4.7 Experimental performance results
4.7.3 Discussion
dirección de la edificación de la economía socialista de los bolcheviques durante el régimen de Lenin. Los métodos y procedimientos empleados por la burocracia en el primer período de implementación del Primer Plan Quinquenal se alejaron de los procedimientos democráticos y científicos de la dirección marxista-leninista. Esta política provocó la formación de una facción burocrática de oposición en el círculo de poder stalinista, Los nuevos kulaks y otros enemigos de clase social del socialismo se percataron de la fractura política y de las rivalidades de tendencias opuestas que se habían creado en la dirigencia del Partido Comunista. Estas divisiones en la cúpula del Partido y en el Estado alentaron y permitieron que esa clase media campesina propinara más daños económicos y sociales del que pudieron hacer contra la colectivización de la agricultura y la socialización de la industria.
EL FASCISMO: TOTALITARISMO DE ESTADO E IMPERIALISMO TERRORISTA
Durante las décadas del veinte y treinta del siglo XX, los sectores más reaccionarios de la burguesía, para superar la crisis general que debilitaba al imperialismo mundial, fueron partidarios de la creación de partidos políticos y Estados que fueran radicalmente opresivos y terroristas para
contener y aniquilar a las organizaciones y movimientos democráticos de los obreros y comunistas que ponían en peligro la existencia social y económica de las sociedades y Estados capitalistas.
En octubre de 1922, Benito Mussolini llegó al poder en Italia mediante un golpe de Estado perpetrado por los fascistas con la complicidad de los partidos liberales y conservadores que eran acérrimamente anticomunistas.
A pesar de que Alemania tenía que pagar una indemnización de guerra por miles de millones de dólares a la Potencias vencedoras, su economía creció de modo inusitado por medio de las palancas del capitalismo mundial porque propiciaba préstamos e inversiones de capitales extranjeros. Pero una vez restaurada la economía se manifestaron en esa esfera dos tendencias capitalistas muy definida: los monopolios financieros-industriales (propiedad de arios alemanes) y los monopolios financieros- comerciales (dominados por los judíos alemanes). La burguesía financiera comercial constituía la base política de la República de Weimar y sus fines económicos eran más internacionales que germánicos. Las finanzas y capitales bancarios y comerciales (dominados por judíos alemanes) estaban entrelazados con la burguesía de los Aliados vencedores en la Primera Guerra Mundial. También el capital financiero de los judíos de los otros países europeos estaba comprometido con el capitalismo de las Potencias occidentales.
Las colonias judías en la Europa capitalista gozaban de una excelente prosperidad y disfrutaban de altas posiciones y privilegios sociales y políticos. Pero no obstante esa elevada condición y posición social y política, un amplio sector se dedicaba al negocio de empresas industriales y comerciales medianas y pequeñas.
El anticomunismo y el antisemitismo se habían encendido en Alemania, y el nazismo absorbió y proyectó esas tendencias sociopolíticas. Pero en ese país el capitalismo germano creció de modo inusitado por lo que propugnó por la supremacía político-militar y la creación de un nuevo orden capitalista mundial.
El fascismo, movimiento radical y brutalmente reaccionario de la extrema derecha burguesa, fue la respuesta política de los poderosos círculos de poder de los capitalistas contra los movimientos democráticos y comunistas que luchaban por un cambio social y político revolucionario. Esa variante política de la burguesía terrorista expresa y representa la fuerza de choque de los círculos de extrema derecha imperialista más reaccionarios contra los movimientos comunistas, democráticos y contra la Unión Soviética.
Adolf Hitler, teórico y líder del fascismo alemán, para engañar y manipular a las masas populares denominó a su movimiento fascista, Partido Nacional Socialista Obrero Alemán, cuyas siglas en alemán significa NAZI. En su ideología, acusaba y anatematizaba al comunismo como una conspiración mundial del sionismo (nacionalismo judío). Y en el Nuevo Orden del Imperialismo germánico se preconizaban cuatro objetivos estratégicos: Primero, eliminar a las organizaciones y movimientos comunistas y democráticos del escenario político de Alemania. Segundo, desmembrar a los capitalistas judíos de la economía alemana y realizar una política de expropiación mundial de los capitales judíos. Tercero, destruir y colonizar a los pueblos de la Unión Soviética mediante una guerra criminal y de exterminio. Cuarto, implementar un genocidio étnico mundial para reducir y controlar a la población no aria con el fin de eliminar toda oposición y resistencia social y política contra el Tercer Reich de los Mil Años.
Después del fracaso de la intentona de golpe de Estado en Munich y de la Marcha hacia Berlín en noviembre de 1923 con el fin de apoderarse de Alemania y convertirla en un Estado fascista, emulando la Marcha a Roma de Mussolini que conquistó el poder en Italia, Hitler encarcelado, pero con todas la comodidades, escribió el Mein Kampf (Mi Lucha) que se convertiría en la Biblia del nazismo. En él formula los planes y programas económicos, sociopolíticos y geopolíticos de la nueva Alemania imperialista. En el programa político del partido fascista alemán, expresa que la conquista del poder debe realizarse por medio de la democracia liberal y no por procedimientos violentos. Además, declaraba enfáticamente que ese país tiene que coexistir pacíficamente con las Potencias
occidentales. Que los nuevos intereses vitales alemanes tienen que concretarse en el expansionismo territorial (doctrina política exterior del espacio vital), y dirigirse hacia el oriente europeo con la conquista militar y colonización de la Unión Soviética.
En Alemania, los judíos, que poseían un gran poder económico, adoptaron una postura anticomunista y antisoviética. Los judíos solventes ayudaban al partido social demócrata alemán, pero evitaban toda ayuda económica al Partido Comunista. Esta actitud favoreció la subida al poder de Adolfo Hitler. Posteriormente, este sanguinario político no sólo expropió las propiedades y bienes de los judíos en Alemania y en casi toda Europa, sino que hizo de ellos un holocausto.
Desde la subida de ese caudillo nazi al poder, las Potencias imperialistas le proporcionaron a Alemania la requerida ayuda económica y militar, pero desinteresada, para convertirla en una poderosa Potencia continental en el centro europeo con la finalidad de contener la influencia bolchevique (comunista) que irradiaba la Unión Soviética, por los colosales triunfos económicos, sociales y el ascendente poderío militar del Ejército Rojo. Sin embargo, el desmesurado acrecentamiento del poderío económico y militar convertía a la Alemania nazi en un poderoso Estado expansionista que rivalizaba con las otras Potencias mundiales. Esa contradicción y rivalidad económica significaba una presunta amenaza político y militar para las otras Potencias capitalistas mundiales. No obstante ese peligro de confrontación, las Potencias del Imperialismo social-liberal procuraban contribuir de modo significativo en el gigantesco crecimiento económico y en el rearme militar germano fascista para empujar a ese país hacia una guerra contra la URRS.