• No results found

necesidad de realizar un nuevo reparto colonial y de las esferas de influencias para la inversión expansiva de capitales, las crisis del capitalismo mundial agudizaron las contradicciones económicas y políticas entre las principales Potencias imperialistas. Estas se dividieron en dos poderosos frentes internacionales, y se definían según su perfil político: El Imperialismo social-liberal y el Imperialismo social-fascista. No obstante esas contradicciones, el proceso de intercambio estratégico de mercaderías y capitales se mantenía en el campo mundial capitalista. Incluso las Potencias imperialistas social-liberales fueron cómplices de las agresiones militares y de las anexiones territoriales llevadas a cabo por Japón, Italia y Alemania. Esta complicidad de la burguesía social-liberal reflejaba el plan estratégico del Imperialismo mundial de debilitar y destruir la lucha de los trabajadores y pueblos por la libertad y soberanías nacionales en contra del colonialismo, debilitar las luchas de las revoluciones democráticas contra las oligarquías y la lucha de clase social de los obreros, campesinos y otros trabajadores contra los capitalistas, con el fin de evitar el triunfo de la democracia y del socialismo.

ESCISIÓN EN LA BUROCRACIA Y EN EL STALINISMO

Después de la NEP, la continuación de la construcción de la base y estructura del modo de producción socialista comenzó con graves problemas económicos y sociales provocados por la resistencia, oposición y hostilidades de los nuevos kulaks y los conspiradores burócratas contra el Primer Plan Quinquenal. Pero no obstante ese antagonismo generado por la lucha de clase social y política entre los kulaks y el Estado socialista de la alianza obrera-campesina, el gobierno soviético logró cumplir con relativo porcentaje las metas fijadas en el plan económico.

El objetivo del Primer Plan Quinquenal se realizó para formar las bases y estructuras de la industrialización socialista y de la colectivización agropecuaria, pero aplicando procedimientos autoritarios y arbitrarios (modo con que ejerce el poder la burocracia). Los decretos de socialización se imponían y traspasaban los límites y alcances de la capacidad de la fuerza de trabajo de los obreros y campesinos. El social-pragmatismo, que en su arbitrariedad ideológica soslayaba las concepciones científicas y dialécticas del marxismo-leninismo, desviaba y deformaba los planes, proyectos y programas de edificación del socialismo.

En ese período de la formación de la base y estructuras de la economía socialista, los planes y programas que implicaban un tiempo objetivo de realización, se implementaban para un tiempo subjetivo de ejecución, creando una tensión social innecesaria entre las clases sociales.

Estos procedimientos fatigaban a las fuerzas sociales de los trabajadores y retrasaban la realización de sus tareas económicas. La eficiencia y rendimiento del Primer Plan Quinquenal implementado desde 1928 hasta 1933, fue menor en sus resultados de lo que debió haber sido si se realizara por una política realmente bolchevique y leninista en su planificación, dirección y ejecución. Por lo que los resultados y rendimientos hubieran serían muy superiores a los logrados por la dirección burocrática. Lo contrario a esta política fue que se despilfarraron enormes inversiones, valores y bienes durante la implementación socioeconómica de las fuerzas sociales del trabajo de los obreros, campesinos, ingenieros y científicos. La concreción de la planificación fue social-pragmática y forzada en la socialización de la industria y en la colectivización de la agricultura.

En ese momento histórico, el tránsito del capitalismo al socialismo, la elaboración y ejecución de los planes quinquenales en la Unión Soviética era la única opción socioeconómica imprescindible para la construcción de la economía socialista. Este modo social de producción económica del proletariado requería de un rápido y acertado crecimiento y desarrollo industrial y agropecuario debido al ascenso del fascismo en la mayoría de los países europeos orientales, y, en especial, del nazismo en Alemania. Este poderoso país imperialista representaba una grave amenaza y peligro para la existencia y supervivencia de los pueblos de la Unión Soviética, en particular, del ruso; y, en general, para la existencia de las organizaciones y movimientos por la democracia y el comunismo de las masas populares (trabajadores) de los otros pueblos de la humanidad.

La burocracia socialista fue responsable de que en los inicios de la implementación del Primer Plan Quinquenal se cometieran graves errores teóricos y prácticos, dificultando la edificación de la base y estructuras económicas del modo social de producción socialista. Además, adoptó una postura sociopolítica autoritaria y arbitraria ante los campesinos y pueblos rurales. Los procedimientos burocráticos crearon una desproporcionada planificación en cuanto a las inversiones, objetivos y metas económicas que debían alcanzarse según los proyectos de dicho Plan, no obstante de que Marx y Engels, expresaran que la planificación socialista de la economía debe ser científica y racional.

El social-pragmatismo que se manifestaba en los métodos y procedimientos burocráticos impidió que se aplicara una política económica ponderada y atinada que exigía la concreción del Primer Plan Quinquenal. La falta de una visión científica y práctica, en cuanto a los problemas y dificultades que se podían suscitar, provocó desavenencias y oposiciones en la cúpula dirigente stalinista. Lo que devino en dos tendencias políticas, los realistas (progresistas) y los conservadores (reaccionarios). Estos últimos, por su postura acomodaticia y oportunista, se constituyeron en una peligrosa facción derechista burocrática en el Partido Comunista que ya había establecido nexos de conveniencias sociopolíticas con los nuevos kulaks . Éstos se oponían a la realización del Primer Plan Quinquenal porque la implantación del modo social de producción socialista abrogaba, en últimas instancias, su estatuto socioeconómico de haberse convertido en campesinos ricos y privilegiados.

Cuando comenzaron a realizarse los nuevos proyectos económicos socialistas en el campo, los reaccionarios campesinos se convirtieron en enemigos del socialismo, desatando una lucha social y política contra la implementación de la colectivización en la agricultura. Esta lucha social de clases degeneró en una grave crisis socioeconómica que pudo haber derribado al régimen soviético. Los ricos campesinos, con sus hostilidades contrarrevolucionarias, demoraban o paralizaban las siembras, destruían cosechas, semillas y sacrificaban el ganado. Organizaban bandas de criminales para asesinar a los inspectores y funcionarios del gobierno. Instigaban a los campesinos pobres con su reaccionaria ideología burguesa para quebrantar la conciencia y moral comunista. En la lucha de clase, procuraban, por todos los medios posibles, hacer alianza con los campesinos medios y pobres para que se rebelaran contra las autoridades, con el fin de derrocar el régimen socialista.

El gobierno soviético no podía permitir la conspiración burguesa de los nuevos kulaks ni de los facciosos burócratas que estaban en el círculo del poder. Ante el peligro de una inminente contrarrevolución capitalista, Stalin utilizó los medios represivos del Estado para aplastar a esa contrarrevolución capitalista y la conspiración de los facciosos burócratas que estaban en el círculo dirigente del Partido Comunista.

En la lucha de clase contra los kulaks y burócratas conspiradores, Stalin obtuvo el apoyo político y social de los campesinos pobres y medios que apoyaban al régimen socialista.

Y durante el primer período del Segundo Plan Quinquenal, la hostil lucha de clases sociales que desataron los contrarrevolucionarios capitalistas y la conspiración de los disidentes burócratas finalmente fueron derrotadas y liquidadas.

Tiene significación histórica señalar que en pleno auge de implementación del Segundo Plan Quinquenal, se produjo el asesinato del prominente dirigente del Partido Comunista y responsable de la dirección del socialismo en el distrito de Leningrado, Sergei Kirov en diciembre de 1934. Este hecho motivó que se enjuiciara a los principales líderes de la facción burócrata conspiradora. Los presuntos responsables intelectuales del crimen fueron detenidos. Los procesos judiciales, por instancias de las investigaciones, pruebas y evidencias, se realizaron desde 1936 hasta 1938. Aquella muerte violenta del importante dirigente presumía que los acusados preparaban una conspiración para derribar el gobierno soviético. Kirov era el segundo dirigente en importancia después de Stalin y pertenecía al círculo íntimo de sus colaboradores. El crimen del alto dirigente fue un indicativo de que otros asesinatos podrían producirse con el objetivo de desmantelar los Planes Quinquenales y restaurar la NEP. Con esa restauración económica nunca podría edificarse la base del modo social de producción económica del socialismo.

Lenin implementó la NEP, de modo transitorio, con el fin de estimular y reactivar las fuerzas sociales de producción de la Unión Soviética. Y una vez que ese régimen cumpliera su función histórica, entonces se abrogaría y aplicarían los planes para crear las fuerzas económicas del socialismo.

La Unión Soviética, ente la inminencia del estallido de una guerra en Europa, necesitaba con premura y urgencia superar el atraso económico y crear una potente base industrial, tecnológica y agropecuaria para poder enfrentar el peligro y amenaza que representaba la Alemania de Hitler que se rearmaba vigorosa y aceleradamente con la ayuda y complicidad del campo capitalista mundial. Actualmente los ideólogos burgueses, que no disimulan su pérfido odio hacia el socialismo proletario, acusan al comunismo soviético de haber cometido horrorosos crímenes y genocidios durante la implementación de los primeros planes quinquenales. En la realidad de los hechos históricos, Stalin no cometió genocidio contra los pueblo ni contra los trabajadores de la Unión Soviética. En el período en que los nuevos kulaks desataron una resistencia de hostilidad económica y destruían medios y bienes de producción agropecuarios no se produjo ni fue necesaria una venganza criminal contra esta clase social. Y a pesar de que se creó una grave disminución de los productos alimenticios, no degeneró en una hambruna devastadora porque el gobierno soviético implementó oportunas y atinadas medidas sociales y políticas de emergencia. Y durante la guerra genocida que perpetraron los ejércitos nazi-fascistas contra la Unión Soviética, aplicó las políticas pertinentes para evitar una hambruna de consecuencias fatales para la población soviética.

Con las experiencias y conocimientos adquiridos durante el primer quinquenio y los nuevos métodos y tecnologías avanzadas, el gobierno soviético ejecutó con gran éxito el Segundo Plan Quinquenal, logrando superar con creces el volumen económico de 1913.

Las nuevas y poderosas fuerzas económicas que se iban creando durante la aplicación de dicho quinquenio, permitieron a la Unión Soviética acrecentar vigorosamente su poderío militar y político a nivel continental y mundial. Los trabajadores y socialistas de todos los países encontraron en la gran Potencia socialista una fuente de inspiración, esperanzas y fe moral en el comunismo

soviético. Los sectores burgueses del social-liberalismo y del social-fascismo de los países

capitalistas acrecentaban su pánico y odio hacia el comunismo y la democracia real de los trabajadores. Al final de ese plan económico que implantaba la base del modo de producción socialista, los

kulaks contrarrevolucionarios y los conspiradores burócratas habían sido derrotados en la lucha de clase tanto en las áreas económicas como sociopolíticas. Como las grandes Potencias capitalistas social-liberales y social-fascistas no tuvieron la capacidad ni los medios para proporcionar la ayuda económica y militar requerida a los enemigos internos del socialismo, éstos quedaron aislados de sus reaccionarios aliados internacionales de clase social.

Es verdad que antes que se produjera la ruptura del frente burocrático, el régimen autoritario stalinista hizo cierto daño al movimiento comunista en la Unión soviética y en el mundo, especialmente en Europa y Estados Unidos. El extremismo y desviacionismo del centrismo partidista del socialismo burocrático había debilitado la teoría y práctica de los movimientos y las acciones revolucionarias de los obreros, campesinos e intelectuales comunistas. La burocracia obstaculizó la urgente unificación del Partido Comunista con los socialistas afines, y aplicó una equivocada política que imposibilitó que se concertara una alianza de los partidos democráticos en Alemania (1928-1933), lo que hubiera impedido o dificultado y condicionado el ascenso del nazismo al poder.

En el plano internacional el triunfo de los grandes avances y logros económicos alcanzados por la Unión Soviética influyó en la moral y voluntad de los republicanos y voluntarios socialista que luchaban en la guerra civil española (1936-1939). Se comenzaron a superar algunos errores políticos y militares que se habían cometido en los inicios de la lucha militar contra las falanges y ejércitos fascistas de Franco, Mussolini y Hitler. Y en el oriente europeo, los partidos comunistas iniciaron el fortalecimiento de sus vínculos con las masa populares (obreros, campesinos y otros trabajadores). La derrota de la contrarrevolución de los nuevos kulaks y de la conspiración burocrática fortaleció el comunismo en las organizaciones y movimientos sociales de los trabajadores y pueblos de Europa y de la humanidad.

Sin embargo, la amenaza imperialista tanto social-liberal como social-fascista de desatar una guerra contra la Unión Soviética encegueció la lucidez y el buen entendimiento de los círculos gobernantes de la fracción burocrática stalinista. Y víctimas de irracionales contradicciones, cometieron actos irreflexivos y temerarios. Es innegable que las sentencias de muerte dictada por los tribunales de justicia a algunos dirigentes de la Vieja Guardia Bolchevique, Kamenev. Zinoviev, Bujarin y otros, fue lamentable. Pero el ajusticiamiento de mariscales y almirantes que formaban parte (casi la mitad) de los altos mandos del Ejército Rojo, y la destitución y retiro de gran parte de los cuadros de la oficialidad fue el error político-militar estratégico más grave y catastrófico cometido por el gobierno de Stalin, en los momentos en que la Alemania nazi constituía una amenaza y peligro para la existencia de la Unión Soviética y el Japón fascista y militarista agredía sus fronteras en la Siberia oriental y las de la República Popular de Mongolia.

Las consecuencias de esos actos fueron de los más desastrosos y trágicos en la historia política y militar de Rusia. En esos momentos históricos existía un amenazador frente mundial imperialista antisoviético; la inminencia de una inevitable agresión e invasión bélica de los ejércitos de Hitler contra el primer Estado socialista de obreros y campesinos; y las grandes Potencias Aliadas, Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos, urdían toda clase de presiones políticas y maniobras diplomáticas para que Alemania y el Japón desencadenaran simultáneamente una guerra contra la Unión Soviética. Como corolario de esa situación conflictiva, contingentes militares soviéticos entablaban combates con las divisiones de los ejércitos de Hitler y Mussolini que intervenían en la guerra civil española apoyando a las criminales falanges contrarrevolucionarias de Francisco Franco que trataban de derribar a la legítima República española.

Y el ajusticiamiento del mariscal Mijail Tujachevsky fue una inaudita y lamentable injusticia y una dolorosa pérdida. Este talentoso militar modernizó el Ejército Rojo y se había destacado como uno de los creadores de las nuevas y revolucionarias teorías sobre las estrategias y tácticas de la guerra

moderna. Georgy Zhukov, Ivan Koniev, Alexander M. Vassielevsky, Konstantin Rokossovski y otros eminentes y valiosos comandantes de las fuerzas armadas soviéticas conocieron oportunamente y a profundidad las avanzadas teorías de Tujachevsky, lo que le permitió al Ejército Rojo, en primer lugar, derrotar a los contingentes militares nipones en la frontera oriental de Siberia; y, en segundo lugar, enfrentar, resistir y finalmente vencer al experimentado y poderosísimo ejército nazi-fascista.

El ajusticiamiento de ese destacado militar fue motivado por haber participado en una conspiración contra el régimen de Stalin. Esa conspiración, que fue tímida e inoportuna, al no prosperar no se concretó y fue cancelada por los dirigentes militares comprometidos.

No obstante de que se cometieran esos actos temerarios e irracionales en vísperas del estallido de una guerra en el oriente europeo, el gobierno soviético, ante la amenaza imperialista mundial que pretendía cercarla y aniquilarla, adoptó las medidas pertinentes para anular o liquidar a las fuerzas de los enemigos del socialismo, de los disidentes anticomunistas (partidarios del social-fascismo o del social-liberalismo) y de la facción burocrática derechista (miembros del Partido Comunista, pero contrarios a la política de implementación de los planes económicos socialistas). En consecuencia, los puntos de vistas políticos de la facción disidente burocrática ya no tenían el carisma de ser socialistas, sino que se tornaban conspirativos, y más aún cuando se habían alineado con los nuevos kulaks que intentaban restaurar la NEP.

Una de las consecuencias del ajusticiamiento de mariscales y almirantes de las fuerzas armadas y de la desmembración de la mitad de la oficialidad y comisarios del Ejército Rojo, fue que las fronteras europeas y las regiones occidentales soviéticas quedaron estratégicamente debilitadas y vulnerables. Por lo que la situación política y militar propiciaba un oportuno ataque alemán. Ante esta desfavorable correlación de fuerzas políticas y militares, el 23 de agosto de 1939, Stalin no tuvo otra opción que concertar un Tratado de no Agresión con Hitler.

Sin embargo, la aprobación del Pacto de Munich, al propiciar el expansionismo germano hacia el oriente europeo, acrecentó inesperadamente las contradicciones imperialistas entre la Alemania fascista y las Potencias Aliadas.

En la Unión Soviética las masas populares (obreros, campesinos y otros trabajadores) y millones de bolchevique de la base y dirigentes de la Vieja Guardia y del Partido se mantuvieron incólumes y fiel al socialismo. Esos comunistas fueron los más decididos y responsables en la implementación de los planes y programas de la colectivización y socialización de la economía y del crecimiento y desarrollo del poderío militar de la Unión Soviética.

En esos momentos históricos, no obstante las falsas denuncias y acusaciones que los ideólogos anticomunistas le imputaron al gobernante soviético de traicionar el comunismo y de hacer una alianza política y militar con el fascismo alemán, dicho Tratado evitó sobretodo que la Unión Soviética tuviera que luchar en dos frentes de guerra contra la alianza político-militar de la Alemania nazi y el Japón militarista que tenía grandes concentraciones de tropas en las regiones fronterizas de Manchuria y la Unión Soviética; propició la ruptura del frente capitalista mundial dirigido contra la gran Potencia socialista; provocó el antagonismo de las contradicciones imperialistas entre el Japón y Estados Unidos; permitió el traslado de parte de las industrias estratégicas a las regiones desarrolladas económicamente del Volga y de los Urales; y procuró un tiempo perentorio para reorganizar los altos mandos superiores y la oficialidad de las fuerzas armadas que habían sido desarticuladas durante los Procesos (Juicios) de Moscú.

Y a pesar de los desastrosos errores políticos y militares cometidos por el stalinismo en víspera de la Segunda Guerra Mundial, los grandes e importantes logros alcanzados por los Planes Quinquenales fortalecieron considerablemente las fuerzas sociales, económicas, políticas y militares del socialismo.

En la primavera de 1939, la Alemania nazi estaba orquestando una inminente agresión militar contra la Unión Soviética con la complicidad del Imperialismo mundial. Solo faltaba que Polonia, con la

aquiescencia de Gran Bretaña y Francia, cediera Danzig (actualmente Gdansk) y el traspaso del corredor polaco a los medios de comunicación terrestre a Hitler. Esos territorios eran imprescindibles para el despliegue y movilización de la logística, la defensa y las ofensivas del ejército alemán en el oriente europeo y el mar Báltico. Pero, como aquellas Potencias mundiales se opusieron a esas exigencias territoriales que alteraban significativamente el balance de las fuerzas político-militares de Europa, entonces el dictador alemán tuvo que hacer lo impensable: concertar un Tratado de no Agresión con Stalin. De ese modo, por el lado alemán, se resquebrajaba el frente mundial imperialista dirigido contra el país socialista, aunque Alemania, Italia y Japón (más Hungría, Rumania y Bulgaria) mantenían una alianza político-militar anticomunista con la tácita complicidad