2.3 Foundations
2.3.1 Differing Degrees of Uncertainty Resolution
En cuanto a las fuentes documentales para el caso particular de los panches, las más ricas descripciones sobre su territorio, costumbres, prácticas culturales, así como el proceso de conquista y exterminio, son las presentadas por los cronistas Gonzalo Fernández de Oviedo [1526], Fray Pedro de Aguado [1570?], Juan de Castellanos [1601], Antonio de Herrera [1601-1615], Fray Pedro Simón [1627?], Lucas Fernández Piedrahita [1668] y Alonso de Zamora [1668].
De estos, la publicación más temprana es la de Fernández de Oviedo, quien llegó por primera vez a las Indias en la expedición de Pedrarias Dávila en 15144 y desde ese año acompañó numerosas campañas de exploración y conquista en el norte de Suramérica y Centroamérica hasta 1535. Durante su estadía ejerció cargos administrativos para la corona española, lo cual le permitió elaborar detalladas descripciones de territorios y costumbres apreciadas directamente entre los indígenas. Una de las más importantes obras de Fernández de Oviedo, la “Historia general y natural de las Indias” presenta una rica descripción del descubrimiento y colonización de diversos grupos humanos y poblaciones en el norte de Suramérica desde la óptica de un minucioso observador de la naturaleza y las costumbres del Nuevo Mundo.
4 Pedrarias Dávila o Pedro Arias Dávila, fue uno de los primeros conquistadores españoles de la parte
norte de Suramérica. En 1513 fue nombrado gobernador y capitán general de Castilla del Oro, que comprendía territorios de los actuales países de Nicaragua, Costa Rica, Panamá y la parte norte de Colombia, cargo que asumió en 1514, permaneciendo en territorio americano hasta su muerte en 1531 (Martínez 2007).
49
De la misma forma, Aguado también fue testigo de primera mano de la conquista de diversos grupos indígenas durante su estadía en el Nuevo Reino de Granada desde 1560 hasta su muerte (aproximadamente en 1609), escribiendo su obra desde la perspectiva de su función de cura doctrinero durante la década de 1560 hasta aproximadamente 1575; durante su estadía en el Nuevo Reino ejerció el cargo de cura en diversos poblados del territorio muisca e incluso acompañó algunas expediciones de exploración y conquista al territorio panche.
Otro cronista que fue testigo directo de los hechos acontecidos durante la conquista, fue Juan de Castellanos, quien marchó como soldado a tierras americanas a la edad de 17 años (en 1539) y permaneció en el Nuevo Reino de Granada5 desde 1544 hasta su muerte en 1607. Además de participar como soldado en las campañas de conquista, se ordenó como sacerdote en 1559 y a partir de esa fecha fue cura en diversos poblados, lo que le permitió registrar hechos vistos desde las dos perspectivas (conquistador y sacerdote).
Así, en estos tres cronistas (Castellanos, Aguado y Fernández de Oviedo), tenemos las descripciones más tempranas de la sociedad panche y su territorio, pues su estadía en tierras del Nuevo Reino de Granada les permitió recopilar información de forma directa durante el siglo XVI. Como abordaremos más adelante en el Capítulo 5, fue durante la segunda mitad de dicho siglo cuando se dio el rápido proceso de desarticulación de la sociedad panche a manos de los conquistadores europeos, a la vez que se desarrolló un vertiginoso descenso poblacional; de esta manera, la información presentada por estos autores resulta especialmente atractiva y rica, pues al ser testigos de primera mano, estuvieron en contacto directo con diversas instituciones y prácticas de la sociedad panche.
Ya para el siglo XVII, el único cronista que fue testigo presencial fue Fray Pedro Simón, cuyo cargo de ministro provincial le permitió viajar por distintos lugares del Nuevo
5 El Nuevo Reino de Granada fue la denominación otorgada a una entidad territorial establecida por la
corona española durante su periodo de dominio americano. Hacía parte del Virreinato del Perú y su territorio correspondía aproximadamente al actual territorio de la República de Colombia. En los primeros documentos de la conquista, se denomina Nuevo Reino de Granada a las tierras frías del altiplano cundiboyacense, el cual se diferencia de las áreas de “tierra caliente” que lo rodean y que corresponden a los pisos térmicos más bajos.
50
Reino de Granada entre 1604 y 1628, e incluso acompañar campañas de conquista de grupos indígenas que habían presentado fuertes procesos de resistencia, como los pijaos, grupo al cual se dirigió una campaña de exterminio y pacificación por Juan Borja durante la primera década del siglo XVII. Además de estas labores, durante este tiempo también realizó una abundante recopilación documental en la que se incluyen sus propias experiencias así como los datos aportados por testigos que participaron en las campañas de conquista de dichos territorios e incluso algunos documentos del siglo anterior, generalmente anónimos, que no habían sido publicados hasta ese momento.
Teniendo en cuenta lo anterior, la obra de Simón reviste especial importancia por dos aspectos fundamentales: uno, como abordaremos en el Capítulo 5, parece ser que el proceso de extinción de los relictos panches que mantuvieron procesos de resistencia activa se dio durante esta primera década del siglo XVII, lo que convertiría a Simón en uno de los últimos testigos de primera mano de este tipo de actividades y de la finalización del proceso de inclusión al régimen colonial de los segmentos panches disidentes. Dos, la obra de Simón presenta una rica compilación de descripciones que no se encuentran en cronistas más tempranos; es claro que en su proceso de recopilación de obras inéditas de testigos de primera mano del siglo anterior (como exploradores y letrados anónimos que acompañaron las primeras campañas de exploración y conquista del territorio panche), se presentan datos novedosos y/o más ricamente descritos que en algunas de las obras del siglo XVI referidas anteriormente.
Durante el siglo XVII otros cronistas se dedicaron a la tarea de recopilar documentos propios de la conquista, producidos principalmente durante el siglo anterior pero que aún no habían sido publicados, exponiendo datos novedosos en el proceso de construcción histórica de inicios de la colonia. Es importante mencionar que estas publicaciones del siglo XVII se concentran en transcribir al pie de la letra los documentos del periodo de la conquista, lo que lleva a que en muchos casos podamos identificar segmentos idénticos en varios de los recopiladores, pues han tomado y respetado la misma fuente. Tal es el caso de Antonio de Herrera, cronista mayor de Castilla durante los reinados de Felipe II y Felipe III, quien aunque nunca estuvo en América, realizó entre 1601 y 1615 una recopilación de documentos de otros autores del siglo XVI (como Fernández de Oviedo).
51
Más avanzado el siglo XVII, surgen los primeros cronistas propios del Nuevo Reino de Granada: Fernández Piedrahita (1624 - 1688) y Alonso de Zamora (1635 - 1717). El primero de ellos, sacerdote nacido en el Nuevo Reino y que vivió allí la mayoría de su vida (salvo seis años de estadía en España, durante la cual consultó documentos y manuscritos en gran parte inéditos), basó su trabajo en la consulta de documentos previos. Su obra fue publicada en 1688 con base a los documentos escritos por otros autores anteriores como Quesada, Castellanos, Aguado y Medrano (los cuales fueron testigos directos de campañas de exploración y conquista durante el siglo XVI).
Por su parte, Alonso de Zamora también consultó fuentes ya existentes en el siglo XVII, en especial los archivos de los conventos de Santa Fe de Bogotá, Cartagena y Tunja, así como las obras de Simón, Quesada, De Herrera y Fernández Piedrahita. Como producto de esta compilación bibliográfica, su obra se publicó en 1701, resaltando el papel jugado por la orden dominicana en el proceso de conquista y colonización del Nuevo Reino de Granada. Desde esta óptica, Zamora aporta datos importantes con respecto a la administración eclesiástica de algunas comunidades y la filiación cuantitativa de las poblaciones a este tipo de instituciones durante el periodo de la colonia.
En sumatoria, la obra de estos últimos autores presenta una característica particular y es que buena parte de los contenidos expuestos y que abordan el momento de la conquista y las primeras situaciones desarrolladas durante el siglo XVI, no resultan novedosos para un lector que previamente haya abordado las obras de los primeros cronistas como Castellanos, Aguado y Fernández de Oviedo, repitiéndose de manera textual muchos apartados. No obstante, obras como la de Zamora, enmarcadas en un claro contexto eclesiástico presentan datos novedosos relacionados con la inclusión de las poblaciones indígenas en el nuevo régimen colonial instaurado tras los procesos de exploración y conquista. Esta situación hace que la información novedosa que aportan estos autores del siglo XVII sea mucho menor a la presentada por los primeros cronistas, pero por otro lado nos permite evidenciar que el trabajo de recopilación de los mismos ha respetado la obra de los testigos de primera mano y la información se encuentra muy poco alterada por la subjetividad del compilador.
52
Para el caso particular de los panches, las compilaciones de Fernández Piedrahita [1668], así como las obras más tempranas de Aguado [1570], Castellanos [1601] y Simón [1627?] proveen los más completos recuentos de su conquista, describiendo en detalle las batallas, campañas militares y resultados de las mismas; de otra parte, la obra de Fernández de Oviedo [1526] y las posteriores compilaciones de Zamora [1668] se concentran en la descripción de sus costumbres, armas, formas de luchar, condiciones del entorno, aspectos naturales del medio ambiente y procesos administrativos impuestos durante la colonia. De la lectura de todos estos autores, se puede apreciar que los documentos más tempranos (siglo XVI) corresponden a inventarios y descripciones que dan mayor importancia a la descripción de los aspectos novedosos a los ojos de los españoles, mientras que los documentos más tardíos del siglo XVII presentan una carga ideológica más fuerte determinada por los intereses y subjetividades del autor (en donde la retórica colonial de la época resalta y exacerba el papel del conquistador español como un héroe en las campañas militares contra los indígenas).
Así, siguiendo la información consignada en los documentos de la conquista, durante el siglo XVI los conquistadores españoles encontraron y registraron diversos tipos de sociedades indígenas ocupando diferentes territorios de lo que se llamó el Nuevo Reino de Granada (Fernández de Oviedo [1526], Aguado [1570]). Las campañas de exploración y conquista desarrolladas en el marco de la colonización europea de estos territorios incluyeron un registro escrito de diversos aspectos de las sociedades indígenas encontradas, como los límites territoriales, las principales prácticas culturales cotidianas y rituales, su apariencia física, sus relaciones con otros grupos étnicos e incluso la presencia de algunos elementos de cultura material.
Al enfrentarnos a un proceso tan acelerado de exterminio y desaparición física y cultural para dichas poblaciones prehispánicas, las crónicas escritas por los españoles durante los siglos XVI y XVII se convierten en una de las principales fuentes de información para el conocimiento del proceso de conquista e inclusión al régimen colonial de la población indígena. De esta forma los datos presentados por los primeros cronistas y testigos de primera mano de las campañas de exploración y conquista se ven complementados por algunas recopilaciones historiales del siglo XVII en las que, aunque los autores no fueron testigos de primera mano, siguen aportando información
53
innovadora que muchas veces no se encuentra en los documentos del siglo XVI (tal es el caso de la obra de Zamora).
No obstante, es imprescindible tener en cuenta al analizar dichos documentos, que tanto la producción documental de finales del siglo XVI como de principios del siglo XVII está fuertemente cargada de una connotación eurocéntrica colonizadora en la cual la subjetividad de los autores sesgó en gran medida las descripciones consignadas sobre los grupos indígenas referidos, además, la retórica colonial implementada en los documentos se caracteriza por silenciar algunos aspectos socioculturales y exacerbar otros de los grupos mencionados, lo cual desemboca en una falencia de datos consistentes en torno a aspectos como la organización sociopolítica, la ideología, los patrones de movilidad, las relaciones intergrupales, etc. El objetivo retórico de presentar a la sociedad española y en especial a los ejércitos y caudillos encargados de las campañas de exploración y conquista como héroes invencibles portadores del objetivo moral de imponer la cultura europea cristiana sobre las poblaciones “salvaje y bárbaras enemigas de la corona y de la fé” es un aspecto determinante en la presentación de datos cuantitativos en los documentos más tempranos; de esta manera resultan poco confiables las cantidades poblacionales y/o de los ejércitos indígenas a los cuales se enfrentaban los europeos, así como muchas de las acciones relacionadas con conceptos morales como la percepción de lo “correcto” y lo “errado”.
Esta situación determina que las fuentes de los siglos XVI y XVII no puedan ser tomadas como documentos etnográficos ni registros objetivos que incluyeron una descripción holística de las sociedades indígenas referidas. No obstante las cargas de subjetividades que unos u otros autores pudieron imprimir a sus obras, se percibe generalmente una serie de comportamientos y prácticas socioculturales que son comunes a lo largo de la lectura de documentos de estos dos siglos. Igualmente, con el rápido exterminio de los panches (en relación con otros grupos culturales que lograron sobrevivir hasta bien entrado el periodo colonial en el territorio del Nuevo Reino de Granada) y la imposición de nuevas instituciones político administrativas como la encomienda, se dio un cambio radical en la existencia de las prácticas socioculturales
54
presentes hasta la década de 1540, por lo que las descripciones que se encuentran en las obras abordadas aquí mantienen una misma línea y una serie de características que varían muy poco de autor a autor.