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5.3 AVISPA

5.3.5 Applying AVISPA to the Scrum Process Model

El Congreso peruano abrió nuevamente sus sesiones con 56 diputados, la mayoría suplentes, el 10 de febrero de 1825, primer aniversario de la entrega de la dictadura a Bolívar. Era normalmente el mismo Congreso instalado el 20 de setiembre de 1822, y que sesionó en Lima hasta el 15 de junio de 1823 yen el Callao del 19 al 26 de junio del mismo año se reorganizó en Lima el 6 de agosto de 1823, para funcionar hasta el 10 de febrero de 1824. Iniciaba ahora su cuarta etapa.

Carlos Pedemonte fue al Palacio al frente de una comisión a anunciar al Libertador que estaba, una vez más, reunida la representación nacional. "El Congreso espera impaciente a V.E.", dijo Pedemonte a Bolívar. Y agregó que, si bien con anunciárselo parecía que la comisión cumplía su objeto, él creía no faltar a la "religiosidad" del encargo al prevenirle "que el Congreso se estremece al considerar que pueda hoy verter V.E. una expresión sola alusiva a la dimisión de esa autoridad suprema en que, ahora un año libramos nuestra suerte y a que V.E. ha sabido corresponder con una clase de heroísmo desconocido en la historia, haciendo que a su lado aparezcan monstruos de tiranía aun en el acto mismo de salvar a Roma los Cincinatos y Camilos. La comisión se avanza a rogar a V.E. que al dirigir su voz a los representantes y al pueblo reunidos, se digne leer en sus semblantes los ardientes votos, que abriga cada uno, por la continuación de un gobierno que tan costosa como inútilmente hemos buscado por tres años. ¡No permita el cielo que, habiéndose cubierto de gloria el Congreso peruano en el día 10 del pasado febrero con sólo el decreto de la dictadura, pase hoy por la debilidad de aceptar la dimisión de su poder al que sin ejemplo debemos leyes, patria, libertad y existencia!

Bolívar expresó que la dictadura era tan peligrosa como incompatible con su calidad de Presidente de Colombia y con el Estado del Perú, y ofreció su espada al servicio de la causa americana. En el discurso que pronunció ante el Congreso hizo una recapitulación de lo ocurrido desde que se le invistiera con el poder dictatorial, advirtiendo que "mi administración no puede llamarse propiamente sino una campaña, apenas hemos tenido el tiempo necesario para armarnos y combatir". Terminó renunciando a la dictadura. Agregó: "Proscribid para siempre, os ruego, tan tremenda autoridad, ¡esta autoridad que fue el sepulcro de Roma! Fue laudable, sin duda, que el Congreso, para franquear abismos horrorosos y arrastrar furiosas tempestades, clavase sus leyes en las bayonetas del Ejército Libertador; pero ya que la nación ha obtenido la paz doméstica y la libertad política, no debe permitir que manden sino las leyes". Concluyó diciendo que su destino "de soldado auxiliar" lo llamaba a contribuir a la libertad del Alto Perú y a la rendición del Callao. "Después volaré a mi patria, a dar cuenta a los representantes del pueblo de mi misión en el Perú, de vuestra libertad y de la gloria del Ejército Libertador". José

María Galdiano, que presidía el Congreso (y que también lo había presidido entre enero y febrero de 1824) le contestó que el Congreso advertía que aún no se habían extinguido las intrigas de los españoles y que imperiosas circunstancias exigían la continuación de la dictadura.

Al replicar el discurso de Galdiano, Bolívar empezó con las siguientes palabras: "Hoy es el día del Perú, porque hoy no tiene un Dictador". Después de que se obtuvieran la libertad del Alto Perú y la captura del Callao "nada me queda por hacer en ésta República (dijo); mi permanencia en ella es un fenómeno absurdo y monstruoso: es el oprobio del Perú". Sus expresiones, en seguida, fueron igualmente enérgicas. Se llamó a sí mismo extranjero que había venido a auxiliar como guerrero y no a mandar como político. Si aceptara el mando (exclamó) "el Perú vendría a ser una nación parásita, ligada hacia Colombia, cuya presidencia obtengo y en cuyo suelo nací. Yo no puedo señores admitir un poder que repugna mi conciencia; tampoco los legisladores pueden conceder una autoridad que el pueblo les ha confiado sólo para representar su soberanía. Las generaciones futuras del Perú os cargarían de execración; vosotros no tenéis facultad de librar un derecho de que no estáis investidos. No siendo la soberanía del pueblo enajenable, apenas puede ser representada por aquellos que son los órganos de su voluntad; más un forastero, señores, no puede ser órgano de la Representación Nacional. Es un intruso en esta naciente República". Terminó con el ofrecimiento de su espada y su concurso contra los enemigos del Perú y una tácita contradicción con todas sus expresiones anteriores al decir: "Luego, ligando por la mano las Repúblicas de Perú y de Colombia, daremos el ejemplo de la grande confederación que debe fijar los destinos futuros de este Nuevo Universo".

José Larrea y Loredo apoyó con un discurso las palabras de Pedemonte en Palacio y de Galdiano en el Congreso y terminó sus palabras así "Quédese, pues, entre nosotros nuestro amigo, nuestro padre y nuestro compatriota; haga nuestra dicha y la de todo este continente meridional, y este día que debió sernos tan aciago y funesto, sea consignado en nuestros anales como el más grande y glorioso, pues que comienzan en él la opulencia y la grandeza a que nos llaman nuestros destinos".

El Libertador se retiró entre aclamaciones entusiastas. En discurso tras discurso se le ensalzó en el Congreso y se expresó dolor, espanto, asombro y protesta ante la perspectiva de su abandono del poder y de su ausencia. Por unanimidad quedó aprobada la prolongación de la dictadura hasta la reunión de otro Congreso Constituyente en 1826, dentro del período señalado por la Constitución y de ningún modo antes, si bien el Libertador podía diferir esta convocatoria. El Libertador podía, además, suspender los artículos constitucionales, las leyes y decretos que estuviesen en oposición con las exigencias del bien público en las circunstancias que pudieran sobrevenir, como también decretar, en uso de su autoridad, todo lo concerniente a la organización de la República. Podía, asimismo, delegar sus facultades en una o más personas del modo que lo tuviere por conveniente para el régimen de la República, reservándose las que considerase necesario, y nombrar quien lo sustituyese en algún caso inesperado (10 de febrero).

Larrea al frente de una comisión, fue a obtener el consentimiento del Libertador, quien todavía aparentó oponerse. Por fin aceptó. Una relación oficial ha narrado el júbilo que surgió en el Ceongreso. "Ahora sí", decían unos, "que podemos llamarnos libres y felices".

"Ya desde hoy", repetían otros, "dormiremos tranquilos". "Sólo este torrente de placer", concluían todos, "pudiera compensar el terrible sobresalto en que la modestia de Bolívar nos ha puesto". Una Comisión numerosa, encabezada por el propio presidente del Congreso, llevó al Dictador los votos de gratitud, y otra quedó encargada de preparar un decreto en que se consignara para eterna memoria la generosidad.de Bolívar en renunciar por complacemos a las delicadezas de su pundonor y la del Congreso mismo en despojarse por el bien de los pueblos de sus atribuciones soberanas".

Bolívar escribió al Vicepresidente de Colombia (18 de febrero): "El Congreso se ha obstinado en denegarse a recibir el mando supremo que me había conferido un año ha; ha cerrado sus oídos a mis enérgicos reclamos y aun a mis increpaciones que el respeto que se debe a la soberanía debió ahogar en mis labios. Yo quise herir el orgullo nacional para que mi voz fuese oída y el Perú no fuese mandado por un colombiano; pero todo ha sido vanamente. El grito del Perú ha sido más fuerte que el de mi conciencia. Yo no he podido resistir a un pueblo que me cree necesario para su conservación aunque su existencia ya está asegurada por sus victorias y por sus leyes. Un terror pánico a la anarquía domina todavía el animo de los peruanos".

Mas la duda sobre si no le complacía a Bolívar lo ocurrido y no lo había tácitamente autorizado surge al constatar que fueron sus amigos quienes participaron activamente como gestores de las actitudes del Congreso, que no hubo oportunidad para verdadero debate, que la continuación de la dictadura armonizaba con los planes del Libertador, que el periodismo oficial se esmeró también en el servilismo. ¿Hubiera sido posible contradecirle frente a una decisión incontrastable? ¿No habría él puesto obstáculos definitivos al voto del Congreso si en verdad éste no hubiese correspondido a sus miras? Bolívar que, al no convocar a nuevas elecciones parlamentarias después de la victoria de Ayacucho, había cometido, tal vez, un error político, no tenía, en realidad, a su alrededor al estadista peruano a quien podía dejar el poder por haberse precipitado al abismo Riva-Agüero y Torre Tagle; pero, a la luz de los acontecimientos que más tarde ocurrieron, mejor hubiera sido que no aceptase continuar con la dictadura.

EXPRESIONES DE RECONOCIMIENTO DEL CONGRESO AL LIBERTADOR, A COLOMBIA Y AL EJÉRCITO.

En la misma sesión de 10 de febrero se votó una acción de gracias a la República de Colombia, en testimonio del alto reconocimiento del Perú; y se acordó que estos sentimientos fuesen trasmitidos al gobierno de esa República. También llegó a ser votada otra acción de gracias al Senado y a la Cámara de Representantes Colombianos "en señal de reconocimiento a los servicios que ha hecho al Perú, con el permiso que dio al Libertador para que pudiera venir a encargarse de salvarlo y por los auxilios que decretaron con este mismo objeto". Una comisión fue nombrada para recabar del Congreso colombiano el permiso para que el Libertador continuase presidiendo el Perú y para que llevara los dos votos de gratitud ya mencionados. Dicha comisión, compuesta por los diputados Manuel Ferreyros y Jerónimo Agüero, viajó de inmediato; a su llegada a Bogotá se encontraba en receso el Parlamento y fueron necesarios varios meses para que cumpliese su cometido.

La sesión de 12 de febrero fue dedicada a expresiones de gratitud al "Padre y Salvador del Perú" y al Ejército Libertador. Bolívar debía conservar durante su vida los honores de Presidente del Perú. Se acuñarían medallas con su busto. Se erigiría en la plaza de la Constitución un monumento con su estatua ecuestre. En las capitales de los departamentos se fijaría una lápida en la plaza mayor con una inscripción de gratitud al Libertador, y en las casas de la Municipalidad se colocaría su retrato. Se ponía a su disposición como "una pequeña demostración del reconocimiento público" la cantidad de un millón de pesos; y otra igual para que la distribuyera a discreción entre los generales, jefes, oficiales y tropas del Ejército Libertador, reputándose como perteneciente a éste para dichos efectos y en la clase que el Libertador juzgara conveniente al Ministro General (Sánchez Carrión) por su parte tan activa y laboriosa en la campaña. Un empréstito especial se levantaría con tal objeto; los interesados que lo desearan podían cubrir la asignación que les correspondiera con alguna de las fincas nacionales. Sucre recibió la designación de Gran Mariscal de Ayacucho. A todos los individuos que sirvieron en la campaña desde el 6 de febrero de 1824 se les declaró peruanos de nacimiento con opción a todos los empleos de la República, siempre que reunieran los demás requisitos constitucionales. El Libertador quedó autorizado para instituir y señalar cualquier otra clase de premios honoríficos y pecuniarios como compensación de servicios ya prestados o estímulo para los que pudiera necesitar la Nación. Con fecha 9 de marzo acordó el Congreso dar al departamento de Trujillo el nombre de La Libertad y a su capital, el de Bolívar. El Libertador renunció por dos veces al millón que le fue asignado y sólo lo aceptó para su familia de Caracas cuando el Congreso insistió por tercera vez en otorgárselo para que fuera distribuido en beneficio de su ciudad natal. A Sucre se le dio después una recompensa de doscientos mil pesos que se le adjudicaron en la hacienda de la Huaca del valle de Chancay, que valía mucho más.

Algunos diputados, sin decirlo, para moderar el poder dictatorial, propusieron que se reuniera el Senado conservador que la Constitución había creado; y perdieron por un voto. Surgió la idea de proponer el establecimiento del poder constitucional al pacificarse el Alto Perú; pero luego no se consideró prudente hacer tal pedido.

Con fecha 10 de marzo acordó el Congreso que el Libertador estaba autorizado a socorrer a Colombia con tropas, buques y otros elementos de guerra, para lo cual podía imponer contribuciones, levantar empréstitos, desterrar a personas peligrosas y modificar las leyes que fuera menester en el caso de realizarse la agresión que se anunciaba desde Francia. Como la autorización antedicha fuese publicada en la Gaceta de Gobierno omitiendo esa esencial condición, reclamó el diputado Francisco Javier Mariátegui, lo que le valió amenazas.

OTROS ACTOS LEGISLATIVOS EN 1825. LA LEY PARA EL PAGO DE LOS ACREEDORES DEL ESTADO CON MINAS. CLAUSURA DEL

CONGRESO CONSTITUYENTE.

Pocos fueron los demás actos del Congreso de 1825. Tomó sobre el Alto Perú la decisión que se ha glosado al tratar de la fundación de la República de Bolivia. Fijó el escudo de armas y la bandera del Perú en la forma que ha de ser mencionada en párrafos especiales. Aprobó el tipo de moneda nacional de oro. Dio la ley reglamentaria de

elecciones de diputados al Congreso y senadores y diputados departamentales (3 de marzo de 1825), así como la ley reglamentaria de elecciones para las municipalidades. Declaró que había lugar a formación de causa contra Riva-Agüero, Tagle, Diego de Aliaga y Berindoaga y les sometió a juicio. Ya se ha referido lo que ocurrió luego con esos procesos.

Estableció el tratamiento y uniforme de la Corte Suprema. Señaló el orden de la marcha y ceremonial para la asistencia del gobierno y autoridades a las fiestas de la Iglesia. Determinó las fechas cuyo aniversario debía celebrarse como fiestas patrias. Declaró que cesaba la publicación de la bula de Cruzada. Dio por extinguida a la Orden del Sol. Tomó diversas medidas de orden hacendario. Señaló normas sobre los bienes secuestrados. En cuanto a haberes, redujo a la mitad los de los jefes y oficiales de marina. Dispuso, al mismo tiempo, que se pagasen las dietas de los diputados con bienes nacionales si así lo solicitaran los interesados. Acerca de la ley de pago de los acreedores del Estado con minas tratará el capítulo VII, relativo a las bases económicas de la República del Perú. Connotados adeptos del Libertador, como Carlos Pedemonte e Ignacio Ortiz de Zevallos, pidieron la clausura del Congreso. ¿Cómo podía continuar sesionando si había delegado sus facultades sin reservarse ninguna? Los ministros hicieron diversas consultas al Congreso.

Una comisión de éste opinó porque el presidente de dicha asamblea, que era José Gregorio Paredes expusiera en una nota oficial al Libertador que, habiéndole transferido todos los poderes, debía considerarse autorizado para resolver por sí solo todos los puntos sobre que versaban las consultas antedichas. Conforme a este dictamen se acordó que "el Congreso Constituyente ha concluido sus funciones". Tal decisión fue adoptada con fecha 10 de marzo de 1825 y llevó tres considerandos. En el primero se decía que la continuación de sus tareas era innecesaria después de sancionada la Constitución Política de la República y otros puntos anexos a ella. En el segundo se aducía la irregularidad de dicha continuación y su carácter implicatorio con las plenísimas facultades otorgadas al Libertador el 10 de febrero y concedidas también en la resolución de auxiliar a Colombia.

La tercera dejaba constancia de que habían sido absueltas las consultas que fueron dirigidas por el Libertador, a pesar de estar él ampliamente autorizado para todo.

LAS SUCESIVAS ETAPAS DEL CONGRESO CONSTITUYENTE.

Así concluyó el Congreso Constituyente de 1822-25. Su agitada vida tuvo contradictorias etapas que se explican en parte, sobre todo las últimas, por las variaciones en su personal. Comenzó por invadir las funciones del Ejecutivo con una comisión de su seno a la que llamó Junta Gubernativa. Eligió, bajo presión del ejército y del pueblo, a Riva-Agüero Presidente del Perú, para luego hostilizarlo, colocar frente a él un poder militar personificado en Sucre y deponerlo. Nombró, como contrapeso de Riva-Agüero, a Torre Tagle a la vez que llamaba a los colombianos y a Bolívar, a quien entregó la máxima autoridad en vista de la grave situación en que se debatía el país. Aprobó una Constitución teórica, no adecuada a la realidad, y leyes de elecciones similares, en contraste con las menudas luchas faccionales en las que el mismo Congreso estuvo envuelto con Riva-Agüero y Torre Tagle. Se aferró a la necesaria

dictadura de Bolívar en momentos en que la causa de la independencia parecía perdida. Insistió en la misma dictadura y en premios y mercedes con rendido servilismo después de la victoria. Quedó inerme y formuló una declaración ambigua, frente al plan en marcha de separar el Alto Perú. Dio al Perú su bandera y su escudo. Decretó su propia muerte después de haber abdicado en la función de legislar.