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en los movimientos obreros y socialistas. Anteriormente, la existencia y consistencia de los partidos comunistas dependían del poder mundial de la burocracia socialista en la Unión Soviética. Fuera del país comunista, los socialistas reformistas gozaron de un prestigio e influencia efímera en las organizaciones y movimientos obreros y campesinos, y los trotskistas, que profesaban un comunismo intelectualista, tuvieron gran influencia ideológica en la clase media. Tal vez la muerte impronta (1940) de León Trotski no le permitió hacer una autocrítica y valoración teórica en que se superara el intelectualismo ideológico, ya que también este gran dirigente socialista disponía de un sentido y acción política eminentemente práctico. Y otros revolucionarios, que no estaban de acuerdo con la ideología y partidos comunistas, pero que eran enemigos del Imperialismo, se enlistaban en el anarquismo, que fue y es una tendencia socialista que expresaba y expresa un radical y extremista comunismo utópico.

La lucha de la humanidad contra el nazi-fascismo fortaleció las ideas, acciones y movimientos sociales y políticos por la paz, la democracia y el comunismo. Sin embargo, de los grandes científicos de tendencia humanista (Albert Einstein, Enrico Fermi, Hans Bethe, Edward Teller, Leó Zsilárd y otros) que escaparon de la barbarie del fascismo y del nazismo se refugiaron en los Estados Unidos. El exilio de esos eminentes científicos fue muy propicio para que la burguesía imperialista dominante de ese país los utilizara y manipulara para sus intereses y fines políticos y militarista de expansión y dominación mundial.

Con la derrota del Imperialismo social-fascista, quedaron dos frentes sociopolíticos de confrontación mundial: el imperialismo social-liberal (actualmente capitalismo globalista o social- neoliberal) y el comunismo con dirección marxista-leninista (hasta 1953).

Sin embargo, pretendiendo la hegemonía del capital financiero internacional, el Imperialismo triunfante se apartó de los principios de la democracia burguesa que Roosevelt pregonaba como política de Estado, y engendró la Guerra Fría.

En 1946, Harry Truman, presidente de los Estados Unidos, ordenó la preparación de un plan militar para atacar a la Unión Soviética con bombas atómicas con el fin de convertir a cientos de ciudades soviéticas en “ruinas radiactivas”. Con la amenaza de ese terror perverso y criminal de un bombardeo atómico, el Imperialismo estadounidense pretendía intimidar y tornar sumisa a la gran Potencia socialista ante su poderío y expansión mundial político-militar.

Los asesores políticos y militares de ese siniestro presidente no desconocían la devastación y miserias económicas que habían sufrido los pueblos de la Unión Soviética, víctima de la guerra de destrucción y genocidio perpetrados por el abominable y asesino ejército fascista alemán. Supusieron que ante ese cataclismo de miseria social y económica y el genocidio de gran parte de la población soviética provocado por la guerra, la Unión Soviética necesitaría de varios decenios para reponerse de esa gigantesca destrucción y ruina. En efecto, ese país había sufrido la mayor destrucción de ciudades, pueblos y aldeas durante la despiadada y terrible guerra de exterminio desatada por los ejércitos nazi-fascistas. Y aún antes de llegar a ser presidente, Truman expresaba que mientras más rusos (en particular, soldados y comunistas) murieran en esa contienda bélica, esas muertes favorecían los intereses vitales económicos y el expansionismo geopolítico del capitalismo estadounidense.

Pero ese presidente y su agresiva y reaccionaria banda de militaristas desconocían las poderosas fuerzas sociales del comunismo. La economía socialista, que basa su modo social de producción fundamentalmente en el trabajo y no en el capital (inversiones capitalistas), desarrolló colosales fuerzas económicas que auxiliaron y repararon rápidamente las haciendas campesinas (koljoces), las industrias, las fábricas y talleres. Y creó una poderosa base industrial y tecnológica que le permitió a la Unión Soviética crear el arma atómica en 1949, desarrollar y construir nuevos y avanzados ingenios militares para la defensa del país.

Estos enormes avances económicos permitieron que Stalin, consecuente con su nueva política interior y exterior de dirección leninista, destinara las inversiones requeridas para fortalecer el poderío industrial y tecnológico. En la Unión Soviética, la reconstrucción y los progresos económicos se lograron en casi cuatro años de grandes esfuerzos de los trabajadores sin que éstos fueran sometidos a una salvaje explotación social. Y de este modo pudieron lograr, en el menor tiempo posible, formar un frente político y militar mundial para enfrentar la amenaza estadounidense de desencadenar una destructiva guerra mundial asestando un ataque nuclear preventivo contra el país de los soviets.

Después de la pavorosa y horrible guerra mundial, los reaccionarios gobiernos burgueses de los países de Europa oriental, por su debilidad social y política, devinieron de crisis en crisis, y fueron incapaces de resolver la miserable condición socioeconómica en que estaban sumidas las masas populares y que habían sido traicionadas por los gobernantes fascistas. Como los ejércitos de liberación nacional y los partidos comunistas de esos países se habían fortalecido social y

políticamente en la lucha contra el fascismo, fue inevitable el triunfo revolucionario de las masas populares, por lo que formaron regímenes democráticos y comunistas. Éstos se convirtieron en solidarios aliados de la Unión Soviética, y fortalecieron la defensa de la comunidad socialista ante los agresivos planes bélicos estadounidense de desatar un conflicto atómico de proporciones impredecibles.

Los países socialistas de Europa oriental se constituyeron en fortalezas defensivas para disuadir a los militaristas estadounidenses de iniciar una guerra atómica. Stalin había interpretado de modo correcto y consecuente la correlación de fuerzas mundiales entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. Con la implementación en la política exterior del respeto al Derecho y Tratados Internacionales procuró evitar las provocaciones agresivas del Imperialismo de desatar una nueva guerra mundial de catastróficas consecuencias.

Este dirigente soviético que propugnaba en la posguerra por una política pacífica de colaboración y respeto mutuo con la Potencias capitalistas, también adoptó las medidas pertinentes para denunciar ante la opinión pública mundial a los imperialistas estadounidenses de ser partidarios de la guerra y enemigos de la paz. Ya antes la URSS había sido una víctima infame del artero y traicionero ataque militar de los ejércitos de Hitler, no obstante de existir el Tratado de No Agresión de 1939 germano- soviético. Y este verdugo de los llamados pueblo inferiores, había manipulado a los países del este europeo para que fuesen aliados de su guerra carnicera y de exterminio contra la Unión Soviética y el comunismo.

Truman, emulando a Hitler, había ordenado el ataque atómico a Hiroshima y Nagasaki para intimidar y, por lo tanto, disuadir a la Unión Soviética de cualquiera oposición y resistencia que adoptara en contra del expansionismo político-militar de dominación económica mundial estadounidense. Además, fue uno de los precursores de la formación de una alianza militar de países burgueses incondicionales europeos, acérrimamente antisoviéticos y anticomunista, (posteriormente se constituyó en la OTAN) para desplegar una ofensiva bélica contra la URSS. Stalin, ante el temor de un preventivo ataque nuclear estadounidense, adoptó todas las medidas necesarias para fortalecer las defensas de los nuevos países socialistas.

En 1946, durante la guerra civil griega, el Imperialismo estadounidense amenazó a la Unión Soviética con un ataque atómico si se inmiscuía en ese conflicto social. Como advertencia de la concreción de esa amenaza el gobierno estadounidense había ordenado a la Sexta Flota norteamericana, portadora de armas atómicas, que patrullaba el Mar Mediterráneo que ejecutara ese siniestro ataque atómico preventivo si el país socialista intervenía en la guerra civil de Grecia, favoreciendo militarmente a los guerrilleros comunistas que luchaban contra el reaccionario ejército burgués y latifundista griego.

Pero en la Crisis de Berlín de 1948, ese país tuvo todo el derecho, según los acuerdos de las Conferencias de Yalta y de Postdam, de cerrar las carreteras y ferrocarriles que unían esa ciudad con las zonas de Alemania ocupada por los aliados imperialistas. Para ejecutar esa decisión, dispuso de las causas y derecho legales que lo justificaban. Las medidas del gobierno soviético de cerrar esas vías no estaban en desavenencia con el Derecho Internacional. Sin embargo, éste fue violado por las amenazas del Imperialismo estadounidenses cuando aprobaba planes militares de agredir con un ataque atómico a la Unión Soviética durante la guerra civil en Grecia.

En la posguerra, a pesar de pender sobre su territorio esa amenaza militar el gobierno soviético adoptó una política respetuosa de los Tratados y del Derecho Internacional, pero con una visión realista en relación a la política agresiva de las Potencias imperialistas.

En 1945, en Gran Bretaña había triunfado el partido laborista sobre los conservadores de Winston Churchill, quien propugnaba por una política agresiva contra la Unión Soviética. No obstante de que la política exterior de este país fuese atinada, consecuente y respetuosa del Derecho Internacional, no pudo evitar el cerco imperialista estadounidense y mundial. Y si el gobierno de Stalin no hubiera implementado una política sensata y prudente por la paz mundial, los imperialistas, en

particular los estadounidenses, hubieran iniciado una guerra atómica de proporciones apocalíptica para la supervivencia de la humanidad.

Durante la posguerra, la nueva política exterior de Stalin prohibió toda injerencia en los asuntos internos de los países, cuyas fuerzas militares habían sido derrotados por el Ejército Rojo, y permitió que Finlandia instalara un gobierno burgués. Pero a su vez concertó un tratado de paz y de neutralidad con ese país. Y hasta la actualidad los sucesivos gobiernos fineses han cumplido fielmente y sin traición ni revanchismo con las estipulaciones de dicho tratado.

La política leninista del gobierno soviético de respeto irrestricto al Derecho Internacional, de Coexistencia Pacífica y de no exportar revoluciones, determinó que su gobierno no se inmiscuyera en la formación forzosa y arbitraria de Estados socialistas. No obstante esa situación, la Unión Soviética concertó tratados de paz y amistad con los países de Europa oriental, basados en el respeto del Derecho Internacional para asegurar legítimamente las fronteras en esa región.