3.1 Managing the Smart Card System Security
3.1.6 Risk Determination
La unión
Fue estricto:
—O vas a Alcohólicos Anónimos o rompemos —ella prometió muchas veces que dejaría el alcohol, pero no daba el paso—. Tú te comprometiste conmigo. Dijiste que formaríamos una pareja bonita porque dejarías de beber.
—Es que…
—Ningún es que. El alcohol nos separa. Y sabes que doble A es el mejor medio para salir, porque ya investigué y funciona. ¿Me quieres? Pues ve a la primera reunión. Y a las siguientes.
La esencia del noviazgo es la conquista de la otra persona. Esta conquista se cierra cuando viven juntos, porque ya no se busca la aceptación del otro: está ganada. Muchos dicen hoy que son novios, viven en la misma casa, aportan dinero para los gastos comunes y aceptan la llegada de un hijo si aparece. Desconocen que la palabra novio viene de “nuevo”, de “novedad”, con sentido de algo pasajero. Quienes llaman noviazgo a vivir juntos, quieren que su acuerdo sea un compromiso caprichoso, que aparenta ser completo, pero queda pendiente de confirmarse.
—No es un capricho —dijo la joven—. Nuestro compromiso es total, mejor que muchas parejas que se casaron con toda la ceremonia y son infieles y cambiantes.
—Entonces, ¿por qué no son ustedes un matrimonio? —Lo somos. El papelito no añade nada.
No me queda claro porqué se rehúye del compromiso escrito si lo hay de verdad. Me parece que, en el subconsciente, hay una entrega a medias, que se ataría demasiado con el compromiso total. Aseguran tener una donación completa, que los dos se encuentran bien así, pero desechan cerrar la pinza. ¿Qué les impide subir el último escalón?
—Es que no tenemos dinero para la fiesta.
Un matrimonio es una fiesta, pero no depende del dinero. He asistido a bodas de personas con pocos recursos, donde dieron sólo tortillas y frijoles, sin fachada de gastos superiores a su capacidad, pero con mucha alegría y simpatía.
—Es que ya estamos comprometidos. No necesitamos una ceremonia ante todos. La toma del compromiso no concluye el gran viaje que recorre la pareja. El paso de novios a esposos une las dos vidas no como dos caminos paralelos, sino en una sola vereda. Dejan de ser novatos, de tener una relación nueva, y culminan la cima del amor con el compromiso sellado.
—¿Será que ustedes temen un lazo más fuerte? —me atreví a preguntar. —Es que tenemos un lazo muy fuerte.
—Y, ¿por qué no más fuerte?
Yo creo que estas personas se quedan en novios, afirman que su entrega es igual a la de esposos, porque se aman totalmente, buscan apoyarse al máximo y se sienten a gusto sólo con el noviazgo. Nunca admiten que una barrera invisible les impide el compromiso completo. Razonan que casarse es un convencionalismo social, una tradición gastada. ¿Será que hay ignorancia en llamar novios a los que son esposos?
—Es sólo cuestión de palabras, de papeles. Ante esta opinión, me aventuré a preguntar.
—¿Por qué entonces reclaman el documento de garantía cuando compran una casa o un carro? Si no importan los papeles, ¿no los van a buscar cuando necesiten demostrar que son pareja para defender su herencia o adoptar un hijo? ¿Será que quieren los beneficios… sin el compromiso?
Todo se aclara cuando se establece con honestidad la finalidad de la pareja. ¿Para qué se vive en pareja? ¿Sólo para dividir gastos y pasar ratos agradables o llevar la medicina a la cama del que enferma? Dos personas unen sus vidas con una finalidad: compartir luchas, victorias y derrotas. No para pasarlo bien ni para sacar ventaja al estar acompañados. Porque no es igual estar juntos que unidos: las personas están unidas cuando ponen en un solo cajón sus metas, sus carencias y sus ilusiones. Pero compartir exige a cada uno poner todo, arriesgar, no cortar la cuerda cuando el peso del otro molesta. La unión es jugarse el futuro con doble carga. ¿Por qué entonces el miedo a la unión definitiva, al compromiso escrito y grabado?
Las parejas muy unidas se dan mucho servicio mutuo, servicio como dedicación a ayudar al otro en sus tareas y quehaceres. Es evidente que la servicialidad auténtica nace del amor. Es una de sus expresiones más delicadas: cercanía en la enfermedad, pago de la descompostura que hizo, acompañamiento para ir al médico, suplirle en una reunión áspera. Quien sirve es útil. Quien sirve construye. Quien sirve fortalece los ejes de la familia.
Al servicio amoroso, se opone la flojera, que sólo piensa en sí. Hay personas flojas por temperamento, de nacimiento. Pero se esfuerzan cuando tienen interés, sobre todo durante el enamoramiento. La flojera huye de las ocasiones de colaboración y prefiere la poltrona de su comodidad. La pereza debilita la unidad de la pareja.
Hay medios que conducen al servicio, como hacer la tarea del otro. O habituarse a colaborar en la casa: levantar la mesa, acercar la jarra del agua, cargar las bolsas del mandado hasta la cocina…
El amor lleva a adelantarse a las necesidades del otro: acercarle una cuchara en la mesa, interrumpir los propios asuntos para ayudarle cuando tiene prisa, dejar que el otro busque el canal de televisión, atender al teléfono sin dejarlo sonar con indiferencia… Aquí se esconde el secreto de más amor.
La expresión del amor más profunda es amar de oculto. Se cierra la puerta con cuidado cuando la pareja está dormida, para no despertarla; se elige la fruta menos coloreada para dejarle la más sabrosa; se le calienta la cama en invierno para que no la encuentre fría al acostarse. Y se hace en forma oculta, sin airear el esfuerzo hecho, ni
haciendo ver el gran amor que se le tiene. Sólo se le da felicidad, sin buscar recompensa. ¿Cómo se alcanza este grado máximo de amor? Primero con el deseo sincero de buscar la felicidad de la pareja, con amor delicado. Segundo con el conocimiento de lo que necesita y desea, con atención, para descubrir sus inquietudes o gustos, sea en la salud, en la comida, en sus pendientes o en sus ilusiones. Y tercero anticipándose.
—Pero te puedes equivocar si le regalas o le apoyas sin avisarle.
Sí. Hay un poco de riesgo. Pero el amor no tiene miedo al riesgo. Es capaz de intuir cuando la otra parte necesita una caricia, una palabra firme, un regalo, la compañía silenciosa o el simple ofrecimiento de apoyo. Eso sí, sin esperar a que lo pida, porque el amor no sólo hace lo que le reclaman, sino que busca la entrega a la pareja con los cinco sentidos despiertos.
¿Para qué se vive en pareja?
¿Sólo para dividir gastos y pasar ratos agradables?
Dos personas unen sus vidas con la finalidad de compartir luchas, victorias y derrotas.
No para pasarlo bien ni para sacar ventaja al estar acompañados. Porque no es igual estar juntos que unidos:
las personas están unidas cuando ponen en común sus metas, sus carencias y sus ilusiones.
Compartir exige poner todo, arriesgar, no cortar la cuerda cuando el peso del otro molesta…