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4.2 Analysing the Smart Card System using UML

4.2.2 The Amount of Data stored in each Smart Card Type

Me gusta dar conferencias y cursos por dos razones.

La primera es que me da la oportunidad de ofrecer ideas y sugerencias prácticas útiles a quienes me escuchan. Mi formación es fundamentalmente filosófica, una disciplina que capacita la mente para analizar incógnitas y encontrarles soluciones, sobre todo en la problemática de la vida cotidiana, de las relaciones humanas, de las ansiedades o ilusiones. Cualquiera pensaría que es el psicólogo quien debe resolver estos enigmas, pero la psicología atiende sólo una parte de esta problemática, desde el influjo de la parte no consciente de la persona, mientras que la vida de las personas se mueve en muchas más áreas. Se lleva bien un noviazgo, por ejemplo, no sólo incursionando en el subconsciente o en la estructura de los dos individuos que se relacionan.

La segunda razón es que aprendo mucho al dar las conferencias, como sucede con las preguntas que me proponen. Muchas veces, me plantean cuestiones que jamás se me ocurrirían, pero que esconden incertidumbres presentes en muchos corazones.

Hablé de la mala imagen que tiene hoy el sacrificio. Y que el noviazgo lo pide. La tendencia de los políticos, de la publicidad comercial y de la prensa del corazón es callar el sacrificio que conlleva la vida en pareja. A veces, se admite… como un mal. Nadie te dice que todo amor va unido a una renuncia. ¿Es una visión pesimista y masoquista?

El amor nace de sentimientos agradables. Nos atraen los rasgos afectuosos y las risas acogedoras de otra persona. Si su perfil fuera desagradable, nos alejaríamos de esa persona. Más aún, admiramos sus cualidades. Pero, poco a poco, aparecen los defectos y las manchas. Inevitablemente cuesta aceptarlos o soportarlos. La disyuntiva entre sobrellevar las molestias o protestar, conduce a un callejón cerrado por un lado y con una salida atrás.

—Ya. Diga entonces qué se hace ante lo que me incomoda de mi pareja —propuso con resolución un universitario.

—¿Crees que es difícil? —le pregunté para saber qué le preocupaba. —Supongo que todo se resume en aplicar uno medios prácticos.

—Pues, antes de ir a medios prácticos para afrontar algo que molesta de la pareja, hay que observar una cualidad que se tiene o no se tiene, y su carencia puede estropear toda la convivencia.

—¿Cuál es? —manifestó interés porque apretó los párpados y ladeó un poco el rostro. —Es caer en la cuenta, reconocer que el trato diario en el trabajo, con las amistades o en el hogar, requiere dosis de sacrificio. Y también con la pareja. Quien sueñe con mañanas, tardes y noches de plena satisfacción, vive en un mundo tan irreal como los ciberjuegos. Todos los seres humanos somos limitados. Y a todos toca tolerar las metidas de pata y los tropiezos de los demás. Inevitablemente. También en el noviazgo.

—Eso propone que la vida debe doler para que sea feliz. Y me parece desalentador — observó una muchacha.

—No he querido decir eso. —Pues lo parece.

—Como los estiramientos musculares, que buscan agilizar los movimientos, el sacrificio es un componente más del noviazgo. No es un ingrediente obligatorio que se toma en grandes dosis. Es sólo fortalecer los hombros para cargar el peso cuando se necesita.

—Pero es un día y otro, y otro. No es de vez en cuando —puntualizó ella—. Mi novio es un desorden total, en horarios o su recámara. Me exaspera que olvide los compromisos que tomamos —ridiculizó la siguiente frase con gestos y tono de voz amanerado— “¿A poco quedamos en eso?”

—En la vida, nada es gratis. Todo cuesta. También en la pareja.

—Su lentitud me trastorna, sobre todo para las despedidas. ¡Tardamos horrores para salir de una visita, donde sea!

—Pues así es la vida compartida. No somos iguales. Cada quien pone sus cualidades y, no faltaría más, también sus borrones.

—Luego, habla demasiado.

Para que reparara en que sólo veía una parte del paisaje, le dije: —¿Alguna vez te han dicho que eres acelerada?

—¿A mí? —Sí.

Quedó pensativa

—Sí… Alguna amiga me lo ha dicho. Pero no creo que sea mucho.

—¿Qué dirías si tu novio te dijera que le desquicia tu aceleración? ¿Mirarías para otro lado? —no respondió y concluí—. Cada uno pone sus tropezones en el noviazgo. Asumirlos es caer en la cuenta de que se compensan los fallos propios y los del otro. ¿En qué piensas? —consulté al verle con la vista perdida.

—En que, sí, todos somos débiles. ¿Cómo se refuerza entonces la pareja?

—La unión en la pareja crece con la resistencia. ¿Qué es la resistencia? Es la firmeza para mantener un compromiso o terminar una tarea… a pesar de los obstáculos. La persona resistente ama y da gestos de cariño, tiene paciencia, cumple los compromisos, también cuando siente molestias. Porque, con el tiempo, sale a flote la diferente puntualidad, el distinto gusto al vestir o la diversa manera de componer la agenda. Y hay más roces y quejas. Normal. Hay que resistir. Y la unión aumenta con estos sacrificios.

Hoy tiene muy mala imagen el sacrificio. Sin embargo, el noviazgo lo pide. La tendencia de la publicidad comercial y de la prensa del corazón es

callar el sacrificio que conlleva la vida en pareja. A veces, se admite como un mal.