El concepto de la autoeficacia fue introducido por Albert Bandura en 1977. Nos referimos a autoeficacia para hablar de las creencias que posee el individuo sobre su propia capacidad para organizar y ejecutar las acciones requeridas ante situaciones futuras (Bandura, 1977). El proceso de autorreflexión, para este autor, hace posible que los sujetos evalúen sus experiencias y los pensamientos asociados. En base a esto se podría concluir que tiene mayor influencia lo que los sujetos creen que son capaces de hacer que lo que saben, lo habilidosos que son, e incluso los éxitos y fracasos conseguidos previamente. Así, la percepción de autoeficacia sería la variable predictora más potente.
El término autoeficacia se relaciona con el de expectativas, que es un concepto que parte de los trabajos de Lewin (1938) y Tolman (1933). A su vez, la valoración subjetiva de la posibilidad de alcanzar un objetivo particular es la expectativa. Podemos diferenciar dos tipos de expectativas: por un lado la expectativa de eficacia se da cuando uno confía en que es capaz de llevar a cabo una conducta específica y por
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otro la expectativa de resultado que es la confianza de que cierta conducta ya efectuada dé un resultado determinado (Bandura, 1977, 1986)
Un aspecto importante de la conducta humana identificado por Bandura es que las personas realizan autopercepciones acerca de su propia capacidad. El término autoeficacia en un principio se refiere a un dominio o una tarea específica. Sin embargo, algunos investigadores han conceptualizado un sentido general de autoeficacia que se refiere a un aspecto amplio y estable de competencia personal sobre la medida en que una persona puede ser efectiva en diversas situaciones estresantes (Choi, 2004; Luszczynska, Scholz Schwarzer, 2005; Luszczynska, Gibbons, Piko, 2004). Por lo que se puede definir el término autoeficacia como los juicios que cada individuo hace sobre sus capacidades, que le sirve de base para organizar y ejecutar sus actos posteriores de modo que le permitan alcanzar el rendimiento deseado (Flores y Gómez, 2010; Ornelas, Blanco, Rodríguez y Flores, 2011).
El papel de los fenómenos de autorreferencia a través del cual los sujetos son capaces de actuar sobre su ambiente transformándolo, es subrayado en el desarrollo de la Teoría social-cognitiva (Bandura, 1986). Al hablar de autopercepción, nos referimos al proceso reflexivo (y su resultado) por el cual la persona toma conciencia de su yo y de sus cualidades y características en particular. A este término, podríamos relacionar otros como: autoconocimiento, autoobservación, memoria autobiográfica, autoestima, autoaceptación. Las creencias personales pueden mediar en las acciones posteriores así como proporcionar información sobre éstas. Se desarrolla una tríada: conducta- ambiente - pensamientos que se retroalimenta de forma continua. Con lo cual, los trabajos de Bandura concluyen que las creencias (pensamientos) que tienen las personas acerca de sí mismas resultan determinantes para el control y la competencia personal.
Las siguientes cuatro fuentes son la base de la que derivan las creencias de autoeficacia:
Cada logro de ejecución: compuesto con la información que otorgan las experiencias pasadas. Son la fuente más importante para la percepción de autoeficacia ya que informan sobre los éxitos y fracasos obtenidos en la realidad. Cuantos más éxitos se obtienen mayor es la percepción de
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autoeficacia y, por el contrario, cuantos más fracasos se sufren, menor es la percepción de autoeficacia.
Experiencia vicaria u observación: se produce al ver como otras personas realizan ciertas actividades; esta fuente adquiere mayor importancia cuando se trata de tareas en las que el individuo observador no tiene experiencia y por tanto desconoce si obtendría éxito o no. Si por ejemplo una alumna ve que hay mujeres que estudian y trabajan en profesiones tradicionalmente masculinas como las ingenierías, aprenderán que ellas también podrían obtener éxito dedicándose a este ámbito.
Persuasión verbal: adquiere especial relevancia en sujetos que ya se perciben eficaces pero que les falta más confianza para ejecutar la acción. Por continuar con el ejemplo de la alumna que quiere estudiar una carrera masculinizada, podría ocurrir que supiera que se le dan bien y le atraen las asignaturas que se imparten en dichas carreras y se la podría persuadir verbalmente para que se anime a elegirla.
Estado fisiológico del individuo: si el individuo sufre indicadores de activación autonómica (fatiga, dolores, etc.), podría interpretar que se debe a que no sirve para la tarea a la que se enfrenta. La ansiedad se asocia a una sensación de vulnerabilidad y una falta de rendimiento. En la interpretación de las experiencias influyen también el estado emocional de los sujetos.
Los autores de la Escala de Autoeficacia General Baessler y Schwarzer (1996), instrumento que se utiliza en esta investigación, entienden que la autoeficacia percibida hace alusión a una situación muy concreta, como por ejemplo, comportarse de una manera adecuada en una situación determinada o aprobar un examen de química. Por otro lado, otros autores consideran la autoeficacia general como algo global, refiriéndose a la creencia que una persona posee sobre su capacidad para manejar de forma adecuada, un gran abanico de situaciones estresantes (Sanjuán, Pérez García, y Bermúdez, 2000).
Como indican Bandura, Caprara, Barbaranelli, Gerbino y Pastorelli (2003), un aspecto a destacar para entender el concepto de autoeficacia es que, no es igual tener
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las capacidades y habilidades que hacen falta para conseguir algo, que confiar en que se poseen los recursos que permiten responder eficazmente a las situaciones de amenaza o de alta demanda. Así, la autoeficacia no estaría relacionada con las capacidades o habilidades que un individuo tiene, sino que está más relacionada con lo que el sujeto piensa, sobre su capacidad y habilidad (Maddux, 1995), es decir, sobre su expectativa de autoeficacia.
Los individuos realizan autopercepciones sobre su capacidad. Más tarde emplean estas percepciones para perseguir sus metas y tomar decisiones (Gutiérrez, Escartí y Pascual, 2011). Es decir, el modo de actuar de las personas puede ser fruto de la influencia de lo que se cree capaz de hacer. Las personas, según la Teoría Social Cognitiva serían tanto productores como productos de sus ambientes y de sus sistemas sociales. Los sujetos en lugar de dejarse guiar por sus instintos, son considerados proactivos, autoorganizados, autorreflexivos y autorregulados. En su determinismo recíproco, Bandura (1997) establece una interacción dinámica entre factores. Es decir, los factores personales en forma de afectos, las cogniciones y eventos biológicos, el comportamiento y las fuerzas ambientales interactúan produciendo una reciprocidad tríadica (Pajares y Schunk, 2001). En resumen, el mecanismo cognitivo representado por las creencias de autoeficacia media entre el conocimiento y la acción determinando, junto con otros factores, el éxito de las propias acciones (Flores y Gómez, 2010; Prieto, 2003).
Por su parte, Ferrer (2009) define autoeficacia como lo que cada uno cree respecto a su propia eficacia controlando y manejando los retos que la gente encuentra sobre dos expectativas distintas: por una parte, de eficacia, que son los juicios que formulamos sobre la propia capacidad para organizarse y ejecutar acciones y conductas clave para afrontar una situación; y por otra parte, expectativas de resultados, lo que significa la creencia acerca de los actos que conseguirán los logros necesarios para llegar a las metas propuestas.
En el ámbito educativo ha existido y existe un interés continuo por entender las cogniciones y comportamientos que propician o impiden el desarrollo del alumno a nivel académico y a nivel integral. En el ámbito educativo de la psicología las prácticas pedagógicas y de enseñanza se han visto fortalecidas gracias a los avances de
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investigación generados a raíz de la importancia otorgada al constructo de autoeficacia (Pérez et al., 2011). Distintas investigaciones han demostrado que la autoeficacia predice mejor que otras variables cognitivas el rendimiento académico (Brown et al., 2008; Martínez, Montero, Pedrosa, Martin, 2006; Pérez et al., 2011), incluso puede predecir el éxito posterior (Pajares y Schunk, 2001) mediando cognitivamente entre la competencia y el rendimiento (Valiante, 2000) ya que propicia los procesos cognitivos.
Cabe destacar la importancia de las creencias de autoeficacia. Deben ser bien desarrolladas y con ello aumentar la posibilidad de los individuos de conseguir un mejor desempeño. Se ha encontrado una relación positiva existente entre el grado de autoeficacia percibida por los estudiantes y la inteligencia emocional. Esta relación puede predecir un buen rendimiento académico (Adeyemo, 2012). Por tanto, es importante mejorar la percepción de autoeficacia en estudiantes. Estaremos incidiendo así en el logro académico y la autoestima de los estudiantes. De la misma forma, el fracaso desfavorece el aprendizaje y el desarrollo personal reduciendo las expectativas de éxito. Se puede concluir que una autoeficacia percibida elevada, se corresponden mayores deseos y mayores ocasiones de ser eficaz. Con lo cual si mejoramos la percepción de autoeficacia, estaríamos mejorando el deseo y las posibilidades de eficacia (Ornelas, Blanco, Gastélum, 2012).
Tras exponer las teorías de varios autores que han estudiado el concepto de autoeficacia, llegamos a la conclusión de que sigue siendo Bandura el referente más destacable en este tema. A continuación se recogen resumidos supuestos de los que parte la teoría de Bandura (1977, 1982, 1997, 1999 y 2000):
Las expectativas: aquellas personas con una percepción de autoeficacia alta, toman los retos con optimismo; por el contrario los que muestran una autoeficacia baja reaccionan ante los retos con ansiedad, pesimismo y depresión.
Los individuos con un grado elevado de expectativas de autoeficacia pueden enfrentarse de manera optimista a los retos. Por ejemplo, un estudiante que presenta alta autoeficacia presentará seguramente también mejor rendimiento (Bandura, 1997).
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Bandura (1999) también explica el peso de la percepción de eficacia para hacer frente a los desafíos cotidianos, influye en el bienestar psicológico de los sujetos y el camino por el que se desempeñan sus vidas. Afecta también a la hora de atender a las demandas del ambiente.
Relacionado con el concepto de autoeficacia, encontramos el constructo agencia personal. Bandura (2001) explica el término separándolo en dos bloques que al relacionarlos con el presente estudio quedaría del siguiente modo:
a) Características principales de la agencia humana:
- Intencionalidad o elemento que fija planes de acción para lograr o alcanzar diferentes resultados. Por ejemplo titularse en una carrera de ciencias.
- Previsión o habilidad para anticipar los resultados a conseguir. Por ejemplo los hombres se percibirían mejores que las mujeres en ciencias
- Autorreactividad o habilidad para dar forma a los diferentes cursos de acción. Escogería una u otra carrera.
- Motivar y regular su ejecución, incluyendo mecanismos de autovaloración. Pensar si sirvo o no.
- Autorreflexividad, a través de la que se decide el ajuste entre el pensamiento predictivo y operativo y las consecuencias de las propias acciones de las de otros. Se sigue teniendo la creencia de que las mujeres son menos hábiles que los hombres para las carreras del ámbito científico.
b) Modos de la agencia humana:
- Una agencia de poder basada en la autoeficacia social percibida. Podría ser la creencia socialmente perpetuada que las mujeres tienen sobre su deficiente aptitud científica.
- Una agencia colectiva basada en la autoeficacia colectiva percibida. Por ejemplo la idea de los hombres comparten rasgos de superioridad en algunos ámbitos.
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- Una agencia personal basada en la autoeficacia personal percibida propiamente dicha. Este ejemplo sería lo mismo pero en el ámbito personal
En suma, se puede afirmar que se emplea el término autoeficacia para hablar de las creencias que posee el individuo sobre su propia capacidad para organizar y llevar a cabo las acciones requeridas ante situaciones del futuro; como los juicios que cada persona hace sobre sus capacidades, que le sirve de base para organizar y ejecutar sus actos posteriores. Se relaciona con el término expectativas que pueden ser de resultado o de logro. Se nutre de cuatro fuentes: los logros de ejecución, la experiencia vicaria o de observación, la persuasión verbal y del estado fisiológico. Puede referirse a ámbitos específicos, como por ejemplo autoeficacia en el deporte, o en términos globales como se analiza en este estudio. En definitiva, la percepción de autoeficacia es cómo piensan los sujetos que les irá en el futuro; constituye una de las mejores variables predictoras del rendimiento académico. Es por ello que mejorando la percepción de autoeficacia, se estaría ayudando a mejorar el rendimiento real.