Chapter 2 RELATED WORK ON
2.1 Adaptation using reflective techniques
2.1.3 Javassist
Para lograr una comprensión clara de la idea que se dibuja detrás del conflicto armado en Colombia, es necesario tener en cuenta cómo actuan diferentes factores en realidades que se ven inmersas en lo político, lo económico y lo social, y reconociendo en la intersección de éstas la presencia de agravios aún presentes. Permitendo una continua configuración de escenarios violentos como resultado de políticas de corto alcance -por parte del Estado- a realidades complejas inscritas en el caso colombiano. La opción teórica y explicativa tomada en este punto pretende mostrar las diferentes posturas, percepciones, ideas, etc. Adoptadas por los actores armados, con el objetivo
de otorgar una mirada ámplia al interior de las causas del conflicto, situando la discusión en el debate por las Agendas Económicas de la Guerra.
Se ha argumentado desde ya hace un tiempo el surgimiento de nuevos procesos que componen las llamadas “Nuevas Guerras” a partir del análsis hecho por Kaldor, en donde el desarrollo de la guerra basado en eventos como el fin de la Guerra Fría o el ataque a las Torres en New York en 2001, se encuentran mermadas por la desintegración de los Estados, liberadas por actores estatales y no estatales; guerras en donde la violencia encuentra su pricipal objetivo en estructuras civiles; finalmente son guerras en las que se derrumban las recaudaciones tributarias y la financiación del esfuerzo bélico se realiza mediante el robo y el saqueo, el comercio ilícito y demás ingresos generados por la guerra (2006, 13). La categoría propuesta anteriormente deja de lado motivaciones y vinculaciones de tipo político o idelogico; esta definición resulta problemática si se tiene en cuenta en su sentido más puro ya que la acción por parte de los actores responde a explicaciones de tipo monolítico, en cuanto que el motor principal por el cual reivindican comportamientos violentos es concebido como un medio para hacerse de fines económicos. El alejamiento a análsis de este estilo resulta imperativo para lo que sigue.
Podría pensarse más bien que la presencia de recursos para el funcionamiento de las guerras sigue estando presente en porocesos violentos, ya bien sea entre Estados con un reparto de poder medido por la capacidad militar a lo cual Kalyvas define como guerras Convencionales o por otro lado, guerras en las que la asimetría de poder resulta de actores armados con una capacidad militar limitada (guerrilas, partisanos, etc.), enfrentados a estructuras políticas y militares al mando del Estado central, definidas como Irregulares (2009, 199). Tomando como un punto de partida inicial el Carácter Cambiante de las
Nuevas Guerras se abre el paso a lecturas planas del conflicto aludiendo a la oportunidad, la captura de recursos, las narrativas distorsionadas de
descontento y la postura predatoria de los actores armados (Collier, 2000, 92) como un paradigma reconocido para la explicación de guerras con
en día han perdido cualquier resquicio de ésta motivación concluyendo en un Sacar porvecho de la guerra.
En Colombia la discusión también se ha ido ajustando a los cambios que en niveles nacionales e internacionales afectan de manera significativa el desarrollo de la guerra. La inclusión de nuevos actores en el paisaje del conflcito en Colombia, la evolución al interior de sus estructuras y la aparición de recursos legales o ilegales como un motor que alimenta la lucha también ha sido foco de discusión para la academia pasando por la discusión acerca de las “causas obejetivas de la violencia”7 en las que se encuentra la pobreza, la desigualdad y exclusión política y una arraigada cultura de la intolerancia (Valenzuela, 2001, 3) .
Por tanto, es necesario definir las bases del debate y actualizar las motivaciones. La lectura de las interpretaciones que se dan respecto a los manifestaciones de la violencia en Colombia siguen vigentes, por tanto es necesario pasar por una reinterpretación y reubicación de las “causas obejtivas” en conjunto con motivaciones de tipo económico no como una explicación simple al conflcito sino teniendo en cuenta que existen espacios en donde la intersección de estas variables puede llevar a una aporximación causal más responsable y ámplia del conflicto en Colombia. De esta forma “...los análisis sobre las causas de un fenómeno no pueden ignorar los efectos resultantes de la interacción entre variables, ni diferentes combinaciones de variables independientes o secuencias causales, en las que ninguna es condición necesaria o suficiente, que pueden producir el mismo resultado” (Bennett , 1999, citado en: Valenzuela, 2001, 9).
El objeto de la lucha se remite a porciones de poder que bien pueden ser representadas en la obtención de recursos de todo tipo. Esto pasa por la capacidad militar, el apoyo civíl, el control territorial y la disponibilidad financiera para hacer la guerra. Pero es preciso entender que no siempre el apoyo de
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Dentro de los trabajos que ilustran la discusión al respecto se encuentran Bejarano (1997), Sarmiento (1999) y Rubio (2000).
población civil o el poder territorial se da de manera consensuada y muchas veces pasa por la utilzación de practicas violentas de coacción.
Remitirnos a las cífras de pobreza, desempleo, niveles de NBI, exlcusión social, desigualdad y demás no justifican la razón por la cual un conflcito social se solucione por vías destructivas como consecuencia de agravios percibidos por parte de algunos actores que en principio no vieron otra salida sino la de optar por prácticas violentas representadas en rebelión. Una postura teórica que puede iluminar la comprensión respecto a la proclividad de un conflicto por ser destructivo o no, nos viene dada por Kriesberg, quien atribuye a las formas en que una incompatibilidad entre partes puede ser llevada a cabo por tácticas destructivas o no, dependiendo del nivel de regulación e institucionalización de la misma (2012, 106). No todas las personas de una sociedad ven la salida a un conflicto específico de forma violenta, sin embargo la porción que lo sienta así puede percibir en el uso de las armas una como estrategia coercitiva los medios para agenciar necesidades y creencias a falta de un sistema político que no otorgue oportunidades claras para la inclusión en la vida política del país. En palabras de Arnson, las causas o agravios objetivos estan presentes en varias sociedades, pero no todas ellas decidieron ir a la guerra y solo unas pocas tuvieron disponibles los recursos para sostener una rebelión (2005, 7). De lo anterior, es posible indetificar que los conflcitos deben ser entendidos en ciclos o fases através del tiempo y la relación que guardan con la obtención de recursos económicos es solo una clave para entender por qué tienden a prolongarse.
Adicionalmente, la posibilidad para que un tipo de confrontación armada pueda tener lugar depende en gran medida de un clima de “ambigüedad” como antes fue expuesto, mermado por la falta de presencia estatal permitiendo “…que se suplanten las fuerzas legales por otras que fundan ciertos tipos de nocivas legalidades nuevas” (Salamanca, 2004, 90). El hecho de que existan estructuras políticas no definidas lleva a escenarios en los que la idea de soberanía pueda ser disputada por medio de la violencia, logrando así una posterior institucionalidad nublada. Esto puede ser traducido en niveles de
gobierno carentes de legitimidad en zonas rurales, apartadas de la realidad centralista que viven países como Colombia y en las que se pone en duda el reconocimiento por parte de la población de un Estado al cual acudir en momentos de incertidumbre.
Esta falta de gobernabilidad puede ser leída como un agravio en sociedades que dependen en gran medidad de las decisiones tomadas desde niveles centrales de poder, gracias a la falta de cohesión territorial generando obstáculos para el buen funcionamiento económico y político de sus instituciones. Por tanto, “…fallas de gobernabilidad generan agravios y, así de importante, contribuye a estructuras de oportunidad que permiten retos violentos a lo militar y económico” (Arnson, 2005, 10).
La situación minera en Colombia se configura un fenómeno al cual se debe prestar atención, pues la conjugación de interes y actores sirve como caldo de cultivo para que distintos conflcitos cobren vida. Diferente a las confrontaciones armadas –donde se puede indentificar la presencia de grupos guerrileros como FARC y ELN en conjunto con grupos paramilitares AUC en un principio y posterior a un proceso incompleto de desmovilización BACRIM-, los problemas que aquí se inscriben estan rodeados por coyunturas que van desde el impacto ambiental, la expropiación de territorio a comunidades indígenas, la disminución de oportunidades laborales a causa de políticas mineras que benefician los megapreyectos, la corrupción de instituciones que sacan provecho de mercados ilegales coptados por la criminalidad y la violación a derechos humanos. Si a esto se suma la mala legislación, producto del Código de Minas de 2001 (Ley 685) con serios atrasos en temas tan recurrentes como la formaliazación de titulos, la inseguridad jurídica en temas laborales, la flexibilización de requisitos para hacerse con títulos y la falta de soportes dirigidos a la reducción del impacto ambiental (Semana, 2013), la predicción no arroja un escenario alentador.
Pensar la paz en medio de este contexto se encuentra estrechamente ligada al reconocimineto y redireccionamiento de los agravios que puedan sentir los grupos como parte de su identidad (Guáqueta, 2003, 93). Un aporte importante
en esta dirección lo otrogan la teoría de confclictos emergentes que bien es tenida en cuenta para el desarrollo de este análsis (Kriesberg, 2012).
Determinar de forma clara los objetivos políticos y económicos por parte de los combatientes puede ser problemático. A nivel interno los grupos pueden mostrar serios indicios por hacerse con recursos sin ningún fín de tipo político. Esto se debe a relaciones que tienen lugar en las estructuras más íntimas de los grupos y muchas veces caen en motivaciones individuales por obtener beneficios por fuera de lo establecido como una meta de tipo común. Al interior de cada grupo es posible identificar características propias. Algunas veces pueden los medios de la guerra pueden ser inapropiados en relación con los objetivos buscados; de acuerdo con Kriesberg, es posible determinar la escognecia de una u otra estrategia basandose en el análisis de las siguientes variables: predisposiciones frente al otro (adversario en la guerra), ideología, organización social y recursos disponibles para la lucha (2012, 130).
Siguiendo el análsis, las predisposiciones pueden estar determinadas por el contexto político, social y económico que en cierto modo moldean la toma de decisones; un ejemplo expuesto por Kriesberg pueden ser las condiciones de género o la condición socio-económica en que se nace. Si bien estas categorías no son exclusivas a una explicación del por qué ciertas personas deciden ir a la guerra y otras no, es preciso tenerlas en cuenta. La ideologías según el autor, “se refiere a formas de pensamiento, a menudo implícitas, las cuales ofrecen interpretaciones del mundo social en el que un grupo funciona y guís su acción” (Kriesber, 2012, 135). La organización social se refiere al compromiso que las personas puedan tener con una causa propia de la lucha percibida en un entorno de grupo. Finalmente, los recursos disponibles hacen referencia a la capacidad humana, económica de los grupos para llevar a cabo cierto tipo de estrategia. Un esfuerzo por establecer condiciones de comportamiento ayuda al esclarecimiento de las motivaciones.
En colombia,
[…] la mayoría de líderes de las guerrillas colombianas continuan aferrados a ideales políticos y metas que fundamentalmente buscan la trasformación de las instituciones
políticas y económicas del país, manteiendo confiables fuentes de ingresos que claramente han influenciado sus estrategias militares y decisiones tácticas, incluyendo el tiempo para pensar en un proceso de desmovilización. Para los grupos guerrilleros, la fortaleza económica determina su fuerza militar y así mismo configura expectativas para entrar en una mesa de negociación. (Guáqueta, 2003, 94)
Al respecto también Chernick ha contribuído con la postura de que a pesar de la inclusión de variables económicas que han reconfigurado el escenario inicial de la guerra pueden ser identificadaso al menos 4 objetivos de contenido político en los grupos guerrilleros de las FARC y el ELN: 1) la costrucción de un ejercito capaz de confrontar las fuerzas armadas y las milicias paramilitares de adscripción derechista con el objetivo de tomar el poder estatal o forcar a un acuerdo político; 2) proteger y expander sus recursos financieros para el sostenimiento de estrategias insurgentes; 3) desestabilizar y retar al Estado en niveles regionales; y 4) establecer estructuras de poder alternativas in regiones seleccionadas para competir por el control territorial (Chernick, 2003, 182). La complejización de procesos en donde se produce la intersección de diversos factores en tiempos similares debe ser tenida en cuenta a la hora de establecer categorías de análsis con miras a explicar de una forma completa las causas o motivaciones de la guerra. Para concluir este aparte, Chernick sintetiza de forma clara diciendo:
…los recursos son siempre un factor decisivo en cualquier lucha prolongada o movimiento de protesta. Los movimientos no puede durar sin un soporte que pase por los recursos. Sin embargo, los recursos no son sino un elemento, acompañado de agravios, ideología, estrategia, y en algunas ocasiones condiciones internacionales. Los recursos son un factor pero no el8 factor (Chernick, 2003, 182).