4.2 Analysing the Smart Card System using UML
4.2.3 The Smart Card System Objects and Operations
La unión crece o acaba rompiendo el noviazgo. Hablar de comprensión pareciera que es un componente básico que debería cuidarse desde el inicio. Lo acepto. Pero se hace más vital con el paso del tiempo, porque la ceguera del enamoramiento y el entusiasmo de la atracción bastan para mantener unida la pareja. Poco a poco, disminuye la tensión sexual, se distancian los ratos románticos y aumentan las horas de plática. El nivel de conversación grita y reclama más atención.
—Pero la comprensión se da —me dijo un sobrino. —¿Seguro?
—Bueno, si hay sinceridad, se va conociendo todo.
—Y, ¿qué dirías a un joven que me preguntó si era buena la sinceridad absoluta durante el noviazgo?
—¿Alguien te preguntó eso?
—Sí. Le parecía que se debía cuidar lo que se dice para no caer en alguna trampa. —¿Qué le dijiste?
—Fui rotundo. La comunicación clara es siempre vital. Se dice que en todo problema de gerencia empresarial siempre existe un fallo en la comunicación, es decir, que la buena trasmisión de mensajes evita complicaciones y los malos comunicados acaban en dificultades. En el noviazgo, todas las parejas necesitan buena comunicación.
—Pero también se dice que quizás no es bueno declarar siempre tus sentimientos. —Para mí, es otro mito. Porque ocultar los sentimientos amordaza la comunicación con la pareja. Y los sentimientos son el ingrediente más común en la relación. Imagina que no se dicen las siguientes frases: “Me siento triste”, “Hoy me han salido las cosas bien y estoy radiante”, “Me ha herido lo que me dijiste”, “He sentido gusto al escucharte”. Una pareja no puede ir adelante callándolas.
Mi sobrino asintió.
El noviazgo requiere desarrollo en el amor. Las dos partes evolucionan y necesitan cambiar la relación, aunque mantengan una base a la que se añadan novedades. ¿Cómo transmitir estos cambios a la pareja y crecer juntos? Con la comunicación. Así que eso de bajarle a la sinceridad o guardarse los sentimientos zancadillea a la pareja.
Hablar de todo. Los dos recorren un mismo camino, así que el conocimiento de lo que el otro siente, piensa u opina, sea sobre política, sexualidad, diversiones o trabajo, facilita la mutua comprensión, quita dudas y barre confusiones. La comunicación es tan vital que el buen diálogo une a la pareja y el malo desemboca en manipulación.
La buena comunicación tiene dos características: la escucha atenta y la expresión adecuada de mensajes. Observar los dos elementos: por un lado, la escucha atenta, que es prestar atención abierta a quien habla, que no es sólo oír, atiende más allá de los sonidos y percibe el mensaje que transmite la otra persona. Y, por otro lado, utiliza la expresión adecuada, sin rodeos ni palabras rebuscadas o frases inacabadas, porque la
claridad es imprescindible.
La asertividad, hablar en positivo, sin usar el no o los verbos pesimistas, facilita la comprensión. Muchas personas no se dan cuenta de cómo hablan y utilizan palabras duras, frases oscuras o gestos desconcertantes. ¿Nos ha parecido extraña nuestra voz al escucharla grabada? Mejorar nuestra forma de hablar mejora el entendimiento con la pareja. Quienes se abren al diálogo sincero, crean mucha confianza y eliminan barreras en el trato.
Hay quien aconseja callar lo que piensas, para no lastimar a la otra parte diciendo la verdad, sino pasar por alto los puntos escabrosos y llevarla tranquila. Sin embargo, a veces, es necesario tocar la herida para que la verdad se aclare y no
tener una relación basada en mentiras. Desde luego que la verdad no debe decirse en forma brusca o agresiva. Sugiero los siguientes elementos para mejorar la comunicación.
Hacer ejercicios de escucha, como pedir a la pareja que opine sobre mi personalidad, dejándola hablar, sin interrupciones y dando crédito a lo que comenta.
Darle siempre la oportunidad de expresarse. La frase “Tú calla y déjame en paz” es muy destructiva.
Prestar más atención al mensaje que me expresa y menos a las palabras o a las circunstancias que relata: lo importante siempre es el núcleo.
Atender a los sentimientos que van cosidos a las palabras de mi pareja: su tristeza, su ilusión, su temor, su duda, su enojo… Porque las palabras son el vehícu-
lo de lo que piensa, así como de lo que siente.
Dialogar con la convicción de que no se tiene toda la verdad, de que tu pareja puede ver las cosas desde un punto de vista que no habías considerado.
Eliminar los prejuicios que vengan de tu mal humor, del menosprecio hacia algún detalle, de malas experiencias anteriores o de tu forma de ser. El pasado déjalo correr.
Cuidar las propias palabras para no herir nunca su espíritu, ni siquiera cuando el enojo te domine.
Expresar en qué estás de acuerdo y en qué difieres. Así se facilita el diálogo. Mirar al rostro de tu pareja para expresar físicamente tu interés por lo que platica. La comunicación tiene por objeto mejorar la comprensión con la pareja. No se trata sólo de hablar y hablar, de pasar bien el tiempo y chismear a gusto.
La comprensión es entender lo que sucede al otro, sus estados de ánimo, sus ideas, sus frustraciones, su necesidad de apoyo o de afecto, sus deseos de salir a flote tras una caída o ante un obstáculo. La comprensión se logra poniéndose en sus zapatos y preguntándose: “¿Cómo quisiera que me tratara si estuviera en su situación?”
Muchas discusiones nacen por falta de comprensión. Exigimos, protestamos, nos llevamos las manos a la cabeza y reclamamos. No reconocemos que también yo puedo caer en el mismo fallo o frenarme ante la misma barrera. Cuando avanzamos en la aceptación de la propia debilidad y de los propios errores, somos más comprensivos. ¿Debe borrarse entonces cuanto se dijo antes sobre la ruptura con quien no da signos de
cambio y se queda en promesas? No. No se borra. Comprender es también reconocer que la otra parte no pone de su parte lo que le corresponde.
Sugiero también otro elemento imprescindible para avanzar como pareja: aprender habilidades, es decir, apropiarse mecanismos y estrategias para adquirir un valor, en este caso, mayor comprensión. He aquí algunas sugerencias:
Dedicar tiempo y atención al otro para facilitar el mutuo entendimiento. Reconocer que nadie puede decir “de este agua no beberé”.
No considerarse menos de lo que se es: esto produciría complejo de inferioridad, que lleva a despreciar a quien parece superior y me rebasa siempre.
No verse más de lo que se es, pues provoca complejo de superioridad y encamina fácilmente al desprecio del otro, por considerarle inferior.
Aceptar los propios límites y defectos, pues favorece la comprensión de la debilidad del otro.
Reconocer las cualidades de la pareja para no rebajarla en la propia mente.
Se gana comprensión poniendo especial interés en conocer las causas y los atenuantes de la situación que vive la pareja, sobre todo en una equivocación.
Descubrir las posibles complicaciones que explican un error, como es su punto de vista, una circunstancia que se atravesó…
Perdonar las molestias que provoque un error de la pareja, porque así se favorece el mutuo reencuentro.
Cuando se debe hablar de un punto delicado, buscar el momento oportuno y utilizar palabras suaves, claras, sin enojo.
Nunca te duermas sin perdonar, aunque sólo sea en tu corazón.
La comprensión se logra poniéndose en los zapatos del otro y preguntándose: ¿cómo quisiera que me tratara si estuviera en su situación?
Comprensión significa entender lo que sucede al otro,
sus estados de ánimo, sus ideas, sus frustraciones, su necesidad de apoyo o de afecto,