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Chapter 4: Research Design

4.5 Research methods

4.5.1 Data collection methods

«La predisposición a las creencias religiosas es la fuerza más compleja y poderosa en la mente huma- na y con toda probabilidad una parte irradicable de la naturaleza humana.»

(E. O. Wilson) El éxtasis, dice Erwin Rohde, es la liberación del alma del confi- namiento obstaculizante del cuerpo, confiriéndole nuevos pode- res de los que no sabía nada antes. Una vez alcanzado, el indivi- duo puede percibir lo que sólo los ojos del espíritu pueden percibir: la realidad eterna más allá del tiempo y del espacio. «Entusiasmo», que etimológicamente significa Dios dentro de nosotros, estar poseído por Dios, es para Rohde la parte dada por Dios de la misma experiencia; tanto el éxtasis como el entu- siasmo tienen que ser distinguidos claramente; ambas palabras

significan que en la visión mística el alma se transfigura y, en palabras de Pablo de Tarso, es elevada al tercer cielo.

Para nosotros todo esto son descripciones que lo que quieren dar a entender es que existe un estado que, una vez alcanzado, transforma la visión del que lo consigue, pero ese «entusiasmo» no es otra cosa que el despertar de partes del cerebro que nor- malmente están dormidas o inhibidas. El tercer cielo de Pablo de Tarso está dentro de nuestro propio cerebro. Recordemos las palabras de Agustín de Tagaste: «Noli foras ire; in teipsum redi; in interiore hominis habitat veritas» (No busques fuera, entra dentro de ti mismo, porque en el interior del hombre habita la verdad). Plotino dice: «No podemos ver el sol si no hubiese algo de sol dentro de nosotros mismos». Y en la Katha Upanisad (I, 2, 20) se dice: «Más sutil que lo más sutil, más grande que lo más grande, el Ser está escondido en el corazón de cada criatura». Tertuliano decía que la mayoría de las personas aprehenden a Dios mediante visiones (es decir, cuando determinadas estructu- ras cerebrales se activan y se producen esas visiones que en esta- do normal no se dan).

Todas estas citas tienen un solo objetivo: dejar claro que la experiencia mística es una vivencia que pone de manifiesto una actividad de una parte de nuestro cerebro.

La experiencia mística, trascendente o numinosa que se con- sigue durante el éxtasis es una de las vivencias más interesantes de las que es capaz el ser humano. Por los informes de los que la han vivido o experimentado, por su intensidad, por su carga afectiva y por su capacidad de transformar incluso la conducta posterior de la persona implicada, se trata de algo verdadera- mente extraordinario. Se trata, pues, de una experiencia funda- mentalmente afectiva; y, aunque la religión no es sólo afecto, sí está considerado por algunos autores que juega un papel funda- mental en la experiencia religiosa. Schleiermacher, que trató la religión desde el punto de vista fenomenológico, ya lo expresó así en el siglo XIX. Como dice G. Vattimo sobre él, «es quizás el

primero que adopta una actitud auténticamente fenomenológica en lo referente al hecho religioso». Schleiermacher publicó sus discursos, titulados Sobre la religión, que representan, tras la Ilustración, una vuelta del pensamiento sobre este tema al com- ponente religioso que pretendo subrayar aquí, a saber, la impor- tancia del sentimiento y del afecto en el fenómeno religioso. En la introducción a esta obra de Schleiermacher, que se publicó en

castellano en 1990, su traductor, Arsenio Ginzo, nos dice: «La esencia de la religión no consiste para Schleiermacher ni en pen- sar ni en obrar, sino en la intuición y en el sentimiento».

La parte del cerebro que se encarga de los afectos y los senti- mientos se denomina sistema límbico, compuesto por una serie de estructuras, la mayoría de ellas bajo la corteza cerebral, cuya estimulación o activación provoca sentimientos y afectos. ¿Es, por tanto, de extrañar que precisamente la activación experi- mental o espontánea de esas estructuras sea capaz de provocar éxtasis místicos, como luego veremos?

Conseguir llegar a estos estados de éxtasis ha sido siempre a lo largo de la historia un objetivo que se han propuesto muchas personas, generalmente en el marco de una religión determina- da. Las técnicas para alcanzarlos son muy diversas, dependiendo de la cultura en la que se dan, y van desde la privación sensorial (huida al desierto de fundadores de religiones y monjes cristia- nos), privación de comida y bebida, mortificaciones corporales, sacrificios, penitencias, etc. También técnicas pasivas, como la meditación, la calma y la evitación de todo pensamiento, o acti- vas como la música, los tambores, las danzas rítmicas o la repeti- ción de frases religiosas y también la ingestión de drogas alucinó- genas.

El objetivo principal de esta experiencia es la unio mystica, es decir, la unión con la divinidad, al menos entre los místicos de Occidente. Ahora bien, ¿es esto cierto?, ¿estamos ante un hecho sobrenatural, o simplemente se trata de otro de los engaños a los que el cerebro nos tiene acostumbrados?, ¿son vivencias con in- tervención divina, o figuraciones de mentes extraordinariamente sensibles que así lo han creído? Estos místicos, en suma, ¿son personas elegidas, o simplemente enfermos mentales? Estas pre- guntas no son nuevas; han sido formuladas una y otra vez a lo largo de la historia cada vez que se producían estos fenómenos. Y no sólo por científicos o personas interesadas en conocer la raíz de estos fenómenos, sino también, por ejemplo, por la Inquisi- ción en la religión católica, o por la iglesia correspondiente en el caso de otras religiones, cuando se trataba de saber si había que elevar a estos místicos a los altares, o, por otra parte, llevarlos al patíbulo o a la hoguera por herejes o brujos, lo que desgraciada- mente ocurrió en muchos casos.