6.2 The Model
6.2.2 Animat Simulation
criterios epistemológicos y prácticos para convertirse en ciencia o disciplina científica, sino en hacerlo exclusivamente desde la mirada reduccionista de las ciencias duras y acoger sus vacíos abismales, pues ello suprime cualquier variación a los parámetros con los cuales se valida el conocimiento y quehacer científico. Por tanto, si la psicolo- gía continúa demandando la aprobación dura y lineal de las ciencias experimentales-comprobatorias, su estatuto epistemológico puede constituir el correlato instrumental de una ciencia metódica, lineali- zada, demandante de control, experimentación y anomia, una ciencia que sirve al poder hegemónico, y no a las poblaciones, ni a su historia, y que va en contra de la reivindicación de sus saberes e ideologías. Grosso modo, se necesita de “otras ciencias” derivadas de las nuevas epistemes del sur, capaces de integrar el estatuto científico a partir del antagonismo complementario, el diálogo de saberes y la transdiscipli- nariedad, escenario donde la psicología integra a su cuerpo epistémi- co las experiencias y narrativas de los oprimidos, de las cuales surge el conocimiento relacional, y deja de operar desde los saberes asociados a resultados y modelos, mismos que son impuestos y programados por quien modela y valida lo que se determina como conducta, psique o análisis. No obstante, la limitación actual del estatuto científico de la psicología es que, si la psicología no crea un objeto de estudio propio, y este no se supedita a un esquema figurativo de un método, puede actuar y reconocerse —desde la mirada de las ciencias duras— como una ideología. Así, desde dicha posición, la psicología, para ser disci- plina científica, debe comparar los objetos de estudio, proponer su propio objeto, acoger el modelo biológico, poner como base las mate- máticas e implementar el modelo hipotético-deductivo.
Lo anterior implica acoger el positivismo, y con ello defender la distin- ción sujeto-objeto; suscitar el rigor como determinación del conoci- miento e integrar el principio de la neutralidad axiológica de la ciencia, es decir, definirla a modo de amalgama cerrada de teorías, manifiestos y postulados con valor de verdad e inmutabilidad. Esta noción estric- tamente formal de la ciencia la despoja de su libertad creativa-inte- grativa y la inscribe en una lógica lineal, cuya manifestación es visible a través de la linealización de la conducta, el control social, la experi- mentación como praxis fundamental y la predictibilidad como princi- pio fundante.
En conclusión, la psicología es una disciplina científica en devenir, que se va haciendo acorde a escenarios antropoéticos-histórico-cultura- les-políticos, lo cual da forma a nuevas condiciones, emergencias y modos del conocimiento. Las demandas epistémicas surgen en pro del beneficio explicativo, que transita hacia la comprensión dialógica de los fenómenos mentales-sociales-comunitarios, e incluye múltiples objetos de estudio o campos relacionales del conocimiento (Andrade y Rivera, 2019) de carácter dinámico y relacional, de allí que requiera un método dialógico-complejo que acoja la incertidumbre e integre los aportes inter y pluridisciplinarios, con miras a movilizarse en, a través y más allá del fenómeno psíquico, mismo que puede ser comprendido reticularmente a través de la transdisciplina. Se trata de una disciplina que, a modo de interciencia, construye transdisciplinariedad a través del diálogo de saberes y la integración transdisciplinar.
La psicología como disciplina transdisciplinar requiere redireccionar algunos de sus focos de interés hacia el conocimiento que emerge du- rante los eventos coyunturales, mismos que en América Latina suelen reprimirse y se cambian por aprendizajes y saberes emergentes des- pués de dichos eventos. Una psicología que sirve a lógicas políticas en pro de la dominación ideológica y social incuba en su seno objetos de conocimiento que responden a la lógica de los dominadores, y suelen reproducir la capacidad maniqueista del opresor, del vencedor. En este tenor, se hace necesaria la construcción conjunta de una psicología hablada por las víctimas, narrada por los oprimidos, en la que los co- nocimientos y experiencias sociales durante los eventos de resistencia personal y colectiva dejen abiertos los saberes para ser complemen- tados dialógicamente, o sea, legitimados en, a través y más allá de los discursos. Dichos saberes se mostrarán abiertos a las múltiples dimen- siones y emergencias de toda acción de lucha.
Cabe señalar que cuando la psicología sirve al poder hegemónico como un saber tecnocrático, se linealiza bajo su estrategia ideológica y su praxis represiva. Por ello es necesario decolonizar la psicología, evitando la instrumentalización de los conocimientos que favorecen la represión, la violencia, el silenciamiento o la tortura, y que buscan la anulación de la memoria y la participación colectiva. Es así que una psicología con problemas para legitimar la defensa de los territorios y la resistencia colectiva es incapaz de reconocer sus propios vacíos históricos, porque desconoce el valor de los saberes populares y de
las tradiciones, y tiende a permanecer alejada de un trasfondo cultural común, en cuyo caso se torna lineal-operativa, y se enquista de forma monolítica en el sistema, espacio donde los psicólogos y las comuni- dades pierden su libertad, al volverse un engranaje de la maquinaria estatal o institucional opresora.
Lo anterior genera una especie de semanticidio,el cual da cuenta del acontecimiento teleológico-intencional programado deliberadamen- te para silenciar todas las emergencias novedosas de sentido, a fin de hacer hegemónico el pensamiento del vencedor-opresor. A través de la violencia lineal, el semanticidio se hace legítimo en el silencio como opción de supervivencia, y también en la aceptación indirecta de la violentización de la vida cotidiana. De esta manera, se interioriza la dominación, a partir de la violencia legítima que el opresor refrenda como argumento de soberanía y defensa de la democracia. La lucha política es en realidad una lucha epistémica, en la que los saberes de- ben servir a la emancipación social, más que a la reproducción de las diversas formas de opresión política. Así, la epistemología de la psi- cología será un corpus de saberes ricos y dinámicos, mientras que su historia pueda ser contada por las personas y los pueblos oprimidos, es decir, desde la perspectiva de los dominados, alienados, excluidos y estigmatizados, lo cual será grosso modo un reclamo de la validez de un conocimiento distinto.
Acorde a ello, son llamados los campesinos, afrodescendientes, habi- tantes de calle, madres cabeza de hogar, desplazados, reintegrados, excombatientes, exconvictos y todo aquel que fue oprimido, además de las comunidades indígenas y tradicionales, cuyas otras lógicas, epis- temes y pensamientos posabismales les permiten ampliar los saberes y con ello reducir la brecha entre conocimientos hegemónicos, psico- logía y epistemologías del sur. En este tenor, valorar nuevas formas de comprensión de los fenómenos biofísicos-psíquicos-antroposociales invita a las personas al hecho de acoger las distintas articulaciones posibles entre saberes, además de aprender a vivir con las diferen- cias, para lo cual es precisa la traducción intercultural, la cual es necesa- ria para producir conocimiento epistemológico.