El capitalismo es un sistema que todo lo fetichiza, que encubre su realidad esencial y es por
1 Este apartado resume los puntos desarrollos en la primera parte de ARRIOLA, J., y VASAPOLLO, L.: «Flexi-
bles y Precarios. La opresión del trabajo en el nue vo capitalismo europeo». Barcelona,El Viejo Topo, 2005.
ello, que resulta tan fácil caer en sus redes y quedar atrapado en el ámbito de la apariencia real. Veamos un ejemplo rápido y ob vio. El fenómeno de la e xplotación en el régimen feu- dal era evidente, los siervos sabían perfectamente que eran explotados, porque veían la can- tidad de su producto que tenían que entre garle al señor feudal o los días que tenían que tra- bajar para su señor sin recibir nada a cambio, no dejaban lugar a dudas que el señor se apro- piaba de algo que a ellos les pertenecía. Ya no digamos, los esclavos. Sin embargo, en el ca- pitalismo la e xplotación se v ela, al presentar el salario como el precio del trabajo, no hay modo de ver la explotación; y sin embar go, si no existiera explotación no se podría enten- der porqué unos cuantos capitalistas atesoran grandes fortunas, mientras que los trabajado- res que son quienes crean la riqueza sufren de la pauperización absoluta y relati va.
La economía convencional, al considerar al trabajo como un mero «f actor de produc- ción», lleva a cabo un reduccionismo que dif iculta una visión cabal de la realidad social:
«...la economía queda conceptualmente estrechada al eliminar de ella su fundamental categoría marxista, a saber, el trabajo en cuanto mediador del intercambio de la sociedad con la naturaleza. Mas esa def iciencia es consecuencia natural de la actitud metodológica básica… Se entiende sin más que desaparezca inevitablemente la objetividad ontológica de la naturaleza, la cual constituye el fundamento óntico de ese intercambio o metabolismo. Pero también se pierde entonces la interacción misma que impera entre el trabajo, enten-
dido de modo auténticamente materialista, y el desarrollo de los hombres que trabajan»2.
Este reduccionismo economicista impide v er que las formas de e xistencia del ser so- cial están determinadas por el proceso de trabajo,
«Los esquemas adoptados en el proceso de producción industrial terminan por e xten- derse hacia el todo social. El elemento dominante en el proceso de trabajo no es ya la re- lación sujeto-objeto, que ha sido seccionada en operaciones parciales particulares, sino la segmentación de tal relación. El sujeto interactúa así con el proceso producti vo segmenta- do, impuesto por el carácter reif icante del fetichismo de la mercancía, y no ya con el ob- jeto. La segmentación llega a ser un modo de vida, y no sólo de producción, de ese mismo
ser social»3.
En este sentido, cabe hacer una enmienda a la «primera v erdad revelada»: en el prin- cipio no fue el verbo, sino el trabajo. Primero el trabajo, luego y con él la palabra articu- lada, fueron los dos estímulos principales bajo cuya influencia el cerebro del primate, del homínido pre-humano se fue transformando gradualmente en cerebro humano. Y a me- dida que se desarrollaba el cerebro, se desarrollaban también sus instrumentos más in- mediatos: los órganos de los sentidos.
«Con cada nuevo progreso, el dominio sobre la naturaleza, que comenzara por el des- arrollo de la mano, con el trabajo, iba ampliando los horizontes del hombre, haciéndole descubrir constantemente en los objetos nue vas propiedades hasta entonces desconocidas.
2 INFRANCA, A.: «Fenomenología y antología en el marxismo de Lukács», http://www.artnet.com.br/grams-
ci/textos2.htm.
Por otra parte, el desarrollo del trabajo, al multiplicar los casos de ayuda mutua y de acti- vidad conjunta, y al mostrar así las ventajas de ésta actividad conjunta para cada individuo, tenía que contribuir forzosamente a agrupar aún más a los miembros de la sociedad. En re- sumen, los hombres en formación llegaron a un punto en que tuvieron necesidad de decir- se algo los unos a los otros. La necesidad creó el ór gano: la laringe poco desarrollada del mono se fue transformando, lenta pero firmemente, mediante modulaciones que producían a su v ez modulaciones más perfectas, mientras los ór ganos de la boca aprendían poco a
poco a pronunciar un sonido articulado tras otro»4.
Recordemos que el trabajo comienza con la f abricación de instrumentos, vitales para mejorar la dieta y reforzar la capacidad sensorial y de pensamiento. El desarrollo de ins- trumentos cada v ez más sof isticados permite aumentar la producti vidad, dar inicio a la división del trabajo, liberar tiempo para la refle xión, la autorrefle xión, e introducir al hombre en la historia.
Este recordatorio nos sirv e también para identif icar la preeminencia histórica, lógica, y social del trabajo sobre las máquinas, a las que la economía convencional denomina «ca- pital». Una de las e xpresiones de máxima irracionalidad del sistema capitalista estriba en que un derecho de propiedad sobre las máquinas otor gue un poder especial a dichos pro- pietarios para decidir ¡como utilizar el trabajo! La alineación del trabajo bajo el capitalis- mo se entiende en toda su profundidad cuando caemos en la cuenta que aquello que nos ha permitido a las personas alcanzar el grado de desarrollo histórico y social que tiene la humanidad, el f actor esencial de socialización y liberación de tiempo de reproducción para convertirlo en tiempo de creación, de reflexión, vale decir el trabajo, se ha converti- do en un mero instrumento cuyo control a sido e xpropiado a la mayoría de las personas por los dueños de ciertas cosas como instrumentos y dinero, que llamamos capital.
Es por eso que la recuperación del trabajo por parte de los trabajadores es la condi- ción inexcusable para recuperar el control sobre la propia vida y sobre el de venir social. Las luchas por la emancipación social, que algunos identifican hoy con estructuras orga- nizativas (mo vimientos sociales de di verso tipo) y en propuestas de socialización del control sobre aspectos parciales de la vida social (medio ambiente, sexo, identidad cultu- ral...) no trasciende más allá de las sutiles redes de los poderes estructurados de la socie- dad capitalista si no incorpora la centralidad de la liberación del trabajo, del trabajo libe- rado. Pues solo la liberación del trabajo permite entrar en el reino de la libertad:
«En efecto, el reino de la libertad sólo empieza allí donde termina el trabajo impuesto por la necesidad y por la coacción de los f ines externos: queda, pues, conforme a la natura- leza de la cosa, más allá de la órbita de la v erdadera producción material. Así como el salva- je tiene que luchar con la naturaleza para satisf acer sus necesidades, para encontrar el sus- tento de su vida y reproducirla, el hombre civilizado tiene que hacer lo mismo, bajo todas las formas sociales y bajo todos los posibles sistemas de producción. A medida, que se desarro- lla, desarrollándose con él sus necesidades, se extiende este reino de la necesidad natural,
4 ENGELS, F.: «El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre» en Obras Escogidas de Marx
y Engels,tomo III, Moscú, Editorial Progreso, 1974 [publicación original en Die Neue Zeit,Bd. 2, n.º 44 (1895-1896)]. Véase igualmente el texto en http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/oe3/mrxoe308.htm.
pero al mismo tiempo se e xtienden también las fuerzas producti vas que satisf acen aquellas necesidades. La libertad, en este terreno, sólo puede consistir en que el hombre socializado, los productores asociados, regulen racionalmente este su intercambio de materias con la na- turaleza, lo pongan bajo su control común en v ez de dejarse dominar por él como por un po- der ciego, y lo lleven a cabo con el menor gasto posible de fuerzas y en las condiciones más adecuadas y más dignas de su naturaleza humana. Pero, con todo ello, siempre seguirá sien- do éste un reino de la necesidad. Al otro lado de sus fronteras comienza el desplie gue de las fuerzas humanas que se considera como f in en sí, el verdadero reino de la libertad, que sin embargo sólo puede florecer tomando como base aquel reino de la necesidad. La condición
fundamental para ello es la reducción de la jornada de trabajo» 5.
Ciertamente, esta convicción político-antropológica se tiene que encarnar en las con- diciones concretas de la sociedad actual. P ara comprender profundamente la actual f ase de la competencia global se requiere conectarla con el análisis de la or ganización del ci- clo productivo, de las características del tejido producti vo y social, del rol del Estado, de las relaciones entre las áreas internacionales y de sus estructuras económicas, de los in- tereses totales de dominio y de e xpansión que determinan las guerras. Todas ellas pro- blemáticas fuertemente relacionadas, cada vez más determinantes y estratégicas en el pa- saje de la era fordista a la así llamada postdfordista, pero que casi nunca aparecen rela- cionadas en su totalidad en la e xplicación al uso de los procesos sociales.
El continúo cambio socio-económico de la sociedad capitalista, las mutaciones cultu- rales y en las necesidades inducidas, las transformaciones derivadas del progreso tecno- lógico, han llevado a la af irmación de varios modelos de desarrollo en la producción in- dustrial de masa en el curso de este último siglo.
En los últimos veinticinco años hemos asistido a la disolución del modelo consolida- do de democracia capitalista creado en EE.UU. con el fordismo, esto es con un sistema tecnológico-productivo basado en la producción de series lar gas de productos estandari- zados y en el consumo de masas, es decir en la participación de los trabajadores en el consumo de un número creciente de mercancías, incluso de bienes duraderos, en todos sus diversos modos de presentarse. Su descomposición ha cancelado el concepto de socie- dad civil y de civilización que había inaugurado el ingreso de la clase obrera en la moder - nidad capitalista, causando el trituramiento de la entera estructura productiva preexistente y destruyendo las mismas formas de con vivencia civil derivadas del modelo de mediación social de tipo k eynesiano.
El derrumbe del modelo fordista ha lle vado al nacimiento de los nue vos modelos de la denominada acumulación flexible. El principio que guía esta fase esta basada en el he- cho que siendo la demanda la que debe establecer la producción, y estableciendo esta en relación a modelos de eficiencia productiva y desenfrenada concurrencia, la competencia capitalista se basa cada v ez más en la calidad y diferenciación del producto, la diferen- ciación en calidad del trabajo, y en un modelo caracterizado por el consumo de recursos inmateriales del capital intangible.
El proceso de recomposición de la dinámica de la acumulación que ha caracterizado
el desarrollo industrial de los últimos v einte años en los países con capitalismo maduro ha estado marcado de un fuerte aumento de la producti vidad del trabajo lo cual equi vale un ahorro del trabajo que excede decididamente a la creación de nuevas oportunidades de empleo. Como consecuencia de los incrementos masi vos de productividad, debido a in- tensos procesos de innovación tecnológica y a una consecuente redef inición del mercado del trabajo, que ha provocado un aumento de la fragilidad, la discontinuidad y la pérdida de poder adquisitivo de los nue vos salarios, han hecho que tales incrementos se traduje- ran exclusivamente en aumentos v ertiginosos de las ganancias y de las v arias formas de remuneración del factor productivo capital.
El «factor trabajo» no ha tenido algún tipo de benef icio en términos de redistribución real de tales incrementos de producti vidad. En realidad, no se ha realizado un aumento ocupacional, ni los correspondientes aumentos de los salarios reales, ni mucho menos re- ducciones significativas en el horario de trabajo que actualmente se mantiene no muy le-
jos del habitual a f inales de los años 50 del siglo XX. Y finalmente, ni siquiera está ga-
rantizado el mantenimiento de los precedentes niveles de salario indirectos cuantificables a través el gasto social.
Estos son los aspectos realmente innovadores de la actual fase de la acumulación fle- xible; este es el v erdadero rostro de aquella que con razón puede llamarse la «Ne w Eco- nomy» del crecimiento destructi vo sin ninguna forma de desarrollo social ni de mejora del bienestar. La crisis del sistema debido al proceso de transformación del trabajo en la sociedad pos-fordista, puede también ser e xplicada desde un conte xto de desarrollo del trabajo con preponderante contenido inmaterial pero siempre de carácter asalariado y subordinado. Se trata, en esencia, de elementos del capital humano y de la abstracción, de nuevos recursos humanos y no tangibles, pero que en estos últimos decenios adquie- ren importancia creciente en las estrate gias diferenciadoras forzadas por la competencia
global6.
3. LAS REGLAS DE LA ACUMULACIÓN FLEXIBLE