revolución y construcción de la sociedad socialistas sufrieron un desgarramiento con paulatino golpe de Estado de carácter pacífico perpetrado por los stalinistas. Se impuso un régimen autoritario revolucionario socialista, dirigido específicamente contra los bolcheviques y leninistas de la Unión Soviética. Las acusaciones y condenas políticas se penalizaban con degradaciones o destituciones de cargos oficiales o civiles, y no con el presidio o el fusilamiento.
Trotski mantuvo un radicalismo político e ideológico que mermó su buen sentido y capacidad política y práctica como dirigente revolucionario. Sin embargo, algunos puntos de vista de la historiografía de la revolución rusa afirman que fue el dirigente más indicado para ocupar la Secretaría General. Que tuvo la oportunidad para conducir el Partido por el camino correcto en la construcción del modo social de producción económica del socialismo. Este juicio histórico se sostiene en que en sus actividades y responsabilidades revolucionarias anteriores a su deportación, había ocupado puestos de gran
importancia y trascendencia en el gobierno de Lenin, en que demostró una gran capacidad organizativa y de ejecución. Había organizado y dirigido con gran talento y acierto el Ejército Rojo, y esta tarea revolucionaria lo condujo a las resonantes victorias contra los ejércitos de la contrarrevolución capitalista-latifundista y la intervención militar imperialista.
Tiene importancia señalar que la teoría de la Revolución Permanente fue concebida y formulada por dicho dirigente en 1905. Pero esa concepción socialista que había perdido su valor histórico, lo desgarró y lo desvió del camino hacia el poder, facilitándoselo a Stalin. En estos eventos se mostró como un testarudo y fanático revolucionario. Esa actitud ideológica lo alejó de los miembros del Buró Político y de la base del Partido Comunista. Y no comprendió que los nuevos tiempos exigían nuevas tareas y metas revolucionarias. Era imprescindible consolidar la revolución y régimen socialistas. Cohesionar la unidad de la alianza sociopolítica de los obreros y campesinos con el Estado. Fortalecer a los soviets como la verdadera base y fuerzas políticas del triunfo y consolidación del Partido y del socialismo.
Trotski, como comandante del Ejército Rojo, en su actitud y comportamiento, no procedió con actos arbitrarios e injustos en las decisiones y órdenes militares, y no cometió crímenes durante ni después del gobierno de Lenin. Tenía la virtud política de aceptar las directrices de este dirigente. En cambio Stalin manifestaba una posición contraria y prepotente. En sus últimos tiempos de vida, Lenin hizo su famosa carta (algunos la denominan testamento político) donde acusaba a éste de ser un dirigente violento y peligroso para la seguridad y vigencia del Partido, la revolución y construcción de la sociedad socialistas. Pero el criticado dirigente que ya dominaba los más importantes controles y mandos del Partido y del Estado, y disponía del apoyo de la mayoría de los miembros del Buró Político y de las bases comunistas que se oponían al trotskismo, actuó con astucia y audacia para desvalorizar el juicio acusatorio de la misiva.
Antes de las divergencias, Lenin no se opuso a los crecientes poderes que estaba adquiriendo Stalin, y era obvio que desconocía los actos arbitrarios que éste había cometido. Aunque Trotski le había informado de ciertas irregularidades y desatinos del cual era responsable en las intromisiones improcedentes que hizo en los asuntos internos del Ejército Rojo en la guerra civil, no le dio crédito a esas imputaciones. Sobre la muerte de un grupo (una decena) de oficiales (antes habían estado en el ejército zarista), que fueron encerrados en una barcaza y que murieron cuando ésta se hundió, no existen pruebas de que Stalin ordenara su hundimiento.
Fue durante su enfermedad cuando conoció el temperamento descontrolado e irascible de Stalin, pero ignoró ciertos errores que había cometido sin el conocimiento ni aprobación de la autoridad competente. Pero Lenin no lo designó como su sucesor, porque hasta su muerte mantuvo sus convicciones democráticas. La elección de un sucesor debía hacerse por un acto de elección democrática y no por la imposición y el querer de la voluntad del líder del Partido y de la revolución socialista.
Y no obstante de que fuera consciente de la necesidad de fortalecer la organización política de los comunistas en su base y estructuras democráticas, y de los mandos del incipiente Estado socialista, incurrió en el error de aceptar a ese dirigente como la persona indicada para ocupar los puestos claves en el Partido y gobierno socialistas. Sin embargo, posteriormente, al percibir el peligro que representaba para la seguridad y vigencia revolucionaria del régimen comunista, lo criticó y denunció en su carta a los miembros del Buró Político.
Al Partido bolchevique le faltaban dirigentes de la talla de Lenin. Pero, aunque algunos historiadores y sociólogos han considerado a León Trotski en el mismo nivel que aquél, la verdad es que éste carecía de la visión teórica y práctica del líder bolchevique. Es cierto que en el período de las grandes crisis que se presentaron durante el triunfo de la revolución socialista, fuera un miembro leal y un excelente organizador y dirigente que seguía las directivas y órdenes de ese colectivo, y las cumplía con lealtad y fidelidad. Pero posteriormente, en el inicio de la construcción de la sociedad socialista, siguió su propia ideología, que en muchas de sus tesis derivaba en errores y desviaciones. Además, no fue consciente de que su fuerza política dependía del leninismo. Y no obstante su gran capacidad
práctica, en los momentos más decisivos y críticos de la planificación de la construcción del modo social de producción económica del socialismo, se debatía enfermizamente en el dilema de un inminentetriunfo de una contrarrevoluciónburguesa.
Sin embargo, Stalin no fue leal ni fiel a la democrática dirección colectiva del Partido Comunista. Y subrepticiamente creó una facción de incondicionales a su poder personal en ese colectivo y en las posiciones claves del gobierno. Las fuerzas nacionales de Rusia se constituyeron en uno de los pilares de la política de ese dirigente para evitar el ascenso de los líderes bolcheviques de posturas democráticas en otras repúblicas. Acrecentó su poder y autoridad en el Partido bolchevique por medio de la Comisaría de las Nacionalidades, la Secretaría general y de la Inspección de Organización y Control de Obreros y Campesinos. Este poderoso y arbitrario dirigente al burocratizarlas convirtió esas instituciones comunistas en propiedad y patrimonio de su facción política y de su poder personal (Culto a la personalidad).
En el ascenso de este dirigente al poder contribuyó decididamente el derechismo socialista, que como facción política, es una desviación del comunismo, que se aproxima hacia la restauración del capitalismo, durante la revolución y construcción del modo social de la producción económica del comunismo. Esa tendencia se manifestó de una manera unilateral e independiente de los principios y fines integrales del bolchevismo. En los períodos de la formación del partido bolchevique, de la revolución y en los inicios de la construcción del modo socialista de producción económica, Lenin sostuvo una lucha tenaz, consecuente y democrática contra esa tendencia y facción, que en sus inicios fue liderada por Kamenev, Zinoviev y Bujarin. Pero cuando enfermó, estos dirigentes junto con Stalin ejecutaron el primer golpe político contra el Partido y gobierno leninistas. Los facciosos derechistas y centristas se unieron para desplazar el bolchevismo y leninismo del Partido y Estado socialistas.