National PEIP
5. COST EFFECTIVENESS OF THE PEIP
5.5 Costs of programme outputs
En este capítulo nos dedicaremos a exponer los inicios de la organización, sus dificultades y la forma en la que las relaciones entre las familias tanto hacia el interior (la estructura patriarcal)
como hacia el exterior (las relaciones vecinales) van conformando un tipo de organización comunitaria que se convierte en un mecanismo de participación, reconocimiento y proyección
viable en el que la capacitación y el apoyo de nuevos actores en el escenario local van a establecer los alcances de la configuración comunitaria del lienzo.
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Mecanismos de Participación: las Mujeres de la ANUC y el COMUN
La mujer se empieza a desenvolver en los movimientos sociales en la década de los 70’s a través
de la lucha por la tierra y las garantías de trabajo justo. Dentro de este marco de acción, la mujer se vincula a la lucha política principalmente a partir del apoyo y acompañamiento de los hombres en la labor de organización y protesta para luego convertirse en líder.
Las experiencias de la ANUC y de “El Común” hacen parte de esta fase de vinculación pues la mujer se encara directamente a las necesidades de la comunidad, es decir su proyecto de vida, sus reclamos y sus aspiraciones, están orientadas a satisfacer las necesidades de la organización que satisfacen directamente al núcleo familiar. Mujeres como Gilma Goméz, miembro del comité femenino de Chuchurubí son recordadas por encabezar las movilizaciones, y su conocimiento del problema real del campesino, reproduciendo consignas propias de la organización ANUC (y no de la mujer como sujeto diferenciado):
Campesinos y campesinas: si nosotros producimos todos los alimentos, ¿por qué es que vivimos
peor que los que nunca trabajan? Cultivamos maíz, yuca, arroz, plátano mafufo(…) Trabajamos
toda la vida y no reunimos ni para los remedios cuando nos enfermamos, porque nuestras cosas Foto . “e i a io Na io al Co sejo Fede al de A ió Ca pesi a Colo ia a – Bogotá Julio 2 a
E la ue pa ti ipa los pad es de Otilia ie os del si di ato e Cha alá. Ál u fa ilia
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no valen nada(…) No nos quedemos atrás, unámonos todos a la ANUC y trabajemos unidos para que nos respeten el trabajo… (Borda, 1986, pág. 31 A)
El avance de las luchas de las mujeres, por la reivindicación por sus derechos y roles, se ven enmarcadas en este periodo por dos momentos importantes: 1. El 27 de enero de 1973, con el primer Encuentro Regional Femenino, realizado en Ospirma vereda de Guática en Risaralda, con la asistencia de cerca de 400 campesinos. En este se destaca la importancia del papel de la mujer en ANUC como motivadora e impulsora, desde la familia. (Escobar, 1983, pág. 51)
2. Se da, entre el 20 y 25 de julio de 1977: Primer encuentro Nacional Femenino de la ANUC línea Sincelejo, en la vereda de Chinú, Cordoba; en esta se plantearon tres puntos, primero, el papel central de la mujer en las luchas campesinas, segundo, la reivindicación de derechos de
salud, trabajo y de realización de la mujer en lo social ‘Encuentro de las mujeres trabajadoras campesinas de la ANUC’ y la dirección a futuro de las mujeres dentro de la misma. (1983, pág. 120)
En este segundo encuentro, los logros en organización de las mujeres, dan como resultado, el tratamiento de temas como los derechos civiles (salud, el trabajo y la política) que problematizan el papel de la mujer ya no como miembro de la estructura familiar sino como sujeto de acción política.
Con esta apertura de la participación y en consecuencia al trabajo que ejercieron la pastoral social y los sindicatos en Santander, a finales de 1977, en el COMUN, surge un grupo de mujeres que empezaron a protestar por el salario diferenciado entre géneros, alegando que aun cuando se realizaba el mismo trabajo, ellas ganaban un 50% menos que los hombres. Esta situación se convirtió en una pugna que se mantuvo cerca de 3 años entre los hombres que defendían la diferencia salarial y las mujeres que exigían igualdad. (Asociación de organizaciones Campesinas y Populares de Colombia. El Comun, 2010).
Con el acompañamiento de SEPAS las mujeres del común se adhirieron a proyectos de Salud, Mejoramiento de vivienda y nutrición que permitieron la discusión y reflexión acerca de problemas cotidianos de las mujeres dentro del núcleo familiar. Las capacitaciones y participación de las mujeres en los proyectos de la pastoral acrecentaron la divulgación de los problemas de la mujer, brindando legitimidad a su participación y a la necesidad de tratar los
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temas de manera autónoma. Para 1983 la idea de una organización de mujeres se concreta con el nacimiento de la Asociación de Mujeres para una Nueva Sociedad AMNS que se propone acabar con las diferencias de salario entre las mujeres, disminuir las condiciones de dependencia y potenciar la autoestima de la mujer.
El Oficio del Lienzo
Para comprender los inicios de CORPOLIENZO es necesario hacer un breve recuento de la tradición del lienzo en la provincia Guanentina. Este oficio, tradicionalmente asignado a las mujeres tuvo sus orígenes en la cultura indígena Guane que desde épocas de la colonia, ha encontrado en el trabajo artesanal de algodón (siembra, desmonte, hilado, tejido, tinturado) una fuente de ingresos excedentes para el sustento en el hogar.
Para mediados del siglo XIX cambios en la política macroeconómica que favoreció el librecambismo y por ende la entrada de manufactura textil procedente del extranjero, las condiciones de producción del algodón (tiempo, calidad e impacto del cultivo) y la lejanía de Santander de centros urbanos como Bogotá dificultaron la producción y comercialización del lienzo. A pesar de esta situación, para 1897, en Charalá existían 20 tejedurías y otras tantas en Cincelada, Ocamonte y Confines. (Centrap-Ises, 1989, pág. 107)
Otro de los factores asociados al declive de la producción textilera en Santander es, como asegura Raymond, la falta de inversión en tecnología, típica de las haciendas, y del carácter del hacendado más rentista que empresario, lo que dificultó la innovación y dinamización de la producción textil. Un claro ejemplo de esta situación, es la fábrica de tejidos de San José de Suaita16 (1909 – 1980), en donde los atrasos tecnológicos llevaron a su estancamiento y posterior quiebra en 1980
Mientras se adoptaba en el país una maquinaria propia para hilar algodones de fibra largas y medias (Delta-Pine 15, Delta- Pine Staple, Cocker Wilds, Early staple), la zona seguía produciendo principalmente algodón lengupá, de fibra corta. (Raymond, 1987, pág. 31)
16 Los Hermanos Caballero en 1908 constituyeron un complejo textil en el que se producía además chocolate, licores, azúcar y trigo. La continuidad del modelo de la hacienda tradicional, sumado a la ineptitud de los empresarios en adquirir nuevas tecnologías y vías de acceso llevo al descenso de la fábrica hacia 1980.
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La diferencia de productividad con las zonas mecanizadas, en donde los niveles de productividad eran más eficientes como en el caso de los textiles ingleses y la producción Antioqueña, sumado al régimen de aparcería sobre la pequeña producción se constituyeron como la principal causa del declive de la producción Santandereana a lo largo del siglo XX.
Para la década de los 80’s aun así, algunas ancianas en Ocamonte y Charalá siguieron practicando el trabajo del lienzo de la tierra de manera aislada y restringida a pocos campesinos que siguieron vistiendo el lienzo. Esta pequeña expresión de la sobrevivencia del conocimiento asociado al procesamiento, hilado, tejido y cultivo del algodón, promovió el interés del belga Paul- Emile Dupret, que por medio del proyecto de Educación Rural Apropiada ERA se propuso la recuperación de la tradición por dos factores, 1.Ser un proceso de organización campesina que promovía el trabajo comunitario y la capacitación de los campesinos y, 2. La generación de identidad cultural e ingresos complementarios a las familias. (Centrap-Ises, 1989, pág. 108)
El proyecto en el Salitre
Desde 1977 con apoyo de SEPAS se adelantaron capacitaciones y talleres con mujeres para concientizarlas sobre su situación frente a los abusos por parte de los esposos y los terratenientes, la exigencia de un salario igualitario y las posibilidades de aportar económicamente al hogar (A la par que se gestaron otros procesos organizativos como los de SINTRAPROFISAN, AGROTABACO y AJUSAN). Este clima de inclusión de la mujer en programas de desarrollo y concientización logró que para 1983, se creara la Asociación de Mujeres para una Nueva Sociedad AMNS, Siendo esta, la primera experiencia de organización de mujeres en el sur de Santander. (Asociación de organizaciones Campesinas y Populares de Colombia. El Comun, 2010, pág. 51)
En Charalá, tras la asignación de los 4 predios que se habían designado para la reforma agraria,
comenzó el proceso de organización de una forma de asociación llamada “Empresa Comunitaria”, en esta, se pretende que los miembros cambien su estilo de vida en favor de la comunidad, se caracteriza por propiedad comunitaria y la toma de decisiones en pro del bienestar común mediante un proceso continuo de capacitación y aprendizaje. (Según el acuerdo al que habían llegado SEPAS y el INCORA para el modo de explotación de la tierra).
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El proceso se detuvo años después debido a problemas asociados con relaciones conflictivas entre los vecinos que alegaban atropellos económicos y sociales respecto al plan de créditos, a la falta de compromiso de los vecinos en los pagos y la autonomía de la propiedad individual.
Dentro de este ambiente de imposiciones donde el proceso de autogestión no era permitido, un grupo de 5 familias solicitaron la unidad familiar individual con la cual se da inicio a un largo proceso de lucha y resistencia de estas familias para organizarse autónomamente y conserva sus predios (Centrap-Ises, 1989, pág. 109)
Esta pugna por la autonomía estuvo asesorada por el Proyecto de Educación Apropiada a
distancia, a “Los Individuales” (llamado así por las instituciones y los antiguos compañeros de
lucha que no se motivaron a iniciar el proceso), se les empezó a asesorar a partir de un proyecto integral que abarcaba temas como la propiedad agrícola, dar solución a la ganadería extensiva, afianzar el trabajo en comunidad y la posibilidad de rescatar la cultura del algodón tan propia de la región como una alternativa paralela a los programas de desarrollo institucionales. (Centrap- Ises, 1989, pág. 111)
El proyecto de recuperación artesanal empieza en 1986 de la mano de cinco mujeres articuladas al Hogar Juvenil Campesino, en donde años atrás (1982-1984) se había empezado a instruir a los jóvenes en técnicas de modistería y sastrería. Este en su primera fase se dedicó al fomento del reconocimiento historia de la tradición, los mecanismos y uso, posteriormente, la recolección de diseños para trabajar sobre el lienzo con el apoyo de doña Encarnación, quien poseía los conocimientos sobre la técnica y la práctica cotidiana que a lo largo de su vida constituyeron sus medios de sobrevivencia económica. Nos cuenta Ester Monroy que a medida que el proceso avanzo en investigación y capacitación se fue fortaleciendo el grupo
Había con un grupito de familias, cinco familias, empezaron a hacer todo eso… ya no a comprar
la tela de Encarnación sino a aprender a sembrar, aprender a hilar el algodón, consiguieron unos telares, con un proyecto de una organización que se llama EL CENTRAP iniciaron el proyectico y compraron los primeros telares, las herramientas, construyeron una casita muy rústica, y comenzó el proceso basado en todo lo que Pierre había investigado, y ya como que se fue fortaleciendo ya hace 27 años, eso fue alrededor del 85 – 86 se fue fortaleciendo, se fueron
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Para brindar asesoría técnica y sensibilización se contó con el apoyo de CENTRAP, mientras que respecto al apoyo económico se contó con la participación de ERA que para 1986, les entregó dos telares manuales con doble caja para lanzadera automática, con lo que se iniciaron las labores de producción. Al principio, solamente un joven que hacia parte del Hogar Juvenil era el encargado de labores como manejar un telar y elaborar chaquetas, camisas y pantalones, debido a su conocimiento de la técnica, mientras que las mujeres se dedicaron al manejo del otro telar, impresión de tela, faldas y cojines.
A pesar de que disponían de menor tiempo para dedicar al proyecto las mujeres alternan el proceso organizativo a las labores del campo y su rol de madres y esposas. Explica Cifuentes que la entrada en las labores de sustento económicos se anexa a los roles tradicionales que cumple la mujer en la casa, como cuidar a los hijos, hacer la comida para los trabajadores y la familia, cuidar algunos animales pequeños y brindar apoyo a los esposos. De esta manera, las mujeres sin alterar su posición subordinada, asumen nuevos roles y entran en dinámicas de relación que les permitan cumplir con la función de sustento socio-emocional, soporte económico y apoyo a los hombres. (Cifuentes Patiño, 2009)
Esta situación, generó nuevas formas de inestabilidad para las mujeres que empezaron a competir con el control ejercido por hombres y miembros de la comunidad que sancionan las conductas de independencia económica y desarrollo de actividades alternas, lo que provocó que muchas mujeres abandonaran el oficio para dedicarse completamente a las labores de la casa, por el menos precio de sus actividades y en algunos casos ser víctimas de violencia física.17
Otro de los factores que dificultó el inicio de la organización, fue la falta de conocimiento respecto a técnicas de hilado, diseño y confección por parte de las mujeres, lo que significó el empleo de más tiempo en las capacitaciones, como por ejemplo, las del proceso de algodón (que
va desde la separación de la semilla de la mota, denominado “despepe”), hasta el secado del
algodón e hilado, que dependiendo de la calidad del hilo puede durar hasta 18 horas, como nos cuenta Severa: “una hilandera se gasta 18 horas sacando una libra. Teniendo ya arregladito el
algodón, despepado, arreglado…” (Severa, 2013)
17 En conversaciones con las miembros de la corporación, estas aseguraban que aún hoy, sus familias como esposos e hijas no se sienten muy a gusto con el trabajo que ejercían en CORPOLIENZO.
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Para la década de los 90’s la corporación logra madurez tanto del equipo de trabajo como de las redes de apoyo y en 1993 obtienen la personería jurídica de “CORPOLIENZO”. Se desplaza de
un reducido grupo de mujeres a la vinculación de más socios, los cultivadores e hilanderas …Se fueron vinculando más mujeres, se fue creciendo el grupo, pero el grupo no estaba
legalizado, entonces en 1993 el grupo de la vereda, viendo que no había suficiente gente con quien legalizar, porque supongo que les exigían cierto número de personas, entonces se organizó un colectivo acá en el pueblo, con mujeres del pueblo, y también se organizó un tallercito, en una
casa de familia, con unas mujeres, y ya con ese grupo grandecito… (Monroy, 2013)
Hasta el día de hoy, el proyecto ha tenido una composición intermitente, tanto por las dificultades del trabajo del lienzo que demanda tiempo y pérdidas de dinero, como por la constancia en la actividad de las mujeres debido a sus responsabilidades con el campo y con las familias.
Las Mujeres de CORPOLIENZO
Son diversas las procedencias de las personas que configuran hoy en día la organización, pues no solamente integra a las mujeres que han migrado o se han integrado a la labor Procedentes de veredas cercanas como Ocamonte y Sincelada (buscando mejores oportunidades económicas para sus familia), sino también en gran medida a personas externas que han influido de manera decisiva en la búsqueda de alternativas para hacer visible al municipio rindiendo cuenta de una tradición.
La permanente desconfianza por parte de los campesinos en detrimento del aparataje institucional y la represión y uso de la fuerza por parte del Estado se contrastan con la creciente organización dentro de un esquema de neoliberalismo y globalización que permite el intercambio de conocimiento y de formas de asociación a través de la identidad, la política y la producción económica.
Este clima de cambio e identificación con nuevos estándares que van más allá de la propiedad e incluyen en su discurso elementos como la adquisición de servicios básicos, aumento de la calidad de vida, la capacitación y el proyecto de vida se insertan en la vida cotidiana, reafirmando la ruptura de relaciones tradicionales de patronazgo dentro de la estructura de la
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hacienda. El sentido de la acción y la capacidad de participación empieza a girar en torno a la experiencia de resistencia y las exigencias en términos de mercado e información del mundo contemporáneo.
La decisión de quedarse en las veredas y trabajar en este tipo de proyectos se empieza a relacionar con una perspectiva comparada en donde el pasado de resistencia y lucha, los afectos y las relaciones desarrolladas en el territorio juegan un papel trascendental en la búsqueda de oportunidades locales. Factores como la cercanía a los centros urbanos, la posibilidad de propiedad sobre la tierra, los hijos y la invisibilización de oportunidades en el pueblo (por falta de educación o medios de sostenibilidad) se conjugan en la decisión de quedarse en el Salitre con el deseo de prosperar. Tal como nos cuenta Severa cuando le preguntamos por su decisión de quedarse en la vereda
O sea, como por muchas cosas, la lejanía al pueblo, los niños empezaron a crecer y que había que
darles estudio, estuvimos buscando a ver si, que una casa en el pueblo, pero dijimos “y qué
sacamos con vender ese pedacito de tierra allá y comprarnos una casa en el pueblo y de qué vamos a depender en el pueblo”, ¿sí? O sea, nosotros estuvimos andando por un lado y otro
buscando dónde ubicarnos. (Severa, 2013)
En esta reflexión las mujeres incluyen no solamente elementos relacionados a su papel tradicional como madres y esposas, a la vez, hablan de sí mismas, de sus sueños y expectativas, porque la idea de futuro a la que empiezan a apuntarle tiene que ver con una nueva definición de límites del pensamiento. Ya no es la finca y la familia su única aspiración, se anexan a estas dos instituciones la educación, los pasatiempos, los sueños, el proyecto de vida, en donde tiene cabida el aprender nuevos oficios y compartir con otras mujeres
Venía yo de una parte donde tenía mucho trabajo que hacer, mucho mucho, y a llegar a un sitio donde no había nada que hacer, no había nada en qué entretenerse, fuera de lo que teníamos que hacer. Entonces llegó el esposo de la señora Rosalba que fue la primera que empezó y me contó
sobre la corporación… casi 17 años... y entonces fui, lo conocí, me pareció un trabajo muy
bonito, realmente trabajar aquí me pareció interesante, nunca lo había hecho, y me pareció mejor todavía, entonces fui y aprendí a hilar, porque pues ese era de los requisitos que era aprender a
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hacer el hilo, aprendí a hilar, y ya, me recibieron. Y ya pues ahora comencé, pues, tejiendo y ahora ya pues mantengo la compra de hilo, todo lo que es el inventario y tejo (Focal, 2013)
El oficio en CORPOLIENZO, que empieza como una búsqueda de alternativas económicas se va incorporando en la dinámica cotidiana de las señoras convirtiéndose en un espacio de construcción de lo que son, en la que el trabajo del lienzo y el compartir en comunidad, se integran al reconocimiento de sí mismas a través de la corporación.
Esta transformación de los espacios cotidianos, en donde el trabajo en equipo implica no solamente el ejercer un oficio, sino también la toma de decisiones autónomas y colectivas empieza a generar nuevos espacios de participación de las mujeres que adquieren, no solamente mayor control sobre las relaciones familiares, sino también, la adquisición de un acervo de conocimiento respecto al trabajo de la tierra que le abre caminos a entrar a nuevos espacios de legitimación de su trabajo (como lo es por ejemplo, el recibo de capacitaciones en temas de comercialización, diseño y producción).