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Unobservable Arrivals

3.4 Incomplete Information and Implementation

3.4.4 Unobservable Arrivals

Tras las primeras confrontaciones en 1537, los soldados españoles demostraron su superioridad bélica a la vez que comprobaron la fuerte resistencia de los ejércitos panches y el carácter aguerrido de los defensores de estas tierras, por lo que las tropas

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de Céspedes decidieron que el contingente de esta expedición era ínfimo para hacerse cargo de una campaña de dominación de dicho territorio. Por esta razón volvieron a Bacatá a dar parte de la fortaleza de los ejércitos indígenas y a preparar mayores fuerzas militares para futuras incursiones (Castellanos [1601] 1955, Simón [1627?] 1981). A partir de este momento se da una serie de campañas de exploración del territorio enmarcadas en un fuerte contexto militar de parte de los conquistadores.

Ese mismo año, las tropas de Jiménez de Quesada incursionan por las tierras de Tocarema al territorio panche, provistas de una abundante caballería y aliados con un numeroso ejército de muiscas. En ese mismo territorio montuoso de Tocarema se dio lugar una de las batallas más grandes y decisivas entre panches y españoles, en la cual el ejército indígena constituido por guerreros de diferentes segmentos fue vencido y obligado a rendirse (Fernández Piedrahita [1668] 1942, Libro V, Capítulo VII). Tras la derrota, los panches enviaron a cuatro de sus líderes más notables a entregar las armas ante los conquistadores y hacer un acuerdo de paz que se selló, a la usanza indígena, con el pago de un tributo de frutas (cuya abundancia era considerada por los indígenas como una de sus mayores riquezas), ante lo cual Jiménez de Quesada aceptó los regalos e hizo que los panches rindieran sus armas ante ellos y los muiscas, dando por asumida la derrota ante los conquistadores (Fernández de Oviedo [1535] 1959, Castellanos [1601] 1955).

Pese a haberse rendido, al año siguiente (1538) de esta primera victoria española, algunos pueblos panches (ambalemas, sasaimas, anapoimas, y guataquíes entre otros), se aliaron bajo el mando de Bituima (líder de un segmento referido con el mismo nombre, ubicada al norte del territorio panche, el cual adquiriría más renombre e importancia en campañas militares posteriores) y pasando por las tierras de los tocaremas y calandaimas, invadieron las poblaciones muiscas de Tibacuy, Subia, Tena, Zipacón y Bojacá. Para este momento Jiménez de Quesada había partido a Cartagena, dejando al mando de las tropas españolas a su hermano Hernán Pérez de Quesada, así que este último debió contener la situación.

Las descripciones más ricas sobre esta campaña militar las aporta Fernández Piedrahita, quien asegura que Pérez de Quesada atacó a los panches con un contingente de

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doscientos hombres de infantería, treinta de caballería y cuatro mil guerreros muiscas ([1668] Libro 8. Capítulo 4). También describe que el ejército panche se refugió en las tierras montañosas donde tenía su asentamiento Bituima, desde donde resistieron recurrentes confrontaciones con el ejército español – muisca; por su parte, estos últimos recorrieron la provincia de los panches en una campaña de exterminio de la población local, implementando a su paso la táctica de arrasamiento de poblados y campos de cultivo, mientras que buscaban llegar a las tierras de Tena y Tibacuy (lugares donde tenían mayor conocimiento del terreno y encontrarían poblaciones aliadas de muiscas).

Según Fernández Piedrahita, a lo largo de esta campaña las más fuertes batallas se dieron en el sector norte del territorio panche (el área más montañosa del mismo), en donde se había asentado el ejército panche aliado bajo el mando de Bituima. Dado que los panches ya se habían enfrentado desventajosamente a la caballería europea y empezaban a adquirir experiencia en este tipo de situaciones, optaron por atrincherarse en sierras altas de difícil acceso, desde donde pudieron ejercer la defensa de forma más efectiva, evitando las ventajas que representaba la caballería de los españoles en terreno abierto. Como resultado, los panches lograron resistir el ataque de los conquistadores, mientras que estos últimos debieron limitar su campaña al arrasamiento de tierras y ejecución de indígenas aislados que encontraron a su paso mientras volvían a las tierras seguras del altiplano. En conclusión, en esta campaña Pérez de Quesada recorrió la provincia de los panches, saliendo victorioso en todas las incursiones que realizó, pero sin lograr la sujeción de estas tierras ni una victoria contundente sobre el ejército panche (Fernández Piedrahita [1668] 1942).

No existen reportes de otros intentos de incursión al territorio panche ni de enfrentamientos armados entre estos y españoles hasta el año de 1543, cuando el gobernador del Nuevo Reino de Granada, don Alonso Luis de Lugo, tuvo noticias de la existencia de minas de oro al occidente del río Magdalena, en territorio controlado por segmentos panches asentados en la banda occidental del río. Ese mismo año comisionó al capitán Hernán Venégas Carrillo para incursionar en territorio de los panches y pantágoras y verificar la existencia de tal información, a la vez que le fue encomendada la misión de guerrear a cuanto grupo de panches se cruzara en su camino. En esta campaña de nuevo incursionaron en la parte norte del territorio panche, en cercanías a la

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población de Síquima, donde los indígenas se hallaban aliados bajo el mando de Bituima y ofrecieron fuerte resistencia armada, con el objetivo de debilitar la resistencia que se había registrado anteriormente en 1538. Aunque cronistas como Fernández Piedrahita y Aguado no describen en detalle las batallas de esta campaña, limitándose a mencionar los resultados de la misma, la descripción más tardía de Simón [1627?] se preocupa por exacerbar el carácter bélico y “salvaje” del ejército panche, a la vez que calcula su número en veinte mil guerreros, lo cual es un mero cálculo especulativo permeado por la visión subjetiva del autor y los intereses políticos y morales del mismo a la hora de exponer una versión de los hechos acorde a la retórica colonial que hemos referido anteriormente.

Tras una corta incursión en las tierras de la banda occidental del río Magdalena buscando identificar la localización de las minas de oro referidas por informantes indígenas, Venégas marchó de vuelta hacia el altiplano y a su regreso fundó la población de Tocaima (abril de 1544) en las tierras bajas del territorio panche, con el objetivo de tener un enclave español desde el cual dirigir la conquista de las tierras panches y asegurar el acceso a las minas de oro recién descubiertas (Aguado [1570?] 1956 Libro V, Capítulo I, Simón [1627?] 1981 –tomo III-, Fernández Piedrahita [1668] 1942 Libro X Capítulo IV).

En cronistas como Fernández Piedrahita y Aguado no encontramos referencia a esta incursión, por lo que las descripciones más ricas de esta primera incursión española a la margen occidental del río Magdalena las aporta Simón en su sexta noticia historial, exponiendo que el capitán Venégas logró identificar las referidas minas de oro, las cuales se localizaban en dicho sector del territorio panche (al otro lado del río Magdalena) en un área inexplorada hasta ese momento (1543). Aunque las descripciones de Simón exponen la ocupación de este sector del territorio por otros segmentos panches diferentes a los conocidos por los españoles en la margen oriental del río, no se hace referencia explícita al proceso de conquista ni a las características del contacto entre estos y los españoles para este primer momento de la conquista (Simón [1627?] 1981 Sexta Noticia Historial. Capítulo XXXVII).

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Simón deja muy en claro que estos territorios también se encontraban ocupados por segmentos panches, que aunque no eran los mismos que los registrados del lado oriental del río, si hacían parte del mismo grupo étnico. También expone que esta banda del río (al igual que la oriental) se encontraba habitada por variados segmentos independientes:

De manera que estas dos ciudades Ibagué y Mariquita se poblaron en los términos y sobras de la ciudad de Tocaima que por otro nombre llamaron de los panches a quien le dieron en sus primeros comienzos por términos toda la tierra que poblaban los indios de este nombre, aunque era dilatadísima por una banda y otra del rio Grande y dentro de sí comprendía muchas y varias provincias, debajo de este nombre de panches. (Simón [1627?] 1981 Sexta noticia, Capítulo XXXVII: 54).

Tras el “descubrimiento” de estas minas de oro, no encontramos más referencias a los territorios de esta margen occidental del río Magdalena, ni a los segmentos panches que los ocupaban, ni a las relaciones que se pudieron haber llegado a desarrollar entre indígenas y españoles hasta el año de 1550, cuando aparece en las obras de Simón y Aguado la referencia a las primeras incursiones de conquista propiamente dicha de parte de los europeos.

Retomando la campaña de exploración de Venégas (1543-1544), tras la primera incursión al margen occidental del río Magdalena y haber establecido la primera población hispana en territorio panche (Tocaima), el ejército español retornó al altiplano sin adelantar otras actividades de exploración ni conquista, tomando la misma ruta anterior, con el objetivo de intentar un nuevo ataque a los panches que seguían ocupando su posición en las tierras altas y montañosas del norte del territorio en las que se encontraban antes. Simón describe detalladamente los pormenores de estas confrontaciones armadas en las que los españoles de nuevo se encuentran ante fuertes adversarios que impiden la dominación y control de estas tierras, pero no hace ninguna mención al desenlace de estos combates, sin quedar clara la situación de los panches de estas tierras altas con posterioridad a los mismos (Simón [1627?] 1981 Sexta noticia).

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En resumen, de la lectura de estas campañas de exploración entre 1537 y 1544 hemos podido extraer que la ocupación panche incluía territorios a ambos lados del río Magdalena, lo que nos lleva a concluir que diversos segmentos ocupaban espacios sobre la cordillera central en la banda occidental del río, de la misma manera que otros lo hacían en la margen oriental del río sobre la cordillera Oriental (ver Ilustración 8). Aunque las descripciones de los cronistas presentan un consenso en cuanto a los límites y los territorios ocupados por los panches para el siglo XVI en la margen oriental del río, no presentan mayor información sobre las áreas ocupadas por los segmentos asentados del otro costado (Aguado [1570?] 1956, Fernández Piedrahita [1668] 1942, Zamora [1668] 1945, Simón [1627?] 1981); de hecho, ninguna crónica presenta información sobre este territorio para antes de 1550, pues como hemos mencionado anteriormente, tras la fugaz campaña de exploración de Venégas Carrillo en 1543, tan sólo hasta 1549 se dio autorización oficial a conquistadores españoles para que incursionaran y adelantaran labores de conquista y fundación de enclaves españoles en la banda occidental del río Magdalena (Simón [1627?] 1981 Sexta noticia, Capítulo XXXVII; Aguado [1570?] 1956, Libro VIII, Capítulo I).

En cuanto a los documentos escritos de la segunda mitad del siglo XVI en adelante, el territorio ocupado por los panches se menciona bajo el título de dos grandes provincias. De un lado, los segmentos y territorios de la banda occidental del Magdalena, las cuales empezaron a ser administradas desde las ciudades de Ibagué, Mariquita y Honda; esta provincia se conoció como la Provincia del Lado Occidental y aparece en los documentos como dependiente de las tres poblaciones españolas referidas. Del lado oriental tenemos la “Provincia de Tocaima”, bajo la cual se administraron todos los segmentos panches asentados en la banda oriental del río Magdalena, desde el río Coello al sur hasta el Río Negro al norte (Martínez 2005).

En la Ilustración 9 podemos apreciar cual sería la distribución político-administrativa que se dio a partir del siglo XVI por los españoles para el territorio ancestral ocupado por los panches al momento de la conquista. Podemos apreciar claramente que el eje divisorio de las dos provincias fue el curso del río Magdalena:

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Ilustración 9. Territorio ocupado por los panches en el siglo XVI y las divisiones político- administrativas asignadas por los españoles en torno a las poblaciones de Tocaima (margen oriental)

y Honda, Mariquita e Ibagué (margen occidental).

De esta forma, al igual que anteriores investigadores que han abordado la problemática territorial panche e intentado definir los límites territoriales para la ocupación prehispánica (Carranza 1934, Rivet 1943, O’neil 1973, Arango 1974, Diez 1982, Rozo 1989, Rodríguez y Cifuentes 2004, Cifuentes 2004, Díaz 2014), encontramos que no existen datos claros que nos permitan establecer una ubicación espacial precisa de los segmentos asentados en el sector occidental del territorio panche en sí, ni de los límites territoriales con otros grupos étnicos para antes de 1550. Por el contrario para la provincia de Tocaima, su jurisdicción se encuentra muy bien delimitada y abarcaba desde el mismo río Magdalena en la parte baja, ascendiendo por la vertiente occidental de la Cordillera Oriental hasta limitar con las tierras frías del altiplano. De esta forma, esta clasificación sociopolítica de inicios de la colonia incluyó un espacio diverso con

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tierras altas cordilleranas (piedemonte cordillerano) y tierras bajas alrededor del cauce del río (planicie aluvial reciente y colinas aledañas del Terciario Superior).

5.3 Fundación del primer enclave español en territorio