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La identidad profesional es una forma particular de identidad social, en la que el

grupo de pertenencia o de referencia es el grupo de trabajo (Sainsaulieu, 1977); este autor escoge tratar la identidad según la perspectiva de la relación de trabajo. Según él, la identidad profesional es “la posibilidad de definirse en las relaciones de trabajo en referencia con un estatus anteriormente adquirido por el efecto acumulado de la educación, el aprendizaje, la función ocupada en una organización y las cadenas de promoción posibles” (p. 342).

La noción de identidad, de conformidad con Dubar et Tripier (2005), “fue introducida en la sociología del trabajo y de las organizaciones por Renaud Sainsaulieu (1977) quien formuló el modelo cultural de las cuatro identidades en el

trabajo como «maneras de situarse en el sistema social de la empresa» o «maneras

de ser en relación con los colegas, los jefes, etc. » o aún «maneras de ser actor en la organización»: la fusión, la negociación, el retiro y la afinidad constituyen sistemas de actitudes y de relaciones que el autor había analizado en los años 1960 interrogando a numerosos asalariados de diversas empresas” (Dubar et Tripier, 2005, p. 234). [Cursiva fuera del texto original].

De acuerdo con estos mismos autores, no se trataba de identidad “profesional” en el sentido de la sociología interaccionista de las profesiones, sino que más bien se trataba de la identidad “en el trabajo”, en el contexto de las relaciones de los actores dentro de una organización. Faltaría, por ende, descubrir lo que ocurre, en lo que a identidad se refiere, en el caso de las profesiones liberales, en las que el individuo no se inscribe de necesidad en el ámbito de una organización (como sería el caso del tendero de barrio que se analiza en este estudio).

Sobre la identidad profesional, Dubar (2006, p. 16) menciona que “entre las

múltiples dimensiones de la identidad de los individuos, la dimensión profesional ha

adquirido una importancia particular. Dado que se ha vuelto un elemento escaso, el empleo condiciona la construcción de las identidades sociales y al sufrir cambios impresionantes, el trabajo obliga a delicadas transformaciones de identidad puesto que ella acompaña cada vez más todas las modificaciones de trabajo y de empleo y

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la formación interviene en las dinámicas de la identidad mucho más allá del período escolar.”

Este mismo autor propone superar las divisiones que atraviesan la historia de la sociología52 con el cruce de la sociología y de la psicología e incluyendo la

economía, a la vez que con llamadas a otras disciplinas, con el ánimo de construir enfoques operacionales que permitan investigaciones empíricas en el tema (Dubar, 2006, p. 107). Él habla, por lo tanto, de una doble transacción cuando plantea, en lugar de “identidad” como tal, el concepto de “formas de identidad”, como productos de dicha doble transacción que estructura la socialización profesional de los individuos: “La transacción «biográfica», que nos lleva al proceso temporal de construcción de una identidad social. La transacción «relacional» o «estructural» que concierne a las relaciones entre los actores en un espacio estructurado por reglas y que nos lleva al proceso de reconocimiento de la identidad profesional y a sus evoluciones” (Dubar, 1992, p. 505). [Cursiva fuera del texto original].53

Por ende, Dubar (2006), en su enfoque sociológico, muestra, mediante el análisis de los procesos de socialización en el mundo profesional, cómo la identidad de los individuos es en todo momento reajustada y renegociada. Esta construcción se lleva a cabo por una interacción permanente entre las representaciones de sí mismo que tiene la persona respecto a los demás. Es una especie de “ida-vuelta” constante entre el conocimiento de sí mismo y la relación con el otro. Es esta dialéctica de interrelación, que provocará momentos de cuestionamiento, motor de la dinámica del proceso de la construcción de la identidad.

La identidad profesional es, por tanto:

- La identidad socialmente compartida con los miembros de un grupo que ejercen la misma ocupación profesional;

- La pertenencia a un grupo que desarrolla estrategias de promoción y discursos de valoración y de legitimización;

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En especial las relacionadas con las dos grandes tradiciones que la atraviesan, la primera de ellas, la de la sociología en relación con la psicología, apoyada por autores como Durkheim, Bourdieu y Piaget, en oposición a la segunda tradición, que liga en esta ocasión la sociología y la economía con autores como Weber y Sainsaulieu.

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Para Dubar, el proceso de construcción de la identidad se adopta de conformidad con una concepción transaccional; la “transacción biográfica” es una fase en la que la persona está en una perpetua negociación interna, en la que negocia consigo misma sus escogencias, sus orientaciones, su pasado, su presente y su futuro. Negocia de igual modo sus diferentes implicaciones de identidad en los diferentes espacios en que ella se involucra. La “transacción relacional” es una transacción con los demás (el prójimo), de los cuales se tiene necesidad para existir. Esta transacción relacional tiene por objeto la negociación entre la identidad por sí mismo y la identidad por los demás.

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- La intersección de la representación de sí mismo como persona, de la relación con los demás miembros de la profesión, y de la profesión en cuestión.

De esta manera, “la identidad profesional es un proceso que evoluciona y se construye a lo largo de la existencia. Es un componente de la identidad. Para que un individuo la reconozca como suya, ella debe estar integrada a la identidad que se puede denominar «global» de la persona. Ella determina su manera de ser y de actuar en su trabajo” (Gohier, Anadón, Bouchard, Charbonneau et Chevrier, 2001, p. 4). En concepto de estos autores, la identidad profesional se constituye en un componente de la identidad global de la persona y hace referencia tanto a la

dimensión social como a la individual, y su proceso de construcción es dinámico e

interactivo, puesto que recurre, por lo tanto y de igual manera, a la dimensiones psicológica de la persona (sí mismo) y sociológica (el entorno).

Dubar et Tripier (2005, p. 192) hacen referencia, en su capítulo denominado “las profesiones llamadas independientes: autonomía y experiencia”, a los pequeños comerciantes, con un enfoque de ciencia política que es, en esencia, el que adopta la autora Nonna Mayer (1993) cuando realiza un análisis de las identidades de este tipo de comerciantes (desde el punto de vista político y social) en el contexto de la sociedad francesa. Ella menciona tres tipos de identidades, a saber: “identidad rota, identidad de rechazo e identidad reactivada” (Mayer, 1993, pp. 70- 75). En la primera de ellas, los comerciantes valoran más la independencia que el asalariado, la pequeña empresa que la grande, la sociedad tradicional que la moderna. Este modelo caracteriza a un comerciante decidido, antes que nada, a ser independiente pero a mantenerse pequeño.

En la identidad que hace referencia al rechazo, los comerciantes analizados encuentran un “pasado idealizado que es un reflejo inverso del presente. La sociedad que sueñan es previa al capitalismo, al asalariado y a la gran empresa. Los grandes no se comen a los pequeños. El trabajo es creador y fuente de alegría. Cada hombre se define en relación con su oficio que mantiene durante su vida y que le permite ganársela” (Mayer, 1993, p. 71).

En la identidad reactivada, los comerciantes reflejan un “sistema de oposición que estructura su identidad y que se modifica según el barrio en el que tienen su negocio” (Mayer, 1993, p. 74). Dependiendo de la clientela que tienen en el barrio (burgueses, nobles, obreros o simples empleados), los comerciantes se comportan de maneras distintas y efectúan reivindicaciones diferentes de sus identidades.

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Mayer (1993) aborda estos conceptos de identidad mediante las entrevistas en profundidad o no directivas a una buena cantidad de comerciantes parisinos hacia los años setenta. El aporte de este estudio a la presente investigación radica no solo en la conceptualización de la identidad sino también en la metodología utilizada para abordar el objeto de estudio.

La identidad profesional viene a ser, en consecuencia, “la puesta en juego” de la identidad personal del individuo en un contexto social en el que se comparte con otros miembros del grupo que ejercen la misma actividad u ocupación profesional.

Por último, y respecto al alcance de la noción de identidad como tal, Dubar (2006, p. 107) afirma: “se trata de una empresa peligrosa puesto que como lo escribe Erikson, cuanto más se escribe sobre este tema, cada vez más las palabras se erigen en el límite alrededor de una realidad tanto insondable como invasiva”. En este sentido, Dubar (2006) rehúsa distinguir la identidad individual de la identidad colectiva para tratar la identidad social como una articulación entre dos transacciones: una transacción “interna” al individuo y una transacción “externa” entre

el individuo y las instituciones con las que él entra en interacción. El enfoque que él

adopta le concede una importancia grande tanto a los procesos “culturales” como a las estrategias de orden económico. Dicho enfoque busca en esencia destacar y definir categorías de análisis que sean operacionales para efectos de investigaciones empíricas.54

En esta investigación se analizó, por consiguiente, no cada una de las identidades descritas (personal, social, profesional) por separado, sino unas determinadas “formas de identidad”, según Dubar, 2006, que corresponderían a la

identidad global del individuo y que contendrían las identidades mencionadas con

anterioridad.

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Con posterioridad se verá que la teoría retenida en esta investigación, para efectos de analizar la parte correspondiente a la identidad, es la propuesta por Dubar (2006) y que hace referencia a las categorías de análisis de la identidad a partir de un “proceso relacional” y de un “proceso biográfico”, por una parte, y, de otro lado, a los cuatro procesos de identidad típicos, que se interpretan a partir de determinados modos de articulación entre “transacciones objetivas” y “transacciones subjetivas” experimentadas por el individuo. De modo adicional, el enfoque de Dubar (2006) fue escogido por su clara postura en cuanto a superar las divisiones entre sociología, psicología y economía en el análisis de este objeto de estudio y propender por el cruce de estas disciplinas en la investigación del tema correspondiente.

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2.1.4. SURGIMIENTO E IMPORTANCIA DEL ANÁLISIS DEL CONCEPTO DE