• No results found

Chapter 8 Conclusion and Recommendation of further research

8.1 Background summary

Capítulo 11

El teorema Heckscher-Ohlin

Ricardo encontró que la causa del comercio internacional era la relativa inmovilidad del capital entre las fronteras nacionales, y ex­ plicó la composición del comercio mundial por las persistentes dife­ rencias de productividad del trabajo existentes entre las naciones; suponiendo que los precios relativos de las mercancías varían propor­ cionalmente con los costes relativos del trabajo, demostró que el co­ mercio libre haría que cada país exportase aquellos bienes en los que poseyese una ventaja comparativa y que tal comercio crearía una situa­ ción para ambos países más beneficiosa que la de la autosuficiencia.

La teoría ricardiana no hacía intento alguno de explicar las dife­ rencias de productividad subyacentes que dan lugar a las diferencias de costes comparativos entre países, que son las que, a su vez, origi­ nan el comercio internacional. En la moderna teoría de Heckscher- Ohlin, estas diferencias de productividad se atribuyen a las diferen­ cias de dotación inicial de factores entre países, que son las que lle­ van en realidad todo el peso de la explicación, ya que las causas más obvias que influyen en la composición de los bienes objeto del co­ mercio internacional, tales como las diferencias internacionales en la calidad de los factores, así como las diferencias existentes entre las funciones de producción de cada producto, quedan deliberadamente excluidas por definición. La teoría Heckscher-Ohlin culmina en lo que hoy conocemos generalmente como el teorema Heckscher-Ohlin

238 L a metodología de la economía

cualquier caso aquél era considerado únicamente como una aproxi­ mación primera a las condiciones del mundo real en cuanto a dife­ rentes impuestos, derechos de aduana, costes de transporte, econo­ mías de escala, condiciones de demanda, movilidad de factores e imperfecciones de la competencia; finalmente, 4) hubo un grupo cons­ tituido principalmente por economistas de empresa que rechazaron tanto el THO como el programa Ohlin-Samuelson, y que se apoyaron en la paradoja de Leontief para defender sus poco cuidados modelos del «ciclo productivo» y las «diferencias tecnológicas», que explica­ ban la estructura del comercio de bienes manufacturados en términos fie la dinámica de la innovación en cuanto a los productos y de la información y ventajas de técnicas de marketing de que gozan los productores en países de renta alta.

Fueron muy pocos los economistas que reaccionaron como lo hizo Charles Kindleberger: «Lo que Leontief ha demostrado no es que los Estados Unidos sean un país en el que el capital es escaso y el trabajo abundante, sino que el teorema Heckscher-Ohlin es falso» (citado por De Marchi, 1976, pág. 124). La mayoría de los teóricos del comercio internacional siguieron refinando la, al parecer, refutada teoría de las proporciones de factores, sintiéndose crecientemente preocupados por el continuo caudal de problemas teóricos irresueltos que la paradoja de Leontief había suscitado, como por ejemplo: ¿Qué es un factor y cómo entran los diferentes factores individuales en el proceso productivo? ¿Puede excluirse la reversión de la intensidad factorial en un mundo en el que hay una multiplicidad de factores? ¿Qué condiciones son las necesarias para asegurar que el T IPF es cierto, a medida que aumenta el número de factores?

Ya en 1941, Samuelson y Stolper habían tratado de formular el teorema de que las tarifas protectoras pueden beneficiar al factor relativamente escaso tanto en términos absolutos como en términos relativos. Este teorema demostró ser una piedra angular en la historia del programa de investigación Ohlin-Samuelson. El trabajo posterior realizado sobre el T IPF pretendía demostrar la biunivocidad de la relación existente entre los precios de los bienes y los correspon­ dientes precios de los factores en un mundo con muchos bienes y muchos factores que se intercambian en mercados diferentes pero re­ lacionados, completando así la articulación de un marco de E G en el que los modelos ricardiano y ohliniano eran considerados simplemente como casos especiales, argumentando el primero desde unos precios de los factores dados hacia los precios de los bienes, mientras que el segundo argumentaba, por el contrario, desde unos precios dados de los bienes hacia los precios de los factores.

¿Se hubiera perdido mucho si la paradoja de Leontief hubiese llegado a poner fin a la investigación en el marco del programa Ohlin- Samuelson? Obviamente, la respuesta a esta pregunta es una cuestión de opiniones. Baste con decir que la mayoría de los teóricos del co­ mercio internacional no se comportaron como si fuesen falsacionistas «ingenuos», ya que mantuvieron su adhesión a «núcleo» del pro­ grama Ohlin-Samuelson, proscribiendo todo intento de explicar la es­ tructura del comercio internacional que no se basase en la teoría de los precios de los factores centrada sobre las proporciones de éstos dentro de un marco de EG . No es fácil decidir tampoco si el progra­ ma Ohlin-Samuelson ha sido y sigue siendo un programa de investi­ gación «progresivo», en el sentido lakatosiano de ser capaz de generar una serie de hechos nuevos; la mayoría de las ideas nuevas surgidas al amparo del enfoque de Ohlin-Samuelson no han sido tanto cues­ tiones de hecho como conexiones analíticas entre los fenómenos pre­ sentes en el comercio interior e internacional (de Marchi, 1976, pá­ gina 123). Lo que es seguro es que el programa hizo mucho para popularizar la teoría simplista de la productividad marginal, que ha influido en todas las discusiones sobre distribución de la renta habi­ das en la posguerra: el modelo de comercio internacional basado en las proporciones de los factores estimuló la enseñanza de parábolas que se reducían a dos países, dos bienes y dos factores, en el con­ texto de funciones de producción agregadas con rendimientos cons­ tantes a escala, unificando así el tratamiento, tanto del comercio doméstico como del internacional, por medio de una teoría de EG con un alto grado de agregación y simplificación que prometía más de lo que era capaz de cumplir. La evaluación del programa de inves­ tigación de Ohlin-Samuelson no puede, por tanto, separarse de la evaluación del programa más amplio de EG de Hicks-Samuelson- Arrow-Debreu, del que forma parte integrante.

Resulta bastante irónico que una parte tan importante del tra­ bajo realizado en este campo fuese estimulado y promovido por los esfuerzos de Samuelson, el acendrado defensor del opéracionalismo en teoría económica, al menos en sus primeros años (ver capítulo 4). «La totalidad de la discusión (sobre la igualación de los precios de los factores)», observaba un comentarista, «constituye, para bien o para mal, un conspicuo ejemplo de teorización no-operacional» (Ca­ ves, 1960, pág. 92). Samuelson admite francamente que es de esperar que las diferencias de precios que se observan efectivamente en el mundo real difieran considerablemente de la igualación ideal de los precios de los factores que se produce bajo condiciones estáticas y de

Parte I I I . Evaluación metodológica del r "ograma de investigación... 239

competencia perfecta. En cualquier caso, este autor prosiguió sus in­ vestigaciones sobre el T IP F en la creencia de que, de algún modo, «sí que proporciona intuiciones válidas acerca de las fuerzas que con­ forman el comercio mundial» (citado por de Marchi, 1976, pág. 118), afirmación que nos recuerda a la metodología del apriorismo que se supone Samuelson despreciaba (ver capítulo 4).

Retrospectivamente, es difícil resistirse a concluir que:

L a discusión sobre la igualación de los precios de los factores ha sido una especie de jueguecito intelectual. A l tiempo que ha generado algunos resultados incidentalmente útiles para la clarificación de la estructura de la teoría pura . . . llevándonos a la interesante conclusión de que, en ciertas circunstancias, el co­ mercio puede no tender siquiera a la igualación de los precios de los factores, sigue siendo d erto que ningún responsable de política ha expresado nunca el deseo de saber si el libre comercio podría encontrar respuestas que tengan al­ guna capacidad de explicar los hechos, estadísticos o de otro tipo, observables en el mundo real [Corden, 1965, pág. 3 1 ].

240 L a metodología de la economía

Contrastaciones adicionales

Las considerables diferencias entre los precios de los factores que se observan en la realidad entre países violan claramente el TIPF. Pero si los precios de los factores no se igualan de hecho a nivel mundial, esto puede significar simplemente que uno o más de los supuestos en los que se basa el modelo de comercio internacional de las proporciones de factores de Ohlin-Samuelson, no son aplica­ bles. Por tanto, volvemos en último término a la cuestión de la vali­ dez empírica del THO , que depende esencialmente de la cuestión de si la composición del conjunto de bienes objeto de comercio viene decisivamente influida por la dotación de factores o si, por el con­ trario, las diferencias tecnológicas, las economías de escala y las im­ perfecciones de los mercados pesan más que aquélla. Esta cuestión ha sido intensamente estudiada en un gran número de trabajos em­ píricos surgidos después del de Leontief, la mayoría de los cuales tienden, de hecho, a refutar el THO. En palabras tomadas del último trabajo de revisión de estos intentos de contrastación de la teoría del comercio internacional14: «E l modelo Heckscher-Ohlin simple no presenta fundamentos empíricos sólidos. Cuando se tienen en cuenta explícitamente los recursos naturales y el capital humano, el modelo

14L a teoría pura del comercio internacional ha sido repetidamente revisada

en los últimos años, en trabajos que presentaban un énfasis variable sobre la cuestión de su contrastación empírica: véase la lista comentada que presenta Bhagwati (1969, pág. 8) y la lista más completa que ofrecen Caves y Johnson (1968, pág. xii).

a -

cuenta con mayores posibilidades... (De todos modos), las diferencias de eficiencia entre países parecen suficientemente bien establecidas como para hacer altamente improbable que la hipótesis de la dotación de factores tenga una validez universal» (Stern, 1965, págs. 20-21).

Las explicaciones del ciclo productivo, del atraso tecnológico y de las economías de escala del comercio presentan una hoja de servicios un poco mejor, pero las familiares dificultades con que se enfrentan los intentos de comparar las vagas predicciones de los modelos cuasi- dinámicos con las rigurosas predicciones de los modelos estáticos, es­ pecialmente cuando estos últimos vienen acompañados de diversas elaboraciones ad-hoc, nos impide atribuir la victoria a ninguno de los dos contendientes. Estos problemas de comparación, como dice Ro- bert Stern (pág. 30):

. . . son en parte una cuestión teórica y en parte una cuestión de metodología empírica. Por lo que se refiere a la teoría, la cuestión es que el modelo de dotación de factores tiene todavía que integrar sistemáticamente un mecanismo exógeno de cambio tecnológico y de difusión de la tecnología. H asta que se logren mayores progresos en este terreno será difícil establecer los diferentes determinantes del comercio. L a cuestión metodológica consiste en encontrar pro­ cedimientos válidos que nos permitan elegir entre las distintas teorías, así como seleccionar la m ejor” explicación disponible, a la vista de unos conjuntos de datos que presentan un alto grado de colinealidad.

El comercio internacional se encuentra entre los temas más anti­ guos de estudio de los economistas, y la teoría pura del comercio internacional ha sido, desde tiempo atrás, una de las ramas más rigu­ rosas de la Economía. Sin embargo, ésta ha sido también una de las ultimas areas de investigación económica en caer bajo la influencia del falsacionismo, e incluso hoy, sigue siendo un campo de especia- lización económica particularmente propenso a la enfermedad del for­ malismo. Peter Kenen (1975, pág. xii), un eminente teórico del co­ mercio por sus propios méritos, resumió la situación de principios de la década de 1970 con las siguientes palabras:

Toda una década después de que otras especialidades hayan experimentado una transformación por la aplicación de los métodos econométricos, el comercio y las finanzas internacionales presentan una obstinada inmunidad a la cuantifi- | cación. Se han convertido en el último refugio del teórico especulativo . . . Pode­ mos citar algunas excepciones significativas . . . pero bien poco se ha hecho para verificar las proposiciones fundamentales de la teoría del comercio internacional o para medir los efectos de las restricciones al comercio. L a teoría ha sido con­ siderada como verdadera en un sentido inmutable, y, por consiguiente, la tarea del teórico del comercio internacional consistía simplemente en describir sus implicaciones para el bienestar y la política económica.

Capítulo 12