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3.2 Purpose: The Various Logics for SSE

3.2.4 Deliberative Democratic Logic

Tecnologías mixtas y heterodoxas

Tecnologías mixtas y heterodoxas

Tecnologías mixtas y heterodoxas

Durante los años sesenta, setenta y ochenta, la ingeniería comportamental comenzó a diversificarse (en lo que algunos han llamado “segunda generación”), debido a la influencia de modelos externos pero complementarios, como el cognitivo, constituyendo tecnologías combinatorias de las precedentes, además de incluir en su enfoque variables no directamente observables y constructos de autorregulación y personalidad. Por una parte, la desensibilización sistemática de Wolpe (1958/1981) se relacionó con el uso de respuestas sensorial-imaginales como antagónicas a la aparición de la ansiedad, inducida también imaginalmente. (Desde entonces, las técnicas de exposición se suelen dividir entre técnicas “en vivo” y “en fantasía”: Wolpe, 1969/1993). Otro enfoque destacado fue el del aprendizaje social (Bandura, 1969/1983; Bandura y Walters, 1963/1977) planteando que puede haber aprendizaje por observación sin necesidad de refuerzo directo, debido a la presencia de variables mediadoras generadas por el propio individuo, entre las operaciones de aprendizaje y la ejecución física de la conducta del sujeto que observa. Desde allí se señaló que la autoverbalización, el pensamiento y otros procesos simbólicos modifican la asimilación de patrones de respuesta. Con el tiempo, Bandura (1985/1987, 1995/1999) desplegó el constructo mediador de “autoeficacia percibida” (forma de autoevaluación de las propias competencias) como factor determinante de la conducta humana. Otra variante, el condicionamiento (operante) encubierto de Cautela (Upper y Cautela, 1978/1983) introdujo técnicas de escape de situaciones aversivas, recompensa de respuestas

alternativas, y castigo de la conducta mal adaptada, apareando sistemáticamente estímulos reales con imaginativos a fin de fortalecer o debilitar respuestas, según las necesidades terapéuticas. En otros modelos (Meichembaum, 1985/1987; Beck, Rush, Shaw y Emery, 1979/1983; Ellis y Dryden, 1977/1983) se privilegian el “discurso interno” y la “reestructuración cognitiva” como factores de autocontrol para mejorar la interacción con situaciones difíciles y estresantes, o sustituyendo las ideas irracionales desde la evaluación de su lógica errónea. A todo esto puede aunarse el afloramiento de la biorretroalimentación, que utiliza los métodos y técnicas del condicionamiento para entrenar al individuo (mediante el uso de aparatos que amplifican señales internas) en el autocontrol de sus sistemas interoceptivos alterados. En los últimos tiempos se ha dado en llamar “enfoques cognitivo-conductuales” a las variantes reseñadas. Incluso algunos utilizan tal denominación para rotular el enfoque conductual en su conjunto (Olivares, Maciá, Olivares y Rosa, 2012).

EL PERFIL DE UN INGENIERO DE LA CONDUCTA EL PERFIL DE UN INGENIERO DE LA CONDUCTA EL PERFIL DE UN INGENIERO DE LA CONDUCTA EL PERFIL DE UN INGENIERO DE LA CONDUCTA

Si el ojo analítico que ve las especialidades psicológicas ha de guiarse sólo por la delimitación múltiple que el encargo social le ha dado históricamente a la disciplina55

, tendría que llegar forzosamente a la conclusión de que la Psicología es una profesión fragmentada, como lo hicieron Sigmund Koch y Gordon Bower, al juzgarla, uno (Koch) como que cubre “un inmenso y desordenado espectro de actividades y experiencias humanas” (cit. por Peña, 2006; p. 559); y otro (Bower), como un árbol en crecimiento donde cada psicólogo es un “pequeño insecto que se alimenta de una hoja suculenta en un extremo de una diminuta rama” (Goodwin, 2006; p. 477). En verdad, viendo la enorme diversidad de divisiones que tiene la

Asociación de de Psicología Americana

(APA), la impresión puede ser esa. Sin embargo, el ojo analítico no se guía por primeras impresiones. Bien mirado, se encuentra un orden en la formación del psicólogo, que pasa por la aplicación de un solo cuerpo de conocimientos a distintas áreas56

. El nombre

55 La justificación de ramas aplicativas fue impuesta al principio como respuesta inmediata

a momentos críticos, y no como conocimiento aplicable potencialmente útil a partir de un desarrollo básico (Talento y Ribes, 1980).

56Eso está claro, por ejemplo, para Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), y la Organización Internacional del Trabajo (OIT); que ubican a una de las áreas: la psicología clínica y de la salud, en el marco de la formación

que se les pueda poner a algunos de los diferentes perfiles o intereses profesionales (por ejemplo “psicología de la religión”, “de la mujer” o “del discapacitado”, etcétera), no crea “nuevas psicologías” ni “nuevas ramas” con especialidades distintas, sino que amplía ámbitos de aplicación insertos molecularmente en algunas grandes áreas ya delimitadas: psicología clínica (o clínica y de la salud), psicología educativa, psicología social-comunitaria) y psicología organizacional (o del trabajo). Otras, como por ejemplo las que menciona en su artículo cuatro la

Ley del Trabajo del Psicólogo

en el Perú (psicología jurídica, policial-militar, del deporte, del adulto mayor, de las emergencias y desastres, de la familia, de las adicciones, ambiental, política y penitenciaria); son, en realidad, aspectos particulares cuya inserción formal en las grandes áreas antes citadas es dificultosa por constituirse en prácticas mixtas. Por ejemplo, como dicen Olivares, Maciá, Olivares y Rosa (2012), la psicología de las emergencias implicaría una intervención de orden psicosocial y organizacional que gestione las repercusiones generadas por un desastre, y aplique los principios de las dinámicas de grupos al comportamiento colectivo, además de tratar clínicamente respuestas de temor y estrés en las víctimas57

.

Al menos conductualmente, gracias al sólido nexo establecido por una filosofía pragmática, es posible relacionar la teoría con la práctica de un modo más o menos aceptable, sin importar la diversidad de especialidades y áreas de aplicación, como es notorio a través de la gran cantidad de investigación experimental y tecnología producidas. Este orden se plasma en las aplicaciones que la ingeniería del comportamiento aporta en cada uno de los rubros llamados especialidades. En este sentido, puede decirse además que hay una gama de aplicaciones profesionales que ningún analista conductual deja de hacer, independientemente de la especialidad que tenga (figura 8.3, adaptada de Olivares y cols., 2012; p. 21).

Probablemente, una de las condiciones básicas para emprender con eficiencia cualquier procedimiento de intervención, es aunar al entrenamiento científico que le permite el dominio de técnicas

básica y de la actuación profesional; entendiendo la continuidad entre la formación básica y aplicada del psicólogo.

57 En puridad de verdades, es preciso reconocer que las especialidades clínica, educativa,

social y organizacional también incluyen prácticas mixtas de varios tipos, según lo que haga el “especialista” en alguna de esas áreas. Así que las fronteras entre sus perfiles son borrosas.

experimentalmente probadas58

, las cualidades personales y de experiencia profesional propias de un aplicador con vocación. Ese es el rol propuesto por el clásico “Modelo Boulder” o del “científico-practicante”, que produce y consume investigación relativa a su ramo, tratando de unir el empirismo lógico a la intuición clínica. De acuerdo con tal modelo, todo esto viene ligado a la tarea de diferenciar las técnicas pseudocientíficas de las científicas (con base experimental) y enfocar los programas de especialización con enseñanza de métodos rigurosos que solidifiquen la labor de los aprendices, potenciando una formación profesional que articule aspectos teóricos con el ejercicio práctico,

Fig. 8.3. Funciones del profesional de la conducta.

Hay un concepto formulado por Gramsci (1936/1967) referente al

intelectual orgánico

, que podría ilustrar este punto con respecto al ingeniero conductual. El intelectual orgánico viene a ser una especie de técnico especializado que ejerce funciones necesarias en el plano de la producción

58 Lo ideal no es que tenga necesariamente un ejercicio directo de investigación, pero sí, por

lo menos, un conocimiento o interés por aquella y por sus resultados. La literatura conductual está llena de datos sobre eso.

Evaluación Intervención para el cambio Intervención preventiva Enseñanza Entrenamiento Administración y Gestión Consejo Asesoría Peritaciones Investigación Funciones del ingeniero conductual

social, conectado con el estamento básico que le da razón de ser. Así, el ingeniero conductual debería ser el

intelectual orgánicamente ligado al básico

(analista experimental) y como tal,

actuar en función al conocimiento

científico que aquel le aporta

, para retroalimentarlo a su vez con los resultados o datos que se desprenden de sus aplicaciones tecnológicas.

Lo cierto es que la tecnología conductual surge, sobre todo, de un conjunto de regularidades certificadas por su prueba en condiciones repetidas. Estas son, esencialmente, los principios del reforzamiento, de la extinción, del contracondicionamiento, del castigo, de la discriminación y del modelamiento (Bandura, 1968/1983). Ahora bien, sin llegar a la ingenuidad de pensar que los principios del análisis experimental de la conducta obtenidos en investigación de laboratorio se ligan directamente con las aplicaciones conductuales, de todas maneras es evidente que, al amparo general de tales principios, se han derivado multitud de técnicas operativas para gran cantidad de problemas.

Otra cosa que debe incorporarse al perfil del ingeniero conductual es el hecho de que su enfoque de conceptualización y cambio del comportamiento se basa en el rendimiento, tratando la conducta problema por sí misma. Lo que importa, finalmente, es lo que el individuo hace o dice,

la única

medida válida de cualquier cambio en el comportamiento es el mismo

comportamiento

(Sulzer-Azzaroff y Mayer, 1977/1995). Esto supone especificar objetivamente las etapas de intervención y el registro riguroso de los repertorios del individuo en cada una de ellas. Para eso se cuenta con procedimientos de observación, registro y medición de la conducta en términos de déficits, excesos e inadecuaciones, incorporando también procedimientos estadísticos y psicométricos.

En el perfil del ingeniero conductual está igualmente implícito el carácter de la evaluación que hace de su objeto de estudio: la conducta entendida como interacción configurada biográficamente, en la cual se cuentan manifestaciones cognitivas, emocionales, motoras y psicofisiológicas (López y Costa, 2009; 2012). Esto quiere decir que su tarea de develar experiencias privadas inaparentes y analizar historias de desempeño aparente, involucra esclarecer el carácter histórico y transaccional de las interacciones individuo-ambiente que dan lugar a los problemas de comportamiento en su versión actual. En otras palabras, las relaciones funcionales entre los factores intervinientes en el episodio interactivo que es materia del examen en la consultoría profesional.

DESPROFESIONALIZACIÓN Y E DESPROFESIONALIZACIÓN Y E DESPROFESIONALIZACIÓN Y E

DESPROFESIONALIZACIÓN Y EMPODERAMIENTOMPODERAMIENTOMPODERAMIENTOMPODERAMIENTO

Por último, algo que caracteriza la labor de un ingeniero conductual es la búsqueda de un “cliente autónomo”, a través de la desprofesionalización y el empoderamiento. Como dice Ardila (1980): “En la ingeniería comportamental se insiste en que las técnicas deben darse a la gente para que las utilice” (p. 534). Esto merece un tratamiento aparte.

En el modelo de

desprofesionalización

, el terapeuta se convierte en un instructor puntual de potencialidades de desarrollo (estructuradas en la forma de repertorios de afronte), y luego en un supervisor ocasional de los desempeños cada vez más independientes del usuario de los servicios psicológicos.Según la expresión de Talento y Ribes (1980), la meta final de la desprofesionalización es liberar al cliente de la dependencia típica del “paciente” pasivo y reactivo en la consultoría tradicional, transfiriéndole los conocimientos pertinentes a la comunidad para que ésta misma los aplique en su beneficio. Para conseguirlo, se promueven en los clientes la autovigilancia y la relajación, el adiestramiento en destrezas de afrontamiento y ciertos cambios en el estilo de vida sustituyendo la primitiva relación del “controlador conductista” del usuario de su servicio, por una relación psicoeducativa donde el primero hace las veces de instructor que combina procedimientos pedagógicos como las lecciones estructuradas, la enseñanza didáctica y la ejercitación formal, con las técnicas psicológicas para empoderar al cliente. De esta manera, la noción de

empoderamiento

del usuario (Costa y López, 2009) significa trasladar el centro de gravedad de la ingeniería del comportamiento desde el tratamiento directo de una patología o trastorno específico, en función a respuestas discretas, hasta el entrenamiento de competencias o modos de “saber hacer” algo, para que el mismo cliente se proporcione salidas y soluciones en un amplio rango de problemas, en diversas situaciones. Hay que percatarse de que ésta estrategia modifica la concepción tradicional de preocuparse por los déficits de las personas antes que por sus potencialidades de desarrollo. Se considera que el problema no reside en el comportamiento del cliente, sino en su red de relaciones con otros individuos así como con las prácticas valorativas que lo contextualizan a nivel social. De esta manera, en la consejería se busca reestructurar tales relaciones y las situaciones que contribuyen a promover, establecer o facilitar nuevas normas de transacción en vez de las antiguas (Costa y López, 2012).

A nivel operativo, la preparación en competencias de empoderamiento capacita a las personas para modificar sus propias disposiciones y conducta

en relación con las de otros, y las prácticas sociales contextualizadoras de las interacciones implicadas; regulando tales cambios en función a dimensiones individuales que tengan en cuenta: a) las conductas que se espera socialmente ocurran en una determinada situación, definiendo objetivos y análisis de tarea pertinentes; b) las capacidades actuales reflejadas en repertorios precurrentes y de línea base; y c) las actitudes con respecto a otras personas y acontecimientos detectadas a través de pruebas estructuradas e inestructuradas. Sobre esas bases, se enseña a los clientes formas de autoobservación, de autoevaluación y de autorregistro; arreglando las condiciones para el (auto)reforzamiento de su(s) conducta(s) deseada(s). Claramente, tales procedimientos trasladan en el sujeto la percepción de su responsabilidad personal del plano externo al interno, por así decirlo; aumentando el nivel de autovigilancia y el esfuerzo por conseguir las metas perseguidas.

Entonces, en la visión de desprofesionalización y empoderamiento, la ingeniería conductual se convierte en un proceso psicoeducacional de aprendizaje, y el asesor psicológico se convierte en el transcurso del proceso, en “un consejero técnico o un entrenador cuya ayuda principal será instruir y adiestrar en el desarrollo de habilidades de enfrentamiento a los problemas”, según la expresión de Mahoney (1980/1983; p. 370), extraída de su enfoque de “ciencia personal”.

Todo esto puede ampliarse en la forma de programas autoaplicables al cambio comunitario, utilizando técnicas de manejo de grupos.

MEDIACIÓN Y TUTORÍA CONDUCTUAL MEDIACIÓN Y TUTORÍA CONDUCTUAL MEDIACIÓN Y TUTORÍA CONDUCTUAL MEDIACIÓN Y TUTORÍA CONDUCTUAL

Los roles potenciales que puede jugar el ingeniero de la conducta en el proceso de intervención en consultoría, son diversos. Puede ser un

mediador

o informador de conocimientos a clientes con ciertas capacidades autónomas; puede ser un

tutor

o guía directivo con clientes dependientes; puede operar a la vez como un

instigador

(incitador, motivador) o un

entrenador

(modelador, supervisor) de desempeños; o puede ser simplemente un

consejero

(asesor, orientador); y, por lo general, puede ser un

diseñador

de contingencias, elaborando programas y coordinando esfuerzos para llevarlos a cabo junto con

monitores para-profesionales

.

En el último caso se trabaja con personas cercanas al sujeto intervenido, que ayudan a llevar a cabo las tareas de modificación o terapia. Estas personas del entorno ofician como agentes de cambio supervisados por

el profesional responsable del diseño del programa, y pueden ser, según el ámbito de intervención especializada (clínica, educativa, organizacional, social-comunitaria, jurídica, deportiva u otros) y según la disponibilidad: maestros, enfermeros, condiscípulos, padres, familiares, médicos, guardianes, amistades, compañeros de trabajo, vecinos, supervisores, etcétera. Las tareas de monitoría que cumplen estos para-profesionales de la psicología en el ejercicio de sus funciones, son: a) seleccionar la estimulación más útil para cumplir los objetivos (fijada en el análisis de tarea del programa); b) instigar la ocurrencia y la generalización de las conductas requeridas después de aplicar debidamente las técnicas prescritas; y c) “cargar” emocionalmente las interacciones con los clientes, a fin de conseguir su colaboración total.

Como es lógico, lo anterior supone un entrenamiento de las personas que desempeñen el papel de monitores para-profesionales. Ellos deberán participar activamente en el proceso, y el resultado a lograr se traducirá en la ejecución de los programas prescritos en el ambiente natural. Al respecto, trabajos como los de Casalta (1990) con alfabetizadores; Herbert (1999) y Pineda, López, Torres y Romano (2007) con padres de familia; Sank y Schaffer (1984/1993) yGoldstein, Sprafkin, Gershaw y Klein (1980/1989) con monitores de grupo; entre otros, son ilustrativos.

Una secuencia sugerida por los estudios clásicos (Maciá, 2007)59

, para el entrenamiento de paraprofesionales revela cuatro fases básicas:

1) Enseñanza de observación de la conducta y su registro paramétrico (definición operacional, momento y lugar donde ocurre, confección y uso de formatos de registros observacionales).

2) Identificación de contingencias (análisis funcional de antecedentes y consecuencias determinantes).

3) Práctica de modelamiento y retroalimentación (ejercicios de juego de roles y supervisión, utilizando guiones confeccionados en base a problemas reales).

4) Evaluación y ajuste de la intervención (en relación con los desempeños observados y los resultados reportados tras su aplicación a casos reales).

59 El manual del Dr. Diego Maciá Antón es todo un clásico que incluye en su cuarto

capítulo un discurso muy didáctico de guía para padres en el ámbito de la intervención en conducta familiar, que podría seriamente considerarse como material de lectura en talleres para padres de familia, e incluso en la consultoría individual.

LA INGENIERIA CONDUCTUAL, HOY LA INGENIERIA CONDUCTUAL, HOY LA INGENIERIA CONDUCTUAL, HOY LA INGENIERIA CONDUCTUAL, HOY

El vertiginoso avance de la ingeniería del comportamiento, tanto en sus vertientes “ortodoxa” como “heterodoxa”, no se ha detenido; y así se ha llegado desde los años noventa a una nueva generación, caracterizada, en el caso del conductismo radical (clínico), por el “énfasis en el contexto ambiental de la vida de los clientes” (Pérez-Álvarez, 2006, p. 168), alentando al cliente para comprometerse en actividades naturalmente reforzadoras, modificando el ambiente antes que el pensamiento, focalizando en el patrón evitativo que produce el problema, y, en general, enfatizando la estrategia de cambio en las contingencias naturales más que en la conducta gobernada por reglas. En el caso de las ingenierías cognitivo-conductuales, por su parte, la variación vendría dada por su reciente interés en la dirección de la aceptación y de los valores60

.

Con base parcial en los aportes de Pérez-Álvarez (2006) y de Bas- Ramallo (2001), se confecciona una tabla donde se ubican aproximativamente las líneas de proliferación en la ingeniería conductual tanto durante el período 1970-1990, como de allí hasta el presente (tabla 8.1)61

. Esta tecnología es considerada, en su mayor parte, como la más efectiva de la disciplina, según lo demuestran las listas de tratamientos psicológicos empíricamente confirmados por los estudios de organizaciones oficiales americanas y europeas.

60 Aunque se le brinda mayor atención al campo clínico, que es donde radican la mayoría de

los cambios ingenieriles, debe aclararse que tales modificaciones generalmente repercuten sobre las demás áreas de trabajo profesional.

61 En la tabla se incluye la modalidad interconductual de análisis contingencial (Díaz-

González y Rodríguez, 2002), desde la cual se asume que los procesos respondientes (llamados contextuales) son parte constitutiva de los operantes (llamados suplementarios), conformando ambos, a su vez, la base sobre la cual se erigen los niveles superiores de la conducta humana (llamados sustitutivos). La solución a los problemas de dicha conducta implica, según eso, que debe ampliarse el análisis de modo que incluya tales niveles, para lo cual se postulan diversas dimensiones fundadas en categorías de tipo disposicional (estilos de interacción, motivos y competencias del individuo), situacional social (como la conducta afecta y es afectada por otros), y macrocontingencial, o sea cultural.

Tabla 8.1. Tecnologías conductuales y cognitivas. Conductual, interconductual y contextual Conductual-cognitiva y cognitiva-conductual 1970 – 1990 Modificación de conducta Terapias de exposición Terapia de condicionamiento encubierto

Terapia de inhibición recíproca Terapia asertiva

Teoría del aprendizaje social Terapia de condicionamiento verbal

Terapia multimodal Terapia racional-emotiva Terapia cognitiva

Habilidades de afrontamiento Terapias de solución de problemas

1991-2013 Terapia de biorretroalimentación

Terapia de aceptación y compromiso Psicoterapia analítico-funcional Terapia dialéctica-conductual Terapia de activación Mindfulness

Análisis contingencial

Manejo de ansiedad generalizada Terapia cognitivo-estructural Terapia de esquemas

Terapia de desensibilización por reprocesamiento ocular

Terapia Cognitiva interpersonal Terapia Cognitiva narrativa

CONCLUSIONES CONCLUSIONES CONCLUSIONES CONCLUSIONES

La denominación de ingeniería del comportamiento engloba todos los tipos de tecnología conductual existente constituyendo la aplicación de las leyes del comportamiento a problemas prácticos. Hay tres tipos generales: