A4b) se distinguen por el remate del borde que puede ser recto o ligeramente entrante (Núms. 39 a 42) y saliente (Núms. 43 a 46) respectivamente. Se trata, hemos de suponer, de una variable morfológica para facilitar la función a la que estaban determinados: contener y transvasar. La presencia de pequeñas asas o mamelones tendría una explicación más funcional que decorativa, siendo necesarias para asir y sustentar la pieza, especialmente cuando estuviera llena, al igual que el fondo plano que se constata en ambos casos y que asegurarían una mejor estabilidad. En estos casos, el índice de proporcionalidad no es tan significativo como la capacidad de las piezas, si bien, están próximos a 2 e incluso alcanzan valores de 2,5, coincidiendo, pese a su tamaño, con los promediados por los cuencos hemisféricos, lo que posiblemente confirme que se trata de piezas, ambas variantes, para contener y/o transportar/transvasar líquidos.
Forma B.- En este segundo grupo se incluyen todas
las piezas de perfil anguloso, correspondiendo su base, en la mayoría de los casos, a soluciones esféricas. Ahora el mayor diámetro no siempre coincide con la parte superior de la pieza sino que va a ser un atributo que se relaciona con la carena, angulosidad de la pared que delimita y une dos formas geométricas distintas que configuran la vasija.
Otra característica de estas piezas es el cuidado tratamiento de las superficies –como en el caso de los cuencos– y la selección de las pastas, que no presentan desengrasantes gruesos o al menos no se manifiestan al exterior de las paredes. Se generalizan los tamaños medianos o pequeños y, aun cuando se constata piezas de gran tamaño, su índice de proporcionalidad es muy regular, entre 1,5 y 2, si bien los dos tipos diferenciados muestran un Ip también distinto, entre 1,5 y 1,7 el primero, y próximo a 2 el segundo.
Tipo B1. Definido por las piezas carenadas cuya angulosidad se produce en el tercio inferior de la altura. Son las que conocemos como carenas medias o bajas y que, por tanto, se caracterizan por un perfil inferior convexo y un cuerpo superior troncocónico que remata en un borde más o menos saliente. La mayor o menor angulosidad del borde en relación con la carena, es lo que determina las variantes diferenciadas (B1a, B1b y B1c), siendo las primeras las más abiertas (Núms. 47 y 48) y las rectas (Núms. 49 y 50), hasta las ligeramente entrantes que se agruparían en la última variante (Núms. 51 a 57). Una de estas últimas, de mediano tamaño –calculamos unos 25 cm de diámetro de borde y algo más del de la carena–, es la que se localizó junto al hogar de la cabaña del Corte 4, conteniendo en su interior un cuenco del tipo A1b.
Tipo B2. En este modelo, el ángulo de la pared se sitúa en el tercio superior del perfil y, en cualquier caso, siempre superaría la mitad del mismo. La parte inferior es cónica y el ángulo de la carena se marca más profundamente que en el tipo anterior, para desarrollar