Page 143Section 4.1 Introduction
4.8 Data Integration and Analysis
En las siguientes líneas se esbozan algunos de los aportes teóricos referidos al concepto de la identidad personal, de manera específica, y a la manera en que ella se relaciona con aspectos sociales y profesionales, habida cuenta de los distintos grupos a los cuales pertenece un individuo en la sociedad en que se desenvuelve.
Para Erikson (1968, 1987, p. 600), un primer significado del término identidad es “una clasificación de sí mismo que identifica a la persona como reconocible de manera diferente a los demás (y similar a los miembros de la misma clase).” Cuando deseamos establecer la identidad de una persona preguntamos cuál es su nombre y qué puesto ocupa en su comunidad. “La identidad personal significa más, pues incluye un sentido subjetivo de una existencia continua y de una memoria coherente. La identidad psicosocial tiene características aún más elusivas, al mismo tiempo subjetivas y objetivas, individuales y sociales”.
50
Estos dos autores hacen una amplia revisión de literatura de distintos aportes teóricos (a partir de distintas disciplinas) acerca de la identidad organizacional y de la teoría de la identificación. Estudian, de igual manera, los distintos niveles de análisis de este concepto de la identidad (individuales, organizacionales e, incluso, para las sociedades o las naciones).
45
De igual manera, la identidad que está localizada en el superyo es “un sentimiento subjetivo y tónico de una unidad personal y de una continuidad temporal. La identidad es el resultado de la socialización y tiene como función la integración social del individuo: el bienestar del individuo depende de su capacidad de aceptar los valores que le son propuestos” (Burille, 2008, p. 51).
Según Mead (1934, 1973, p. 225), la constitución de sí (características individuales y psicológicas) proviene del juego social gracias al cual el individuo confronta sus dimensiones egocéntricas y subjetivas (el yo); la conciencia de sí mismo se forma en la relación con los demás. Cada uno percibe su identidad adoptando el punto de vista de los otros y del grupo social al cual pertenece; la identidad no es nunca algo dado a priori sino el resultado de un proceso de socialización y de “resocialización” permanente. “La identidad individual es formada y mantenida a través de la interacción con los demás” (Albert & Whetten, 1985, p. 273).
Refiriéndose en términos generales al concepto de la identidad, Dubar (2006, p. 15) afirma que “la identidad de alguien es por tanto, lo que él tiene más precioso: la pérdida de la identidad es sinónimo de alienación, de sufrimiento, de angustia y de muerte. Ahora bien, la identidad humana no está dada de una vez por todas en el momento del nacimiento: ella se construye en la infancia y en adelante debe reconstruirse a lo largo de toda la vida. El individuo jamás la construye solo: ella depende tanto del juicio de los demás como de sus propias orientaciones y definiciones de sí mismo. La identidad es un producto de las socializaciones sucesivas.”
Giménez (1997, p. 10) sostiene que la identidad personal se puede definir también como “la representación –intersubjetivamente reconocida y ´sancionada`– que tienen las personas de sus círculos de pertenencia, de sus atributos personales y de su biografía irrepetible e incanjeable”51.
La identidad personal nace, entonces, de la interacción entre los mecanismos psíquicos de la persona con los de las demás. El sentimiento de identidad se apoya
51 Esta mención la efectúa Giménez (1997, p. 10) basado en que la identidad, desde el punto de vista de las personas individuales, la ha definido como una “distinguibilidad cualitativa y específica basada en tres series de factores discriminantes: una red de pertenencias sociales (identidad de pertenencia, identidad categorial o identidad de rol); una serie de atributos (identidad caracteriológica), y una narrativa personal (identidad biográfica).
46
en las identificaciones a los modelos propuestos por los grupos; esta identificación es recíproca: el grupo de pertenencia reconoce al individuo como uno de los suyos. 2.1.2. LA IDENTIDAD SOCIAL
En la necesaria relación que los individuos sostienen con sus semejantes, en el marco de cualquier sociedad o comunidad existe la necesidad de un proceso de comparación, categorización, identificación y distinción. Son elementos necesarios para el proceso de socialización de cualquier individuo. En los párrafos siguientes se presentan los principales lineamientos de esta identidad social.
La identidad permite afirmar una pertenencia social necesaria para que el individuo pueda ser referido socialmente a ciertos estatus y roles específicos; la pertenencia social remite, a su vez, a la cultura de nacimiento y a los grupos (formales e informales) escogidos por la persona.
Según Barbier (1996), citado en Burille (2008, p. 52), “la noción de identidad es primero que todo una construcción mental y discursiva que los actores sociales operan alrededor de ellos mismos o alrededor de los seres sociales con los cuales ellos entran en contacto, en una situación que tiene como reto inmediato dominante la relación que ellos sostienen.”
La identidad social no es fija sino que se puede modificar a lo largo de la existencia. Su construcción está en función de la naturaleza de la implicación social del individuo: cuanta mayor sea la motivación hacia las escogencias y los compromisos, más es capaz el individuo de afirmar su propia identidad.
De acuerdo con la teoría de la identidad social (Asforth & Mael, 1989, pp. 20- 21), “las personas tienden a clasificarse ellas mismas y a los demás en varias categorías sociales, tales como miembros de organizaciones, afiliaciones religiosas, género y cohortes de edades (…). Las clasificaciones sociales sirven para dos funciones. Primero, segmentan cognitivamente y ordenan el entorno social proveyendo a la persona con medios sistemáticos para definir a los demás (…). Segundo, la clasificación social permite a la persona localizarse o definirse en el entorno social. De acuerdo con esta teoría, el auto-concepto está comprendido por
una identidad personal que abarca características idiosincráticas (p. ej.: atributos
corporales, habilidades, rasgos sicológicos, intereses) y una identidad social que abarca clasificaciones destacadas del grupo”.
47
La identidad social no es, en consecuencia, la yuxtaposición o el reflejo, en la conciencia del individuo, de sus roles o de su pertenencia social, sino más bien una dinámica en la que los diferentes elementos interactúan en la complementariedad, la coherencia o el conflicto.