3.1 Managing the Smart Card System Security
3.1.3 Attacks on the Smart Card
Las opiniones de quienes lean este libro dependen del grupo de seres humanos en que todos nos dividimos, que son dos: quienes miramos con ojos optimistas y quienes vemos todo a través de una cortina negra. ¿Cuál enfoque predomina en ti? Cada uno sabrá cuál es el suyo.
Antes de sellar el compromiso o cuando se ha cerrado, hay quien experimenta dudas. Recuerdo algunos casos.
—Dice que me quiere mucho, que sueña con casarse conmigo, pero, a la hora de poner fecha de boda, se escurre. ¿De veras quiere comprometerse?
—Me sale con que es muy importante que su familia me acepte. Yo lo entiendo. Pero, ¿por qué pone esta dificultad, si es ella quien se casa conmigo, no su familia?
—Llevamos poco tiempo de comprometidos y pide todo con urgencia. ¿A qué tanta prisa?
Algunas personas avanzan en el noviazgo con la vista fija, sin titubeos. Otros sienten la punzada de las vacilaciones.
—¿Es normal dudar? —preguntó una universitaria.
—La seguridad varía en las personas. Cada quien posee un grado, que merece respeto y adaptación.
—Es que, en ocasiones, me sale con cada cosa: me hizo un comentario sobre la herencia de mis papás…
—¿Qué te produjo ese comentario?
—No sé… Quizás debo pensar mejor si me comprometo con él.
También dudan del compromiso los que detectan un fallo en la pareja: frecuenta mucho a otra persona, tiene lagunas en su horario que justifica como tareas imprevistas, no tiene los mismos detalles que antes… ¿Está rompiendo el lazo que les une?
Una relación sana pasa crisis, frecuentes o espaciadas, fuertes o pasajeras, ingredientes normales en toda convivencia. El sentimiento de amor es siempre subjetivo y se exterioriza en gestos, en palabras y en acciones hacia el otro: un beso explosivo o discreto, unas explicaciones largas o reducidas, acompañarle a una reunión que no es agradable o una excusa para zafarse. ¿Qué amor hay tras estas expresiones?
Cada quien se expresa según su concepto de amor y según los signos de amor que está acostumbrado a usar. ¿Se mide el esfuerzo que hace la otra parte para encontrarse y pasar tiempo juntos, sus gastos del dinero ahorrado? No siempre se capta qué aporta la pareja. ¿Ama de verdad o engaña con sus gestos? La duda germina.
—Si me trata así, ¿de veras me ama? Si no me da lo que espero, ¿me ama como dice? ¿Experimenta conmigo o me quiere de veras?
El compromiso se tambalea por imprevistos que salen de rincones insospechados. Un joven estudiante de medicina, con el noviazgo firme, descubrió un síntoma que le alarmó.
—Sus marcas de acné y mis genes aumentan la probabilidad de hijos con deficiencias. ¿Es imprudente reafirmar nuestro compromiso?
Una recién graduada en la carrera magisterial se topó con otro contratiempo.
—Me han dado un puesto de trabajo lejano y mi novio ve demasiada molestia con el cambio de ciudad, aunque su empresa acepta la transferencia porque hay una vacante. ¿Me ama él más que a su comodidad?
En la relación, el amor puede darse en una sola parte. —Parece que él es la persona adecuada, pero me maltrata.
Algunos rasgos de la persona parecen adecuados, pero no aseguran una relación correcta.
—Nos sentimos a gusto como pareja, siempre que no se atraviesa su debilidad por las apuestas.
Cuando se da el compromiso, se espera el cambio. Pero no se da y entonces se aguanta, con la ligera esperanza de una mejora. ¿Se mantiene el compromiso a pesar del nubarrón oscuro en el horizonte?
También sucede al revés: no parece la persona adecuada, pero la relación funciona. Existen también las personas que huyen de la relación correcta, por miedo que sea una persona equivocada. ¿Extraño? Aparentemente sí. Pero esta huida se da por miedo, por inseguridad.
—No sé si es sensato poner límite a mi novia. ¿Se debe perdonar todo en el noviazgo? El perdón es la renuncia a un castigo que se tiene derecho a aplicar. En el noviazgo, ante una falta grave, el perdón equivale a mantener la relación. Cada uno tiene la facultad para castigar una ofensa o para perdonarla. Algunos toleramos mucho y otros muy poco. No obstante, todos debemos admitir que el amor no se encapsula en un hecho aislado, como el exceso ocasional de alcohol en una fiesta.
El amor se comprueba con la suma de muchas situaciones, de muchos detalles, de la entrega en ocasiones impensadas, que demuestran cómo la pareja me ha colocado en la cima de sus prioridades. Aun así, la indecisión es normal, porque todos tenemos un ángulo misterioso, velado a los demás.
La duda se dispara cuando se da una traición.
—¿Puede perdonarse una traición y mantener el compromiso?
Todos, y más quien ha sido traicionado, necesitamos equilibrar la realidad de toda pareja, que como persona humana es limitada, y esa pareja ideal con quien soñamos, y que no existe. Las dudas surgen por las limitaciones de la persona con quien acordamos el compromiso. ¿Conviene romperlo cuando sus defectos son más patentes? Lo primero es siempre medir sus limitaciones y saber que, cualquier persona con quien forme pareja, tendrá defectos.
Ante una dificultad, quien se siente seguro sufre la intranquilidad. Me platicó un joven: —¿Por qué ahora se replantea nuestra relación? Me han dicho que, cuando una mujer dice no, significa quizás; cuando dice quizás, es que sí; y, cuando dice que sí, es una corriente. ¿Es verdad?
novia te pide que pongas más de tu parte. —Pero le he demostrado mi amor. —No lo niego. Pero ella pide más.
Con el compromiso asumido, el tapete se mueve por mecanismos impensados, como el nivel económico diferente entre ambos, por el influjo de los familiares o por algún hecho que es interpretado en modo diferente por los dos. Sin embargo, un noviazgo consiste fundamentalmente en el aprendizaje para mantener el compromiso tomado. ¿Se capta que este acuerdo debe mantenerse? Quien no conserva los pactos en la etapa inicial, hará lo mismo continuadamente, porque la personalidad se mantiene constante.
—¿Qué haces, pues, cuando chocas contra un defecto notorio en tu pareja? ¿Hay salida? —me preguntaron.
—A veces, sí. A veces, no. Lo imprescindible es quitar el miedo. Cuando se limpia el parabrisas del vaho que impone el temor, es más fácil ver la solución. Borrar el miedo a hablar claro, el miedo a romper una relación de bastante tiempo, el miedo a un tiempo de soledad, el miedo a reconocer una equivocación. Ayuda también, determinar cuáles son mis valores prioritarios, cuando los hechos me demuestran que esa persona no es para mí.
—La diferencia de nivel económico o social, ¿es igual a cualquier otra diferencia, sea de estudios, de costumbres, de raza o de experiencia?
—Sí. Cuando hay amor verdadero en las dos partes, cuando coinciden mucho en el concepto de amor y comparten los valores principales, las demás barreras son fáciles de saltar, gracias a esas bases comunes que tienen.
—Pero, ¿se puede avanzar con la oposición o con pequeñas zancadillas de los familiares propios o de la pareja?
—Los libaneses dicen que te casas con tu pareja y con su familia. Hay mucho de válido en este adagio. Pero también es verdad que la familia política o propia quedan fuera del lecho conyugal, sobre todo cuando los dos se ponen de acuerdo en establecer las fronteras y los espacios aceptables donde entrarán los demás familiares. Eso sí: deben fijarlos bien y exigir que nadie los rebase.
—Tu novio te pide el compromiso y… ¿Cómo le haces si tienes dudas? —¿Son dudas grandes o sobre detalles?
—¡Grandes, grandes! Si se tratara de cosas pequeñas, pues no tienes dudas.
—Pero si hay dudas grandes, no entiendo por qué no terminar el compromiso de una vez.
—Pues hay duda porque hay cosas que funcionan, como el cariño o los gustos, pero otras no, como que te insulta algunas veces o que se siente decaído y se desaparece.
Expliqué a la joven que lo primero es mirar a los cimientos. La felicidad en pareja inicia por la coincidencia en los valores superiores.
—Póngame un ejemplo de valores superiores —reclamó. —Uno lo has dicho, que es el respeto.
—¿Yo lo he dicho?
la sorpresa—. Lo mismo sucede si hay mucha discrepancia en la fe o la fidelidad. Cuando no se acercan estas posiciones, la relación se romperá, tarde o temprano, y con dolor. Por el contrario, si coinciden en la meta suprema de la vida, en conceder espacio a las diferencias del otro y se mantiene fiel el compromiso, se gozará de una relación feliz.
—Pero… Si hay entrega en la pareja, es disponible para ayudar y tiene la misma idea de amor…
—Los humanos comprobamos e intuimos. ¿Sabes la diferencia? —afirmó con la cabeza—. El sexto sentido está más presente en la mujer, que capta si hay verdad o falsedad en el otro. La intuición debe ir de la mano con el realismo, para llamar ofensa a un insulto y abuso a un golpe.
—Pero nadie es perfecto.
—De acuerdo. Sin embargo, ¿puedes sobrellevar la limitación de tu pareja sin deteriorarte? Solo tú lo puedes medir. Recuerda que no debes pensar en cambiarlo o creer que cambiará con el tiempo. Él es así y así lo aceptas o lo rechazas. Con esa crudeza.
Quedó muy pensativa. Luego añadió con una sonrisa: —¿Puedo echar mano de las matemáticas?
—¿Cómo?
—Sí. Usar una fórmula para aceptar o no el compromiso.
También yo sonreí. Desvié la mirada para pensar y se me ocurrió lo siguiente.
—Sí. Vas a escribir dos listas: una con las ventajas de comprometerte y la otra con los inconvenientes. Califica cada ventaja y cada inconveniente con un dos si es muy importante, con un uno si es algo importante y con un cero si parece poco importante. Sumas y tienes la solución: verás si predominan los puntos positivos o los negativos.
—Parece buena la fórmula…
Le expliqué que debía ver otro detalle sobre las matemáticas.
—Debes iluminar con un color de alarma si algún inconveniente merece calificación de peligro. Si lo ves, trabajo cerrado. Porque un peligro grave niega totalmente el compromiso. Por el contrario, si no hay alarma especial, el número mayor de las ventajas da el visto bueno al compromiso.
Una relación sana pasa crisis, frecuentes o espaciadas, fuertes o pasajeras. Las crisis son ingredientes normales en toda convivencia. Dificultades por la diferencia de nivel económico o social, distinto nivel académico, diversas costumbres,
diferente raza… ¿Cómo superarlas?
Cuando hay amor verdadero en las dos partes, cuando coinciden mucho en el concepto de amor y comparten los valores principales, las demás barreras se pueden