Según lo contado por periodistas y familiares, es común que los secuestradores entreguen a cada secuestrado, a ser posible al comienzo de su cautiverio, un radio. Gracias a este medio, pueden conocer lo que ocurre en el mundo real y no desconectarse del todo. La dotación de pilas es escasa, tanto, que muchas veces las recargan en el fuego donde cocinan, según sabe José Luis Mendieta: “Todos manifiestan que los mensajes ya empiezan a ser parte de la rutina de la vida de estas personas. Entonces ellos ahorran pilas, las meten durante el día en la olla del arroz para darle
energía, siempre para poder escuchar el programa.”
Con estos radios pasan su diario vivir, escuchan noticias y se enteran de lo que ocurre en el exterior, en el mundo que no se ha detenido, como lo cuenta Luis Eladio Pérez en la página
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“Entonces fue a través de la radio que tuvimos información de todo tipo. Por supuesto con
limitantes en el caso de las cadenas radiales colombianas, porque a partir de las siete o siete y media de la mañana se dificultaba la señal de las emisoras de AM. Incluso para tener una mejor receptividad, nos inventamos unas antenas con alambre de esponjas Bon Bril, pero a las ocho de la mañana ya empezaba a decaer la señal, que volvíamos a rescatar a partir de las cinco de la tarde, y así toda la noche. (…) De manera que eso me
permitió estar bastante informado sobre la situación de Colombia y del mundo en general. A las ocho de la mañana empezábamos a hacer un barrido con Radio Francia Internacional, con Radio Exterior de España, con la BBC de Londres, con la Voz de América y en algunas oportunidades Radio Habana o Radio Marti. Estas dos emisoras
emitían temas interesantes.”
Los cautivos dependen de la clemencia y piedad de sus verdugos, pues en la selva es imposible que puedan conseguir pilas y les toca rogar para que se las brinden, recargarlas en condiciones precarias, como se decía anteriormente, o simplemente ahorrarlas y saber administrar los tiempos para escuchar los programas estrictamente necesarios. De esto también da testimonio Pérez en la página 217 de sus memorias en la selva:
“Para que no se nos gastaran las pilas teníamos que prender el radio sólo para oír los
titulares de las noticias y apagarlo, no sabíamos cuánto tiempo nos iban a durar. Cuando nos permitían tener radios, nos renovaban las pilas periódicamente: nos daban cada mes y medio o cada dos meses un par de pilas, por supuesto había que tasarlas, podíamos excedernos, y bueno, tampoco había forma de excederse por el horario en que había
señal.”
Los guerrilleros de guardia siempre están detrás del lugar donde se encuentra la persona que vigilan escuchando el mismo programa que su prisionero, y por lo tanto se enteran de las noticias y la actualidad que escuchan los secuestrados y también conocen todos los mensajes que les mandan. Empiezan a saber que la persona que vigilan tiene 2 hijos, que vivía en una ciudad grande, que tiene una deuda pendiente con un banco, que su esposa lo extraña y su madre murió.
82 En diversas ocasiones los secuestradores no le ponen atención a los programas de este tipo y prefieren oír emisoras musicales o simplemente noticias, pero en varias oportunidades se han fijado en los mensajes que llegan, incluso para hacerle saber su contenido al destinatario, si este no lo puede oír por algún motivo, como le ocurrió a Luis Eladio Pérez, que cita en la página 185 de su obra:
“Los guerrilleros estaban pendientes de los mensajes que recibíamos y muchas veces nos
comentaban algo: oiga, ahí le mandaron mensaje esta mañana, o al amanecer en <Las Voces del secuestro>; si, por ahí habló su señora, habló su hijo. En fin, estaban pendientes, entonces es posible que tuvieran algo de humanidad, camuflada, reprimida por
la misma cotidianidad”.
Y a partir de esto, también hay que hacer énfasis en que los secuestrados no son los únicos que reciben mensajes. Es posible encontrar programas en los que los victimarios son quienes reciben mensajes invitándolos a que entreguen a sus prisioneros y se reincorporen en la vida civil. Muchas veces esos mensajes vienen de parte de las mismas familias de los secuestrados. Para Javier Segura, productor del programa, también aprovechan el espacio de otras maneras.
“Es algo muy complicado, ellos escuchan los mensajes. Tanto así que algunos familiares aprovechan para enviarles algunos mensajes a los guerrilleros. Hay muchas facultades de comunicación social pensando en cómo elaborar el mensaje para hacerle cambiar la
mentalidad a los guerrilleros. Es algo absurdo pero hay proyectos así”.
Luis Eladio Pérez - página 32 - afirma que a las Farc y a los demás grupos armados ilegales que secuestran les conviene que los secuestrados oigan el programa porque los mantiene despiertos y de ánimo. “Cuando pensé en quitarme la vida, lo cual cruzó por mi mente muchas veces, escuchaba los mensajes de cariño, de amor, de fe y de esperanza de Ángela y mis hijos, de mi familia y mis amigos y, por supuesto, también me enteraba de la lucha que los familiares venían haciendo por nuestra liberación.”
83 Por ese motivo, María Fernanda Malaver, miembro del grupo periodístico de Las Voces del Secuestro, cree que les dan la oportunidad de escuchar los mensajes que sus familiares envían. “Yo me imagino que si oyen el programa. Por los testimonios que hemos recibido de los que han sido liberados o rescatados sabemos que sí. Ellos les dan a los secuestrados un radio para que escuchen
porque ellos son conscientes de que necesitan escuchar el programa para no dejarse morir allá”
Además, los ex secuestrados afirman que esto les sirve como arma de manipulación, pues claramente después de que los secuestrados reciben algún mensaje, es muy difícil el sentimiento de volver a perder esa comunicación con sus seres queridos. Por los que la guerrilla utiliza el decomiso de radios o pilas como castigo para controlar el comportamiento de las personas privadas de su libertad. Esto también consta en el libro de Luis Eladio Pérez, en la página 216.
“Entonces, cuando llegó la requisa y nos quitaron todos los radios, Ingrid logró
esconder el suyo porque ellos no lo tenían presente. Y ese radio fue la salvación porque nos facilitó estar informados y distraídos. Para poder escuchar clandestinamente la radio, prestábamos guardia. Con ese radio fue que Jorge, Eduardo, Orlando y yo nos enteramos de la muerte de nuestras mamás. (…) También nos enteramos que habían
soltado a los hijos de Gloria Polanco. Sentimos mucha emoción, todos estábamos
felices, pero calladitos.”
La herramienta que sirve para dar alivio, brindar esperanza y calmar las angustias de los secuestrados, también es muchas veces usada en su contra. Se observa entonces que la guerrilla además de utilizar el secuestro como arma política, utilizan el programa Las Voces del Secuestro a beneficio suyo, manipulando y controlando a los secuestrados y obteniendo así otro punto a favor suyo dentro de el inhumano tráfico de seres humanos. De esto está seguro Javier Segura cuando afirma que: “Ellos torturan a los secuestrados con el programa. Les quitan el radio cuando los secuestrados se sienten cansados, con ganas de morir, o con ganas de escapar. A
veces les dan los radios sin pilas, o a veces les dan las pilas sin radios.”
84 Así, resulta irónico a la sociedad que el trabajo que los periodistas realizan para los secuestrados, termina siendo utilizado y aprovechado por los grupos ilegales para su beneficio. Tanto esfuerzo que realizan solo hace que los secuestradores tengan un elemento más de poder con el que juegan con los ya demasiado vulnerados derechos de sus prisioneros.
Y con este mal sabor de boca llegaron las 6 de la mañana. Después de ayudar a recibir llamadas, de presentar un mensaje al aire y de intentar no conmoverse demasiado por las lágrimas de una mujer que enviaba un saludo a su esposo a quien no veía hacía siete años cuando la guerrilla lo sacó de su lugar de trabajo y se lo llevó, amanece y hay consciencia de lo valiosa que es la vida, pero sobre todo, la vida en libertad.