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Programming Framework for SOFA/DCUP Connectors

6.2 SOFA deployment framework

6.2.1 Architecture overview

I. Descripción

Aproximadamente en octubre de 1960, en Atacocha (Prov. de Pasco), en la Escuela Fiscalizada de Varones N.º 2863, mis alumnos, del sexto año manifestaban interés por hacer unos payasitos sobre ruedas que, al circular, daban la idea de caminar. Otros pretendían hacer animalitos, que por igual, daban la apariencia de volar (las aves) y correr, los perros, los gatos y los conejos. Nació la curiosidad cuando un niño trajo una revista en la que comentaba cómo se podían hacer juguetes de este tipo.

Los niños se entusiasmaron. Me plantearon la posibilidad de hacer juguetes en trabajo manual, actividad equivalente a la de formación laboral, hoy. La propuesta fue acogida con prontitud, persuadido de que mitad del trabajo tiene hecho quien comienza con entusiasmo. Los niños se contagiaron. Se organizaron y distribuyeron responsabilidades. Unos ofrecieron traer herramientas (serrucho, martillo, formón, destornillador, escofina, lija, alicate, brocha); otros, proporcionar materiales (tablitas de cajones, retazos de tripley, clavos, pinturas, alambres, botones). Cada cual laboraba a su ritmo, interés y disponibilidad, en varias sesiones en el aula y en sus hogares. Algunos solos, otros ayudados por sus padres y hermanos.

El espíritu creativo incipiente se alimenta del aliento y se marchita con la crítica.

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Tenían urgencia por terminarlos para disfrutar del esfuerzo realizado. Estaba latente la ilusión de usar los juguetes novedosos. A diferencia de ellos, unos niños huérfanos y pobres, viendo a éstos jugar de modo tan alegre, expresaban su tristeza de no contar ni con unos juguetes maltrechos. Algunos de los primeros prestaban los suyos, recién elaborados, a sus amiguitos. Otros preferían jugar solos o hacer alarde de lo que tenían. Ante este panorama social, de privilegios y marginaciones, en mayor o menor grado, hubo la necesidad de sensibilizar a los primeros para que comprendan y compartan con los segundos, en ambiente de verdadero amor humano. Tantas veces acudimos a misa pero vemos a Dios en los cielos y no en cada hombre. Felizmente, luego de tantas reflexiones surgió la iniciativa de practicar la solidaridad, la cooperación y la hermandad con los demás.

Considerando la cercanía de Navidad, los alumnos decidieron confeccionar más juguetes para sí, para sus hermanitos y/o para obsequiarlos a otros niños. Caló profunda nuestra meditación en el sentido de que la Navidad no debiera ser fiesta de exhibicionismo sino una fiesta de amor. Solicitaron entre sus colegas y vecinos el obsequio de juguetes malogrados para repararlos y dárselos a los más necesitados. Los pequeños, previo permiso de sus padres, una vez más aportaron materiales y facilitaron herramientas. Recolectaron carritos, barquitos, aviones, muñecos, damas, pelotas y baleros para restablecerlos. Según sus habilidades, individual y/o grupalmente hacían el trazado, corte, pulido, armado y pintado de los mismos. La dirección del profesor estaba presente para hacer que se practicara la seguridad, la higiene y el orden en lo técnico; en lo social, la

cooperación, las relaciones humanas deseables, la honradez, la honestidad, entre otras virtudes.

No teníamos talleres. Los niños por propia iniciativa se acondicionaban a trabajar sobre la carpeta, la banca, silla o sobre el suelo. Con mucha facilidad solucionaban las dificultades, especialmente aquellos cuyos padres eran carpinteros. Habían captado cómo trabajaban en casa. Poco a poco, con mayor confianza, se prestaban las herramientas, facilitaban los materiales o se ayudaban en los avances de los trabajos. Al término de las sesiones para volver a sus hogares, con muestras de responsabilidad, los niños recogían sus pertenencias. Todos, de algún modo, hacían o reparaban los juguetes que habían propuesto. Los exhibimos en la clausura tal como estaban, algunos ya usados por ellos. Luego de este evento, los niños hicieron entrega de los juguetes a sus destinatarios. No todos los beneficiarios eran estudiantes, había menores que aún no tenían edad escolar o no acudían a la escuela.

A pesar de las dificultades, en alguna medida, los niños lograron los objetivos siguientes:

- Optimizar el empleo de materiales de desecho (tablitas, botones, chapa, clavos, piezas recuperables de juguetes). - Uso adecuado de herramientas y práctica de trabajo en

equipo.

- Desarrollo del espíritu de creatividad, responsabilidad, cooperación, laboriosidad, honestidad…

- Disminuir egocentrismo e individualismo del niño y de la familia.

- Aplicar los conocimientos poseídos, en la realización de los diferentes trabajos, y las relaciones humanas.

II. Fundamentación pedagógica

1. Respeto a los intereses de los niños. Cuando los niños plantearon hacer juguetes accedí gustoso a la petición. Variar el contenido o cronograma de actividades no tenía implicación negativa en el contexto general del plan educativo. Debía aprovechar el interés de ellos. Apliqué un axioma pedagógico: “Solo hay trabajo verdaderamente educativo cuando los niños están ocupados por resolver sus

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propios problemas”. Di paso a la alegría del trabajo. Era notorio la inquietud infantil por manipular herramientas, usar materiales, elaborar juguetes. Hacer trabajo manual no fue intranscendente, ni debe serlo. Encauzándolo bien, considero que sirve para que los niños se eduquen en toda su dimensión humana.

2. Manantial de consecuencias didácticas. Los intereses de los niños, en nuestro medio, se remontan del mundo de lo concreto hacia lo abstracto. Ponen en ejercicio sus facultades para llegar al razonamiento. Les interesan todo lo que significa acción, invención, mecánica y juego para llegar al trabajo. Éstos eran, son y serán un verdadero manantial de consecuencias didácticas porque es el medio más adecuado y eficaz para su desarrollo físico, síquico, social y espiritual. Se aprovechó del juego para incitarles a trabajar y del trabajo para motivarlos a jugar, pero en ambos afirmando sus sentimientos nobles. Durante el desarrollo del trabajo, advertían derroche de curiosidad, esfuerzo, ingenio y decisión. Estaban empeñados en hacer “su trabajo”. La tradicional disciplina impuesta no era necesaria, el interés profundo por el trabajo era el principio y sostén de la disciplina. Era el inicio significativo de su capacitación para el trabajo. Recíprocamente, entre ellos se corregían el mal uso de los materiales, herramientas o procedimientos.

Psicopedagógicamente, el niño aprende más y mejor cuando la actividad responde a sus intereses y necesidades. En esa razón, no sólo hacían lo que querían sino también querían lo que hacían... Como maestro, cuidaba que lo que debe aprender el niño no sea impuesto, ya que la imposición podía significar en el educando tormento, fatiga, rechazo, inhibición, rebeldía. El secreto era aprovechar sus momentos favorables, cuando estaban motivados y dispuestos a trabajar. Entonces una palabra de estímulo, un gesto, una actitud, era lo necesario para que desplegaran un esfuerzo mayor. El trabajo no aburre al niño porque le gusta estar ocupado. Se esfuerza por realizarlo aún en mayores tiempos que los programados. La variedad le proporciona placer, por eso hace una y otra actividad.

3. Dimensión social del trabajo. En todo trabajo con el niño es menester estar atento a su desenvolvimiento técnico y a la dimensión social de su actuar. El profesor debe estar presto a

guiar, motivar, sugerir, directa o indirectamente. En esta experiencia, los niños, ante el significado real de Navidad, reaccionaron no con palabras fáciles sino con actitudes convenientes, contribuyendo con juguetes para sus colegas menos favorecidos. El reforzamiento de sus capacidades vitales, emocionales y espirituales les permitieron vivencias más humanas. Llegaron a la comprensión de los valores. El propósito de buscar juguetes deteriorados para repararlos o elaborar otros para sus amigos, los ayudaron a plasmar el sentimiento de su propio valer y el de los demás. Aprendieron a respetar y a estimarse, los juguetes les sirvieron de recursos para este fin. Compartieron, en vez de verbalizar, solidaridad.

III. Conclusión pedagógica

Dejar que los niños vivan con egoísmo, vanidades, individualismo, indiferencias es dañino. Urge aprovechar las actividades educativas, recreativas, sociales para educar y reeducar sus sentimientos y comportamientos. Cuando los niños, a partir de su creatividad, hacen las cosas con gusto, el trabajo escolar los cansa menos, el tiempo les rinde más y les quedan energías para jugar.

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