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Differing Uncertainty about the Position on the Hotelling Line

2.3 Foundations

2.3.2 Differing Uncertainty about the Position on the Hotelling Line

XX y el contexto desde el que se inició la producción

académica sobre estos grupos indígenas.

Como mencionamos brevemente en la introducción y como se ampliará en el Capítulo 5, los panches como tal fueron exterminados por los conquistadores europeos durante un periodo relativamente corto -menos de un siglo-, por lo que la construcción, percepción e interpretación de su cultura ha estado determinada en gran medida por la forma en que sus prácticas culturales fueron observadas y registradas por los españoles durante este momento histórico. Como mencionamos anteriormente, múltiples autores en el siglo XX han partido de la lectura de las crónicas de la conquista para reconstruir diversos aspectos socioculturales del grupo indígena extinto sin abordar otro tipo de información diferente a la escrita, esta situación ha determinado en gran medida que los aspectos resaltados o estigmatizados en principio por los cronistas se hayan visto reforzados a lo largo de buena cantidad de obras hasta hace relativamente poco tiempo.

Prácticas socioculturales descritas en detalle por los cronistas como la condición guerrera de los panches, o su estado “salvaje” legitimado por las deformaciones corporales, el infanticidio, las relaciones incestuosas durante las fiestas y borracheras, la hechicería, el uso de venenos y ponzoñas en sus armas, etc., también se han visto bien documentados por historiadores de principios del siglo XX (como Carranza 1934, Bernal 1946 e Hincapié 1952), en cuyos trabajos se ve la consecuencia que la lectura de estas crónicas ha tenido en los investigadores que buscaron hacer la reconstrucción histórica de los grupos prehispánicos hasta la primera mitad del siglo pasado. Estas investigaciones tomaron como única fuente la lectura las crónicas de la conquista, buscando hacer una reconstrucción de los principales aspectos socioculturales de la sociedad panche, con el objetivo de recrear la vida cotidiana de este grupo prehispánico y presentarlo en un lenguaje más “amable” al público en general de lo que representaría una lectura de los documentos del siglo XVI. Así, se caracterizó a la sociedad panche como una cultura “violenta y primitiva”, en la que los comportamientos salvajes dominaban a los racionales; esto llevó a que se estableciera una relación indiscutible

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entre estos pueblos y prácticas repudiables tales como el canibalismo, la guerra y la brujería.

Este imaginario de los panches (al igual que el de muchos otros grupos indígenas que ocupaban tierras tropicales) en el que se les presenta como una sociedad con grado de civilización y desarrollo muy bajo, se encuentra frecuentemente asociado -y justificado- por el entorno selvático, húmedo y “malsano” como el ambiente típico de bosque húmedo tropical que se encontraban ocupando a la llegada de los españoles. Esta construcción de la “otredad”, representada por comportamientos culturales opuestos a los exhibidos por el grupo desde el cual se ejercía el control, se identificó con la percepción que de los paisajes americanos tuvieron los europeos (Gnecco 2006), en la cual la asociación inevitable entre lo lejano y lo asombroso del nuevo mundo determinaban la existencia de lo extraño o lo contrario a la naturaleza (Borja 2002).

Expuesto el contexto en el que se empezó a dar la producción académica sobre grupos como los panches, podemos caracterizar una primera fase en la cual podríamos incluir las investigaciones desarrolladas durante la primera mitad del siglo XX:

Una de las primeras investigaciones que plantea este tipo de reconstrucciones históricas es la de Carranza (1934), quien partiendo de la lectura de cronistas tanto tempranos (Aguado [1570?] 1956), como tardíos (Simón [1627?] 1981 y Zamora [1668] 1945), presenta la típica concepción de los panches como salvajes, belicosos y antropófagos. Coincide en la delimitación del territorio con Triana (1924) y en la idea que dichos grupos procedían de migraciones desde las Antillas y que a su llegada al valle del Magdalena vieron frenado su avance por los pueblos de lengua chibcha. También menciona las principales costumbres de los panches y describe las principales batallas que se desarrollaron en el proceso de conquista español: "Siendo los panches un pueblo de costumbres primitivas y de temperamento guerrero […] vivía preparado constantemente para las luchas que sostenía con los pueblos vecinos y con las diversas tribus de su misma raza, que vagaban en su amplio territorio." (Carranza 1934: 333). Finalmente expone su idea de que la vida sedentaria es un elemento propio de los pueblos civilizados y que la falta de vestigios materiales en territorio del pueblo panche

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estaría atestiguando un patrón de poblamiento nómada más acorde y consecuente con su condición “salvaje” (Carranza 1934).

Otro trabajo similar es el de Bernal (1946), una extensiva investigación de archivo que combina fuentes documentales de la conquista (Jiménez de Quesada [1545], Castellanos [1601], Simón [1627?]), toponimia y documentos de archivo de época de la colonia (Archivo colonial de Tierras de Cundinamarca), para hacer una reconstrucción del devenir histórico del pueblo de Guayabal de Síquima (actual municipio del occidente de Cundinamarca en cuyos alrededores se asentaron algunos de los pueblos panches que presentaron una mayor resistencia al proceso de conquista español en el siglo XVI).

Aunque el documento se encuentra permeado por la mirada subjetiva del autor que ve al pueblo panche como sumido en la barbarie, compila importantes datos sobre esta cultura, como extensión de territorio ocupado al momento de la conquista, costumbres culturales, fronteras, grupos vecinos, significados de algunas palabras, desarrollo de campañas españolas de conquista y principales batallas. La investigación caracteriza a los panches como una tribu, dentro de la cual existían diversos gobernantes; estos gobernantes compartían el nombre de sus propios territorios y mantenían entre sí relaciones de diverso tipo (Bernal asigna a estos grupos la denominación de parcialidades y señala que aunque algunas se aliaban en situaciones de conflicto, otras mantenían entre sí relaciones ancestrales de enemistad). La compilación presentada por Bernal presta un especial interés a la recreación de las principales batallas que decidieron el destino de la defensa y conquista del territorio ocupado por los panches y en este sentido, se resalta la importancia que tuvo el líder local Síquima a partir de 1538 como eje central en torno al cual se aliaron los segmentos panches de la zona montañosa para dirigir diversos procesos de resistencia y contrataque al empuje conquistador europeo.

Al hacer la reconstrucción histórica de las campañas de conquista de los españoles, Bernal resalta que en el pueblo de Síquima (al igual que en el de Bituima), durante las campañas de 1538 (Hernán Pérez de Quesada) y 1543 (Hernán Venégas Carrillo), los segmentos panches de las tierras altas se aliaron bajo mando de Bituima, ofreciendo una

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fuerte resistencia a los consecutivos intentos españoles de dominar y controlar el territorio panche. Esto se tradujo en que Bituima aparece en su relato como la institución guerrera más importante de los pueblos panches de la región, siendo este líder el de mayor renombre por sus proezas militares y un importante centro de entrenamiento y alianzas en épocas de conflicto.

Un trabajo posterior es el de Hincapié (1952), quien parte de lectura de los cronistas de la conquista que presentan las principales descripciones del pueblo panche (Aguado [1570?] 1956 y Simón [1627?] 1981) para hacer una reconstrucción de la cultura del grupo que se asentó en la actual población de Guaduas (dentro de la zona montañosa de la vertiente occidental de la Cordillera Oriental). Aunque el autor reproduce la estigmatización “salvaje” del pueblo panche, resalta algunos aspectos que causaron fuerte impresión en los españoles, como su organización a la hora de marchar a las batallas y la disciplina de sus ejércitos, presentando una compilación de descripciones de su armamento, ornamentos de guerra y una breve recopilación de las principales batallas que implicaron choques con los europeos dentro del territorio de la Villa de Guaduas.

El interés de Hincapié por la reconstrucción de la historia de la Villa de Guaduas se centra en la descripción de las costumbres de los pueblos que habitaron la zona, desde sus primeros contactos con las campañas de exploración y conquista hasta 1550, momento en que se establecieron definitivamente las poblaciones españolas. Incluye también referencias a los principales procesos de resistencia indígena ante las campañas de dominación española, en su afán por establecer una serie de enclaves administrativos a lo largo de la vertiente oriental del río Magdalena.

En resumen, esta primera fase de producción bibliográfica sobre los panches encontrados por el proceso de conquista en el siglo XVI, se caracteriza por basarse en y analizar los datos presentados por los cronistas de los siglos XVI y XVII y reforzar conceptos como el salvajismo, la barbarie, la belicosidad y la resistencia ante el proceso aculturador europeo. No obstante, estas primeras investigaciones también presentan y

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resaltan datos novedosos sobre estas sociedades, como la importancia militar y el protagonismo político de algunos líderes locales frente a este proceso de conquista (Bernal 1946). El abordaje de documentos más tardíos en estas reconstrucciones historiográficas también aporta información novedosa sobre el resultado del proceso de conquista e inclusión al régimen colonial establecido por los europeos a partir del siglo XVII (Bernal 1946); de esta manera encontramos que el fuerte proceso de resistencia desarrollado por la sociedad panche produjo fuertes acciones represivas en varios niveles de la escala social, lo que desarticuló física e institucionalmente a la sociedad panche, llevando a su exterminio a inicios del siglo XVII.

3.4. Reconstrucciones historiográficas: la producción