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Analysis of Air Temperature, Specific Humidity, and Sea Surface

La profesión más antigua

Tres individuos estaban discutiendo acerca de quién tenía la profesión más antigua.

—No es que yo quiera llevar ventaja –dijo el carpintero–, pero mis antepasados construyeron el Arca de Noé.

—¡Eso no es nada! –respondió el jardinero–. Mis antepasados fueron los que plantaron el Jardín del Edén.

—De acuerdo, muy bien –dijo el electricista–, pero cuando Dios dijo «¡Haya luz!», ¿quién creéis que había montado toda la instalación?

La lucecita roja

Un niño estaba impaciente y nervioso en la iglesia, pues la celebración estaba durando mucho. La madre se dio cuenta de que el niño no dejaba de mirar fijamente la lucecita roja del sagrario y le preguntó:

—Hijo mío, ¿por qué no dejas de mirar la lucecita roja? Entonces el niño respondió al instante:

—Es que estoy esperando a que se ponga verde para que podamos irnos.

Oración por la lluvia

El anciano párroco de un pueblecito se sentía decepcionado por sus feligreses al comienzo de una procesión de rogativa para pedir la lluvia. Entonces, les dijo:

—¡Qué poca fe tenéis! Hemos venido todos aquí a pedirle a Dios que nos envíe el don tan necesario de la lluvia..., ¡y ninguno de vosotros se ha traído el paraguas!

Para ganar la lotería

A diario, un hombre entraba en el templo, se ponía de rodillas y le pedía a Dios que le tocara la lotería.

Pero cierto día, el hombre entra, se arrodilla y dice:

—Señor, por favor... Dame una oportunidad... ¡Haz que me toque la lotería...! Y Dios le responde:

—Pero bueno... ¡Dame tú una oportunidad! Al menos podías comprar un billete, ¿no te parece?

Segundos y millones

En una iglesia, un hombre le pregunta a Dios:

—Señor... Tú que eres tan poderoso... ¿Qué son para Ti cien millones de años? Entonces, Dios le responde:

—Para mí, cien millones de años ¡son tan solo un segundo!

El hombre queda sorprendido pero, reaccionando al instante, pregunta: —Señor..., y cien millones de euros, ¿qué son para Ti?

—Para mí, cien millones de euros, ¡no son más que un céntimo! —Señor..., ¿podrías darme un céntimo?

—¡Sí, claro! Espera un segundo...

Ir con Dios

Un niño le dice a su madre: —¡Mamá, me voy al colegio! —¡Ve con Dios, hijo mío!

Cuando empieza a bajar, el chaval tropieza y rueda escaleras abajo. El niño se levanta, se vuelve hacia atrás y dice:

—Oye, si quieres puedes venir conmigo, ¡pero no me empujes!

Adán y la mujer

Adán le pregunta a Dios:

—Señor..., ¿por qué has hecho a la mujer tan hermosa? —Pues para que te gustara y te atrajera...

Adán piensa un poco y pregunta de nuevo: —Señor..., ¿por qué hiciste a la mujer tan tonta? —Pues para que tú le gustaras a ella.

El secreto de Eva

Dios creó a Eva y esta le pidió un compañero. A Dios le pareció bien y se puso a crear a Adán. Momentos antes de darle vida, Dios le dijo a Eva:

—Mira, Eva, ha surgido un problema... Y es que no me ha salido como debía y, como consecuencia, me ha salido un poco egocéntrico... Si no te importa, le vamos a decir que ha sido él el primero en ser creado. Será nuestro secreto, ¿de acuerdo?

No hay peces

Una mujer rubia va a pescar en el hielo.

Coge una sierra y empieza a serrar un agujero.

De repente, se oye una voz grave y fuerte que viene de arriba: —¡No hay peces debajo del hielo!

La mujer rubia se detiene boquiabierta, duda un poco y sigue serrando el hielo. —¡No hay peces debajo del hielo!

Pérdida de tiempo

Un condenado a muerte esperaba la hora de su ejecución, cuando vino el sacerdote y le dijo:

—Hijo mío, en este instante final, he venido a traerte la Palabra de Dios. Y el hombre le responde:

—No pierda su tiempo, padre. Dentro de poco voy a hablar con Él personalmente. ¿Quiere que le lleve algún recado?

Los orígenes de la humanidad

Una niña le pregunta a su madre:

—Mamá, ¿cómo se formó la raza humana? La madre le respondió:

—Dios creó a Adán y Eva y estos tuvieron hijos, nietos, bisnietos... y así se formó la raza humana.

Un par de días después, la niña le hizo la misma pregunta a su padre. Este le respondió:

—Hace muchos años, existieron unos monos que fueron evolucionando hasta que llegaron a los seres humanos que ves hoy.

La niña, confundida, fue a pedirle explicaciones a su madre y le dijo:

—Mamá, ¿cómo es posible que tú digas que la raza humana fue creada por Dios y que papá diga que la raza humana surge por evolución a partir de los monos?

Entonces la madre, después de pensar un poco, le respondió:

—Mira, hija mía, la cosa es muy sencilla. ¡Yo te hablaba de mi familia y tu padre de la suya!

Partida de golf

Jesús y un anciano con barbas van a jugar al golf. Moisés lanza la bola y cae en medio de un lago. Con toda la calma del mundo, levanta el palo, las aguas se separan y puede seguir jugando. Después, Jesús golpea su bola que describe una parábola perfecta y va a caer en el mismo lago. Si preocuparse lo más mínimo, echa a andar sobre la superficie del agua, llega hasta la bola y queda en posición de seguir jugando. El anciano, torpemente, golpea la bola, que va a parar a un árbol; de ahí, cae al tejado de una casa, cae rodando hasta el canalón, por donde baja hasta un desagüe; y de aquí a un río que la lleva hasta el lago. Allí choca con una piedra y se detiene en la orilla, donde un sapo se la traga; pero un águila, que viene desde arriba, levanta el sapo y vuela con él por encima del campo de golf hasta que el sapo vomita la pelota, que cae exactamente dentro del hoyo. Moisés se vuelve hacia Jesús y le dice:

—Es por estas y por otras cosas por lo que me encanta venir a jugar con tu Padre.

Un cristiano, un musulmán y un ateo están jugando a las cartas. En un determinado momento, se apaga la luz y se quedan a oscuras. Entonces, el cristiano se pone a rezar:

—¡Señor! Por favor, danos nuevamente la luz para que podamos terminar la partida. Como la cosa no da resultado, también el musulmán se pone a rezar:

—¡Alá es grande! ¡Alá nos hará ver la luz! ¡Alá va a permitirnos terminar la partida! El ateo, harto de esperar, se levantó y fue a cambiar la bombilla...

La oración

Era el día de descanso de un misionero y estaba paseando por la sabana. De repente, ve cómo un grupo de indígenas caníbales se acerca hacia él. El misionero cae de rodillas y se pone a rezar:

—Dios mío, por favor, haz que estos caníbales sean «creyentes» y que respeten las costumbres cristianas...

Entonces los caníbales se ponen de rodillas y rezan:

—Bendice, Señor, estos alimentos que recibimos de tu generosa mano...

La propuesta

Un importante empresario norteamericano se entrevista en audiencia con el papa y le propone pagarle un millón de dólares si, a partir de ese momento, al rezar el Padre nuestro, se dice: «Danos hoy nuestra Coca-Cola de cada día...». A pesar de su insistencia, es puesto de patitas en la calle. El americano, mientras se alejaba, iba refunfuñando: «Nuestro pan de cada día... Nuestro pan de cada día... ¡Ya me gustaría a mí saber cuánto le pagan los panaderos!».

El barco salvavidas

Un hombre cae a un río. Se le aproxima un barco y, desde él, le preguntan: —¿Necesita ayuda?

—No, gracias. Dios vendrá a salvarme.

Al final, el hombre muere ahogado. Cuando estaba en el cielo, fue a ver a Dios y le dice:

—¿Por qué no me viniste a salvar?

—Pero cómo puedes ser tan necio: ¡Te mandé un barco salvavidas!

La boda

Nada más concluir la ceremonia de la boda, los novios van a la sacristía. El novio está satisfecho y le pregunta al sacerdote:

el dinero, mira a la novia de arriba abajo y le dice al muchacho: —Tome su dinero. No tiene que pagar nada.

Las dos velas encendidas

Una mujer llevó a la iglesia dos velas encendidas y le puso una a la imagen de san Miguel y la otra a la imagen del Diablo. Al verlo, el párroco la reprendió:

—Pero, ¿qué está usted haciendo? ¿No se da cuenta de que le está poniendo una vela al Diablo?

—Yo sé muy bien lo que estoy haciendo. Es bueno tener amigos en el cielo y en el infierno pues nunca se sabe dónde vamos a ir a parar.

Ir a Roma a apagar la vela

Una pareja que no podía tener hijos, sabiendo que el cura de su parroquia iba a Roma, le pidió que rezara allí para que se produjera el embarazo tan deseado.

El sacerdote les dijo:

—No os preocupéis. Apenas llegue a Roma, encenderé una vela por vuestras intenciones.

Tres años después, el sacerdote regresa a su parroquia y va a visitar a la pareja. Y se encuentra con que la mujer tiene tres hijos pequeños, dos de los cuales, gemelos, y además está embarazada nuevamente. Entonces, el sacerdote le dice:

—Pero, ¡qué maravilla! Finalmente habéis conseguido tener hijos. ¿Dónde está tu marido? Tengo que darle la enhorabuena.

—Se ha ido a Roma —¿A Roma?

—Sí, ¡a ver si apaga la vela!

La función de papá

Un niño le pregunta a su madre:

—¡Mamá! ¿Es verdad que a mí me trajo la cigüeña? —Sí, hijo, sí.

—Y, ¿es Jesús el que nos da el pan de cada día? —¡Claro que sí, mi amor!

—Y, ¿son los reyes magos quienes nos traen los regalos por Navidad? —¡Eso mismo!

—Entonces, ¿para qué sirve papá?

Dios mío...

Están cuatro madres católicas tomando té. La primera, para impresionar a las demás, dice:

«Buenas tardes, padre».

La segunda, para no quedarse atrás, dice:

—Pues mi hijo es obispo. Cuando entra en una sala, todos se levantan y dicen: «¡Denos su bendición, señor obispo!».

La tercera, con mucha tranquilidad, añade:

—Pues... mi hijo es cardenal. Cuando entra en una sala, todos se levantan, le besan el anillo y dicen: «Su bendición, Eminencia».

La cuarta mujer permanece callada. Entonces, la madre del cardenal, para provocarla, le pregunta:

—¿Y tu hijo?

—¡Ah, mi hijo...! –suspira la cuarta madre–. Pues mi hijo mide 1,85, hace musculación, es surfista y socorrista. Cuando entra en una sala todo el mundo lo mira y dice: «¡DIOS MÍO!».

La obra maestra

¿Por qué creó Dios al hombre en primer lugar?

Pues porque antes de hacer una obra maestra, siempre hace un borrador...

Fe en la providencia divina

La hija presenta a su padre a su futuro marido, un joven muy creyente. —Y, ¿en qué sector trabajas? –le pregunta el padre.

—Yo no trabajo –responde el muchacho, sonriendo plácidamente. —Y, ¿cómo pretendes mantener a mi hija? –replica indignado el padre.

—Dios nos dará todo lo que necesitemos –responde el joven alzando los brazos al cielo.

—Y, ¿dónde pensáis vivir? –sigue preguntando el padre.

—No tenemos dónde vivir –responde el muchacho, sin perder la sonrisa ni un instante–, ¡Dios proveerá!

Visiblemente nervioso, el padre se disculpa y sale del salón para despejarse un poco. La hija corre a su lado y, nerviosa, le pregunta:

—¿Qué te parece mi novio, papá?

—Prefiero no decir qué me parece..., pero estoy seguro de que se piensa que yo soy Dios.

Una oración especial

Señor, dame sabiduría para aguantar a algunos colegas del trabajo... Porque si me das fuerza, ¡les parto la cara!

—¿Por qué Dios creó a Adán antes que a Eva?

—Para que pudiera disfrutar de la oportunidad de decir algo sin que nadie le llevara la contraria –responde el padre.

Hombres y mujeres

Un matrimonio estaba discutiendo sobre hombres y mujeres. Entonces el marido le pregunta su esposa:

—¿Sabes cuál es la diferencia entre Eva y cualquier otra mujer? —No –respondió la esposa.

—Pues que Eva nunca discutió con su suegra, nunca amenazó con volverse a casa de su madre y nunca pensó que otro hombre era más guapo y simpático que el suyo...

El bebé pesado

Un bebé lloraba tanto que su hermanito le preguntó a su madre si realmente había venido del cielo.

—Sí, hijo mío.

El niño estuvo callado unos instantes y, después, dijo: —Razón tenían los ángeles para mandárnoslo aquí abajo...

La alegría de dar

Un creyente, tan rico como avaro, escuchó cómo el predicador animaba a los fieles a dar limosna para agradar a Dios, que ama a los que dan con alegría, tal como dice la Biblia. Al salir de la iglesia, le comenta a una señora:

—¡Qué sermón más hermoso! Incluso me están entrando ganas de poner la mano y pedir limosna, para que los demás sientan la alegría de dar dinero...

El chaval descarado

Durante la catequesis, el catequista pretendía explicar el origen de la humanidad. Entonces un niño, un tanto descarado, le dice:

—De esto, no vale la pena que hablemos, porque ya lo sabemos... Explíquenos, más bien, cómo se formaron las personas que vinieron después...

El tejado de la iglesia

El párroco comentaba algo decepcionado, pero con sentido del humor, el resultado de la colecta que había hecho para cambiar el tejado de la iglesia:

—Gracias a Dios, vuestra generosidad ha sido muy grande... Ya tenemos para comprar algunos barreños para recoger el agua de las goteras cuando llueva.

Estaban una niña, su hermana mayor y su madre rezando el «Padre nuestro» en la iglesia. Cuando llega la parte del «pan nuestro de cada día», la niña le dice a su madre:

—Mamá, ¿no es mejor que le pidamos el pan para toda la semana? La hermana mayor respondió:

—¡Calla, tonta! ¡Se pide todos los días para que siempre esté fresco y blandito!

El fin del mundo

El catequista estaba explicando a los niños el fin del mundo mediante textos bíblicos en los que se habla de fuertes tempestades, temblores de tierra y diluvios. En un momento dado, el catequista se da cuenta de que uno de los niños se mostraba contento y sonreía descaradamente. Entonces, el catequista le pregunta:

—¿Por qué estás tan contento?

—Pues porque con tanta tormenta y tanto terremoto, seguro que ese día no va a haber colegio.

El profesor de autoescuela

El marido le pregunta a la mujer:

—Entonces, ¿qué tal van las clases de conducir? Y la mujer responde:

—¡Ah, pues van muy bien! El profesor es muy competente y, además, parece que es muy religioso.

—Ah, ¿sí? Y, ¿por qué lo dices? Entonces le explica la mujer:

—Pues porque cada vez que hago una maniobra, se santigua y dice: «Virgen santa», «¡Ay Dios mío!».

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