9 Metatypes • Make use of metatypes as a dynamic adaptation mechanism, to demonstrate their abilities and usefulness
Chapter 4 CHISEL FRAMEWORK IMPLEMENTATION
De acuerdo a lo anterior, investigaciones como la de Mauricio García y Javier Revelo, al proponer como tópico de análisis las instituciones y el sistema político, consiguen superar la perspectiva tradicional que caracterizó a la mayoría de los estudios que sobre el estado de excepción se han elaborado en el país. Su trabajo representa un inmenso avance en relación a los análisis legales de la excepción, pues consiguen ir más allá del aspecto normativo del problema al encontrar en la decisión y no en la norma el motor de la excepcionalidad; ya que es la decisión del funcionario lo que modifica las reglas de juego alterando el equilibrio entre las ramas del poder público, imponiendo así una suerte de institucionalidad híbrida donde el poder está concentrado en manos del Ejecutivo, erosionando las instituciones y modificando el régimen político.
De modo que, la excepción es dicha zona híbrida en la que se ignoran los equilibrios constitucionales y los controles del Estado de derecho reemplazándolos por un proceso de concentración de poder en el gobierno central, que se ha conseguido a través de la captura política de las instituciones del Estado. Pero como la excepción no es un problema propiamente institucional, de acuerdo a las características del gobierno Uribe, la explicación de estos autores resulta incompleta para entender la complejidad del fenómeno a falta de un dispositivo de análisis que
permita comprender la “excepción metalegal”, es decir, en los 8 años de gobierno
Uribe se reconfigura un tipo de estado de excepción que no corresponde a lo que se
ha identificado como “excepción normativa”, sino que es la excepción producida por
la aclamación que desde la perspectiva legal se ve como normalidad y desde el análisis jurídico-institucional se entiende como un elemento que refuerza esa zona híbrida pero no su causa principal.
Asímismo, centrar el problema en la captura de las instituciones es fácilmente debatible si se tiene en cuenta que el gobierno nacional respetó la institucionalidad por lo menos en el sentido formal, por lo que a pesar de las inconformidades se
35 acataron las decisiones de los órganos de control y se permitió el normal funcionamiento de las diferentes instituciones. Por esto, aunque la reelección presidencial alteró el diseño institucional permitiendo una concentración del poder en el Ejecutivo, que identifican los autores en la facultad de ternar del primer
mandatario17, durante los años de gobierno del ex presidente Uribe ninguna
institución fue cerrada ni hubo una intromisión directa del mandatario que garantizara sin mayor debate o análisis la aprobación de los proyectos de gobierno. En otras palabras, a pesar de que hubo mayor representación de la coalición de gobierno en las diferentes instituciones, esto no garantizó que se impusieran los proyectos e intereses del primer mandatario por encima de la función de cada una de las instituciones, así por ejemplo, la Corte Constitución declaró inexequible el referendo reeleccionista aun en contra de los intereses del gobierno, en un momento de gran tensión entre el ex presidente Uribe y la Corte.
Por esta razón, se considera que la excepción que se presentó en los períodos de gobierno Uribe fue un fenómeno más complejo que solo una alteración en el
equilibro de los poderes públicos. No solo como diría Agamben “la declaración del
estado de excepción se ha sustituido de forma progresiva por una generalización sin precedentes del paradigma de la seguridad como técnica de gobierno” (Agamben, 2003, p.27), sino que además la excepcionalidad se produce por aclamación, es decir, es la excepción que resulta de “una exclamación de aplauso, de triunfo, de alabanza o desaprobación gritada por una muchedumbre en
determinadas circunstancias” (Agamben, 2008, pp.296) que se fortalece.
En este sentido, en Colombia la Democracia se reduce a la opinión de las mayorías
por medio de dos estrategias: los consejos comunitarios y el “Estado de Opinión”.
Dada la naturaleza del fenómeno, este se suele explicar desde el populismo o el
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Además de la facultad de ternar los autores consideran que la concentración de poder en el Ejecutivo fue posible debido a “el
gran poder político de la coalición de gobierno, la debilidad institucional del Congreso, y la incapacidad de la oposición política,
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neopopulismo18, sin embargo, esto no se puede determinar tan a la ligera. Siguiendo
la reflexión de Carolina Galindo Hernández en el texto “Neopopulismo en Colombia: el caso del gobierno de Álvaro Uribe Vélez”, se encuentra que debido al grado de flexibilidad con el que ha sido usado estos conceptos ha hecho que casi cualquier cosa sea analizada bajo esa perspectiva. Por lo tanto, aunque se haya determinado que el populismo es tanto una categoría analítica como un fenómeno histórico que corresponde a una época en particular, es necesario limitar el uso de esta categoría a los fenómenos que realmente correspondan a lo que puede ser determinado como populista o neopopulista para no caer en el uso simplista de los términos.
De modo que, antes de explicar el caso colombiano bajo estos conceptos es necesario realizar un análisis riguroso de las particularidades del gobierno Uribe y la situación que se formó en torno a éste. No es suficiente con que el estilo de gobernar del ex presidente Uribe y el fortalecimiento del poder ejecutivo en Colombia durante dicho período parezcan reproducir viejos esquemas que se asemejan a lo que se ha denominado como populismo o neopopulismo, puesto que “la trayectoria del ascenso y gestión de Uribe reviste unas particularidades que van alejando sistemáticamente a su gobierno de la caracterización populista” (Galindo, 2006, pp.158). De acuerdo a esto, no se puede afirmar que la administración Uribe
representó en el país un proyecto populista o neopopulismo19porque: En primer
lugar, la política de Seguridad Democrática no consiguió convertirse en un proyecto de unidad nacional cimentado en una sólida base popular, característica propia del populismo latinoamericano, sino que “bajo la lógica de la disyuntiva amigo-enemigo,
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Algunos expertos consideran que “ si bien el populismo se adscribió originalmente en un contexto y a partir de unas orientaciones económicas totalmente contrarias al neoliberalismo, es posible hablar de una especie de neopopulismo en este contexto, en la medida en que se presenta una especie de adaptación de los viejos esquemas de un populismo estructural a los nuevos retos generados por el clima de crisis económica y de malestar social provocados por la inserción en la dinámica de la
globalización” (Entrena, citado en Galindo, 2006, p.150). No obstante, existe un conjunto de autores que cuestionan la existencia de un neopopulismo como: Carlos Vilas, José Nun, Marcos Novaro y Aníbal Quijano, entre otros.
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Incluso el propio debate que cuestiona la existencia del neopopulismo debilita las investigaciones que consideran el programa de gobierno del ex presidente Álvaro Uribe Vélez como un proyecto de corte neopopulista, puesto que mucho de los rasgos señalados por los autores, que afirman la inexistencia del neopopulismo, demuestran una importante diferencia entre la fuerte concentración de poder en líderes carismáticos propia del populismo y los fenómenos actuales en relación a las características históricas de cada contexto. Por lo tanto, no se puede hacer uso de una teoría tan solo por la coincidencia de algunos elementos omitiendo los rasgos que no entran dentro de dicha clasificación.
37 utilizada de manera indiscriminada contra amplios sectores de la población, se polarizó a la población colombiana” (Galindo, 2006, pp.161).
Finalmente, no se presentó como tal un proceso de movilización política propio del populismo sino una cooptación de las instituciones que le aseguraron al ex presidente Uribe el amplio respaldo del Congreso, los partidos políticos tradicionales y de los partidos que se formaron en torno suyo. Igualmente, señala la autora que es cuestionable la vinculación directa con el líder desde la perspectiva populista cuando la relación entre el ex mandatario y el pueblo colombiano se consolidó a través de redes clientelistas por medio de los partidos tradicionales o los grupos armados.
En conclusión, un análisis desde la perspectiva populista o neopopulista resulta impreciso en términos históricos, e insuficiente para explicar el fenómeno que se presentó en los ocho años de gobierno del ex presidente Álvaro Uribe Vélez, puesto que no explica cómo se convierte la decisión del soberano en algo absoluto e incuestionable permitiéndole aplicar las decisiones más autoritarias en contra de la seguridad y el goce de los derechos del mismo pueblo que legitimaba sus acciones.
Por lo tanto, ante la ausencia de casos anteriores de populismo en Colombia, se llega apresuradamente a la conclusión que por su innovador estilo de gobernar, que lo distingue de sus predecesores, el gobierno del ex presidente Uribe es un caso típico de proyecto neopopulismo, al reconocer en él un liderazgo político personalista y paternalista que por medio de políticas sociales asistencialistas logra movilizar el apoyo del sector popular. Sin embargo, ignoran quienes se adscriben a esta teoría para explicar el gobierno Uribe que el país fue continuamente gobernado bajo estado de excepción hasta la Constitución de 1991, así que de acuerdo a los antecedentes históricos, la excepción fue la forma de gobernar por excelencia
incluso después de que se controla el uso de la “excepción normativa”, como se
puede observar durante los períodos de gobierno Uribe, donde se produce una “excepción por aclamación” que supera los límites legales.
38 3.1 Los consejos comunitarios y el Estado de Opinión: de la realidad a lo
espectacular
Con los consejos comunitarios, metodología de gobierno que ya había puesto en práctica durante sus años como gobernador de Antioquia (1995-1997), el ex presidente Uribe buscó asegurar una relación directa con la población, aspecto que consideraba clave para fortalecer la democracia participativa, por lo que los consejos fueron incluidos como un programa de gobierno dentro del Plan Nacional de Desarrollo “Hacia un Estado Comunitario” (2002-2006), una vez fue elegido presidente de la República para su primer período de gobierno. Los consejos comunitarios hacían parte de la Consejería Presidencial para las Regiones, se realizaban los sábados en ciudades y municipios bajo la idea de propiciar un espacio de encuentro entre los funcionarios y la población. Estos consejos eran presididos por el ex presidente, junto con los ministros del despacho, el director del Departamento Nacional de Planeación (DNP), el gobernador del departamento y las autoridades locales (alcaldes, diputados, concejales, sindicalistas, ONG, miembros de asociaciones comunitarias, autoridades eclesiásticas, entre otros).
Los consejos comunitarios son una de las insignias del gobierno Uribe junto con la política de Seguridad Democrática y el Estado de Opinión, para la mayoría de los analistas la explicación de la inmensa popularidad del ex presidente, que estuvo alrededor del 80%, radica en estos tres proyectos. Sin duda, la política de seguridad consiguió cohesionar a la mayor parte de la sociedad colombiana en torno a la lucha contra el terrorismo pero fue por medio de los consejos comunitarios y del
Estado de Opinión que se logró mantener al país en “excepción por aclamación”,
como se demostrará más adelante.
Los consejos comunitarios, según José Obdulio Gaviria, en palabras de Uribe son “ejercicios de trabajo y gestión, un diálogo constructivo entre el Gobierno Central, los gobiernos locales y la comunidad; un diálogo permanente, diálogo sincero. Diálogo que ayuda a conocer limitaciones y también a saber que tenemos que
39 hacer esfuerzos adicionales” (Gaviria, 2006, pp.71). En este sentido, eran la forma que tenía el ex presidente Uribe de intervenir en lo local, ayudando en la labor de las autoridades locales de atender las necesidades de su población haciendo que los funcionarios se comprometieran de manera directa en dar solución a las necesidades de la comunidad.
La Consejería Presidencial para las Regiones asegura que hasta el año 2008 se realizaron 221 consejos comunitarios y todos los departamentos del país habían sido visitados dejando un número importante de tareas para los diferentes ministerios. A Mayo 30 de 2009 el ex presidente había realizado 235 consejos comunales de gobierno, que dejaron como resultado la asignación de 4.746 tareas, de las cuales se habían cumplido 2.853, 1.232 estaban en proceso y 287 en proceso avanzado. Las sesiones eran transmitidas por radio y televisión durante todo el día, de esta forma Uribe consiguió aumentar su popularidad no solo en las regiones visitadas sino también a nivel nacional, al mantener una conexión con el pueblo que lo diferenciaba de sus antecesores. Esta estrategia, según la “La silla vacía”, implicaba un gasto anual de 3.485 millones de pesos puesto que cada uno de los consejos requiere un despliegue logístico que incluye: desplazamiento en el avión presidencial, transmisión del encuentro, despliegue de soldados, transporte y alojamiento de los funcionarios que desde la capital se desplazan para atender las necesidades de la comunidad de las diferentes regiones del país, alimentación y
carpas20
.
Según la Presidencia de la República los consejos se definían mediante un proceso de convocatoria que se iniciaba tan pronto el ex presidente definía la agenda y el lugar donde se realizaría el próximo consejo, estos duraban aproximadamente ocho horas, durante las cuales “el presidente recibe directamente las peticiones, quejas, sugerencias y críticas de los ciudadanos, y responde a ellas de manera inmediata, muchas veces con la participación de alguno de los miembros del gobierno
20
Ver anexo 2 para conocer los costos de cada uno de los ítems mencionados para el consejo comunal en San José del
40 presentes” (García y Revelo, 2009, p.316). No obstante, según lo señaló “La silla vacía” los consejos comunitarios no eran un espacio de democracia espontánea. Teniendo en cuenta que por un lado, había un trabajo previo acerca de las necesidades de la región lo que le permitía al ex presidente y a los funcionarios preparar con antelación las cifras y las soluciones presentaban a la comunidad.
Y por otro lado, aunque las convocatorias para asistir a los consejos eran públicas la información que se requería para inscribirse era usada en la práctica para filtrar a los asistentes, de esta forma las autoridades locales y los representantes del gobierno nacional decidían quiénes iban. Así por ejemplo, “Una persona que asistió a un consejo comunitario en el Caquetá recuerda que el alcalde o el gobernador decidía quien podía ir. Otro usuario de La Silla Vacía que asistió a un consejo en Moñitos, Córdoba, afirmo que los líderes comunales se encargaban de enviar listados de posibles asistentes. En ese caso, el líder comunal podía elegir. Y un asistente al consejo comunal de Chía, Cundinamarca, en febrero de 2005, directamente afirma que para poder ir se necesitaba una recomendación de una
persona, entidad o gremio que fuera reconocido. Y gobiernista, de ser posible.”21 (La
Silla Vacía, 2010, 9 de Noviembre). Esto no indica que se excluyó de los consejos comunitarios a los opositores del gobierno Uribe, sino que antes de que empezara el encuentro ya se tenía pleno conocimiento de los asistentes y de los temas que serían planteados.
De esta forma, siguiendo los planteamientos de Guy Debord en el texto “La sociedad del espectáculo”, se encuentra que durante el período 2002-2010 lo que crea el ex presidente Uribe por medio de los consejos comunitarios, no es un simple espacio de encuentro entre los funcionarios del gobierno y la comunidad, sino un ambiente espectacular regido por la democracia mediática, es decir, se construye un mundo de representación paralelo a la realidad, que opera a nivel cognitivo, haciendo creer a las personas que están inmersas en esa zona que lo
21
41 experimentado allí es la verdad mientras que lo falso es todo aquello que no hace parte, lo que permanece excluido y es contrario a los valores promulgados por el ex presidente y todo el aparato ideológico que se formó a su alrededor. Así, la representación va desplazando la realidad hasta que se convierte en lo real, y de esta forma hace que, para las personas que han sido absorbidas por ese ambiente espectacular, no haya mayor realidad que lo directamente vivido en el consejo comunitario. En palabras de Debord “la realidad, considerada parcialmente, se
despliega en su propia unidad general como un seudomundo aparte, objeto de la
mera contemplación” (Debord, 2008, pp.37).
Que los consejos comunitarios sean transmitidos por radio y televisión facilita la construcción de ese seudomundo en el que imperan las imágenes y las apariencias; el ex presidente proyecta una imagen a nivel nacional que corresponde a un líder carismático, trabajador, que mantiene un contacto directo con la comunidad y está firmemente comprometido a luchar contra la corrupción y el terrorismo, en otras palabras, lo que aparece es bueno y lo bueno es lo que aparece” (Debord, 2008, pp.41). Pero esto solamente es un mecanismo para construir valores culturales que mantienen cohesionada a gran parte de la sociedad colombiana. De esta manera, emerge un mundo de la representación, donde ni lo jurídico ni lo institucional es el problema, sino la construcción de una visión del mundo, de un conjunto de valores, creencias e ideas que legitiman las propuestas y las decisiones del ex mandatario una vez se convierten en verdad absoluta.
En este sentido según Debord:
“el espectáculo se presenta como la sociedad misma y, a la vez, como una parte de la sociedad y como un instrumento de unificación. En cuanto parte de la sociedad, se trata explícitamente de aquel sector que concentra toda mirada y toda conciencia. Por el hecho mismo de estar separado, este sector es el lugar de la mirada engañada y de la falsa conciencia; y la unificación que realiza no es más que el
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lenguaje oficial de la separación generalizada”. (Debord, 2008, pp.38).
Efectivamente, para mantenerla unificada y convertirla en una sociedad espectacular Uribe emplea un discurso político ligado a un estado de guerra, por eso sus intervenciones se basan en la distinción amigo-enemigo con lo que unifica la separación que ha construido y consigue imponer decisiones a través de la metáfora bélica. El terrorismo le permitió a Uribe dividir la sociedad pero al mismo tiempo consiguió reunir en torno suyo a más personas que coincidían con su manera de entender y solucionar los problemas del país. Pero no es suficiente el solo discurso unificador, para que ese ambiente espectacular se convirtiera en lo real y la ilusión pasara a ser la verdad, era necesario la aparición constante del ex mandatario en los diferentes medios de comunicación, para que de esta forma la construcción del espectáculo fuera continua.
La transformación de la democracia en democracia mediática permitió que los consejos comunitarios tuvieran un impacto político a nivel nacional, en este sentido, como lo indica Debord “allí donde el mundo real se transforma en meras imágenes, las meras imágenes se convierten en seres reales, y en eficaces motivaciones de un comportamiento hipnótico. El espectáculo como tendencia a visualizar, merced a diversas mediaciones especializadas, un mundo que ya no es directamente